Professors (50 sin leer)
“La ventana de oportunidad que existía hasta ayer para que un sistema de reglas se pusiera en marcha se ha cerrado. La idea misma de un límite a la lógica de la fuerza, de las finanzas y de las criptomonedas, el desbocamiento de la IA y de las tecnologías vinculadas a ella, o al vuelco del orden internacional hacia la jungla, ha salido del ámbito de lo concebible”
La voracidad con la que los despernados por el mucho andar -especialmente si tenemos las rodillas como una bolsa de calderilla- tomamos el tren de cercanías al asalto dice mucho sobre nuestra cosa en sí. Todo son caras de buena gente en el andén... hasta que se acerca el tren. Entonces desparecen los vecinos del pueblo, los conocidos y hasta los amigos. Nos apresuramos a sacar los codos y a ocupar el con aire marcial el espacio hipotético en el que quedará la puerta de acceso del vagón. Si acertamos, es la felicidad. ¡Estamos salvados! ¡Nos tocará asiento! Si no acertamos, hemos de ponernos a la cola de los que han calibrado con exactitud dónde se pararía el tren. Pero la frustración nos hace más agresivos dando cumplida fe con nuestra conducta de que el «bellum omnium contra omnes» sigue vigente. La moral kantiana, amigos, está bien cuando hay pocas personas esperando al tren, pero en situaciones desesperadas, que son las habituales, todos nos hacemos hobbesianos. Si has pillado asiento no se lo cedes ni a un herido de guerra. También hay que decir que la RENFE no nos pone fácil la generosidad. Ir de pie hasta tu destino es como ir a galeras: sangre, sudor y lágrimas en una humanidad compactada en la que la suma de las gravedades individuales pone de manifiesto la relatividad del espacio. Y cuando ya no cabe ni una aguja más, llega corriendo el de la bici, empeñado en subirla al tren.

Peter Thiel: Creo que siempre surge la pregunta de cómo articulamos algunos de esos riesgos existenciales, algunos de los desafíos que enfrentamos, y todos se enmarcan en esta especie de narrativa científica distópica descontrolada. Existe el riesgo de una guerra nuclear, existe el riesgo de un desastre ambiental. Quizás algo específico, como el cambio climático, aunque hemos ideado muchos otros. Existe el riesgo de las armas biológicas. Existen todos los diferentes escenarios de ciencia ficción. Obviamente, existen ciertos tipos de riesgos con la IA.
Pero siempre pienso que, si vamos a hablar de riesgos existenciales en ese marco, quizás también deberíamos hablar del riesgo de otro tipo de singularidad negativa, que yo describiría como el estado totalitario de un mundo único. Porque diría que la solución política que la gente tiene, por defecto, para todos estos riesgos existenciales es la gobernanza mundial única. ¿Qué hacemos con las armas nucleares? Tenemos unas Naciones Unidas con poder real que las controla, y están controladas por un orden político internacional. Y algo así también: ¿Qué hacemos con la IA? Necesitamos una gobernanza computacional global. Necesitamos un gobierno mundial que controle todas las computadoras, registre cada pulsación de tecla y se asegure de que nadie programe una IA peligrosa. Y me he estado preguntando si esto no será pasar de la sartén al fuego.
El enfoque filosófico ateo es "Un mundo o ninguno". Este fue un cortometraje publicado por la Federación de Científicos Estadounidenses a finales de los años cuarenta. Comienza con la bomba nuclear que destruye el mundo, y obviamente, se necesita un gobierno mundial para detenerla: un mundo o ninguno. Y el enfoque cristiano, que en cierto modo es la misma pregunta, es: ¿Anticristo o Armagedón? Tenemos el estado mundial único del Anticristo, o caminamos sonámbulos hacia el Armagedón. "Un mundo o ninguno", "Anticristo o Armagedón", en cierto modo, son la misma pregunta.
Tengo muchas ideas sobre este tema, pero una pregunta es —y este es un agujero argumental en todos estos libros sobre el Anticristo—: cómo se apodera el Anticristo del mundo? Ofrece estos discursos demoníacos e hipnóticos y la gente simplemente se los cree. Es este demonio. Ex-Machina.
Ese es un argumento inverosímil. Pero creo que hay una respuesta. La forma en que el Anticristo tomaría el poder es hablando del Armagedón sin parar. Hablas de riesgo existencial sin parar, y entonces eso es lo que hay que regular. Es lo opuesto a la imagen de la ciencia baconiana de los siglos XVII y XVIII, donde el Anticristo es como un genio tecnológico malvado, un científico malvado que inventa una máquina para apoderarse del mundo. La gente está demasiado asustada con eso.
En nuestro mundo lo que tiene resonancia política es: Necesitamos detener la ciencia, simplemente necesitamos decir "basta". Y aquí es donde, en el siglo XVII, puedo imaginar a un Dr. Strangelove o a un Edward Teller dominando el mundo. En nuestro mundo, es mucho más probable que sea Greta Thunberg.
