Professors (50 sin leer)
A lo mejor, no estamos completamente muertos pero sí, desde luego, muy malheridos. Los letraferidos de hace un siglo respiraban por esas aberturas que, como rendijas de buzones, les dejaban los libros que fervientemente engullían. Nosotros hoy, los hijos de aquéllos santos personajes, observamos nuestros pisos tapiados por estanterías cargadas de miles de libros. Libros quietos que ya no nos caben adentro pero que tampoco nos dejan conversar afuera. Son como piezas de una muralla que se ha levantado entre nosotros y el curso corriente del mundo exterior.
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| Denis Diderot by Raquel Martin |
Hay un episodio del ciclo artúrico que nos puede ayudar a entender lo que pasa en nuestro país. Su protagonista es Perceval, uno de los caballeros de la Tabla Redonda, famoso por su participación en la búsqueda del Santo Grial. Perceval llega a un lugar desolador. Los ríos se han secado, no crecen las plantas, los árboles han muerto, no hay pájaros ni otros animales. Se hace de noche y Perceval entra en un castillo sombrío. Soldados, mozos y criados andan como sonámbulos por sus patios y escaleras. Perceval se encuentra allí con el herido Rey Pescador, el soberano del reino. Está postrado en su trono, mientras un extraño cortejo recorre el salón. Son tres muchachas muy pálidas. Una lleva una lanza, otra, una bandeja y la tercera, una copa. Perceval, horrorizado, abandona precipitadamente el palacio. Está amaneciendo y una misteriosa doncella que le aborda en el camino le dice que esperaban a un caballero como él que se atreviera a preguntar por el significado de lo que veía y que su marcha precipitada les condena a continuar bajo el dominio de la maldición. El tema de las preguntas que al no formularse sumen en la desgracia a países enteros es muy frecuente en el folklore. En muchos cuentos basta la pregunta de alguien para que se rompa el hechizo que pesa sobre un lugar, ya que las preguntas son el símbolo de esa vida que regresa y hace hablar.
| by Antonio Berni |


En la cama, los progenitores de Alejandro Magno, su madre, Olimpia y un apuesto dragón. Espiando, el marido de la señora, Filipo, rey de Macedonia. Una leyenda dice que, sospechando que algo estaba ocurriendo en su dormitorio, Filipo miró por el ojo de la cerradura y se quedó tuerto. "No verás, si ves", le dijo Eros a Psique. O sea, que eso: para amor libre y transexualismo, los antiguos, oigan.Les faize d’Alexandre (traducción de las Historiae Alexandri Magni de Quinto Curtio).Buijas, ca. 1468-1475.British Library, Burney 169, fol. 14r
En estos días terminaba una serie que nos ha querido mostrar la parte más destructiva del ser humano. Cuando queremos ser salvajes y retorcidos, somos auténticos maestros. Empezamos justificando nuestras acciones por la necesidad, y terminamos disfrutando con ellas. Quién sabe si, de haber podido decidir en ese punto de inflexión vital, seguiríamos el mismo camino. Juguemos a darle la vuelta a la historia. Por qué no pensar que también podemos “hacernos buenos”. Asumir que el robo o el asesinato no molan, y que pueden convertir en víctima incluso a nuestro cantante favorito. Que hay ciertos valores y normas inquebrantables: entre bomberos no nos vamos a pisar la manguera. Apuntar, sólo como posibilidad, que los manguis que quisieron atracar a Sabina, allá por nos 90, vieron la luz, y no volvieron a asaltar a ningún viandante. En definitiva, que este encuentro casual y accidentado con Sabina, les llevó a vivir en las antípodas de Walter White.
