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¿Puede haber algo en apariencia más inocente que un hermoso documental sobre la naturaleza? Y sin embargo, se trata de uno de los más claros ejemplos de cómo la descripción de la realidad se adapta a los intereses de los grupos dominantes y trasmite su ideología, sus valores.

| by Claire Pestaille |
Las siguientes orientaciones pueden facilitar el desarrollo de una discusión filosófica en un aula, un centro cultural o un café filosófico (adaptadas de La filosofía en el aula y Enseñar filosofía hoy (de Lipman y VV. AA respectivamente) ) .

Desde hace algunos años se va convirtiendo en una tradición: una vez se publica la resolución de la P.A.U., la web se va de vacaciones hasta el próximo inicio del curso escolar. Quedan aún tareas en las aulas: exámenes y evaluaciones de 4º y de 1º, preparación de la memoria final de curso… pero en lo virtual, poco más queda que rascar. Aparecerán algunos exámenes que aún no se han publicado (o que se van a hacer en los próximos días) y después no volveremos a tocar la web hasta septiembre. Un descanso más que necesario para poder ventilar la mente e ir ideando alguna cosa para el próximo curso. Arrancará el 13-14 con la espada de Damocles sobre la filosofía, amenazando quizás, por inútil, el trabajo que hacemos todos los docentes de filosofía en las aulas, y también por supuesto el virtual. En cualquier caso, empezaremos el curso con alguna que otra novedad, y sobre todo con la vista puesta en el mes de noviembre, ya que por esas fechas se cumplirá el décimo aniversario de la web. Algo habrá que preparar para celebrarlo, tenemos un par de meses por delante para ir cerrando la idea. En lo que todo eso llega, sólo falta despedirnos de quien ocasionalmente pueda pasar por aquí, y desear a todos, profesores y alumnos, un merecido descanso.
¡Feliz verano!
Imaginen el siguiente vídeo. Un hombre está sentado frente a una mesa. Encima de ella hay una caja con 100 dados. El hombre vuelca la caja y los 100 dados caen con la cara del seis boca arriba. ¿Cómo ha podido ocurrir eso?
La rigurosa autopsia a que somete Hannah Arendt al teniente coronel SS Adolf Eichmann, hombre de confianza de Himmler y uno de los más destacados especialistas del régimen hitleriano en “el problema judío” —mejor dicho, en la exterminación de unos seis millones de judíos europeos—, a raíz de los documentos y testimonios que se exhibieron en el juicio, arroja unas conclusiones escalofriantes y válidas no sólo para el nazismo sino para todas las sociedades envilecidas por el servilismo y la cobardía que genera en la población un régimen totalitario. El espíritu romántico, congénito a Occidente, nunca se ha liberado del prejuicio de ver la fuente de la crueldad humana en personajes diabólicos y de grandeza terrorífica, movidos por el ideal degenerado de hacer sufrir a los demás y sembrar su entorno de devastación y de lágrimas. Nada de esto asoma siquiera en la personalidad de ese mediocre pobre diablo, fracasado en todo lo que emprende, inculto y tonto, que encuentra de pronto, dentro de la burocracia del nazismo, la oportunidad de ascender y disfrutar del poder. Es disciplinado más por negligencia que convicciones, un instinto de supervivencia abole en él la capacidad de pensar si hay en ello algún riesgo, y sabe obedecer y servir a su jefe con docilidad perruna cuando hace falta, poniéndose una venda moral que le permite ignorar las consecuencias de los actos que perpetra cada día (como despachar trenes cargados de hombres, mujeres, niños y ancianos de todas las ciudades europeas a los campos de trabajos forzados y las cámaras de gas). Con énfasis aseguró Eichmann en el juicio que nunca había matado a un judío con sus manos y seguramente no mintió.Cualquiera que haya padecido una dictadura, incluso la más blanda, ha comprobado que el sostén más sólido de esos regímenes que anulan la libertad, la crítica, la información sin orejeras y hacen escarnio de los derechos humanos y la soberanía individual, son esos individuos sin cualidades, burócratas de oficio y de alma, que hacen mover las palancas de la corrupción y la violencia, de las torturas y los atropellos, de los robos y las desapariciones, mirando sin mirar, oyendo sin oír, actuando sin pensar, convertidos en autómatas vivientes que, de este modo, como le ocurrió a Adolf Eichmann, llegan a escalar las más altas posiciones. Invisibles, eficaces, desde esos escondites que son sus oficinas, esas mediocridades sin cara y sin nombre que pululan en todos los rodajes de una dictadura, son los responsables siempre de los peores sufrimientos y horrores que aquella produce, los agentes de ese mal que, a menudo, en vez de adornarse de la satánica munificencia de un Belcebú se oculta bajo la nimiedad de un oscuro funcionario. .Kafka ya lo identificó en esos invisibles personajes que juzgan y ejecutan a inocentes como K. por crímenes fantásticos e inexistentes, pero el gran mérito de Hannah Arendt es haber sacado de la literatura a ese hipócrita y darle el protagonismo que merece como secuaz indispensable de los verdugos y haberlo tipificado como el agente predilecto del mal en el universo totalitario.
