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| Milestone Project 2014 |
L'exhibició, que es mostrarà del 12 al 20 de juny en el Centre Cultural de la Mercè, ha estat dirigida per Manuel Villar, Oriol Leira i Daniel Inglada, assistits per Javier Maciá i Ignacio Moltó, i que comptarà també, de nou, amb la inestimable participació de Ignacio Castro Rey, un dels filòsofs més destacats del panorama estatal.
Entrevista amb Manuel Villar Pujol:
Milestone Project- El concepto imaginación y su asociado, la creatividad, siempre han tenido connotaciones positivas. Si una persona quiere que su ego se eleve, lo mejor es decirle que es imaginativa y creativa. ¿Pueden estos conceptos que en un principio son positivos ocultar una faceta oscura o unos efectos perversos?
Manuel Villar- En la actualidad, en cualquier oficina, fábrica, lugar de trabajo, escuela o universidad la creatividad se ha convertido en una exigencia que no afecta al político sino al subordinado. Generar esta necesidad en la ciudadanía ha sido una de las grandes invenciones del estado moderno, una de las más sutiles formas de dominación. No se trata de decir “tú debes obedecerme” sino que “si quieres, puedes”. En realidad no es estrictamente un imperativo, es una sugerencia, un juicio hipotético. Está en tus manos ser un genio o un poeta. Si no lo eres, es tu responsabilidad no serlo. En cambio, el político se convierte en un simple gestor. La responsabilidad del político es cuadrar balances. La responsabilidad del ciudadano es ser lo más creativo posible.
MP- ¿Realmente el ser humano es un ser creativo? Hay mucha gente que cree que no lo es. Son personas sin iniciativa y pasivas. Y además lo aceptan sin ninguna vergüenza. Esperan que otros piensen por ellos, que les digan lo que tienen que vestir, lo que tienen que escuchar o lo que tienen que ver.
MV- Nuestra mente crea el mundo que tenemos delante. Esta es una convicción propia de la modernidad. Desde el Renacimiento se ha insistido en la capacidad inventiva del ser humano. No somos seres pasivos que reaccionamos ante estímulos que nos impone la realidad extra-mental. Son las categorías mentales las que modelan el mundo, la realidad.
Estas reflexiones filosóficas curiosamente en la actualidad han sido refrendadas por los neurocientíficos actuales. “Todo lo que experimentamos es una simulación. El hecho de que la conciencia ofrezca una transcripción sólida, resistente y abundante en detalles de la realidad es una de las ilusiones que nuestro cerebro crea por sí mismo”, concluyen. “El cerebro crea, construye realidades inexistentes”. “Lo que vemos es, invariablemente, lo que construye nuestra inteligencia. No es una cuestión de recepción pasiva, nuestra visión es el resultado de un proceso inteligente de construcción activa”. Se propone la hipótesis, nada inverosímil, que la percepción humana, ajustándose a reglas universales, nos permite creer que compartimos una experiencia común de una realidad objetiva, cuando en el fondo es el fruto de una construcción subjetiva.
MP- ¿Pero qué tiene de malo o de perverso el hecho de que todos los humanos compartamos la capacidad de crear?
MV- Si en algún momento la creatividad pudo ser tildada de sospechosa, propia de una minoría asocial, excéntrica y rebelde, escogida por los dioses, ahora se ha convertido en un concepto emblemático al que todo el mundo, fuera de la tradición ideológica que fuera, de la situación económica que fuera, incluso de su coeficiente intelectual, por ínfimo que fuera, tiene acceso. A partir de ese momento, nadie queda al margen. Todos, por el hecho de pertenecer a la raza humana, somos poetas en potencia. Ahora todo el mundo cree que la creatividad puede ser el bálsamo que puede resolver las contradicciones que este mundo global ha ido generando. Si aparece un problema, sólo hay que ponerle imaginación para resolverlo. Incluso se ha convertido en un imperativo moral al que todo individuo concierne. Si estas exigencias hace unos años se hacían desde abajo para reorientar a su favor las políticas de los que gobiernan (necesitamos políticas imaginativas), ahora es el poder quien, desde arriba, las lanza, como sugerencias no como imposiciones, a los que son gobernados (necesitamos gente con ideas, creativa, imaginativa, emprendedora ...).