“En memoria de los incontables hombres y mujeres de todos los credos, naciones y razas que cayeron víctimas de la creencia fascista y comunista en las Leyes Inexorables del Destino Histórico”. Con esa dedicatoria se abría La miseria del historicismo, el magnífico panfleto antimarxista de Karl Popper. Por poco que se piense, no se tarda en reparar en que la dedicatoria contiene una dificultad que a Popper no se le debió escapar y con la que, no siempre con fortuna, parece lidiar a lo largo del libro, una paradoja de la acción: si alguien está realmente convencido de que existen leyes inflexibles de la historia y que avanzan a favor suyo, no se lanza a actuar en contra o a favor de nada. Si la historia sigue un curso inexorable, hasta desembocar en la sociedad comunista, lo único que tenían que hacer los revolucionarios era sentarse y esperar. Dando la vuelta al verso de Machado, se diría que todo el que sabe que la victoria es suya, aguarda.
La política del odio nos inunda. En EE UU, el odio del Tea Party hacia todo lo que representa Obama lleva al cierre del gobierno y pone al país al borde del colapso económico, equiparando para ello la introducción de un seguro sanitario (privado, por cierto) a una amenaza existencial contra el modo de vida americano. En Rusia, el régimen de Putin, que normalmente centra su retórica en la amenaza yihadista y el unilateralismo estadounidense, inflama los ánimos contra los gays, prohibiendo lo que denomina “propaganda homosexual”. En el Reino Unido, los extremistas del UKIP piden la expulsión no ya de los inmigrantes extracomunitarios, sino de ciudadanos de la propia Unión Europea provenientes de aquellos países cuya adhesión a la UE Londres siempre ha promovido. Y por el resto de Europa, desde Hungría a Grecia, pasando por Finlandia o Francia e incluso España, los que odian se reagrupan para sacar tajada de la debilidad de las instituciones nacionales y europeas y captar votos con mensajes basados en la etnia, la pobreza, la ignorancia o la supuesta inferioridad cultural de otros.

Aristóteles de Estagira (384-322) fue hijo de un médico al servicio del rey Amintas de Macedonia. Desde una edad muy temprana recibió de su padre una esmerada educación en terapia y fisiología, que completó a partir de los dieciocho años dirigiéndose a Atenas, e ingresando en la Academia. Allí tuvo ocasión de oír a Platón y conversar con él durante dos décadas, hasta la hora de su muerte. «Mostró en su vida y enseñanzas» —diría luego del maestro— «cómo ser bueno y feliz al mismo tiempo».
A Catalunya hi ha tan poc pensament conservador que sigui de debò pensament que l’article d’en Gregorio Luri sobre el papa Francesc, publicat diumenge a l’Ara, hauria de ser remarcat. Com que l’article és molt bo simplement el recomano, però goso fer-hi alguna postil·la, per allò tan nostrat del si-però-no. No és que vulgui fer-ne una crítica, però em sembla que hi ha moltes més coses a dir sobre aquest tema i que és precisament en els matisos on millor s’entén el personatge Francesc. A veure si em surt.
Per a la tradició conservadora ser cristià perquè ho eren quatre arreplegats a Galilea fa 2000 anys resulta directament banal. Qualsevol podia (ara i sempre) enredar quatre pescadors morts de gana i fer-los creure que les prostitutes precedirien els poderosos en el Regne del Cel. El que té valor des d’un punt de vista conservador és, en canvi, que fossin cristians Miquel Àngel, Leonardo da Vinci, Copèrnic, Bach, Mozart, Mendel o Max Planck.
És ben sabut, des dels temps del venerable Weber, que una església es construeix per la interacció de dos tipus de gents, els profetes (directament bojos) i els sacerdots (calculadors i tirant a cínics). Sense la barreja d’aquest dos tipus ideals, cap església funciona. I és dogma conservador que el que aguanta l’Església és el sacerdot (el funcionari) i no el profeta. Institució, institució i no bogeria! Per tant, si Francesc posa en crisi la funció institucional, l’Església anirà pel pedregar. Però les coses no són tan simples.