Creo que el ambientalismo es muy poderoso. No sé si es lo suficientemente poderoso como para crear un estado totalitario mundial, pero es lo único en lo que aún creen los europeos. Creen más en lo verde que en la Sharia islámica o en la toma del poder totalitaria comunista china. El futuro es una idea de un futuro que se ve diferente del presente. Las únicas tres opciones que se ofrecen en Europa son la verde, la Sharia y el estado comunista totalitario. Y el verde es, con mucha diferencia, la más fuerte.
Tuvimos una historia muy complicada con el funcionamiento de la tecnología nuclear y, bueno, no llegamos realmente a un estado totalitario mundial. Pero para la década de 1970, una explicación de este estancamiento es que el progreso descontrolado de la tecnología se había vuelto muy alarmante, y que la ciencia baconiana terminó en Los Álamos.
Ahí terminó, no queríamos más. Y cuando Charles Manson tomó LSD a finales de los 60 y comenzaron los asesinatos, lo que vio con LSD, lo que aprendió fue que podías ser como un antihéroe en un libro de Dostoyevsky y todo estaba permitido.
Por supuesto, no todos se convirtieron en Charles Manson. Pero según mi relato, todos se volvieron tan trastornados como Charles Manson, y los hippies tomaron el control. Ganaron los hippies. Aterrizamos en la Luna en julio de 1969, Woodstock comenzó tres semanas después y, en retrospectiva, fue entonces cuando el progreso se detuvo y los hippies ganaron. Y sí, no fue literalmente Charles Manson.
Hay diferentes grados de esto que acabo de describir. Pero ¿es tan absurdo lo que acabo de exponer como un relato general del estancamiento, que el mundo entero se ha sometido durante 50 años a la paz y la seguridad? En la Primera epístola a los Tesalonicenses (1 Tes 5:3) el lema del Anticristo es "paz y seguridad".
Y nos hemos sometido a la FDA. Esta regula no solo los medicamentos en EE. UU., sino de facto en todo el mundo, porque el resto del mundo se somete a la FDA. La Comisión Reguladora Nuclear regula efectivamente las centrales nucleares de todo el mundo. No se puede diseñar un reactor nuclear modular y construirlo en Argentina. No confiarán en los reguladores argentinos. Van a someterse a EE. UU.
Así que, al menos, surge la pregunta de por qué hemos tenido 50 años de estancamiento. Una respuesta es que algo ocurrió culturalmente donde no estaba permitido. Y la respuesta cultural puede ser, en cierto modo, una respuesta de abajo hacia arriba: que fue simplemente una transformación de la humanidad en una especie más dócil. O puede ser, al menos parcialmente, de arriba hacia abajo: que existe una maquinaria gubernamental que se transformó en esta especie estancada.
Se suponía que la energía nuclear sería la energía del siglo XXI. Y, de alguna manera, se ha desvanecido en todo el mundo, a nivel mundial.
Atribuir demasiada causalidad a Dios siempre es un problema. Hay diferentes versículos bíblicos que puedo darles, pero les daré Juan 15:25, donde Cristo dice: «Me odiaron sin causa». Así que todas estas personas que persiguen a Cristo no tienen ninguna razón, ninguna causa para perseguirlo. Y si interpretamos esto como un versículo de causalidad última, quieren decir: "Persigo porque Dios me hizo hacer esto. Dios es la causa de todo".
Para bien o para mal, creo que hay un amplio margen para la acción humana, para la libertad humana.
Juan Ignacio Pérez, El Anticristo según Peter Thiel, Lecturas y Conjeturas 30/08/2025
El 25 de junio pasado el periodista Ross Douthat entrevistó a Peter Thiel en su podcast Interesting Times, de The New York Times. Toda la entrevista (de 1 h) es útil para conocer al personaje. Pero me resultó especialmente llamativa la última parte, los últimos 15 o 20 minutos. En ese intervalo hablaron del Anticristo.
La he transcrito en castellano.

... en todas las sociedades humanas, en toda época y contexto, ha existido siempre una necesidad de gestionar la información, y también hay siempre alguien con la necesidad de esparcir una mentira para favorecer sus intereses. Lo que ha cambiado ahora es que el actual contexto tecnológico y comunicativo agrega unas características específicas a estos bulos. Por un lado se encuentra la capacidad de amplificación que tienen las redes sociales y los medios de comunicación, que permiten alcanzar a una enorme cantidad de personas. Por otra parte, si pensamos en cómo eran las cosas hace treinta años, el sistema estaba sobre todo monopolizado por los medios de comunicación tradicionales o de masas. Hoy en día esto ya no es así, es decir, hay una multiplicación de voces, hay una multiplicación de espacios, de lugares donde las personas podemos acudir, y esto lo digo entre comillas, a encontrar información.