Existe un texto tardío de Deleuze que resulta particularmente útil para diagnosticar la estructura del poder político en el parque humano occidental, más abajo de las distintas modalidades que las tradiciones nacionales, la ideología y la economía determinan en cada década. Se trata del Post-scriptum sobre las sociedades de control (1990), donde su autor rinde además homenaje a los análisis de su amigo Foucault. Éste dividió las formaciones históricas del poder en sociedades de soberanía (gravan la producción, más que organizarla; deciden la muerte, más que administrar la vida), sociedades disciplinarias y sociedades de control*.
Lo reconozco, no estoy buscando trabajo. No estoy apuntado al paro, ya no envío currículums, ni solicitudes, me he borrado de Infojobs, no miro el LinkedIn. No quiero trabajar. Así no.Otro perroflauta.Además de ser un vago, no me fío de los datos del paro. El número cuatro millones, o cinco, o seis, no me dice nada. Tampoco me preocupa la EPA, que suba o baje. No significa nada. Como el PIB, no son indicadores fiables del bienestar de una población. Yo prefiero usar el HDI (índice de desarrollo humano) de la ONU (la columna de la derecha de esta tabla es muy esclarecedora de lo que está pasando en el mundo) o el HPI (índice de felicidad planetaria):El trabajo es aquello que nos obligan a hacer. El juego es aquello a lo que no nos obligan.
Sin embargo sí me importa, y mucho, que todas las personas tengan cubiertas sus necesidades. Esto no depende de que haya más o menos desempleo, o más o menos dinero, sino de políticas y de prioridades. Al fin y al cabo, dinero hay: la cueva de Alí Babá está llena.Diez de las primeras once naciones del índice 2009 están en Iberoamérica. [...] Los Estados Unidos tienen una calificación especialmente pobre, en el puesto 114 de entre 143.
Fenomenología del espíritul





Un par de anotaciones preliminares acerca de la “filosofía” de Sloterdijk. Lo suyo no es propiamente investigar ni sentar doctrina y, por lo demás, como pensador, resulta demasiado vehemente para pasar por hermeneuta. Sus libros suelen ser glosas de grandes tramos de la historia de las ideas, cuya originalidad y audacia como relatos solo es apreciable para quienes ya conozcan los avatares del pensamiento y la cultura europeas. Su arte consiste en escribir acerca de lo consabido, la historia del pensamiento, pero contándola de otra manera. En esto se parece a los ensayistas franceses, siempre habilidosos al trazar grandes frescos de épocas; o a un tipo de filosofía de la historia que tiene más de Spengler que de Herder, Hegel o Marx. Que sus escritos estén a un paso de la ideología los hace especialmente seductores, al mismo tiempo que suscitan la sospecha de que quizás detrás de ellos no haya más que una astuta operación literaria.