De fet, i a l’engròs, l’Església Catòlica va perdre els intel·lectuals al segle XVIII, es va quedar sense obrers al s. XIX, s’ha vist massivament abandonada per les dones al s. XX i ara, en termes d’estratègia, pot semblar que maniobra per evitar quedar-se sense les rodalies de l’Imperi (Amèrica del Sud i Àfrica). Si a les rodalies triomfa el pensament utòpic, visquin les utopies, a gust dels clients! L’Església sap que el comunisme va morir quan van desaparèixer els profetes de la causa. Sense Ho Txi Mihn, Lumumba, Che Guevara o Samora Machel no hi havia comunisme possible, per la senzilla raó que funcionaris com Andropov o Txernenka no podien convéncer ni la penya més entregada. Joan Pau II, que era un geni (em vaig passar vuit dies a Cracòvia fa anys mirant de comprendre el seu context), va entendre que necessitava una contrafigura utòpica del papat i va forjar el mite de Teresa de Calcuta. A mi sempre m’ha frustat que una de les meves primeres xicotes adolescents m’abandonés per fer-se monja amb les Calcutes i suposo que això em fa susceptible (mea maxima culpa!), però Teresa va complir amb el seu paper admirablement.
En resum, Francesc -i amb ell la part més lúcida de l’Església- ha entès que la imatge de Benet s’assemblava massa a la d’Andropov i que, per tant, calia fer un canvi per evitar mals majors. Canvi que, òbviament, angoixa els conservadors i, sobretot, deixa desassistits els ‘ateus catòlics’, val a dir, la gent que sense creure en Déu, considera imprescindible la institució i la moral catòlica. Jo que sóc catòlic perquè ho eren Benet de Núrsia, Robert de Molesme o Ignasi de Loiola, i no perquè ho fos Miquel Àngel, fa anys que he entès una cosa: jutjar els papes de Roma és directament estúpid. És molt més apassionant entendre’ls.
A tot això m’he enrotllat tant que no recordeu, segur, l’inici d’aquest text. Doncs res, que volia dir que l’article d’en Luri és molt b. Imprescindible.
En unas semanas llegará una fecha especial para esta web: Boulesis cumplirá 10 años el próximo uno de noviembre. La idea es preparar alguna sorpresa, y en esta linea se ha avanzado bastante trabajo durante el verano. Dentro de lo que está pensado para celebrar ese décimo aniversario, está la idea de recuperar una vieja iniciativa: durante algunos años se lanzó desde esta misma web un concurso en el que, por poner un ejemplo, se trataba de averiguar la conexión entre filosofía y literatura, o filosofía y cine. Pues bien, nos quedan aún opciones por explorar. Sin duda, uno de los campos que más proyección social ha logrado en nuestros días es la cocina. Basta preguntar en clase por el nombre de tres grandes cocineros, y los alumnos responden sin titubear. No preguntes por científicos, escritores o filósofos. Son bastante menos conocidos. Habrá entonces que entregarse a la moda, y plantear un nuevo concurso en el que los visitantes de la web puedan mostrar sus conocimientos de cocina y de filosofía. El reto es sencillo: enviarnos una receta que de alguna manera tenga una relación con la filosofía. Entre todas las enviadas se sorteará un premio muy especial…
La idea es sencilla: puede participar en el concurso cualquier lector de la web, independientemente de que sea profesor, alumno, o simplemente aficionado a leer filosofía. Para participar hay que enviar una receta en cuyo nombre se haga alusión a algún filósofo/a, idea, concepto filosófico o incluso corriente filosófica. Después, se explicará brevemente en qué consiste la receta, justificando la conexión entre el plato en cuestión y la filosofía. Si se desea, se puede adjuntar una fotografía. El plazo de envío finaliza el día en que cumplimos los diez años on-line: el 1 de noviembre. Con todas las recetas recibidas, sean muchas o pocas, se elaborará un documento pdf, fotos incluidas, que será compartido con todos los usuarios. No podía faltar un premio: entre todos los participantes se sortearán dos figuras exclusivas elaboradas por la ceramista Pilar Tirados, que representarán a Platón y Aristóteles tal y como salieron de los pinceles de Rafael en el famoso cuadro La escuela de Atenas. Así que si te gustaría tener en tu mesa a Platón y Aristóteles, no dejes de echarle ingenio y participar. A medida que se acerque la fecha iremos compartiendo por aquí algún detalle más del concurso. Un último fleco pendiente: la dirección de envío. Podéis hacer llegar vuestras recetas filosóficas a miguel[arroba]boulesis.com. Espero que en estos días los lectores del blog le den rienda suelta a la imaginación y envíen sus propuestas. ¿O acaso a nadie nunca se le ocurrió llamarle a unos huevos rotos “el accidente de la sustancia”?
