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Esta tarde, como otras, he merendado con la pequeña L. una fruta y un yogur. Después de terminar, limpio mis dedos en su babero. Ella me mira seria y me dice: papá ¿porque te limpias la mano con mi babero? Yo le respondo: porque no tengo uno para mi. Ella se queda pensativa un instante y me dice: papá, cuando seas un niño pequeño tendrás un babero.
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| Espigón del Tarajal |
Leyendo un texto de otro autor, encuentro la siguiente cita del Maestro Eckhart sobre el tiempo y la eternidad:El tiempo es el devenir, las cosas naciendo, muriendo y renaciendo en aquello que dejan de sí, en su descendencia y fecundidad. La realidad se muda y multiplica, es tiempo. Pero en la cita del Maestro Eckhart, la eternidad, atenida a su simplicidad, ¿aparece separada del tiempo? ¿No guarda este mismo autor el secreto de la complicidad entre ambos?El tiempo es lo que muda y se multiplica. La eternidad se atiene a su simplicidad.
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| Antonia |
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| ¿Qué será un humano? |
Educar es lo mismo
Gabriel Celaya
que poner un motor a una barca
hay que medir, pesar, equilibrar...
... y poner todo en marcha.
Pero para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino, un poco de pirata...
un poco de poeta...
y un kilo y medio de paciencia concentrada.
Pero es consolador soñar mientras uno trabaja,
que esa barca, ese niño,
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia pueblos distantes, hacia islas lejanas.
Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada.
Gabriel Celaya.
La realidad consiste en un proceso dinámico de caracter evolutivo en el que "evolución" no significa actualización progresiva de potencialidades o despliegue de un contenido implícito sino irrupción creadora de novedades. La realidad en su dinamismo es capaz de crear desde sí misma otra realidad, distinta de la primera, en la que la anterior insiste.
El azar.
Creo que el azar gobierna nuestras vidas de una forma mucho más importante de lo que pensamos, aunque la mayoría de la gente se resiste a aceptar esta idea.Ello es porque, como decía Ludwig Wittgenstein, encajamos todo lo que perciben nuestros sentidos en un molde predeterminado por nuestro cerebro. Pero las cosas no suelen ser como parecen en muchas ocasiones.El ser humano necesita explicar los fenómenos que no comprende y, por ello, establecer pautas de comportamiento que suelen ser puramente ilusorias. Por ejemplo, un individuo invierte sus ahorros en la Bolsa y luego se arruina. Se casa con una mujer enamorado y se separa a los tres meses. Confía en el diagnóstico de un médico, que más tarde se demuestra que es erróneo.En general, percibimos las cosas como creemos que son y no cómo realmente son cuando se trata de asuntos complejos, que afectan a nuestra vida. Ello también es extensible al mundo de lo físico: decimos que el cielo es azul, pero en realidad el color es una longitud de onda.Casi todo lo que nos sucede en la vida es imprevisible. Hagamos el simple ejercicio de situarnos en nuestra niñez y luego en el presente. ¿Era predecible el desarrollo de nuestra existencia?Se me dirá que este argumento es un sofisma porque el hombre es el resultado de su herencia genética, su familia, su educación y su entorno. Es cierto que todos estos factores son esenciales, pero también son puramente aleatorios. ¿Por qué, si no, dos hermanos pueden ser totalmente distintos?El mismo accidente del MD-82 en Barajas está probablemente motivado por una sucesión de hechos azarosos que desembocaron en la catástrofe. La alteración de uno de los factores de esa secuencia habría podido evitar el fatal desenlace.Desde niños, hemos sido educados en el principio de causalidad y en la idea de que todo lo que sucede a nuestro alrededor es explicable de forma racional. Desde Platón a Hegel y Marx, los filósofos han analizado los fenómenos individuales y sociales como el resultado de unas leyes universales.Este determinismo histórico nos ha cegado sobre lo esencial: esa presencia del azar. La vida existe en la Tierra porque, según los científicos, se dieron unas circunstancias bioquímicas cuya repetición es altamente improbable. El azar jugó también un papel importante en la evolución genética, como muy bien demostró Jacques Monod.Somos, en buena medida, un producto del azar y eso es lo que convierte en tremendamente vulnerable al ser humano. Pero es el azar también el que hace que la existencia humana sea una aventura singular e irrepetible. Tal vez nuestra conciencia sea también un producto del azar, lo que nos plantea serias dudas sobre el alcance de nuestro conocimiento.Son reflexiones a las que he dado muchas vueltas y que posiblemente carezcan de sentido, como casi todo lo que hacemos.