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| Francisco Rodríguez Adrados |
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| César Rendueles |



Tras unos días algo ajetreados con correcciones de más exámenes, por fin he rematado la propuesta de solución de la P.A.U. que los alumnos hacían el pasado martes. La opción escogida: Nietzsche
Hannah Arendt (Barbara Sukowa) habla con su mejor amiga, Mary McCarthy (Jannet McTeer). Copyright Veronique Kolber
Hannah Arendt (Barbara Sukowa) habla con su mejor amiga, Mary McCarthy (Jannet McTeer). Copyright Veronique Kolber
Joan Sales i Mercè Rodoreda poden semblar-nos unes patums carregades de solemnitat. Però si llegiu la seva correspondència assistireu no només a la forja de dos personatges imprescindibles en la literatura catalana del XX, sinó també al creixement de l'amistat entre dos esperits inquiets, disposats a barallar-se per un títol, fins i tot per un mot. És curiós com poden arribar a apassionar, per exemple, les vicisituds de l'edicició de La Plaça del diamant. Dos esperits lliures en un ambient on predominava gent com el ministro d'Información i Turismo d'aleshores, Gabriel Arias Salgado que l'any 1961 es vantava, segons Sales, d'haver salvat, gràcies a la censura, "entre deu i quinze mil ànimes". Directament!
En una serie de curiosos experimentos, un equipo de psicólogos de la Universidad de Chicago mostró que las cobayas desarrollan conductas altruistas. A dos de estas ratas, sin vínculo genético directo, que convivían juntas, las enfrentaron a diversas situaciones. En todas ellas una de las ratas estaba encerrada en un tubo que le impedía casi cualquier movimiento, mientras que a la otra se le dejaba libre junto al tubo. La rata libre no solo aprendió tras sucesivos ensayos a abrir el tubo y liberar a su compañera, sino que lo hizo en situaciones en las que la liberación no suponía ningún premio aparente (ni siquiera la interacción con la cobaya liberada), o en que suponía, incluso, el aplazamiento de una recompensa (la rata liberadora anteponía la acción de liberar a su compañera a la de abrir otro tubo que contenía chocolate). ¿Qué significa esto? La conducta altruista en los animales ha sido observada, a menudo, entre individuos genéticamente emparentados. Pero estos experimentos (y otros) sugieren que dicho tipo de conducta (en la que parecen anteponerse los intereses de otro a los del que actúa) se produce entre individuos no genéticamente emparentados. ¿Es esto síntoma de una conducta “moral” entre los animales no humanos? ¿Son los animales seres capaces de actuar libremente y en función de “principios” distintos o incluso opuestos a las leyes naturales? La respuesta habitual es: “no”. No es que los animales sean capaces de un comportamiento “moral”. Más bien es que lo que llamamos “moral” es, en el fondo, un tipo específico de comportamiento biológico. Esta es la tesis que llamamos “naturalismo” o “sociobiologismo” ético, muy generalizada en el ámbito de la ciencia y de la filosofía materialista.
¿A qué responden entonces las creencias acerca lo “bueno”, “justo”, “valioso”, etc.? Según el naturalista, tales creencias no remiten a nada trascendente, o de naturaleza específicamente “moral”. Dichas creencias son una construcción socio cultural cuya función es causar ciertas conductas individuales que se han mostrado, a lo largo de la evolución y, luego, de la historia, como eficaces para la pervivencia de los grupos sociales. Así, la “generosidad”, la “sinceridad”, la “fidelidad”, la “disciplina”, la “honestidad”, el “respeto”, etc., serían “valores” funcionales para asegurar la estabilidad y el funcionamiento del grupo. Por ejemplo, según algunos etólogos, la fidelidad sexual se mostró como una conducta eficaz para reducir los conflictos entre machos en grupos que dependían estrechamente de la cooperación en la caza. La sinceridad aseguraba una mayor eficacia comunicativa entre los miembros del grupo. La generosidad garantizaría un nivel de tensión aceptable ante la distribución, casi siempre desigual, de los recursos. Etcétera.
Otros “valores” o principios morales (el respeto a la propiedad o la vida de otros, el cumplimiento de las promesas, el valor del trabajo, etc.) parecen tener una funcionalidad más clara aún en el sentido de la estabilidad y pervivencia del grupo.
El caso más extremo de esta objeción es el de la conducta que antepone las creencias morales a cualquier otro tipo de motivación consciente. ¿Podría darse el caso de que alguien prefiriera la destrucción del mundo a actuar contra sus creencias morales (“Hágase justicia aunque se hunda el mundo”)? Desde luego que podría. Es más, este caso es, para muchos, el arquetipo de lo que significa una “conducta moral”. Si el naturalismo trata esto como una simple anomalía está simplemente disolviendo el problema, no resolviéndolo.
