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| José Bergamín. |
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| Henri Bergson |
"En el altiplano andino mama es la Virgen y mama son la tierra y el tiempo. Se enoja la tierra, la madre tierra, la Pachamama, si alguien bebe sin convidarla. Cuando ella tiene mucha sed, rompe la vasija y la derrama. A ella se ofrece la placenta del recién nacido, enterrándola entre las flores, para que viva el niño, y para que viva el amor, los amantes entierran cabellos anudados. La diosa tierra recoge en sus brazos a los cansados y a los rotos que de ella han britado, y se abre para darles refugio al fin del viaje. Desde abajo de la tierra, los muertos la florecen".
No hace mucho, descubrí que tengo una manía obsesiva con las grapas. En ellas encuentro un placer insospechado que jamás he logrado experimentar con ningún otro material físico. La crueldad que desprenden sus acciones me permite conducir toda mi ira y conseguir una personalidad pacífica e inocua.
¿Quiénes son esos dos hombres?Ahí vienen nuestros padres, maridos de nuestras madres, padres de nuestros hijos y nuestros propios maridos.
Pero esto nunca nos ha bastado. Si el tiempo sólo es sucesión y todo pasa, pasan nuestros anhelos, nuestras vidas, todo cuanto ve la luz y el olvido se adueña de todo. ¿Es ésa la última palabra sobre la naturaleza del tiempo? ¿Debemos conformarnos con ella y adaptar nuestra vida a esa verdad? Nunca me pude conformar y admiraba a Unamuno en aquellos textos impresionantes en los que bramaba gritando su loco deseo de eternidad:Cual la generacion de las hojas, asi la de los hombres. Esparce el viento las hojas por el suelo, y la selva, reverdeciendo, produce otras al llegar la primavera: de igual suerte, una generacion humana nace y otra perece.
Ahora ya sabemos que no es necesario conformarse. Ni hay que conformarse ni hay que buscar lo eterno como si acaso nos faltara. No sólo ciertos filósofos y artistas sino generaciones de seres humanos antes que nosotros se han procurado vías, caminos y medios para lograr acceder a otro tiempo, distinto del tiempo de la sucesión pero relacionado con él, en el que lo que sucede es una realidad siempre viviente, que se hace presente cada vez que se accede a ella sin quedar agotada en su acto de presentación, cuyo pasar no es irreversible porque siempre puede volver. Se trata del tiempo al que se refieren los mitos, los cuentos y su “érase una vez...”, los arquetipos, la poesía, el teatro, un tiempo en el que el orden de la sucesión queda trastocado, en el que lo que una vez fue volverá a ser, en el que el pasado es un futuro que quiere de nuevo hacerse presente, un tiempo que acompaña al presente de la sucesión como una posibilidad pura que nunca se agota ni se presenta del todo, siempre ya pasada y aún por venir, pasando sin terminar de pasar.El universo visible, el que es hijo del instinto de conservación, me viene estrecho, esme como una jaula que me resulta chica, y contra cuyos barrotes da en sus revuelos mi alma; fáltame en él aire que respirar. Más, más y cada vez más; quiero ser yo, y sin dejar de serlo, ser además los otros, adentrarme a la totalidad de las cosas visibles e invisibles, extenderme a lo ilimitado del espacio y prolongarme a lo inacabable del tiempo. De no serlo todo y por siempre, es como si no fuera, y por lo menos ser todo yo, y serlo para siempre jamás. Y ser yo, es ser todos los demás. ¡O todo o nada!
¡O todo o nada! ¡Y qué otro sentido puede tener el «ser o no ser»! To be or no to be shakesperiano, elde aquel mismo poeta que hizo decir a Marcio en su Coriolano (V, 4) que sólo necesitaba la eternidad para ser dios; he wants nothing of a god but eternity? ¡Eternidad!, ¡eternidad! Este es el anhelo: la sed de eternidad es lo que se llama amor entre los hombres; y quien a otro ama es que quiere eternizarse en él. Lo que no es eterno tampoco es real.
