Professors (50 sin leer)
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| Zygmunt Bauman |
Em diuen que hi ha actualment 32.000 joves catalans treballant a l’estranger. No puc confirmar la data, però algú hauria d’explicar alguna cosa.
Escrito por Luis Roca Jusmet
La discusión sobre si somos o tenemos un cuerpo es muchas veces equívoca y cansina. Pero me gustaría hacer una pequeña aportación para concluir que efectivamente somos un cuerpo. Es decir, que con esta afirmación entendemos mejor nuestra condición que con la contraria, que afirma que tenemos un cuerpo.
La sociedad griega parece que entendía que cuando nos moríamos la psyque continuaba un tiempo en un proceso de evaporación progresiva, hasta que desparecía. Pero frente a esta opinión imprecisa aparecen dos formulaciones claras: una dualista y otra materialista. La dualista es la pitagórica-platónica: somos una alma eterna e indivisible que moramos en un cuerpo divisible. Hay que decir, de todas maneras, que aquí “cuerpo” quiere decir una estructura física que recibe la vida del alma. Es decir, el cuerpo vivo es un cuerpo animado. La teoría materialista procede del atomismo y el que la elaborará Epicuro y posteriormente Lucrecio en la época romana. Como sabemos nuestra civilización europea surge del encuentro entre esta tradición grecorromana y el cristianismo, que viene a ser una reforma del judaísmo y que procede del Próximo Oriente. El cristianismo habla de la carne y el espíritu pero la formulación claramente dualista la hará a partir del planteamiento platónico. Queda entonces una concepción dualista basada en la diferencia entre alma y cuerpo, espíritu y materia.
Pero será Descartes el que formulará este dualismo en términos modernos. Somos una substancia pensante y una substancia extensa. Pero Descartes introducía una importante variación con respecto a Platón. El cuerpo no continúa siendo un cuerpo muerto, como en Platón, sino un cuerpo vivo, ya que se entiende como algo que es mecánico y la vida es un mecanismo. El vitalismo va perdiendo la vida frente al mecanicismo y la medicina se planteará en estos términos de arreglar piezas y mecanismos. Cuerpo muerto, cuerpo mecánico. Finalmente pienso que el mecanicismo se ha superado por la propia ciencia y hoy existe una concepción vitalista que diferencia radicalmente lo vivo de lo no vivo.
Spinoza planteará otra opción. La Substancia, es decir la Realidad infinita, se manifiesta a través de dos atributos finitos: pensamiento y extensión, alma y cuerpo. El cuerpo recibe así la misma dignidad que el alma. El alma es la idea del cuerpo, es decir ilumina el cuerpo. El ser humano es libre en la medida en que este cuerpo recibe una idea adecuada de sí mismo. Lo singular de cada individuo es el acto existencial de un cuerpo pensante. Lo que hace la mente es conocer el cuerpo a través de sus afectos.
Serán Schopenhauer y Nietzsche los que darán la prioridad al cuerpo. El cuerpo es voluntad de poder, es un campo de fuerzas. Schopenhauer lo valorará negativamente y Nietzsche positivamente pero no importa, no es esto de lo que hablamos. El cuerpo se convierte en algo vivo del que la conciencia (“el alma”) es su elemento más superficial.
El espíritu, lo mejor del hombre, es expresión de este cuerpo, de esta estructura dinámica y compleja. Foucault y Deleuze serán los filósofos contemporáneos que elaborarán, de alguna manera, una filosofía del cuerpo.
Las neurociencias han intentado en algo caso, como el de John Eccles, mantener una postura dualista. Otros lo han hecho en términos materialistas, como Antonio Damasio. Considera el cuerpo como algo separado del cerebro y a la mente como su producto. El cerebro es un aspecto del cuerpo y la mente es una red de representaciones cargadas emocionalmente. Francisco J. Varela dice que somo un cuerpo eneactivo, una cognición corporizada. Porque el cuerpo no es mecánico, el cuerpo es un campo de significaciones y afectos. Valera busca en el budismo una afinidad. Lo hace desde el budismo indio de Najarjuna y la tradición Madhyamika. Pero a mí me recuerda sobre todo la tradición soto del budismo zen de Taisen Deshimaru y su hincapié en el cuerpo. La actitud correcta, la respiración correcta, la postura correcta. Desde el cuerpo. El sinólogo y filósofo suizo Jean François Billeter habla de Zhuangzi y dice que se centra en el cuerpo entendido como un conjunto de capacidades, recursos y fuerzas.
