
Professors (50 sin leer)
| by Getty/Robin Bartholck |
![]() |
| Los embajadores |

Filosofia medieval i del Renaixement
Centre cultural Casa Elizalde
Adreça: C/ València, 302. Barcelona.
Calendari: Inici 22 d’abril (8 sessions)
Dia i hora: dilluns, 17 - 18’30 h.
Professor: Joan Méndez Camarasa
Descripció del taller: Després de la desaparició de les polis gregues a causa de les conquestes d’Alexandre el Gran, la filosofia viurà el desenvolupament i posterior caiguda de l’imperi romà, que obrirà pas a
... (... continúa)

Cinema i pensament 3
Centre cultural Casa Elizalde
Adreça: C/ València, 302. Barcelona.
Calendari: Del 25 d’abril al 20 de juny (8 sessions)
Dia i hora: dijous, 20 - 21’30 h.
Professor: Joan Méndez Camarasa
Descripció del taller
El curs de “Filmosofia: cinema i pensament" aportarà l’anàlisi a cadascuna de les sessions d’una de les gran pel·lícules de la història del cinema, però des del punt de vista de la seva relació amb la filosofia i el pensament crític.
Objectius/ Metodologia del taller
La dinàmica consistirà en la p
... (... continúa)

A menudo las palabras nos separan más que nos unen. No sólo se privatizan muchos ámbitos de nuestra vida cotidiana sino también los conceptos y su significado. Ha pasado con términos asociados a cambio y a mejoras: solidaridad, verde, revolución, sostenibilidad, cooperación… que se han convertido en “adjetivos marca” al servicio del marketing empresarial. Y lo mismo le ha sucedido a la política. Sin olvidar el maltrecho concepto de democracia, largamente apropiado por quienes, en realidad, la han vaciado de contenido.





La Hora del Planeta es una campaña de movilización ciudadana que WWF puso en marcha hace siete años. Su objetivo es generar un gesto colectivo de reducción de consumo eléctrico en favor de la sostenibilidad energética y el cuidado del medio ambiente. La Hora del Planeta tendrá lugar este año el 23 de marzo, desde las 20:30 hasta las 21:30.
En 2012, más de 7.000 ciudades de 150 países apagaron las luces de sus principales monumentos y edificios emblemáticos, enviando así un claro mensaje: los gestos simbólicos pueden generar grandes cambios, si conseguimos un compromiso global durante todo el año.
La campaña tomó entonces una nueva dimensión invitando a los ciudadanos a ir más allá y adoptar medidas de ahorro energético durante todo el año. Fue el año de los pequeños y grandes compromisos para crear un modelo de vida más sostenible y respetuoso con el medio ambiente. Fue el año de los retos, de los desafíos y la gran pregunta ¿ Qué serías capaz de hacer para salvar el planeta?
Dentro de esta inciativa, WWF y la Fundación Axa han creado también el juego virtual My green energy planet.


Por último, hoy publico un artículo en el Diario Córdoba sobre cómo mejorar el sistema político español con tres propuestas importadas de Suiza por Daniel Ordás (danielordas_es)
En algunas aulas se castiga a los niños a sentarse en la silla de pensar para que reflexionen acerca de algún comportamiento que ha tenido consecuencias negativas para otros alumnos o para sí mismos.
De alguna forma, Entreculturas utiliza ese mismo recurso a través de su campaña La silla roja. Una silla para 61 millones de niños y niñas que no pueden ir al colegio.
Entreculturas propone dar visibilidad a los 61 millones de niños y niñas del mundo que están sin escolarizar colocando en el aula una silla roja que simbolice a todos los niños que no pueden ir al colegio y que ven vulnerado su derecho a la educación.
Los beneficios de la educación están ampliamente reconocidos: la educación amplía el acceso a otros derechos y favorece el progreso conjunto de la sociedad, promueve la libertad y la autonomía personal y genera importantes beneficios para el desarrollo personal.
Asimismo, la educación es un instrumento poderoso para reducir la pobreza y la desigualdad. Pero, mientras muchas familias acuden con sus hijos e hijas al primer día de colegio, todavía hoy hay niños y niñas privados de oportunidades educativas.
Según la UNESCO, todavía hoy en día hay 61 millones de niños y niñas en el mundo sin escolarizar, de los cuales 31 millones se encuentran en África Subsahariana. Estos niños y niñas ven vulnerado su derecho a la educación, recogido en numerosos tratados internacionales.