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| Sarcófago del pedagogo, Tarragona. |
¿Qué voy buscando ahora? Ya no algo eterno, algo que resista el paso del tiempo, algo que venza su pasar, porque el pasar del tiempo no es aniquilación de lo que pasa, sino variación de lo que siempre es. Lo que siempre es es algo sin fundamento, abismo, siempre ya comenzado, desbordando cada finalidad. No puedo decir en qué consiste porque no puedo distanciarme de él, formo parte de su hacerse y deshacerse, de su recepción y su entrega. ¿Qué voy buscando ahora? Ser como una planta, como un árbol, dejar que en mí y de mí nazcan semillas de algo -de alguien- que me desbordan, que desconozco, que no puedo conocer, porque no son mías aunque nazcan de mí, y así, reconocerme en ellas, desconocerme en ellas, y morir mi vida en la suya. Voy buscando vivir mi muerte como un nacer su vida, que mi morir sea su nacer, que el ir llegando yo a mi fin sea ir ellas comenzando su principio...
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| Foto: Imagen en acción. |
1) Si recorremos brevemente la historia del concepto de persona, podemos descubrir algunas de sus principales características. En la Antigua Grecia designa la máscara del actor teatral, el personaje representado en el escenario. En Roma es el sujeto legal, portador de derechos y deberes. En la Edad Media se refiere al Dios cristiano (las tres personas divinas) y al ser humano concebido como sustancia individual de naturaleza racional. Desde la Ilustración, la persona es el ser libre, autónomo y digno. De esta historia podemos concluir lo siguiente: la persona es un ser social, sujeto de derechos y deberes, autosuficiente, racional, autónomo y no instrumentalizable, verdadero fin en sí mismo y no medio para otra cosa.
La experiencia estética, el encuentro con la belleza, afecta a nuestra sensibilidad, a nuestra inteligencia, a toda nuestra persona, con una intensidad que la distingue del resto. Se suele caracterizar por 1) el poder que tiene para transformar nuestra visión de la realidad, aligerando la vida en sus dificultades y descubriendo en ella nuevas posiblidades, 2) por alterar nuestra vivencia cotidiana del tiempo como sucesión irreversible, desprendiendo de ella un instante eterno, 3) por procurarnos el olvido de nosotros mismos, en beneficio de aquella realidad que acogemos en nuestra experiencia, 4) por su intensidad, imborrable en la memoria pero breve y pasajera.

Cuando trabajamos en el aula el tema de Descartes y el engaño de los sentidos, siempre nos damos tiempo para realizar pequeños juegos con los que experimentar ese engaño o, al menos, algunas de las sorpresas que nos tiene preparados. Son muy sencillos:

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| Ayax y Aquiles |
Me pregunto por la diferencia entre brotar y mostrarse. Tal vez consista en esto: el brotar es el aparecer de las cosas cuando se mantienen en el seno del tiempo, mientras que el mostrarse es el aparecer de las cosas pretendidamente separado del juego temporal. Cuando las cosas pretenden afirmar su independencia del tiempo reciben como respuesta la ocultación. Aquellos seres humanos que han soñado erigir su presencia por encima de las olas del tiempo han sufrido la respuesta del desbordamiento y la inundación ¿En qué consistirá ese aparecer de las cosas que no se separa de lo que las hace nacer, como la corriente marina en el seno del mar, o el relámpago de la nube que lo alberga? Algo debe tener que ver con un cierto renacimiento.A todas las cosas el grande e innumerable tiempolas hace brotar, si no son visibles, mas si se muestran, las oculta.
La masa del neutrón guarda un secreto que la convierte en una partícula del mayor interés, y no sólo para los científicos, sino para cualquiera que, durante al menos un instante, se haya preguntado por esta inmensidad en la que habitamos y a la que llamamos Cosmos. ¿En qué consiste eso que hace a la masa de esta partícula subatómica tan especial?. El neutrón tiene una masa de 938 Me V. Pues bien, si este valor fuera sólo 1.4 Me V mayor, el proceso que permite a las estrellas consumir hidrógeno para producir helio no podría ocurrir y, en consecuencia, no habría estrellas ni calor en el Universo. Por otro lado, si la masa del neutrón fuera 0.5 Me V menos de lo que es, la vida de las estrellas se reduciría a un límite de unos 300 años, haciéndose imposible el desarrollo de ningún tipo de vida en un planeta próximo a ellas, tal como ahora la podemos imaginar. El ajuste de su masa a valores que son necesarios para la aparición de la vida y, en ella, de la vida sentiente e inteligente a la que llamamos "vida humana" plantea una cuestión. La masa del neutrón ¿es el resultado de una finalidad en el proceso evolutivo del Cosmos? ¿Puede ser esa finalidad la aparición de la vida humana? Estas preguntas encantarían a Tomás de Aquino. Él podría ver en datos como éstos, y en muchos otros, ejemplos de un orden teleológico en el Universo que conducen a su Creador. Nosotros, por lo pronto, buscaremos más información sobre el neutrón y otros ejemplos del llamado "ajuste fino", aunque por ahora esta partícula guarda un obstinado silencio. No quiere compartir su secreto.
Un recién nacido no es alguien exterior al mundo que, al nacer, entra en él para sumarse a todos los que lo habitan, como tampoco es una vida más que se suma a la serie de vidas que la anteceden. Un recién nacido es más bien una incógnita, una interrogación encarnada, y su llegada al mundo es un renacimiento: un volver a comenzar y a vivir aquello que ya fue en la medida en que era semilla fecunda de futuro. Un recién nacido es un porvenir. Pero un porvenir verdadero, es decir, no algo futuro que se hace presente para luego desaparecer, sino un presente (instante y regalo) en el que adviene como futuro lo que fue, revelando el poder de su fecundidad. Esa es la razón de su sonrisa: el recién nacido sonríe porque es un volver a vivir.
"Y entonces le ocurrió a Emily un hecho de considerable importancia. Repentinamente se dio cuenta de quién era ella misma. Hay pocas razones para suponer el por qué ello no le ocurrió cinco años antes o, aun, cinco años después, y no hay ninguna que explique el por qué debía ocurrir justamente esa tarde. Ella había estado jugando "a la casa" en un rincón, en la proa, cerca del cabestrante (en el cual había colgado un garfio a manera de aldaba) y, ya cansada del juego, se paseaba casi sin objeto, hacia popa, pensando vagamente en ciertas abejas y en una reina de las hadas, cuando de pronto una idea cruzó por su mente como un relámpago: que ella era ella. Se detuvo de golpe y comenzó a observar toda su persona en la medida en que caía bajo el alcance de su vista. No era mucho lo que veía, excepto una perspectiva limitada de la parte delantera de su vestido, y sus manos, cuando las levantó para mirarlas; pero era lo suficiente para que ella se formara una idea del pequeño cuerpo que, de pronto, se le había aparecido como suyo.
| Puente de Alcántara |
En el final del primer acto de "La mujer sin sombra", Ópera de Hugo von Hofmannsthal y Richard Strauss, los vigilantes de la noche invitan con su cantinela al sueño de los vecinos, y al abrazo amoroso del marido y la mujer con las siguientes palabras:¿Cómo entender esa cantinela? ¿Qué relación asombrosa une a los más distantes, el niño naciente y el difunto ausente? ¿Qué hilo secreto une a los más separados? ¿Cuál es el papel en esta relación del poder de renacer de la existencia?Esposos y esposas, sois puentes, tendidos sobre abismos,
que a través del abrazo amoroso y fecundo
permiten a los muertos volver a la vida.

De noche, entre las olas, de cara al tiempo congelado,
sonaba el mar a hojas de otoño, pisoteadas por los pájaros.
Ceñía mis tobillos de diamantes.
Allí era el reino del vaivén, del ritmo,
de lo eterno acunado. El mar tampoco,
como si fuera de mi raza, se encadenaba al tiempo.
Sonaba en mis oídos el ruiseñor del agua de la fuente,
oía los rumores del mundo. Mi sangre era el mar mismo.
Me contagiaba de su movimiento.
Me enseñaban sus olas a no morir jamás.
Lo sin tiempo es la muerte. Y aquello, el ritmo,
el tiempo vivo, pero detenido; algo que no conoce
ni principio ni fin, que no parte ni llega.
Era el mar y la fuente junto al mar.
Y entre los dos estaba yo.
De La fuente de Carmen Amaya. José Hierro.


Comienzan de nuevo las clases y me pregunto cómo andas de moral ante la tarea que empieza. La palabra moral no significa sólo el conjunto de normas, costumbres y hábitos que consideramos válidos en un grupo social, sino también el ánimo, la fuerza, el ímpetu con el que afrontas y te haces cargo de una tarea. ¿Tienes la moral alta o baja? Valora tu moral con un número del 0 (tener la moral por los suelos) al 10 (tener la moral por las nubes), recordando que entre el suelo y las nubes también hay otras muchas posibilidades. Y bienvenidos al nuevo curso.