Empleados felices: Talento + Entusiasmo + Determinación
El entusiasmo está detrás todos los grandes logros de nuestra Historia, en cualquier campo. Pero en esos logros no está sólo, le acompañan dos buenos compañeros de viaje: una dosis razonable de talento y la fuerza de la determinación.
Cuando el talento, el entusiasmo y la determinación se unen, forman un triángulo mágico e imbatible que constituye la fórmula del éxito.
En esa fórmula el talento es una capacidad, una potencialidad fruto de la herencia genética de cada cual. Y el entusiasmo, como toda emoción, es un acto reflejo, pero es pura energía. El entusiasmo es el combustible que moviliza al talento para alcanzar un objetivo.
Sólo podemos estar orgullosos de nuestra determinación, puesto que es el único elemento que involucra nuestra voluntad. Es la única verdadera decisión que tomamos.
El talento, contrariamente al pensamiento generalizado, está muy bien repartido. Cada persona tiene talento para algo, la cuestión es encontrar para qué. La inteligencia humana no es de una única clase, sino de varias naturalezas y cada persona tiene sus propias y naturales virtudes donde destaca y brilla por encima del resto.
El este sentido, el reto para las organizaciones es triple:Atraer a las personas con las inteligencias o talentos adecuadosLograr que encajen con las necesidades y retos de la organizaciónProporcionarles un entorno que estimule su entusiasmo y facilite que germine su determinación.
Así, si una organización consigue:Contar con los talentos adecuados (múltiples y diversos),Ser ágil y flexible para identificar cada talento personal y otorgarle las funciones más adecuadas,Encender la llama del entusiasmo y la determinación en sus corazones.
De este modo estará en posición de funcionar como un equipo de alto rendimiento, capaz de logros inimaginables.
De clientes a fans
Cada vez más empresas se han dado cuenta de que no quieren tener clientes que mañana puedan ser ex clientes. Debe existir un vínculo emocional del cliente con nuestros productos y marcas. Si no existe no habrá compromiso que lo retenga.
Se dice que habitualmente nuestra razón guía, pero que son nuestras emociones las que deciden. Y luego, la razón se encarga de construir un argumento que justifique las decisiones tomadas por nuestro corazón.
Y si hay algo que encanta a los seres humanos es sentir emociones. Mucho de lo que hacemos con ilusión en la vida lo hacemos para sentir emociones. Desde subir a una montaña rusa, a ver una película de terror o un concierto de rock. Las emociones nos impulsan constantemente.
Cuando sentimos una emoción que nos gusta, tratamos de compartirla porque así se amplifica. Y en eso se basa, precisamente, la estrategia para convertir a nuestros clientes en fans: en el contagio emocional.
Para convertir a los clientes en fans, es necesario adoptar una visión panorámica; cuidar al máximo cada detalle de nuestro producto y de toda la cadena de valor por la que pasará desde nuestras fábricas hasta sus manos, hasta su nevera y su mesa. Hemos de tener esa visión panorámica, temporal, completa, que nos impulse a optimizar todos los momentos de la verdad, grandes y pequeños, que tienen que ver con la experiencia del usuario, para que la emoción conjunta sea positiva e impactante, para que el usuario la viva como si fuera nueva y tenga ganas de compartirla. Así conseguiremos generar emociones y que se produzca el contagio emocional.
¿Y qué es el contagio emocional sino una faceta más del entusiasmo? Efectivamente, ya lo tenemos, hay que gestionar la energía interna (entusiasmo) y la energía externa (emociones, contagio emocional). De ese modo tendremos al talento interno trabajando con entusiasmo, y a los clientes contagiados de la emoción que les producimos, convertidos ya en fans.
Al final, todo se resume en un mismo concepto: el éxito consiste en gestionar energías y emociones.
Salva López, ¿En qué puede ayudar la gestión de las emociones a las empresas del siglo XXI?, Idearium, 28/05/2014---Salva López, es autor de “ROCKvolución Empresarial: lecciones del mundo de la música para directivos y emprendedores” (Editorial Empresa Activa) y “Persiguiendo la Excelencia”. El próximo 12 de junio estará en concierto en el Café Royale de Barcelona. Más información en: www.rockynegocios.com







Los expertos en educación superior han planteado en los últimos años la necesidad de realizar cambios drásticos para hacer posible el acceso a un mayor número de alumnos a un coste menor, y sustituir la acumulación de conocimiento por la aquisición de habilidades. Los Cursos Masivos en Línea (MOOCs) parecían el camino adecuado para lograr esos propósitos.











Según Entreculturas, la educación intercultural es una propuesta educativa que busca trabajar los conocimientos, habilidades, actitudes y valores, que permitan a todos y cada uno de los miembros que forman la comunidad educativa y a todos los miembros de la sociedad en general, relacionarse, comunicarse y convivir, de manera que se establezcan relaciones de igualdad de oportunidades, ejercicio de los derechos, cumplimiento de deberes y responsabilidades, y plena participación en el conjunto social, evitando situaciones de exclusión y segregación.