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| Narendra Dabholkar |
En 1966, el gran economista Kenneth Boulding cuestionaba la relevancia de la Economía que se enseñaba en los libros de texto, señalando que los individuos que los poblaban no eran seres humanos como los demás. Eran una suerte de creación literaria, miembros de una subespecie del género Homo sapiens muy especial, la llamada Homo oeconomicus, la de los “hombres económicos”. Subespecie que, en su opinión, no podía existir en el mundo real en estado puro por la sencilla razón de que no podrían reproducirse, dado que “nadie en su sano juicio querría que su hija se casase con un hombre económico, uno que ponderara cada coste y exigiese ante ello su recompensa, que nunca fuese afligido por arranques de enloquecida generosidad o amor no calculado, uno que nunca actuara a partir de un sentimiento de identidad anterior y que realmente careciera de ella incluso aunque ocasionalmente se viera afectado por consideraciones cuidadosamente calculadas de benevolencia o malevolencia”.
No sé si cal dir allò de ‘vergonya, cavallers, vergonya’ perquè a Catalunya no s’ha fet cap acte universitari en record del centenari de Paul Ricoeur. Simplement constatem aquesta manera superficial de llegir (indici d’una manera superficial de viure la vida de l’esperit?) que fa que avui tothom parli de Fulanet i demà els mateixos babaus diguin que Fulanet ‘està superat’ i que ai de tu si no has llegit Menganet.
Ricoeur no va ser mai el meu filòsof. Crec seriosament que el concepte de ‘filòsofs de la sospita’, que es va inventar, més aviat és confusionari perquè allò més interessant de Marx, Nietzsche i Freud no és el que els acosta, sinó el que els diferencia. Tampoc sóc especialment partidari de l’hermenèutica i abans defensaria algunes idees de Jankélévitch que de Ricoeur. Per cert: algú s’ha adonat que els dos darrers llibres de Jaume Cabré inclouen cites ‘à cle’ de Jankélévitch? Al vell Janké, resistent a Tolosa de Llenguadoc amb els anarquistes, el detall l’entendriria.
En tot cas, el que jo pensi sobre Ricoeur no té la més mínima importància. És un autor significatiu per ell mateix, que fa pensar i que no mereix l’estúpida lectura superficial. I això està molt per sobre del fet que et pugui tocar de més a prop o de més lluny. Per això mateix el dia 7 d’octubre a les 19:30 (dos quarts de vuit, deien abans i caldria dir ara!), farem una Taula Rodona a lAteneu Barcelonèsamb l’Albert Llorca del Liceu de Filosofia Joan Maragall i altres ferotges lectors de la seva obra. Que no sigui dit que tots som iguals i que tothom oblida. Més endavant compartirem el vídeo al canal Youtube de l’Ateneu, però de moment el dia 7 hem d’omplir 150 cadires. Que no és poc.
Per si podeu venir i per si no podeu, us deixo amb una bona entrevista, en francès, que dóna moltes pistes sobre el seu pensament. Serveixi, si més no com a esperó d’una lectura.