Pasemos al análisis del cuerpo desde el psicoanálisis de Jacques Lacan. Está el cuerpo simbólico, que es el cuerpo tal como lo articulamos desde el lenguaje, como un conjunto de significantes. Cualquier cosa que diga sobre mi cuerpo (ser o tener, no importa) es posible porque hay un sujeto que habla. En este sentido “no somos un cuerpo” porque esto es una afirmación que hacemos desde el lenguaje. Hay después el cuerpo imaginario, que es la imagen superficial nuestra y del otro, la que vemos reflejada a través de la percepción y la imaginación, que es como se nos aparece el cuerpo del otro. Este es el cuerpo con el que nos identificamos. Está, finalmente el cuerpo del goce, que es el cuerpo que siente y que sufre. Pero está más allá de lo que podemos decir e imaginar.
El psicoanalista François Ansermet y el
neurocientífico Pierre Magistretti han intentado buscar un encuentro entre las
dos disciplinas en su magnífico libro “A cada cual su cerebro. Plasticidad
neuronal e inconsciente”.
Nuestra
identidad viene del cuerpo porque es cuerpo es esta estructura dinámica que
experimenta. El cuerpo es el sujeto de la experiencia, en el sentido que es el
cuerpo es que experimenta. Experimentamos desde nuestro cuerpo. Otra cuestión
es que desde el cuerpo-cerebro emerge una realidad diferente que es la psíquica.
Y que hayamos construido algo que es la lengua. Somos sujetos porque somos autoconscientes,
pensantes y hablantes. En este sentido no podemos decir ni que somos cuerpo ni
que tenemos cuerpo. Somos cuerpos subjetivados.
| Leibniz |
“Era afortunado: su rostro salía en Streetview. Cientos de miles de firmas en Change apoyaban su causa. Los códigos QR de los yogures aportarían muchos millones para ayuda al desarrollo. El icono de la solidaridad. Pero su padre le miraba y se reía diciendo: Hijo, nosotros tenemos la realidad disminuida. “
Esta cita de El Principito no es sólo muy poética. Además, contiene una profunda verdad científica: los humanos sólo podemos ver una diminuta fracción de la realidad que nos rodea.“Lo esencial es invisible a los ojos- repitió el principito, a fin de acordarse.”
Que la neurociencia liquide el libre albedrío es cosa tan improbable como que la espectrografía de sonidos acabe con la inspiración musical, pero sin embargo ha causado cierta satisfecha perplejidad en mi amigo Arcadi Espada, que se dice mareado por la perspectiva de la vida humana sin libertad de elección, aunque parece irse acostumbrando bien (en El cultural de El Mundo, 1/3/03). Su triunfal desconcierto me recuerda al de aquel solipsista (es decir, partidario de la idea de que sólo existe uno mismo como sujeto que percibe y crea la realidad) cuando escribió a Bertrand Russell que los argumentos a favor del solipsismo le parecían tan concluyentes que le extrañaba que no hubiera más gente partidaria de él…
| Christoph Schönborn |
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Sometido al imperativo del rendimiento como nuevo mandato de la sociedad postmoderna, (el individuo que sólo se obedece a sí mismo) pasa a ser el explotador voluntario de sí, correspondiéndole el dudoso mérito de haber hecho posible la explotación sin dominio. La violencia en esta nueva situación ya no procede, pues, de lo diferente sino de lo idéntico, que, en su saturación, termina margando a los propios sujetos. En esta sociedad de la obligación, cada cual lleva consigo a cuestas su propio campo de trabajos forzados. La intuición del verso de Santayana ("me gustaría poder olvidar que yo soy yo"), divulgada por un orientalismo de mercadillo y una autoayuda new age, estaba señalando, en su poético balbuceo, la dirección del proceso. En efecto, cegada la vía de atribuirle a algún elemento o sujeto exterior la responsabilidad de lo que ocurre (ya que este autoexplotador lo es, aparentemente, en el ejercicio de su inalienable libertad) al depresivo/fracasado no le queda otra opción que arrojar la toalla y quedarse en la cuneta, lamiéndose con el bálsamo de sus propias lágrimas las heridas de su fracaso.