La UNESCO estima en 16.000 millones de dólares anuales, de aquí a 2015, las necesidades de financiación externa para alcanzar los principales objetivos de la Iniciativa de Educación Para Todos (EPT, Dakar 2000). Dado que, actualmente, los países donantes aportan 5.600 millones de dólares anuales, sería necesario triplicar esta cantidad.
Desde Entreculturas, trabajan para que cada día más niños y niñas puedan ir al colegio. ¿Quieres unirte a ellos?
Revuelto como está el heraclíteo río de la filosofía, juguemos por un momento a adivinos, tratando de imaginar qué futuro le espera a la filosofía y a su enseñanza en las próximas décadas. Aquí van cinco propuestas, algunas más verosímiles y otras menos.
Alonso Cano, La muerte de San José.
En un momento en que la estrategia política impuesta desde Europa es asfixiante y discutida en todas partes, ¿no tendría sentido abrir un poco las vías de comunicación con instituciones privadas, agentes y movimientos sociales? La respuesta de la política es: que viene el lobo. Que la gente se preocupe por los problemas de todos y preste atención a los que se movilizan y hacen propuestas es, dicen, antipolítica, porque la política somos nosotros. Este es el mensaje: fuera de la política solo cabe el populismo o el caos. Populismo es hacer propuestas imposibles de ser cumplidas. ¿No fue así como el PP ganó las últimas elecciones? La crisis social se agudiza y el territorio acotado —que los partidos controlan en régimen de oligopolio— se desmorona. Si los partidos no quieren ahogarse en la charca del servilismo en que se han metido, tienen que mirar de cara a la ciudadanía y ser sensibles a sus ideas y a sus impulsos. ¿No sería el momento de convocar unos estados generales para remontar la crisis social y explorar una alianza entre política y ciudadanía? ¿O tenemos que dar por hecho que la política está en frente de la ciudadanía y no con ella? Es muy importante que políticos y movimientos sociales se hablen, para reconocerse y poner todas las cartas sobre la mesa. Y, después, que cada palo aguante su vela. La representación de la ciudadanía corresponde a los parlamentos y son ellos los que tienen que tomar las decisiones legislativas. Pero, precisamente para que el vínculo no se rompa y para que la política no llegue siempre tarde, podría ser útil escuchar a los demás. Especialmente cuando la ciudadanía se siente más representada por los movimientos sociales que por los partidos políticos. Escuchar, dialogar y decidir, cada cual en función de su papel. ¿No es esto la democracia?
El conocimiento ha de liberar modos de vida para saber desempeñarse en la existencia, para dar respuesta, para ofrecer nuevas posibilidades, para abrir otro horizonte personal pero, puestos a reivindicar el saber, y con razón, no ha de ser un saber sometido a unos precisos y determinados contenidos de conocimientos. Que sea indispensable procurárnoslos no significa que no hayamos de debatir sobre cuáles han de acompañarnos a lo largo de la vida. Quizá no son tantos, y tal vez los olvidemos en la maraña de lo sabido, muy sabido, demasiado sabido, y no reconocido. Algo ha de saberse. Pero eso no siempre se logra sólo con saber más. Es preciso saber mejor.
Si hubiera que crear un grupo de filósofos malditos, uno de los nombres que aparecería en todas las quinielas sería, seguramente, Nicolás Maquiavelo. El rechazo que despierta se percibe incluso en las aulas: cuando se le va a explicar hay ya, de partida, una concepción negativa de su pensamiento. El daño de los tópicos: no ha habido ninguno tan dañino y perjudicial para un filósofo como esa frase de “el fin justifica los medios”, que se le cuelga al florentino como una condena, pese a que no aparezca formulada en ninguno de sus libros. Los alumnos, que en otros autores andan totalmente desorientados, tienen fichado ya al italiano y le asocian la coletilla dichosa. El asunto cambia cuando se avanza en la explicación. Cuando se toma conciencia, de la delicada situación de Florencia en la época en la que vivió Maquiavelo. De la permanente amenaza que suponían Francia y España, y del auge de otras repúblicas cercanas que servía al autor de El príncipe de motivación incesante para desarrollar sus ideas políticas. O cuando se comenta por encima la situación política nacional e internacional y se va tomando conciencia de la cantidad de ejemplos que hay que dan la razón a Maquiavelo. Basta una condición para comprender a fondo su filosofía: superar el rechazo inicial a identificar la política como un asunto de poder.