Al entrar en una clase de Secundaria me encuentro en el panel de corcho junto a la pizarra con un breve cuento, tan breve que se tarda más en leer esta introducción que en disfrutarlo. Sin embargo deja un buen sabor de boca, muchas sugerencias y una sonrisa. No contiene ninguna errata y dice así:¿Quieres callarte conmigo? -le dijo. Y sin añadir una palabra, fueron felices para siempre.
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| Cilindro |
Dame serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar,
valor para cambiar lo que puedo
y sabiduría para comprender la diferencia.
Así los hombres y así lo real. Cual la generación de las hojas, nuestras vidas tienen lugar en el seno de una sucesión de vidas que se siguen unas a otras, naciendo y pereciendo. El devenir de lo real consiste en nacer y perecer."Cual la generación de las hojas, así la de los hombres. Esparce el viento las hojas por el suelo, y la selva, reverdeciendo, produce otras al llegar la primavera: de igual suerte, una generación humana nace y otra perece."
Si leemos un poco más, descubrimos sobrecogidos en qué consiste esa verdad que Don Manuel debe ocultar a sus feligreses para que puedan vivir:“¿La verdad? La verdad, Lázaro, es acaso algo terrible, algo intolerable, algo mortal; la gente sencilla no podría vivir con ella”.
Haber tenido que nacer para morir. ¿De eso se trata al fin? En esta primera etapa del viaje, la verdad del devenir es entendida como sucesión de nacimientos y muertes pero ¿cómo no sentir con Unamuno el trágico contraste entre el devenir así entendido y el más profundo de los anhelos humanos, el anhelo de inmortalidad, simbolizado por el corazón? Y de ser así, ¿estará nuestra condición determinada por el conflicto entre la razón, que nos dice de lo real que nace y muere, y nuestro corazón, que desea eternidad?“Yo estoy para hacer vivir a las almas de mis feligreses, para hacerles felices, para hacerles que se sueñen inmortales y no para matarles (...). Todas las religiones son verdaderas en cuanto hacen vivir espiritualmente a los pueblos que las profesan, en cuanto les consuelan de haber tenido que nacer para morir(...)”.
Y Antonia le contesta:-¿Dónde está Dedos Torcidos, dónde están todos?
A la niña no le bastan estas palabras e insiste:-El cuerpo de Dedos Torcidos lo han quemado y han esparcido sus cenizas por la tierra.
Y Antonia le responde:- Sí, pero...
La vida quiere vivir, las cosas nacen y mueren (1ª etapa), pero no mueren del todo porque son capaces de dejar en su lugar algo de sí mismas, de lo cual algo nuevo es capaz de nacer. Por tanto, el devenir no se agota en el nacer y el perecer. Éste es el descubrimiento que nos ofrece la segunda etapa del viaje. La razón está en la fecundidad de lo real: no es cierto que las cosas simplemente nazcan y mueran. Ellas son capaces de dejar algo de sí de lo que crece algo nuevo. ¿Cual la generación de las hojas, así la de los hombres? Sí, pero el viento del devenir, que esparce las hojas por el suelo, hace de ellas una tierra fértil en la que, reverdeciendo, algo nuevo crece.-Nada muere completamente. Siempre queda algo, de lo que crece algo nuevo. Así empieza la vida, sin saber de dónde viene ni por qué.
-¿Pero por qué?
-Porque la vida quiere vivir (...).
“La naturaleza mortal busca, en la medida de lo posible, existir siempre y ser inmortal”.
“La naturaleza mortal busca, en la medida de lo posible, existir siempre y ser inmortal. Pero sólo puede serlo de esta manera: por medio de la procreación, porque siempre deja otro ser nuevo en lugar del viejo”.
“De esta manera, en efecto, se conserva todo lo mortal, no por ser siempre completamente idéntico a sí mismo, como lo divino, sino porque el ser que se va o ha envejecido deja en su lugar otra ser nuevo similar a como él era. Por este procedimiento, Sócrates, lo mortal participa de inmortalidad, tanto su cuerpo como en todo lo demás”.
“No te extrañes, pues, si todo ser estima por naturaleza a lo que es retoño de sí mismo, porque es la inmortalidad la razón de que a todo ser acompañe esa solicitud y ese amor”.
“La naturaleza mortal busca, en la medida de lo posible, existir siempre y ser inmortal. Pero sólo puede serlo de esta manera: por medio de la procreación, porque siempre deja otro ser nuevo en lugar del viejo. Pues ni siquiera en el tiempo en que se dice que vive cada una de las criaturas vivientes y es idéntica a sí misma, reúne siempre las mismas cualidades; así por ejemplo, un individuo desde su niñez hasta que llega a viejo se dice que es la misma persona, y sin embargo, aunque se dice que es la misma persona, ese individuo nunca tiene en sí las mismas cosas, sino que continuamente se está renovando en un aspecto y destruyendo en otro. (…) De esta manera, en efecto, se conserva todo lo mortal, no por ser siempre completamente idéntico a sí mismo, como lo divino, sino porque el ser que se va o ha envejecido deja en su lugar otra ser nuevo similar a como él era. Por este procedimiento, Sócrates, lo mortal participa de inmortalidad, tanto su cuerpo como en todo lo demás. (…) No te extrañes, pues, si todo ser estima por naturaleza a lo que es retoño de sí mismo, porque es la inmortalidad la razón de que a todo ser acompañe esa solicitud y ese amor”.
"Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos". (Mt 2, 16) ¿Quién cumple hoy el papel de Herodes? ¿Y quién el de los inocentes?
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| La natividad de Fra Angélico |
Hannah Arendt, La condición humana
(Traducción del doblaje al español de la pelicula Invictus (2009) dirigida por Clint Eastwood)En la noche que me envuelve
negra como un pozo insondable
doy gracias al dios que fuere
por mi alma inconquistable.
En las garras de las circunstancias
no he gemido ni llorado.
Ante las puñaladas del azar,
si bien he sangrado,
jamás me he postrado.
Más allá de este lugar de ira y llantos
acecha la oscuridad con su horror.
No obstante la amenaza de los años me halla
y me hallará sin temor.
Ya no importa cuán recto haya sido el camino,
ni cuántos castigos lleve a la espalda.
Soy el amo de mi destino.
Soy el capitán de mi alma.
Out of the night that covers me,
Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.
In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.
Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds and shall find me unafraid.
It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.
Estas cosas me cuenta mi amigo Manuel. ¡Quien le ha visto y quién le ve!No conozco el árbol de la vida, pero lo imagino semejante a un árbol grande y frondoso, lleno de hojas y frutos, que se renueva sin fin. En el árbol de la vida nos movemos y vivimos: somos sus ramas y hojas. Si nos arrancan del árbol nos marchitamos y nos secamos, pero unidos a él damos frutos. Las ramas no son nada sin el árbol y el árbol no es nada sin sus ramas. Cada uno no puede ser quien es sin el otro y ambos a una son vida renovada y sin término. La vida del árbol es muy especial porque es capaz de hacer algo asombroso: convertirse en semilla. El árbol grande y sus ramas frondosas se hacen semilla que cae a la tierra y en ella se oculta. De esa semilla vuelve a brotar poco a poco el otro y mismo árbol inmenso y sus ramas verdes que, encontrándose, se saludan sonrientes. Así es de especial y admirable el árbol de la vida, su nacer muriendo y su morir naciendo. Por eso no hay que olvidar que la rama sola no es una rama. La rama es siempre rama del árbol que en el fruto y la semilla se renueva sin término.