Cuando se nos emplaza a todos sin excepción a contribuir con nuestras destrezas intelectuales a mejorar el mundo (la democratización del don prometeico) puede que signifique para algunos un chute reforzado de autoestima proveniente del experto que ha estudiado a fondo el tema (“ves al final no eres tan tonto como pensabas”) o puede que se ha llegado a un punto crítico en el cual los profesionales dedicados a la generación de ideas, muy vinculados a órganos internacionales del poder y de la economía, reconocen que su imaginación está dando síntomas de agotamiento. Nadie tiene la menor idea de cómo funciona el mundo, aunque paradójicamente en parte seamos nosotros responsables de su existencia.
MP- A pesar de que hay gente que no se puede considerar como creativa, hay que reconocer también que hay gente creativa que no ha tenido suerte con sus creaciones. Sus creaciones no han sido reconocidas en absoluto o sólo de una forma insuficiente ¿Existe un criterio para determinar cuál es el tipo de creatividad que exige el sistema?
MV- La creatividad hoy es un híbrido entre idea y mercado. La creatividad entendida como innovación, según Adela Cortina, se introduce como un producto, servicio o procedimiento con la finalidad de ser vendida en el mercado. Innovar significa poner valor a una idea. Lo que obliga a hacerla suficientemente atractiva como para que alguien la quiera comprar.
MP- ¿Cómo se puede conseguir un tipo de creatividad armonice con el mercado? ¿De qué mecanismos dispone la humanidad hoy en día para conseguir este objetivo?
MV- La paradoja en la que vivimos hoy en día es que por un lado la creatividad se ha democratizado pero por otro lado se nos dice que la inteligencia común, la convencional, no sirve para generar ideas atractivas y innovadoras. Algunos abominan de la lógica clásica i del pensamiento analítico o convergente, otros mantienen la teoría que somos esclavos de la rutina y de nuestras expectativas basadas en la experiencia y otros sostienen que hay que cambiar radicalmente los sistemas educativos porque la escuela mata la creatividad.
MP- Entonces, ¿cuál es el papel que pueden tener las neurociencias en el desarrollo y potenciación de la creatividad humana?
MP- Tal vez la solución más radical a las urgencias de un presente con un horizonte incierto es la que plantean las neurociencias. Desde que de los ámbitos académicos se ha insistido en que lo psíquico surge de lo físico, que lo mental es una emergencia del cerebro, se está dando el paso definitivo para intervenir directamente sobre este órgano, ya que en definitiva la consigna que prevalece es que lo que nos hace fundamentalmente humanos es el cerebro. Es el paso del psi al neuro.
Si el cerebro se entiende como un mecanismo, si tiene como una de sus propiedades básicas la plasticidad y si además disponemos de neuroimágenes que nos permiten detectar biomarcadores sobre futuras enfermedades o conductas antisociales, la posibilidad de modificarlo para conseguir eliminar o mitigar determinadas disfunciones futuras o futuros comportamientos que se pueden catalogar como antisociales. Desde un punto de vista biopolítico parece, a partir de lo que hemos expresado anteriormente, que el potenciamiento de los dispositivos cerebrales que han sido considerados como los motores de los comportamientos creativos es uno de los objetivos más urgentes.
MP- Existe una tendencia dentro de la neurología que insiste en el estudio de las inteligencias diferentes. Es decir, de personas con ciertas llamadas deficiencias psíquicas (pacientes aquejados de autismo o síndrome de Asperger) que sin embargo son capaces de dar respuestas geniales a cuestiones que las personas, llamadas normales no tendrían. ¿Qué piensas sobre esto?
MV- La estimulación magnética transcraneal es una de las técnicas más utilizadas y de la que se espera mayores avances sobre todo en la modificación del comportamiento (sociopatías, adicciones) y en la mejora de las habilidades mentales. Es un método no invasivo, ya que no necesita de la administración de fármacos ni del uso de la cirugía.
En líneas generales, el método consiste en colocar un imán muy potente sobre una parte definida del cerebro que perturba el flujo normal de las señales eléctricas de las neuronas.
El pionero de esta técnica es el doctor Allan W. Snyder. Su origen, confiesa el científico que trabaja en Sydney, parte de su experiencia con individuos con alteraciones cerebrales, aquejados de lo que se llama síndrome del sabio o savants.”Estos pacientes, afirma, poseen destrezas extraordinarias en campos específicos, aunque experimentandificultades serias para desarrollar otras.”
