Salto del sexo al erotismo. Seguramente decepcionaré a alguno, pero qué le vamos a hacer. Para más recochineo pienso hablar bien del papa.
II
La encíclica Deus Caritas est de Benedicto XVI, publicada en una fecha tan significativa para los cristianos como la del 25 de diciembre (de 2005) ha sido olvidada demasiado pronto. La razón de ello es, a mi humilde parecer, que el papa apuntó tan lejos que la mayoría de sus lectores, para no perderse, prefirieron fijarse en su dedo apuntador que en aquello a lo que apuntaba. Lo que me admiró de este texto, y me sigue admirando, no es tanto lo que dice como la manera de practicar lo que dice.
III
La encíclica toma su título de la afirmación de I Jn, 4, 16: “Dios es amor" (ho theòs agapê estín)." El evangelista continúa de la siguiente manera: "y quien permanece (ho ménôn) en el amor (en tê agápê) permanece en Dios (en tô theô ménei) y Dios en él (ho theòs en auto ménei)”. En la traducción de San Jerónimo leemos: “Deus caritas est et qui manet in caritate in Deo manet et Deus in eo).
Según el papa, “Juan nos ofrece una formulación sintética de la existencia cristiana" en estas palabras: "Nosotros hemos conocido (egnôkamen) el amor (tên agápên) que Dios nos tiene y hemos creído (pepisteúkamen) en él". Aquí se encontraría el fundamento de la especificidad cristiana.
IV
A continuación el papa hace una reflexión muy interesante sobre la diferencia entre "eros" y "agapé". Comienza diciendo que los griegos dieron el nombre de eros al amor que no nace de la voluntad, sino que se impone al ser humano (retengamos esta idea) y añade que el Antiguo Testamento (que es el testamento del Dios oculto de los judíos que se manifiesta a través de la Ley inmutable) utiliza dos veces el término "eros", mientras que el Nuevo Testamento no lo utiliza ni una; prefiere los términos philia y agapé. Esta substitución “denota algo esencial en la novedad del cristianismo". La tesis del papa me parece digna de ser pensada en sí misma, pero no es eso lo que me interesa resaltar, sino el hecho de que para argumentarla recurra ni más ni menos que a Nietzsche. Lo hace con toda normalidad, como si fuese de sí que en estas cosas hay que tenerlo presente. En lugar de anatemizar al profeta de la muerte de Dios, se detiene a hablar con él. Aquí, en este gesto, se pone de manifiesto la manera que tiene el papa de practicar lo que dice. Este es un gesto revolucionario que, por lo que veo, para la inmensa mayoría de los teólogos cristianos, ha pasado desapercibido.
V
El papa señala que la novedad que supone el "agapé" cristiano ha sido criticada por Nietzsche, porque ve en ella una degradación. El cristianismo, según Nietzsche, habría dado de beber a eros un veneno que le hizo degenerar en vicio. El papa añade la referencia exacta: Más allá del Bien y del Mal, IV, 168.
Evidentemente cuando el papa obra así es porque nos está invitando a revisar esta tremenda obra nietzscheana (cosa que haremos en parte en el próximo post) y, sobre todo, a poner a dialogar entre sí a Platón, al cristianismo y a Nietzsche. Mi sospecha es que les está abriendo una puerta a los cristianos para pensar la posibilidad de superar la postmodernidad en lugar de negarla.
VI
El papa no cree que el cristianismo haya degradado el eros griego. ¿Qué es lo que habría degradado si así hubiera sido? El eros antiguo se presenta para el papa como la primera potencia a la que quedan sometidas todas las demás (el fondo último del ser o, si se quiere, de la physis). Esta convicción se pone de manifiesto en los cultos de fertilidad (digamos de paso que esta manera de entender el hecho religioso merece, como mínimo, un gesto de admiración). "Eros se celebraba como la fuerza divina, como la comunión con la divinidad". El Antiguo Testamento (donde la physis está ausente) no rechazó este eros, sino que combatió su degradación destructora, su falsa divinización que lo priva de su dignidad y lo deshumaniza, como ocurría con la prostitución sagrada. Es decir, la crítica que Nietzsche realiza al cristianismo, el papa la traslada a ciertas formas del culto pagano, con lo cual el Antiguo Testamento se presenta como un intento de salvar la dignidad del fundamento erótico de todo lo existente.
VI
Pero si eros es el fundamento de todo, es también el fundamento de lo mejor y de lo peor y, en este sentido, mantener la divinidad de eros significaría preservar lo mejor que hay en él. Es evidente -añade el papa- que eros necesita disciplina y purificación para poder ofrecerle al hombre algo así como un "pregusto" de las mejores posibilidades de su existencia. La realización de la promesa implícita en eros exige "una purificación y una maduración que incluyen también la renuncia. Eso no significa rechazar a eros ni envenenarlo, sino sanearlo."
VI
Al llegar aquí estaba tentado de hacer un comentario irónico sobre el gran principio que sostuvo ideológicamente a nuestra amada LOGSE, el de "desarrollar todas las capacidades del niño" (todas, indiscriminadamente). Pero en lugar de esto intentaré demostrar en los siguientes apuntes que el esfuerzo de sanear a eros es compartido tanto por Nietzsche como por Platón.















































Cualquier espectador de un combate piensa que el objetivo del boxeo es golpear al oponente. Hay uno más importante y prioritario: no ser golpeado. O al menos así lo ven dos de los protagonistas de la película que traemos hoy a colación. Las maneras de boxear son también formas de vivir: hay quienes van a exprimir su tiempo y otros que intentan que el tiempo no les exprima a ellos. Vivir hacia adelante, tratando de disfrutar al máximo, o protegerse de los posibles golpes, poniendo todas las condiciones a nuestro alcance para evitar el dolor y el sufrimiento: vivir a la defensiva. Los antiguos solían decir que la vida es una meditación de la muerte, y esta idea ha encontrado siempre una respuesta inmediata: no es vida la de aquel que está pensando en que puede perderla, en lo que vendrá después o en el significado de la muerte. No hay manera de boxear si pensamos únicamente en defendernos y esquivar los golpes: la vida y el boxeo consisten en un cálculo de riesgos. Exposición, ataque y defensa. Lo mismo en la calle que subido en un cuadrilátero.














El mundo anda últimamente algo revuelto. Y con la palabra “mundo” me refiero, principalmente, a este suelo que pisamos, al agua que bebemos y el aire que respiramos. En pocas palabras: vamos de catástrofe en catástrofe. Inundaciones, terremotos, nevadas descomunales, maremotos… Basta tirar de la memoria reciente para darse cuenta de que el planeta no nos da tregua: