Professors (2 sin leer)
Ha llegado la hora fatal de los sociólogos de baratillo. Tras los hechos periféricos de la manifestación del jueves, la escandalera informativa y, ahora, los sociólogos.
Así pues, aquí no basta conhablar de “crisis de la modernidad” si no se dice al mismo tiempo que lo que haentrado en crisis es la utopía de un mundo sin basura —un mundo ordenado, en elcual cada cosa esté en su sitio—; que la modernidad, a pesar de ser la sociedaddel excedente, del despilfarro, del derroche y de la “inmensa acumulación debasuras”, era también la sociedad que soñaba con un reciclaje completo de losdesperdicios, con una recuperación exhaustiva de lo desgastado, con unaprovechamiento íntegro de los residuos: la ética protestante del ascetismo yel ahorro siempre fue afín a la ontología capitalista del derroche. O sea, quela sociedad moderna, no menos que la sociedad tradicional o pre-industrial,también quiere “imitar a la naturaleza” (en la cual, según decían los clásicos,“nada se hace en vano”, es decir, todo tiene una finalidad y, por tanto, nadase desaprovecha, no hay basura propiamente dicha) y aún “imitar a la divinidad”(pues los dioses no padecen desgaste y, por tanto, no generan desperdicios),aunque tenga que hacerlo por medios mecánicos. Es la modernidad la que hapensado la naturaleza como una máquina (una máquina perfecta, en la cual cadapieza cumple una función y no hay deterioro) y la que, al identificar lo“natural” con lo “racional”, se ha convencido de que, puesto que la naturalezano deja residuos, esto mismo —el no dejar residuos— es una de las señasdistintivas de la racionalidad (de ahí que haya percibido al mismo tiempo como“anti-modernos” y “anti-racionales” a quienes presentan otra imagen dela naturaleza en donde la máquina tiene fallos y produce basura en forma demonstruos, prodigios y excepciones sin destino, sin porvenir ni finalidad) quetambién debe presidir las construcciones sociales. Esta no es únicamente unaidea de ingeniero —una máquina cuyas piezas no se desgastan con el uso o que,al menos, pueden regenerarse y reutilizarse indefinidamente—, sino ante todouna idea de contable: la bestia negra del empresario es justamente el desgaste,el comprobar cómo en cada ciclo productivo el activo se convierte en pasivo,en deuda, en carga, en números negativos que es preciso compensar con lasganancias y que requieren nuevas inversiones, y por lo tanto su ideal es el deun negocio sin pérdidas, el de un balance de resultados siempre equilibrado; entiempos de inflación galopante, este es también el infierno del comerciante,que ve cómo cada ganancia obtenida —cada vez que vende un producto a cambio dedinero— se convierte inmediatamente en pérdida, porque la moneda se deprecia deinmediato , y tiene que gastar inmediatamente lo ganado en un nuevo productopara vender, con el que le sucederá implacablemente lo mismo; y es también lapesadilla del consumidor, que experimenta cómo todo lo que compra comienza aperder valor desde el momento preciso en que es adquirido, a perder actualidad,a pasar de moda y a exigir ser rápidamente sustituido por una nueva adquisiciónque comenzará a descender por la pendiente de la obsolescencia en cuanto pasedel escaparate a sus manos...


Precisamente por eso, lassociedades modernas, por estar presididas por una suerte de principiomalthusiano según el cual la basura crece más rápidamente que los medios parareciclarla de modo tradicional, necesitan disponer de tierras baldías,vertederos y escombreras en donde depositar las basuras para quitarlas de enmedio y poder seguir viviendo, seguir desperdiciando sin ahogarse entre suspropios residuos. Y junto a estos no-lugares urbanos (por utilizar laafortunada terminología del antropólogo MarcAugé, sobre la que en seguida volveré) es preciso también disponer de no-lugaressociales a los que pueda trasladarse la población sobrante que los sistemasproductivos y consuntivos no pueden absorber (suburbios, chabolas, favelas,ghettos, campamentos, etc.). “Basura” es lo que no tiene lugar, lo queno está en su sitio y, por tanto, lo que hay que trasladar a otro sitio con laesperanza de que allí pueda desaparecer como basura, reactivarse, reciclarse,extinguirse: lo que busca otro lugar para poder progresar. En su obra WastedLives (cuyo título propongo traducir al castellano como “Vidas-basura”), elveterano sociólogo Zygmunt Bauman haexplicado que la actual crisis de la modernidad se expresa al mismo tiempo deestas dos maneras: por una parte, los problemas de contaminación (yespecialmente, por su simbolismo, el problema que representan los residuos deorigen nuclear) han alcanzado un punto de inflexión en el momento en el que seha descubierto que el planeta estaba lleno, que ya no había más WasteLands adonde trasladar los residuos para quitarlos de en medio; por otraparte, la emigración, que era la salida tradicional para las poblacionesresiduales a las que el progreso industrial y post-industrial desplazaba ydejaba sin papel alguno que representar, ha dejado de ser una soluciónpracticable, porque ahora todos los lugares sociales del mundo están ocupados,no hay puestos libres en donde colocar a los que están de más.
Al llarg de la història s’ha diferenciat la perfecció de la imperfecció ja que molts filòsofs i científics han volgut assolir-la. El perfeccionisme és la idea que la perfecció pot ser aconseguida, però que és la perfecció. La perfecció és la qualitat màxima que pot tenir un ésser o objecte el qual no té cap error, per tant per ser perfecte s’han d’evitar els errors. El problema apareix quan s’ha de diferenciar entre el correcte i l’erroni. Per tant la perfecció està sotmesa una sèrie de regles, lleis que la humanitat a anat creant des del principi de l’evolució. Així que allo perfecte no existeix sinó que és un concepte que l’ésser humà va crear per definir tot el que s’aïlla de l’ordinari, tot això que no pot despertar cap sèrie de dubtes. Per tant és un concepte abstracte inexistent que desperta l’esperit de aconseguir arribar el més lluny possible en la vida sense arribar mai al límit.

Hace unas semanas hablábamos de la versión Manga de Así habló Zaratustra. Hoy nos hacemos eco de la publicación de otro título filosófico adaptado al cómic japonés. Se trata de El príncipe de Maquiavelo, publicado por la editorial Herder que ha puesto en marcha una campaña relacionada con la obra. Lo cierto es que adaptar una obra filosófica al cómic no es nada fácil, y esta vez han dado en el clavo con una estrategia muy acertada: combinar la historia con las ideas filosóficas, de manera que se puede ver el contexto social, económico y político en el que estas cobran sentido. De esta manera Maquiavelo deja de ser tan maquiavélico como la historia ha pretendido y algunas de las ideas de El príncipe parecen mucho más sensatas de lo que a primera vista se podría pensar. Una lectura que va en realidad más allá del propio Maquiavelo: en el fondo nos presenta una visión tan realista como actual de la actividad política.
La mayor parte del libro es una biografía bastante aproximada de Maquiavelo. Lo cual es, inevitablemente, hablar también de la historia de Florencia y del resto de territorios italianos. Unidades políticas acosadas por franceses y españoles, ambiciones también de los gobernantes italianos de la época. Un cruce de intereses y decisiones que no siempre resulta favorable para Florencia, y al que debe hacer frente con la mejor astucia posible el propio Maquiavelo, erigido en servidor público que acude a diversas negociaciones. En este contexto toma conciencia de la debilidad militar de su país o de la necesidad de un liderazgo fuerte, fijándose en la imagen de César Borgia. Circunstancias que explican por qué Florencia no progresaba en la misma línea que seguían otras ciudades de su tiempo. El manga recoge a la perfección la intención de Maquiavelo de retratar las capacidades políticas de César Borgia, sin renunciar tampoco a una perspectiva crítica: el personaje aparece retratado en pocas páginas con toda su complejidad. Su capacidad de decisión y de análisis conviven con un aspecto egoísta, cruel e interesado.
Este es el caldo de cultivo de las ideas de Maquiavelo, y así lo refleja el manga que nos permite así acceder a un periodo muy intenso de la historia de Florencia y a ideas muy significativas de un autor maldito e injustamente tratado a lo largo de la historia. Si algo queda claro tras leer el manga es que Maquiavelo aspiraba a que su Florencia natal pudiera gozar de una estabilidad y de una proyección política similar a la de otrs repúblicas y localidades cercanas. No estamos ante un personaje retorcido, inhumano o conspirador, sino ante quien aprende de los políticos más importantes de su tiempo en qué consiste esa actividad que algunos pretenden idealizar y convertir en lo que no es. Plantea Maquiavelo una teoría política a la altura de su tiempo, consecuencia directa de las formas de ejercer el poder características de los siglos XV y XVI. Una de las preguntas clave sería si ha cambiado mucho esta concepción de la política o no. Una más de las muchas tareas que se podrían plantear utilizando este libro en el aula en asignaturas en las que se aborda el problema del poder. Es más que probable que a través del manga, más de un alumno se termine interesando por leer la obra original.
Las expresiones de lo cabalmente humano surgen, indica Aristóteles, cuando está resuelto todo lo relativo no sólo a la subsistencia, sino también al ornato de la vida, es decir, resuelto también lo que hoy denominaríamos dignidad del entorno, empezando por la propia casa. Como todo animal, el hombre tiende a desplegar las capacidades con las que se halla dotado por naturaleza. El asunto es determinar bien cuáles son las que caracterizan al hombre en el seno de la animalidad, pues si es frenado en estas, el eventual desarrollo de otras, no impedirá que ese animal quede mutilado en su especificidad. Obviamente si la lucha por la subsistencia se convierte para el ser humano en casi exclusivo fin, entonces, a la vez que es mutilado en su capacidad de conocer es mutilado en su capacidad de simbolizar.