Me impresionan las imágenes en la televisión de tantas personas por las calles de Soweto, Pretoria y otras ciudades sudafricanas, bailando y cantando en homenaje a la vida de Madiba, Nelson Mandela. Son estas personas desconocidas, y no tanto las conocidas y sus previsibles mensajes de condolencia, las que nos descubren el verdadero sentido de su fallecimiento. La vida de Mandela ha llegado a su fin, pero no por eso se despeña en la nada, ni se aniquila cuanto hizo y fue. Al contrario, su fallecimiento no es el final de cuanto ha sido, sino el repliegue de una vida singular en el seno de la Memoria (popular, colectiva, Mnemosyne), desde la cual puede ser evocado, celebrado, recreado. Desde esa Memoria insiste el misterio de este hombre asombroso, conocedor del secreto del perdón, la generosidad y la reconciliación. Los hombres y mujeres que cantan en Soweto o Pretoria por el fallecimiento de Mandela son sabios: lloran su muerte celebrando su vida.
Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira.
¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.

Estoy pasando los meses de Julio y Agosto en Bolivia, entre la ciudad de La Paz y El Alto. Después de unas semanas de descanso y encuentro con los amigos, me pongo en contacto con el colegio Jesús-María de El Alto y surge la posibilidad de colaborar con ellos en tareas de apoyo a la lectura con niños de 7 y 8 años.Un hombre camina por la playa, observando cómo las olas dejan en la arena pequeñas estrellas de mar que poco a poco van secándose al sol. A lo lejos distingue la figura de otro hombre que, en su paseo, toma con sus manos las estrellas con las que se encuentra, lanzándolas de nuevo al mar. Cuando se cruza con él no puede evitar preguntarle. ¿Por qué hace usted eso? ¿No se da cuenta de que por una estrella de mar que devuelve al océano, éste lanza a la orilla muchas más? No va a poder salvarlas a todas. Lo que hace no tiene sentido.
El hombre le mira y, sonriendo, le responde: tal vez no puedo salvarlas a todas y lo que hago no tiene ningún sentido, pero para ésta que tengo en mis manos tiene todo el sentido del mundo ¿verdad?
Y el hombre lanza la estrella de mar de vuelta al océano.
Las siguientes orientaciones pueden facilitar el desarrollo de una discusión filosófica en un aula, un centro cultural o un café filosófico (adaptadas de La filosofía en el aula y Enseñar filosofía hoy (de Lipman y VV. AA respectivamente) ) .
"Verás, te voy a contar una cosa: yo cada mañana salgo a estirar las piernas antes de desayunar, no por nada, sino para hacer un poco de ejercicio; pues bien, al principio, al salir de casa les decía a mis nietos: ¿queréis venir a dar un paseíto con el abuelo? Y ellos siempre me contestaban: No, abuelo. Hasta que un día se me ocurrió decirles: Voy al estanco a por tabaco, ¿alguien me quiere acompañar? Y ellos dijeron en seguida que sí, porque sabían que íbamos a alguna parte, y estaban seguros de que al llegar al estanco me camelarían para que les comprara alguna chuchería. Desde entonces, cuando quiero compañía, me invento un recado, y nunca falla. ¿Sabes por qué? Pues porque está en la naturaleza humana el que cualquier cosa, hasta la más agradable, haya de hacerse con una finalidad. Sí, querida, siguió diciendo, el ser humano necesita un objetivo para hacer las cosas; hasta para seguir viviendo necesitamos un objetivo. El mío, ya lo ves, son estos demonios: verles crecer, hacerles felices mientras pueda, velar por su formación y, cuando el Señor me llame, dejar asegurado su bienestar material. Con esta filosofía vivo en armonía conmigo mismo, y me río del paso de los años".
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| José Luis Sampedro |