Lo normativo en sentido amplio (lo axiológico, los criterios acerca de qué es bueno, aceptable, elegible, etc.) no pueden reducirse a hechos, pues siempre quedaría fuera la norma acerca de lo que debemos considerar como un hecho y, por supuesto, la norma acerca de si debemosaprobar o no ese hecho. Confundir esta norma con “otro” hecho es incurrir en un desliz lógico (la llamada “falacia naturalista”).
Gracias a @AlvaroViejo y a la rapidez de Twitter, ya se puede consultar el examen de las Pruebas de Acceso a la Universidad que los alumnos han hecho esta misma mañana. En esta ocasión: Aristóteles y Nietzsche. Gracias de nuevo a Álvaro, y suerte para lo que le queda de la P.A.U.
Me llegaba en estos días un correo, hablándome de La aventura del pensamiento, un blog compartido por personas procedentes de diversos campos, que tienen la intención común de dar su propia visión alrededor de algunas de las ideas que aparecen en el libro 49 Respuestas a la aventura del pensamiento, de Eduardo Pérez de Carrera. No conocía el libro, y por lo que he leído a través del blog está a medio camino de la ciencia, la filosofía, la psicología… y por eso no está de más que la bitácora pretenda tener un carácter interdisciplinar. Hay entonces fragmentos de tono más científico, y otros más cercanos a cuestiones éticas, intercalados con algunos que pueden recordarnos ideas de los libros de autoayuda. En cualquier caso, una nueva iniciativa en la red con una idea atractiva: presentar y comentar un libro, tratando así de acercar el contenido a los posibles visitantes y sobre todo ampliar la discusión en torno a las ideas que se presentan. Toda una aventura la que han emprendido sus autores y más en los tiempos que corren, pues se lleva hablando ya años de la muerte de las bitácoras…
Visitar la web de la aventura del pensamiento me ha recordado precisamente este debate: dónde está el pensamiento (y la escritura) hoy. Hace unos años las bitácoras se presentaban como una auténtica revolución en lo que a la creación de contenidos se refería. Y sin embargo hoy, la gran mayoría apunta a que han sido superadas por las redes sociales, independientemente del nombre que le pongamos: “Twitter killed the blog star”, se ha leído alguna vez por ahí. La discusión, se dice, “vive” ahora en las redes sociales, en los agregadores de RSS o vaya usted a saber dónde. El caso es que el tráfico de visitas de las bitácoras ha bajado considerablemente, y lo mismo ha ocurrido con el feedback: el día más insospechado descubres que alguien puso un comentario interesante a un texto que escribiste hace dos semanas y que alguien, no se sabe muy bien cómo ni por qué, decidió compartir a través de su muro de Facebook. Hoy, más que en ningún otro tiempo, es verdad aquello de que nadie es dueño de lo que escribe: una vez se publica en la red, se pierde todo control sobre el contenido que pasa a pertenecer a la interconectividad. O sea, a nadie. Y a todos a la vez, depende de cómo se mire.
Así las cosas, el panorama no es muy alentador, si lo que se espera, como prometían al principio los grandes “guruses” del asunto, es terminar convertido en “creador” de corrientes de opinión, si se espera algún tipo de reconocimiento o fama personal. El que se plantee tan altas metas, que busque otro medio. Ni siquiera es razonable esperar un comentario de agradecimiento si acaso hay alguien que encuentra el texto (o el recurso didáctico) interesante y lo va a aprovechar para sus clases. Si alguien tiene un blog y lo mantiene durante un tiempo, ha de divertirse haciéndolo. Disfrutar contando algo, pensando algo, poniendo en común con otros ideas y palabras. Pensando que quizás alguien, algún día, pueda aprovecharlo, discutir sobre ello en su propio blog, en su aula, o en el comedor de su casa. Por eso el título del blog que presentaba antes es tan evocador: pensar es una aventura, y compatir esos pensamientos a través de la red lo es aún más. Ojalá que el viaje, como decía el poeta, les sea largo y fructífiero. A los amigos de La aventura del pensamiento, y a todos los “bucaneros” de las ideas y la educación, que aún se resisten a abandonar sus navíos en los tiempos en que las aguas de la red parecen conducir hacia otras formas de navegación.