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¿El mundo está en nuestras manos o nosotros estamos en manos del mundo? He planteado esta pregunta a un grupo de alumnos y la respuesta mayoritaria ha sido que estamos en manos del mundo. Al desarrollar la respuesta me dicen que nacemos en una sociedad concreta y aprendemos a considerar bueno o malo, correcto o incorrecto, lo que ella considera como tal. Les pido ejemplos. Si nacemos en una sociedad en la que es normal usar armas, nos parecerá normal usarlas. Si nacemos en una sociedad en la que está vigente la esclavitud, nos parecerá normal la esclavitud. Si nacemos en una sociedad con desigualdad de derechos entre hombres y mujeres, nos parecerá normal su desigualdad. Una alumna añade: si no conocemos nada distinto de nuestro mundo, nos parecerá normal.

¿En qué consisten el Cielo y el Infierno? El siguiente relato nos ayuda a responder a esta pregunta:

“Ya era tarde. Teníamos que marcharnos para llegar a tiempo a Betsaida. Cabalgábamos despacio por el camino que bordea el lago. Las aguas reverberaban por los rayos del sol. Las montañas se recortaban al fondo como pálidas sombras. Era un atardecer tranquilo y agradable.
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| Princesa |

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| Troll en apuros |
Tener una niña pequeña en casa me hace ver desde hace tiempo muchas series infantiles. Una de ellas es “El principito”, basada libremente en el personaje creado por Saint-Exupéry.
Cuentan los sabios que:
Preguntar por el ser humano en García Lorca supone enfrentar la universalidad de un concepto, el de "ser humano", con la respuesta singular del poeta, imposible de incluir en una designación válida para una multiplicidad de casos, no por irracionalidad ninguna, sino porque es la creadora y recreadora de su propia universalidad.
"Érase una vez un hombre bueno, solitario, triste y soñador, creía en el honor y la valentía, e inventaba la vida. San Juan dijo "el que no ama está muerto" y yo me atrevo a decir "el que no inventa, no vive".
"El pasado es la clase de acontecimientos que «influyen» en nosotros, pero no recíprocamente. El pasado se genera por la muerte. El presente es el campo de los acontecimientos ligados por relaciones de reciprocidad en cuanto a la transitividad de la comunicación. El presente está siempre inmerso en una época, y una época es, generalmente, una sucesión de presentes. Al presente podría dársele el radio (tomando como centro nuestra generación) de un siglo, pues más o menos ocupan un siglo los hombres vivos que influyen sobre mi generación y aquellos en los que mi generación influye (...). El futuro es la clase de acontecimientos en los cuales nosotros podemos «influir» pero de suerte que ellos ya no pueden influir sobre nosotros".

“¿De qué valdría el encarnizamiento del saber si sólo debiera asegurar la adquisición de conocimiento y no, de un cierto modo y en tanto que se pueda, el extravío de aquel que conoce?... ¿Qué es la filosofía hoy en día -quiero decir la actividad filosófica- sino el trabajo crítico del pensamiento sobre sí mismo? ¿Y acaso no consiste, en lugar de legitimar lo que ya se sabe, en acometer la empresa de saber cómo y hasta dónde sería posible pensar de otro modo? El ensayo -que hay que entender como prueba modificadora de sí mismo en el juego de la verdad y no como apropiación simplificadora de los demás con fines de comunicación- es el cuerpo viviente de la filosofía, al menos si ésta todavía es hoy lo que fue en otro tiempo, es decir, una “ascesis”, un ejercicio de sí, en el pensamiento".
Hoy en las clases de 1º hemos intentado ponerle nota a la felicidad. Para ello entendimos que nuestra felicidad está compuesta por tres dimensiones: 1) realizar los propios fines, 2) alcanzar autonomía y 3) disfrutar de placer y bienestar. Pues bien, en este momento de tu vida ¿vas realizando tus propios fines y metas? ¿en qué grado eres independiente? ¿disfrutas de una vida placentera? Responde a cada pregunta con una valoración entre el cero y el diez, haz la media y habrás puesto nota a tu felicidad.
Un día como el de hoy, mi maestro William Faulkner dijo en este lugar: «Me niego a admitir el fin del hombre». No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que una simple posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.
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| Juan David García Bacca |


La expresión "salirse por la tangente" suele referirse a la actitud de una persona que elude responder a una pregunta comprometida. Este sentido es negativo e implica buscar una salida sin afrontar el problema. Sin embargo, la expresión posee también un sentido positivo y afirmativo cuando caracteriza a la transfinitud del ser humano, a su capacidad para superar límites y desplazar fronteras, transformando el ser de las cosas y su propio ser. En este sentido, salirse por la tangente es expresión luminosa de la infinitud que alienta en el seno de lo humano. Con la profundidad, el rigor y la originalidad que le caracteriza, Juan David García Bacca desarrolla así la cuestión, mientras une en su escritura ciencia y filosofía:
El tiempo (*) ha sido comprendido en la cultura Occidental como tránsito desde una realidad deficiente hacia una realidad plena que la redime: de la diversidad de opiniones al concepto (Sócrates), de lo sensible y pasajero a la Idea Eterna (Platón), de lo particular a lo universal (Aristóteles), del anhelo de Verdad a su plenitud (Agustín de Hipona), de la realidad contingente a la realidad necesaria (Tomás de Aquino), de la falsedad de los sentidos a la verdad del sujeto pensante (Descartes), del estado social degradado al contrato social (Rousseau), de lo empírico a lo trascendental (Kant), de la sociedad alienada a la sociedad comunista (Marx).