Decir que el objetivo del gobernante ha de ser mantenerse en el poder es tanto como defender que a la sociedad le conviene un gobierno estable. Especialmente en situaciones de crisis o en las difíciles épocas de formación de un nuevo estado. Es aquí donde radica el error: la política de Maquiavelo no es la de los corruptos que buscan su enriquecimiento personal, sino la del buen gobernante que no destaca precisamente por su generosidad y caridad, sino por la astucia, por la capacidad de reacción, por la confianza que genera en la sociedad. No se trata, ni mucho menos, de una especie de poltronismo político: lo que está defendiendo Maquiavelo en todo momento es el desarrollo y el crecimiento del estado, que ha de ir indisolublemente ligado a un buen gobierno: eficaz en lo político, y lo económico, pero quizás no siempre todo lo ético que hubieran pensado autores clásicos. Y es aquí donde se me ocurre un simil futbolístico: el extraño caso de Alex Ferguson en el Manchester United. No soy mucho de estadísticas, pero no sé si hay algún otro entrenador en el mundo que lleve 27 años en el mismo equipo. Ferguson es, según he oido alguna vez por ahí, una de las estrellas del equipo. Un incuestionable. ¿Se puede establecer la comparación entonces entre el fútbol y la política?
Vayamos a lo futbolístico: no me creo que en el apartado técnico Ferguson sea el mejor del mundo. Ni tampoco que haya habido momentos en los que quizás el equipo hubiera necesitado otro entrenador. Sin embargo, ha sabido mantenerse ahí. Y no creo que haya nadie tan ingenuo como para pensar que un entrenador permanece al frente de un equipo de primera linea mundial sólo poniendo en práctica las buenas artes que nos podría recomendar la ética. Viendo a Ferguson es difícil no imaginar al zorro del que habla Maquiavelo en El príncipe. Prácticamente podemos sentir el respeto que tiene que infundir en sus jugadores: no le odian, ni le desprecian, pero le temen. Manda en el campo tanto o más que el mejor del equipo. Es el auténtico capitán fuera del terreno de juego. ¿No son todas estas las virtudes del buen gobernante que aparecen en Maquiavelo? Lo incomprensible es que todo el mundo alabe a Ferguson y sea reconocido como uno de los mejores entrenadores de todo el mundo, pero nadie sería capaz de hacer lo mismo en el terreno político. Puede que el mensaje de Maquiavelo no sea tan maquiavélico como nos lo ha querido presentar la tradición: el buen gobernante mira por el bien de su estado, de la misma forma que el buen entrenador mira por el bien de su equipo. Otra cuestión a discutir sería por qué nos cuesta tanto encontrar a los Ferguson de la política, gentes capaces de mantenerse en su cargo durante más de veinte año porque las personas que dirigen respetan y valoran su labor.

| Michael Burawoy |
Ahí va una definición de urgencia de filósofo: "filósofo es alguien a quien todo el tiempo le andan formulando la misma pregunta ‘¿para qué sirve la filosofía?’". La definición, claro está, podría ser más afinada e incorporar matices que perfilaran mejor la idea, aunque fuera a costa de su contundencia. Así, también se podría enunciar esto mismo —intentando el difícil ejercicio de mirar de reojo al mismo tiempo a Jorge Luis Borges y a Thomas S. Kuhn— con más palabras: "filósofo es alguien tenido por tal en su sociedad, que, en cuanto alcanza un determinado nivel de notoriedad pública y/o visibilidad, empieza a recibir sistemáticamente la pregunta ‘¿para qué sirve la filosofía?’". Nada sustancial cambiaría en la versión extendida, fuera de que, tal vez, haría algo más comprensible el contenido de lo que se estaba intentando expresar.
Sin duda alguna, después de tantos años de información mediatizada y politizada por los medios de comunicación, los artistas italianos han acabado sensibilizándose y han aprendido a dudar de la libertad e independencia con las que a menudo se promocionan en el mercado las herramientas de la informática doméstica. Sin embargo, no son los únicos creadores críticos, que despliega la selección de The Public Private. El más destacado quizás sea el iraquí Wafaa Bilal, que se dio a conocer por sus polémicas instalaciones interactivas, como cuando llegó a auto segregarse en la galería FlatFile de Chicago para convertirse durante un mes en una diana humana a disposición de un público que podía dispararle bolas de pintura presencialmente o a través de Internet.