La figura de Hans Asperger, cuyo nombre está asociado con el trastorno epónimo, sirve también a Snyder como inspiración a su trabajo. Este médico austríaco defendía que la genialidad podía consistir en “un toque de autismo”. Los savants, en su mayoría integrantes del espectro autista, disponen de habilidades intelectuales menos conceptuales y menos literales. Los estudios realizados en este campo indican que los savants presentan alguna forma de disfunción en el hemisferio cerebral izquierdo, combinado con la potenciación inusual del hemisferio derecho.
Con la estimulación magnética transcraneal se puede reducir la actividad neuronal del hemisferio izquierdo en personas sanas, consiguiendo los mismos estados creativos de los savants. Los efectos desaparecen al cabo de una hora, volviendo el individuo a la cognición normal.
En el fondo de lo que se trata es de reducir la dominancia que ejerce el hemisferio izquierdo, lugar del pensamiento lógico y del lenguaje, sobre el derecho, lugar del sentido artístico. Se produce así un relajamiento de las reglas que limitan el pensamiento creativo, y el individuo puede ejercitar su imaginación con mayor libertad. Lo que pretende con esta técnica es liberar al genio que todos llevamos dentro.
MP- ¿Qué consecuencias crees que podría tener la extensión generalizada de esta tecnología?
MV- Los descubrimientos de Snyder actualizan las reflexiones que Peter Sloterdijk realizó en su polémico panfleto Normas para el parque humano. De forma resumida creo que la preocupación básica del pensador alemán es que la humanidad debe tomar decisiones transcendentes “en términos de política de especie”. De ellas dependerá “el destino del hombre del futuro”. Las antropoctécnicas (la neurotécnica entre ellas) sacan a la luz un conflicto básico que se ha mantenido oculto, mejor dicho olvidado, a lo largo de la historia humana: el conflicto básico entre diferentes programas de crianza. El dominante hasta ahora, protagonizado por los ideales humanistas (el libro como eje educativo principal), que dirigen lo humano hacia lo pequeño, por una parte. El alternativo, que propone objetivos transhumanistas o posthumanos, que proyectan la evolución humana hacia lo grande (superhombres), por otra.
Las técnicas neurológicas tal como las interpreta y usa Snyder estarían a favor del planteamiento alternativo. Sloterdijk sugiere que la humanidad en estos momentos no puede “apartar la mirada” de las posibilidades de mejora que nos ofrecen las biotecnologías y que la mejor decisión debía caer del lado de tomar un protagonismo más activo a la hora de ponerlas a prueba y potenciar su uso.
Otro aspecto a tener en cuenta, que no está demasiado alejado de lo que plantea Sloterdijk, es la puesta en entredicho del concepto de normalidad psicológica. La neurotécnica deja en manos de la locura el futuro de la humanidad (quién lo iba a decir). El psicópata se convierte en modelo del normópata, el individuo con predominio del hemisferio izquierdo. Nada nuevo puede esperar la sociedad de ese último, resultado de un proceso de selección y cría orientado a la docilidad, semejante a la del animal doméstico. Lo nuevo, lo creativo surge de esta especie de locura transitoria dispensada por dispositivos neuronales que, se supone, con el tiempo estarían al alcance de todo aquel que necesite de la ayuda de un “dopaje neuronal”.