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| Plató |
En el Discurso del Método y en las Meditaciones, Descartes estima que sólo la hipótesis de un Dios tan poderoso como arbitrario, y hasta intrínsecamente engañador, podría ofrecer un flanco a la duda sobre la veracidad de las proposiciones geométricas. Sólo Dios, en suma, podría hacer que la medida de los ángulos de un triángulo no fuera igual a dos rectos. Cabría explorar este asunto, efectuando una revisión de las diatribas sobre la esencia divina que, desde Tomás de Aquino y Guillermo de Occam a Kierkegaard y Leon Chestov, pasando por el mismísimo Lutero, no han dejado de alimentar la reflexión implícita o explícitamente teológica:
La tradición cultural de occidente ha tenido a bien mostrarnos a Pitágoras como uno de los “popes” de la ciencia antigua. La cosa ha cuajado tanto que incluso se ha colado en el lenguaje popular: se habla de “pitagorines” para referirse a niños que destacan por su inteligencia. Más todavía: el nombre de Pitágoras ha pasado a formar parte de el exclusivo grupo de personalidades de la cultura que son conocidas, aunque sólo sea de nombre, por la inmensa mayoría de la población. No preguntes por el teorema, pero si hablas de Pitágoras a todo el mundo le suena. Es sin duda uno de esos “iconos culturales” que traspasan tiempos, culturas y fronteras. Sin embargo, no está de más aquí, como en tantas otras circunstancias, una mirada más sosegada sobre el asunto. No para decir que Pitágoras era un segunda fila o que su trabajo no merece en absoluto la pena, pero sí para hacernos una idea más aproximada de su pensamiento y crearnos una imagen más acertada de su figura. Quizás para terminar con una frase un tanto paradójica, similar a la que se asocia a tantas monarquías: Pitágoras ha muerto, viva Pitágoras.
El Pitágoras que tiene que morir es el científico y matemático. La mayoría de alumnos llega a 2º de bachillerato con la idea de que era un sabio científico de hace más de dos mil años, y que vivió entregado a la ciencia y al desarrollo de las matemáticas. Un error de didáctica claro de muchos compañeros de ciencias: presentar a las principales figuras de su disciplina como espíritus “puros”. Frente a esto, se sabe que Pitágoras era más bien un líder espiritual de un grupo que hoy bien se podría calificar de secta. Algunas de sus supersticiones han llegado hasta nuestros días, y ofrecen un reverso pitagórico nada desdeñable: desde los rituales y supersticiones varias que acompañaban a todo buen pitagórico hasta la vieja anécdota según la cual Pitágoras reconoció en los ladridos de un perro que estaba siendo golpeado la voz de un viejo amigo que acababa de morir hace poco. El teorema es sólo una de las herencias pitagóricas: según afirman los expertos en historia de la filosofía, la creencia en la inmortalidad del alma entra en occidente precisamente a través de Pitágoras. Como se ve, todo un cóctel de ideas, a medio camino entre la matemática, la filosofía y la religión.
La mistificación del número. Esta es la clave sobre la que se construye todo el edificio pitagórico. Una idea que tiene a partes iguales ciencia y religión: la pretensión de matematizar el conocimiento, de descubrir las entrañas numéricas del cosmos, convive sin conflicto alguno con la idea de que hay armonías ocultas entre los planetas, melodías solo alcanzables para los oídos más exquisitos. En Pitágoras conviven el mito y el lógos como dos caras de la misma moneda, sin que la tradición académica haya prestado demasiada atención a este detalle. Se habla del producto, el teorema, sin prestar atención al contexto histórico y cultural en el que se formuló. Es fácil así no sólo ignorar el lado simbólico y místico que rodea al pitagorismo sino también convertir la propia ciencia y el conocimiento matemático precisamente en un mito. Quizás porque este carácter místico-mítico está presente también en la propia ciencia actual, y negar esta raíz es precisamente una de las señales que lo ponen de manifiesto. Situación peculiar, pues las supersticiones y rituales pitagóricos de la más diversa índole no le resta ni un ápice de valor a sus aportaciones a la ciencia, especialmente a la idea que está en su base: el deseo de expresar numéricamente todo cuanto ocurre en la naturaleza. Este ansia metafísica-matemática es la chispa de la que sigue ardiendo hoy, como hace más de veinte siglos, la ciencia moderna.