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A estos filósofos, por cierto, que admiten la realidad independiente de estas estructuras o formas, podemos denominarlos, en general, trascendentalistas, pues trascendente es la condición de todo aquello que no pertenece al dominio del espacio y el tiempo.
El cardenal Marx, levantando el puño.

Chavs, como chaval y chavó, es de origen inmediato gitano, pero remotamente viene del sánscrito yayan, “joven”. Ropa de colores chillones, bisutería barata, cirugía estética malograda, glotonería, ropa chabacana de marca. Fijémonos que según la definición media de chav (en español de la calle diríamos choni, macarra, poligonera, palurdo, etc.) buena parte de nuestra clase política, y no sólo la local, caería en el paquete de esta demonización. Pero no es el caso, según Owen Jones, pues en Inglaterra se trata de marcar a aquellos blancos que, con su desorden y pobreza, ofenden a las nuevas pretensiones de despegue en la nación (*).
El debate sobre la degradación política nos ha llevado, inevitablemente, al debate a fondo sobre la degradación de la palabra política: a su significado, a su intención, a su uso y a su responsabilidad.«Si las palabras se deterioran, ¿qué las sustituirá? Son todo lo que tenemos».
El refugio de la memoria de Toni Judt

D'acord, tothom s'equivoca de tant en tant en un pronòstic. Però aquest cas és significatiu, i no sols perquè els que els van fer han acumulat un historial d'errors molt considerable els últims anys. El que és important és que procedeixen de persones que invoquen constantment la possible ira dels mercats com a motiu per seguir els seus consells. No intenteu donar cobertura mèdica als que no tenen cap assegurança, ens van dir, perquè minareu la confiança empresarial i el mercat de valors es desplomarà. No reformeu Wall Street ni en critiqueu els abusos: ferireu els sentiments dels plutòcrates, i això provocarà l'enfonsament dels mercats. No lluiteu contra l'atur augmentant la despesa pública: els tipus d'interès es dispararan. I, esclar, apliqueu immediatament retallades a la Seguretat Social, el Medicare i el Medicaid; si no, els mercats us castigaran per la vostra arrogància. No parlo només de l'extrema dreta; també de nombrosos autoproclamats centristes. Per exemple, fa dos anys Erskine Bowles i Alan Simpson ens van avisar que ja ens podíem anar preparant per a un atac dels bond vigilantes al cap de... no ho sé, dos anys, si no aplicàvem -esclar- el pla Simpson-Bowles.
Desde siempre hemos asumido que para transmitir informaciones complejas, situaciones controvertidas o pensamientos elaborados el emisor necesitaba tiempo para la exposición y espacio para el desarrollo. El receptor, por su parte, requería una concentración exclusiva sin elementos ajenos que le dispersaran. Todas esas condiciones están desapareciendo en el tiempo que nos toca vivir: predominio audiovisual, espectacularidad en la comunicación, revolución tecnológica, sobresaturación informativa, todo ello está terminando con los requisitos necesarios para que una información mínimamente reflexiva pueda difundirse y comprenderse.
Desde la ufanía, gobernantes, políticos y empresarios españoles tratan de usurpar, ocultar o alterar la dura realidad del país entronizando el eufemismo y el silencio con tal de no llamar a las cosas por su nombre. Filósofos, escritores, filólogos y profesores alertan sobre este enmascaramiento basado en la tergiversación y degradación del lenguaje. Lo que sigue es un asomo a ese mundo de ficción, un híbrido entre Macondo, Matrix y la Tierra Media. MACONDO: La peste del eufemismo “El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”. Esta génesis de Macondo en Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, es la que intentan vender de la vida española varios de sus gobernantes y dirigentes.
Aunque ladee afablemente la cabeza y hable con voz pausada y suave, lo que dice este sociólogo norteamericano (Chicago, 1943), autor de algunas de las radiografías más penetrantes de los últimos años (El declive del hombre público, La corrosión del carácter…), son torpedos. “Hablo de la cooperación que nos empuja a colaborar con otros que piensan diferente, no de la que tiene como objetivo la solidaridad, y esa destreza es un arte”, subraya. Sin embargo, esas destrezas sociales no son exclusivas de un entorno social: “Todos tenemos capacidad de cooperar con la diferencia”.