En 1922 Carl Schmitt publicó un librito titulado
Teología política, que armó un considerable revuelo teórico. Desde entonces se lo ha tenido por el creador de este concepto, que tanta urticaria produce en los postmodernos. "No lea usted a Schmitt, que es muy peligroso, lo dice Habermas", me dijo un famoso catedrático de filosofía, cosa que me arrojó, literalmente, a lo primero que encontré de Schmitt.
Cuando se buscan antecedentes al concepto de "teología política", se suele recurrir comúnmente a Spinoza y los de más arrojos historiográficos se remontan hasta la agustiniana
Ciudad de Dios, donde se asegura, con razón, que los dioses de la ciudad tienen muy poco poder en el Más Allá. Pero no hay que ir tan lejos. Basta con seguir las indicaciones del mismo Schmitt para llegar sin dilación al gran Donoso Cortés, que es quien dejó lapidariamente escrito que "Ninguna de las ideas fundamentales y constitutivas de la civilización moderna tiene un origen filosófico. Todas proceden de la religión cristiana."
¡Qué pluma, la de Donoso! Quizás no haya existido otro político español con más ambición teórica y más claridad expositiva. De ahí sus fértiles relaciones internacionales. Desarrolla su concepción de la teología política afirmando, sin ningún tipo de complejo ni medias tintas, que las ideas de fraternidad y de libertad, así como la distinción entre poder temporal y espiritual, proceden del cristianismo. "De la unidad del género humano, enseñada por la revelación al hombre, nace como de suyo la idea de fraternidad; de ésta, la de igualdad; de ambas, la de la democracia." Dicho esto, remata la argumentación con una verónica de lujo que, evidentemente, desagradará profundamente a la mayoría de los modernos: La República quiso traer la libertad, la igualdad y la fraternidad, pero olvidó "que esos tres dogmas no vienen de la República, sino que vienen del Calvario".
La idea de que la dictadura es en política lo que el milagro en teología es desarrollada también con holgura por Donoso. Dios sólo gobierna el mundo -dice- por modo mediato, por las
causae secundae. A esto responde en el orden político el régimen constitucional. Mas, en ocasiones, rompe Dios el orden natural con el milagro. A esto responde en el orden político la dictadura. Aunque esta idea la tomó, con toda probabilidad, de Bonald y Maistre, supera a ambos al concluir que así como no hay teología sin el concepto de milagro, tampoco hay derecho político sin el concepto de dictadura, tesis esta a la que también prestará una meticulosa atención Schmitt.
¿A qué de debe que el interés que hay hoy en España por Schmitt no se corresponda con un interés paralelo por Donoso Cortés? Creo que esto es sólo un producto de la ignorancia. Pero nadie es inocente de su ignorancia. Se me ha ocurrido mirar a ver qué hay de Donoso en el Centro de Estudios Constitucionales. Sólo se encuentran sus
Lecciones de Derecho Político.