No son tiempos favorables para la filantropía. Los robos a gran escala desde las más altas esferas del poder, los recientes engaños políticos, las corruptelas varias, y hasta los asesinatos nos trasladan una imagen negativa del ser humano y hacen difícil ver una realidad contrastable: nuestra especie ha sido y es una de las más cooperativas que existen en el planeta Tierra. Pero, ¿y si toda esta agresividad y mentiras fueran sólo una pequeña parte de la historia? ¿Y si algunos árboles tóxicos no nos dejaran ver el maravilloso bosque?Hasta hace muy poco, el modelo mental según el cual el egoísmo y la competición extrema reinaban en la naturaleza colonizaron nuestras mentes. La idea de que "la ley de la selva" y el "todos contra todos" regían los comportamientos de todos los animales, incluidos nosotros, se extendió a muchos ámbitos: la economía, la política, la sociedad, el mercado, etc. El filósofo Thomas Hobbes y otros pesimistas antropológicos habían ganado la batalla. El hombre era un lobo para sí mismo porque su psicología le impulsaba a cometer atrocidades contra otros miembros de su especie. Éste fue el caldo de cultivo perfecto para el desarrollo de una de las teorías más crueles en la Historia: el darwinismo social. Según esta línea de pensamiento, sólo sobreviven los más aptos, algo que supieron aprovechar muy bien los nazis para justificar sus barbaridades. Lo que se le olvidó a sus creadores, Herbert Spencer y Joseph Fisher, es que el altruismo y la ayuda también son formas de adaptación muy importantes. Es más, parece ser una de las mejores estrategias para el éxito jamás concebida. Hace no mucho tiempo, el Homo sapiens compartió territorio con otros homínidos: el Homo erectus en la zona de la actual china y el Homo neanderthalensis en Europa. Durante décadas no han existido hipótesis fiables que explicaran la extinción de nuestros antiguos compañeros de evolución, pero análisis recientes de la vida social de las tres especies revelan algunos datos apasionantes. Todos eran seres muy inteligentes, pero los humanos poseían una fortaleza que los otros homínidos no: la cooperación extrema y el trabajo en equipo como llave para la supervivencia. En los yacimientos arqueológicos de Atapuerca (Burgos) y la Cueva del Castillo (Cantabria) se han encontrado restos humanos de ancianos, enfermos y minusválidos que sólo pudieron sobrevivir gracias a la ayuda de otros congéneres. En primates sucede tres cuartos de lo mismo. Se ha documentado el caso de una macaca que nació sin manos ni pies, pero que gracias al cuidado de los compañeros sobrevivió largos años y tuvo descendencia. Hechos difíciles de explicar para los que llevaron las tesis de Darwin al extremo. Los estudios realizados durante la última década están destruyendo el mito de una naturaleza cruel en la que los individuos sólo miran por sí mismos. Por ejemplo, en varios estudios con niños llevados a cabo por el psicólogo Felix Warneken, un investigador adulto fingía tener problemas bajo la atenta mirada de niños menores de 15 meses de edad. Los resultados demostraron la existencia de una fuerte tendencia a la ayuda sin obtener recompensa alguna, ya que 22 de los 23 niños ayudaron de manera incondicional. Cuando se repitieron las pruebas con bobonos y chimpancés, los resultados fueron idénticos, lo que sugiere un origen innato y biológico del altruismo. Quizá el problema no está en el exterior sino en el interior de nuestra mente. Los seres humanos somos expertos en detectar lo negativo, aquello que falla, pero nos cuesta imaginar cosas nuevas a no ser que hayan ocurrido antes. En otras palabras, nos fijamos de manera sistemática en lo que no tenemos o se hace mal, ya sea de nosotros o de nuestro alrededor. Ello implica a personas, eventos, objetos y otro tipo de elementos. Este modelo mental incide en la percepción que tenemos de nosotros mismos y en la interpretación del comportamiento de quien nos rodea, lo que dificulta establecer vínculos de calidad porque nos juzgamos por lo peor que hacen un pequeño porcentaje de la población. Sí, claro que hay ladrones, mentirosos y corruptos. Free riders o agentes libres los llamamos desde la biología evolutiva. Por ejemplo, tipos como Bárcenas, Berlusconi o Madoff son claramente free riders. Humanos a los que no les importa el resto y sólo miran por su interés. Pero la mayoría no somos así. Paul Rozin y Edward B. Royman, de la Universidad de Pensilvania, creen que tanto los animales como los humanos estamos condicionados por predisposiciones innatas que nos empujan a interpretar el mundo centrándonos en lo negativo. El psicólogo Guido Peters lo denominó "la asimetría entre lo positivo y lo negativo". Peeters cree que durante la evolución fue más adaptativo fijarse en lo negativo y estar siempre alerta a lo que no iba bien. Hace miles o millones de años, los que estaban concentrados en lo que iba mal sobrevivían más. El "radar de carencias", como me gusta llamarlo, se desarrolló en aquella época y se centra en lo negativo o en lo que no poseemos.Por lo tanto, no dejemos que un puñado de indeseables nos impida ver los actos más bellos y nobles que forman parte nosotros desde hace millones de años. La mirada centrada en lo negativo, esto es, pesimista respecto a la verdadera naturaleza de nuestra especie, además de ser errónea, nos impide ser felices y acudir de nuevo a la que fue, es y será siempre la llave para nuestra supervivencia: la cooperación y la ayuda mutua.Pablo Herreros, El mito de la "ley de la selva", Yo mono, 24/05/2014 