El capitalismo no está ahí fuera: en el FMI, la OMC o el BCE. El capitalismo es una promesa de paraíso en la tierra, una idea de éxito y realización, un poder de fascinación.
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| D'una edició de samarretes de 1994! |
Los resultados de las elecciones andaluzas de ayer recuerdan mucho lo que ocurrió en la Comunidad Valenciana en las últimas autonómicas. El paralelismo es sencillo: dos partidos sospechosos de corrupción en la última legislatura han vuelto a resultar elegidos. Y vuelve también el sectarismo de los medios: los periódicos conservadores que en su día callarón con la victoria popular levantan hoy todas las críticas contra el resultado andaluz. Y los medios “progres” que acribillaron a Camps, Barberá y sus huestes hace unos meses, hablan hoy de la renovación socialista, dejando de lado los escándalos de los E.R.E.’s, que parecen ser una cuestión menor cuando de un partido de izquierda de trata. Tenemos los gobernantes que nos merecemos, y no cabe escurrir el bulto tratando de agarrarse a un clavo ardiendo, aludiendo a sentencias o trucos legales. En nuestra democracia la corrupción no siempre es castigada y puede que esto sea incluso un síntoma de la sociedad en que vivimos.
El viejo tópico dice que cuando ya no queda ética, hay que aferrarse a la estética. Y resulta poco estético que un gobierno repita victoria en una comunidad autónoma que invierte en carreras de Fórmula 1 y en aeropuertos sin vuelos mientras mantiene algunos institutos de secundaria con barracones. Tan indecente estéticamente como decir en la radio que el gran premio de los autos locos supone menos gasto público que las bajas de los profesores de secundaria. En un país serio, esa declaración debería suponer la dimisión inmediata de quien la pronuncia. En España se aplaude la gracia. Tres cuartos de lo mismo cabe decír del presidente valenciano anterior: al margen de que haya motivos jurídicos para condenarle las conversaciones que han estado en todos los telediarios son muy poco estéticas. Cuando no hay vergüenza, la reacción inmediata es levantar la cabeza y mostrar orgullo. Al menos tan alta como la tienen los dirigentes socialistas que han estado comprando cocaina con el dinero destinado a los parados. Que unos y otros resulten elegidos puede interpretarse como una falta de ética social, pero también de estética. Tenemos mal gusto.
Porque de lo que se trataba en definitiva es de esto: buen gusto. Y rechazar el sistema y atacar a la clase política tiene que ser necesariamente sólo un primer paso. Si este no conduce a una crítica de la sociedad que sostiene y apoya a esa clase política nos quedamos a mitad de camino. Porque o bien nos engañan y no percibimos como corrupción lo que sí lo es, o bien sencillamente la acatamos. La asumimos como uno más de los componentes de todo gobierno. A veces da la sensación de que diéramos por supuesto que también nosotros, de ocupar el lugar del gobernante de turno, aprovecharíamos la ocasión para apropiarnos de lo que en realidad es de todos. Sólo a una sociedad corrupta le corresponde la reelección de un gobierno corrupto. Lo cual no deja en muy buen lugar la salud de nuestra democracia, en la que es posible que políticos corruptos, de uno u otro signo, ganen en las urnas una responsabilidad que son incapaces de ejercer de una manera digna.
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El Congrés de Convergència ha acordat iniciar el viatge a Ítaca. Val a dir un viatge que és preferible que duri molts anys. Ítica és una illa grega, ja se sap. Retorna la il·lusió!