No son tiempos favorables para la filantropía. Los robos a gran escala desde las más altas esferas del poder, los recientes engaños políticos, las corruptelas varias, y hasta los asesinatos nos trasladan una imagen negativa del ser humano y hacen difícil ver una realidad contrastable: nuestra especie ha sido y es una de las más cooperativas que existen en el planeta Tierra. Pero, ¿y si toda esta agresividad y mentiras fueran sólo una pequeña parte de la historia? ¿Y si algunos árboles tóxicos no nos dejaran ver el maravilloso bosque?Hasta hace muy poco, el modelo mental según el cual el egoísmo y la competición extrema reinaban en la naturaleza colonizaron nuestras mentes. La idea de que "la ley de la selva" y el "todos contra todos" regían los comportamientos de todos los animales, incluidos nosotros, se extendió a muchos ámbitos: la economía, la política, la sociedad, el mercado, etc. El filósofo Thomas Hobbes y otros pesimistas antropológicos habían ganado la batalla. El hombre era un lobo para sí mismo porque su psicología le impulsaba a cometer atrocidades contra otros miembros de su especie. Éste fue el caldo de cultivo perfecto para el desarrollo de una de las teorías más crueles en la Historia: el darwinismo social. Según esta línea de pensamiento, sólo sobreviven los más aptos, algo que supieron aprovechar muy bien los nazis para justificar sus barbaridades. Lo que se le olvidó a sus creadores, Herbert Spencer y Joseph Fisher, es que el altruismo y la ayuda también son formas de adaptación muy importantes. Es más, parece ser una de las mejores estrategias para el éxito jamás concebida. Hace no mucho tiempo, el Homo sapiens compartió territorio con otros homínidos: el Homo erectus en la zona de la actual china y el Homo neanderthalensis en Europa. Durante décadas no han existido hipótesis fiables que explicaran la extinción de nuestros antiguos compañeros de evolución, pero análisis recientes de la vida social de las tres especies revelan algunos datos apasionantes. Todos eran seres muy inteligentes, pero los humanos poseían una fortaleza que los otros homínidos no: la cooperación extrema y el trabajo en equipo como llave para la supervivencia. En los yacimientos arqueológicos de Atapuerca (Burgos) y la Cueva del Castillo (Cantabria) se han encontrado restos humanos de ancianos, enfermos y minusválidos que sólo pudieron sobrevivir gracias a la ayuda de otros congéneres. En primates sucede tres cuartos de lo mismo. Se ha documentado el caso de una macaca que nació sin manos ni pies, pero que gracias al cuidado de los compañeros sobrevivió largos años y tuvo descendencia. Hechos difíciles de explicar para los que llevaron las tesis de Darwin al extremo. Los estudios realizados durante la última década están destruyendo el mito de una naturaleza cruel en la que los individuos sólo miran por sí mismos. Por ejemplo, en varios estudios con niños llevados a cabo por el psicólogo Felix Warneken, un investigador adulto fingía tener problemas bajo la atenta mirada de niños menores de 15 meses de edad. Los resultados demostraron la existencia de una fuerte tendencia a la ayuda sin obtener recompensa alguna, ya que 22 de los 23 niños ayudaron de manera incondicional. Cuando se repitieron las pruebas con bobonos y chimpancés, los resultados fueron idénticos, lo que sugiere un origen innato y biológico del altruismo. Quizá el problema no está en el exterior sino en el interior de nuestra mente. Los seres humanos somos expertos en detectar lo negativo, aquello que falla, pero nos cuesta imaginar cosas nuevas a no ser que hayan ocurrido antes. En otras palabras, nos fijamos de manera sistemática en lo que no tenemos o se hace mal, ya sea de nosotros o de nuestro alrededor. Ello implica a personas, eventos, objetos y otro tipo de elementos. Este modelo mental incide en la percepción que tenemos de nosotros mismos y en la interpretación del comportamiento de quien nos rodea, lo que dificulta establecer vínculos de calidad porque nos juzgamos por lo peor que hacen un pequeño porcentaje de la población. Sí, claro que hay ladrones, mentirosos y corruptos. Free riders o agentes libres los llamamos desde la biología evolutiva. Por ejemplo, tipos como Bárcenas, Berlusconi o Madoff son claramente free riders. Humanos a los que no les importa el resto y sólo miran por su interés. Pero la mayoría no somos así. Paul Rozin y Edward B. Royman, de la Universidad de Pensilvania, creen que tanto los animales como los humanos estamos condicionados por predisposiciones innatas que nos empujan a interpretar el mundo centrándonos en lo negativo. El psicólogo Guido Peters lo denominó "la asimetría entre lo positivo y lo negativo". Peeters cree que durante la evolución fue más adaptativo fijarse en lo negativo y estar siempre alerta a lo que no iba bien. Hace miles o millones de años, los que estaban concentrados en lo que iba mal sobrevivían más. El "radar de carencias", como me gusta llamarlo, se desarrolló en aquella época y se centra en lo negativo o en lo que no poseemos.Por lo tanto, no dejemos que un puñado de indeseables nos impida ver los actos más bellos y nobles que forman parte nosotros desde hace millones de años. La mirada centrada en lo negativo, esto es, pesimista respecto a la verdadera naturaleza de nuestra especie, además de ser errónea, nos impide ser felices y acudir de nuevo a la que fue, es y será siempre la llave para nuestra supervivencia: la cooperación y la ayuda mutua.Pablo Herreros, El mito de la "ley de la selva", Yo mono, 24/05/2014 
