James Coupe presenta Panoptic Panorama #2: Five People in a Room, una instalación formada por un anillo de cinco cámaras configuradas para monitorear el espacio a 360 grados y capturar los rostros de los presentes, que luego terminan siendo replicados en unas pantallas alrededor de la sala.
J’étais encore un gamin mais j’étais suffisamment grand pour comprendre l’importance des événements qui, par tubes cathodiques interposés, se déroulaient sous mes yeux. C’était en novembre 1989 et le mur de Berlin s’effondrait, entraînant avec lui toute l’Union soviétique, le Léviathan de l’est, une des plus grandes et des plus longues expériences socialistes jamais menées. Cette superpuissance nucléaire qui, quelques mois plus tôt, semblait encore invincible à la plupart des commentateurs, s’est effondrée comme par magie, presque instantanément, comme un gigantesque ballon de baudruche. Les apparatchiks du régime, qui avaient sans doute vu le coup venir bien avant nous, sont partis avec la caisse et puis… Plus rien: l’URSS n’était plus.Dans un article publié dans le New Yorker du 23 janvier 1989, Robert Heilbroner, un des plus fervents soutiens de l’hypothèse socialiste, écrivait: «moins de 75 ans après qu’il a officiellement commencé, le concours entre capitalisme et socialisme est terminé : le capitalisme a gagné… Le capitalisme organise les affaires matérielles de l’humanité de manière plus satisfaisante que le socialisme»1. La messe était dite. Par delà les clivages idéologiques et les débats théoriques, l’échec patent de l’expérience soviétique mettait fin au grand débat du XXe siècle: «Le capitalisme a été un succès aussi incontestable que le socialisme a été un échec.»2Pour un nombre plus restreint d’entre nous, c’est une autre citation d’Heilbroner qui a véritablement marqué la fin officielle des débats. Elle est apparue un an après la chute du mur, toujours dans The New Yorker et, venant de la plume d’un de nos principaux adversaires qui se trouvait par ailleurs être de ceux qui savent précisément ce qu’ils écrivent, elle n’en avait que plus de valeur. «Il s’avère, bien sûr, écrit Heilbroner, que Mises avait raison»3Pour le profane, il n’y a là qu’un quitus donné à Ludwig von Mises, le «dernier chevalier du libéralisme»4, ainsi qu’à tous ceux qui avaient défendu le capitalisme et l’économie de marché comme étant le système naturel des hommes libres, le seul à même d’assurer la prospérité du genre humain. Mais pour nous qui, comme Heilbroner, avions lu Mises, l’hommage revêtait une signification bien plus profonde et infiniment plus précise: il n’était pas simplement question de reconnaître la supériorité du capitalisme dans les faits mais sur le plan théorique.Ce à quoi Heilbroner fait référence en écrivant que «Mises avait raison», c’est à un article publié en 1920, Le Calcul économique en régime socialiste5, dans lequel l’économiste autrichien ne cherchait pas à démontrer la supériorité de l’économie de marché sur un système de planification centralisé mais démontrait carrément l’impossibilité de ce dernier. Sans utiliser la moindre équation mais avec une précision toute mathématique, Mises démontrait pourquoi, en l’absence de marché libre, aucune activité économique rationnelle n’était possible dans un régime socialiste.Pendant des décennies, ce défi lancé aux théoriciens du socialisme est passé largement inaperçu de l’essentiel de la communauté académique. De la fin de la Seconde Guerre mondiale à la chute du mur de Berlin, l’écrasante majorité des intellectuels du monde libre considéraient que le socialisme pouvait et devait fonctionner; que les seuls reproches que l’on pouvait lui adresser quant à sa mise en œuvre pratique tenaient au caractère autocratique des dirigeants soviétiques et à l’absence de libertés individuelles. Mais pour un homme tel que Robert Heilbroner, le gant jeté par Mises ne pouvait pas passer inaperçu.Lorsque les archives du Gosplan furent enfin accessibles et que les anciens économistes soviétiques qui avaient participé à sa mise en œuvre furent autorisés à s’exprimer, il devint impossible de nier l’évidence : point par point, la condamnation à mort prononcée par Mises en 1920 était avérée. On découvrit, par exemple, qu’en l’absence de marché libre, les responsables du Gosplan étaient