El Libro primero de El Capital,de Marx, comienza diciendo: «La riqueza de las sociedades en las que domina elmodo de producción capitalista se presenta como “una inmensa acumulación demercancías”». Nosotros tendríamos que decir, hoy, que la riqueza de lassociedades en las que domina el modo de producción capitalista se presenta comouna inmensa acumulación de basuras. En efecto, ninguna otra forma desociedad anterior o exterior a la moderna ha producido basuras en una cantidad,calidad y velocidad comparables a las de las nuestras. Ninguna otra ha llegadoa alcanzar el punto que han alcanzado las nuestras, es decir, el punto en elque la basura ha llegado a convertirse en una amenaza para la propia sociedad.Y no es que las sociedades pre-industriales no generasen desperdicios, pero susbasuras eran predominantemente orgánicas, y la naturaleza, los animales urbanosy los vagabundos las hacían desaparecer —las reciclaban o las digerían— a unritmo razonable (aunque sobre esto nos hacemos, también a menudo, ideas muyidílicas). Las ciudades industriales modernas, en cambio, se caracterizan poruna acumulación sin precedentes de población y por la aparición masiva de unnuevo tipo de residuos, de carácter industrial, y ambos factores constituyen laobsolescencia de los modos tradicionales, casi inconscientes, de tratamiento delas basuras. Hay en ellas, al mismo tiempo, una enorme proporción de desechoscuyo reciclaje no puede abandonarse en manos de procesos espontáneos onaturales, y una parte significativa de la población que no consigue integrarsedirecta ni indirectamente en los procesos productivos y consuntivos, que carecede lugar social, que ha perdido el estatuto del que disfrutaba o que padecía enlas formas tradicionales de organización política. Y esto, como dice la cita deMarx con la que he comenzado, ha de entenderse sin duda como “síntoma deriqueza”. Nietzsche decía aún más, decía que «los desechos, los escombros,los desperdicios no son algo que haya que condenar en sí: son unaconsecuencia necesaria de la vida. El fenómeno de la décadence es tannecesario como cualquier progreso y avance de la vida: no está en nuestrasmanos eliminarlo (...) E incluso en medio de su mejor fuerza, [unasociedad] tiene que producirbasura y materiales de desecho» (Fragmentos Póstumos de la primavera de1888). Y tantos más desechos —en cantidad y en calidad— cuanto más rica, másenérgica y más audaz sea... Sí, la basura es un síntoma de riqueza. Porqueriqueza significa despilfarro, derroche, excedente (y, al contrario, lassociedades sin basura —las ciudades tradicionales de las que acabamos dehablar— revelan una economía de subsistencia, de escasez, en la cual nada sobray todo se aprovecha).
Al dibujar al Estado como una perversa bestia de los mares, feroz e implacable, Hobbes no exageraba. Si nuestra especie ha debido valerse de su cruento poder, ha sido por una necesidad extrema: limitar los excesos que nosotros mismos, lobos humanos, cometemos unos contra otros. Pero ese monstruo necesita, a su vez, de ataduras que moderen sus tentaciones asesinas y lo tornen predecible: las leyes. Al Estado tendríamos que verlo, pues, como a una ballena hambrienta y sanguinaria que, bien encausada por medio de estas redes y arpones, nos protege de nuestros lados más oscuros.
Potser és que aquesta tarda estava llegint Slawomir Mrozek (un contista polonès genial!), però se m’ha acudit pensar que si fos director d’un zoològic, Artur Mas retallaria el coll de la jirafa.
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| Antonio Tabucchi |
Albert Bettanier, La mancha negra (1887)
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| Sarcófago del pedagogo, Tarragona. |
L'enyorat científic Ramon Margalef solia dir que sospitava de qualsevol llei biològica expressada per una fórmula de més de 10 centímetres. A la broma no li falta fonament. En ciència, comprendre és buscar la forma més compacta compartida pel màxim nombre de casos. La comprensió (de comprendre) no és altra cosa que la compressió (de comprimir). Comprendre és reduir per decantació de tot el que és superflu, de tot el que no es comparteix, de tot el que és més matís que essència. Quan la fórmula científica és tan llarga com la mateixa observació, llavors estem davant una cosa totalment incomprensible. La intel·ligibilitat és un mínim capaç d'evocar un màxim. Però el mateix es diria de qualsevol obra d'art. És el mèrit sublim d'una llei de la física, d'un dibuix, d'una frase musical, d'un poema.
There was the Great Flood. There were the Ten Plagues of Egypt. There was the Fall of Rome. There was :the destruction of the Temple at Jerusalem and the Fall of Constantinople. And now this: The Encyclopedia Britannica is going out of print.

Los cataclismos que los expertospredicen por culpa del cambio climático no parecen ser suficientes paramantener las espadas en alto contra el calentamiento global. A estas alturasdel siglo XXI, esta batalla está a punto de perderse. Porque si la UniónEuropea, el único actor a nivel global dispuesto a batirse el cobre incluso ensolitario, se topa con obstáculos insalvables, entonces quizá todo estéirremediablemente perdido. Los últimos acontecimientos no son halagüeños.Polonia, cuya electricidad procede en un 90% del carbón, acaba de bloquear elpacto comunitario que pretendía nuevos recortes de emisiones de gases de efectoinvernadero para 2020 y las aerolíneas se han rebelado contra la tasa CO2 quedesde el 1 de enero deben pagar por contaminar con sus vuelos el aire europeo.En protesta, China ha dejado en suspenso un contrato ya firmado con Airbus porvalor de 12.000 millones de dólares (9.000 millones de euros) y otros países,como Rusia o EE UU, reclaman anular dicha tasa. ¿Resistirán los lídereseuropeos, acosados por la crisis económica, las presiones de la importanteindustria aeronáutica?