littéralement incapables d’établir une échelle de prix et en étaient réduits à utiliser les espions du KGB pour récupérer les catalogues de La Redoute ou de Sears. La plus grande entreprise de planification économique jamais conçue n’avait ainsi dû sa survie… qu’à l’existence d’économies de marché à ses portes tandis que les écrits de Mises, formellement interdits par le pouvoir soviétique comme naguère par les nazis, circulaient de mains en mains au cœur même de l’appareil de planification6.La cause semblait donc entendue. De la même manière qu’on n’a jamais vu un coréen tenter de traverser la DMZ du sud vers le nord, les Allemands qui ont trouvé la mort en tentant de passer le mur7 fuyaient le socialisme et tentaient désespérément de rejoindre l’ouest capitaliste. L’horreur stalinienne, les massacres des Khmers rouges, l’hécatombe du grand bond en avant et, bien sûr, la barbarie nazie… Aucune expérience socialiste menée au cours du XXe siècle n’avait produit autre chose qu’un niveau de pauvreté extrême, une dictature sanglante et des millions de morts.Nous pensions la cause entendue et nous nous sommes trompés. Nous croyons que c’était le socialisme qui avait été définitivement discrédité mais ce que la plupart de nos concitoyens ont vu, c’est l’effondrement de systèmes totalitaires, de déviances regrettables du projet socialiste mais pas du socialisme en lui-même. Le tour de force de nos adversaires a consisté à faire croire que les dérives totalitaires des régimes socialistes du XXe siècle n’étaient pas consubstantielles au projet socialiste. Pendant ce temps, forts de notre victoire théorique, nous avons laissé dire sans réagir. Nous avons cru la partie gagnée: c’est là notre présomption et elle pourrait bien nous être fatale8.L’idée socialiste, y compris dans sa forme explicitement totalitaire, n’est pas morte. Elle est même extrêmement vivace. Elle a continué, pendant toutes ses années, à se développer à l’ombre de la social-démocratie, de l’économie de marché pilotée et de l’interventionnisme d’État. Alors que nos gouvernements, jurant leur attachement au marché libre, privatisaient partiellement et symboliquement quelques entreprises d’État, ils n’ont eu de cesse de d’accroître le poids de la dépense publique, des impôts, des réglementations et de l’administration. Alors qu’ils abandonnaient –du moins en grande partie– leurs réflexes protectionnistes, ils dévaluaient continuellement nos monnaies et transformaient nos économies en de gigantesques pyramides de dettes.Encore une fois, Mises avait décrit précisément ce mécanisme. À plusieurs reprises, il a montré comment les conséquences désastreuses de l’interventionnisme politique –inflation, incitations fiscales, réglementations, protectionnisme, contrôle des prix…– étaient systématiquement attribuées à de prétendus excès du marché et légitimaient de nouvelles interventions. Mises et Friedrich Hayek ont décrit comment cette intervention croissante de la force publique dans nos vies privées nous entraînait irrémédiablement sur La route de la servitude.Aujourd’hui, ce système est à bout de souffle. Nous le savons tous. Nombre de nos États ne veulent ni ne peuvent plus rembourser leurs dettes; les banques centrales ont injecté plus de monnaie dans le système qu’elles n’en avaient créée en un siècle; l’édifice tout entier est au bord de la rupture. Tôt ou tard, le socle fragile sur lequel repose cette pyramide de dettes –la valeur de nos monnaies– va céder et emporter avec lui non seulement la dette de nos États mais aussi le système bancaire, les capacités de financement de nos économies et l’épargne de quelques millions de nos concitoyens. Nous sommes au bord d’un gouffre abyssal.Ce sera alors l’heure de vérité. Sur les décombres de la crise qui s’annonce, nous serons amenés à choisir dans quel type de monde nous souhaitons vivre. Contrairement à ce que certains de nos amis ont dit autrefois, il y a bel et bien une alternative: ce sera le socialisme ou la société libre –le reste n’est que fumisterie. Celles et ceux– et ils sont nombreux– qui ne l’ont jamais fait feraient bien de lire Mises: l’heure du choix approche, il va falloir faire le bon.


Ayer compartíamos con los lectores de Libro de notas un nuevo perfil de un filósofo actual: Óscar Brenifier.