Se llegó a hablar de que podía haber hasta mil personas fallecidas en Bonaire, enterradas bajo el agua del párking. Con estas informaciones falsas se quería transmitir un sensación de descontrol, de desamparo, de desastre, de que nada ni nadie funciona, una reacción visceral que iba mucho más allá de la crítica legítima, absolutamente razonable, al trabajo que hicieron las administraciones en todos sus niveles. Y con ello se transmite la idea de que todas las respuestas que se dieron a la catástrofe fueron equiparables al mismo nivel de ineficiencia. Los bulos apuntan directamente a las entrañas de la gente, no hay ninguna voluntad explicativa en ellos.
Lo que se busca es socavar el prestigio y la credibilidad de las instituciones que, en principio, son las que articulan una sociedad democrática, comenzando por la propia política. Es decir, si no nos creemos a los políticos, si no nos creemos a la justicia, si no nos creemos esa función que tienen los representantes públicos, al final todo es un desastre, todo es un problema y ahí es cuando aparece un espacio para deslizar discursos políticos de tintes totalitarios, de dictadura.
Lo que se consigue con esto es predisponer a la gente a aceptar formas de gobierno mucho más autoritarias de las que puede haber en una sociedad democrática. Se instala la idea de que nada funciona y necesitamos un líder, una mano dura que venga a poner orden entre tantos desmanes.
Y es que, un bulo pensado para apelar directamente a las emociones, lo que hace es romper la capacidad analítica de cualquier persona, con independencia del espectro ideológico en el que se ubique. Esa sería una de las características del diagonalismo, la transversalidad ideológica.
Personalmente no estoy nada esperanzado, tiendo a ser muy catastrofista con este tipo de cuestiones porque la solución es extraordinariamente compleja. En el libro proponíamos actuar sobre tres esferas de influencia diferentes para poder dibujar un futuro algo más optimista.
En primer lugar, nosotros mismos, la ciudadanía y nuestros hábitos informativos. Por ejemplo, la mayoría tenemos intuiciones muy vagas sobre cómo quedan expuestos nuestros datos privados al abrir una cuenta en una red social. Toda esa actividad compulsiva que tenemos en las redes va generando una especie de rastro de datos que son captados, filtrados y posteriormente empleados para realizar acciones comerciales, para vendernos cosas. La gente tampoco suele ser muy consciente de que mucho del contenido al que se accede en las redes sociales está algorítmicamente diseñado para que refuerce sus prejuicios ideológicos, cualesquiera que estos sean. Sería necesario implementar acciones de alfabetización mediática muy profundas, no solo en la educación reglada, sino en todos los niveles de la sociedad.
La segunda cuestión tiene que ver con quién detenta la propiedad de esos espacios de comunicación donde hacemos esta vida de consumo informativo casi inconsciente. El número de empresas que controlan el ecosistema mediático y los flujos de información es muy escaso. Lo cierto es que la mayoría de la gente en internet está repartida entre Instagram, Facebook, Twitter, TikTok y poco más. Creo que habría que introducir una legislación mucho más estricta que regulara su funcionamiento. Por ejemplo, necesitamos que las redes sociales sean mucho más transparentes en lo que respecta a los bots, a los perfiles falsos y a los discursos de odio que circulan.
En tercer lugar, es importante entender que existe una competencia muy fuerte por captar nuestra atención, tanto en las redes sociales como en los medios de comunicación. Y esto ha llevado a que en el ámbito periodístico profesional se utilicen estrategias muy cuestionables para captar esa atención. El periodismo ha perdido su voluntad de informar para poder captar clics.
Ariadna T., entrevista a Germán Llorca Abad: "Los bulos buscan predisponer a la gente a aceptar formas de gobierno más autoritarias", ctxt 05/09/2025

La paraula anemoia és relativament recent. Descriu un fenomen que fa referència a un temps o un lloc que hom mai no ha experimentat abans (a diferència de la nostàlgia, basada en el record, en experiències reals del passat). El concepte, creat per John Koenig, un escriptor que s’inventa paraules per descriure emocions complexes que no tenen un nom específic en els idiomes existents, apareix a la seva obra The Dictionary of Obscure Sorrows.
Els partits tradicionals continuen apel·lant a la nostàlgia: a les grans conquestes socials, a les lluites guanyades, a les utopies perdudes… Però la generació Z no hi va ser. Aquesta narrativa no forma part de les seves vides. Els resulta aliena, fins i tot impostada. En canvi, els nous populismes, especialment els d’extrema dreta, fan servir hàbilment l’anemoia: prometen un ordre anterior al desordre, una identitat sense fissures, una estabilitat emocional davant del caos. I ho fan amb un llenguatge visual, emocional i directe. Sense un programa real i objectiu, però amb un relat poderós que connecta i atrau.
En aquest context, la política (la comunicació política) falla quan no entén que el vincle emocional amb el futur està trencat. L’esquerra parla de justícia, però no connecta, no apel·la, no sona realista… La dreta radical ofereix pertinença, estètica i propòsit.
Els algoritmes amplifiquen el que encaixa en aquestes emocions sense arrels. D’aquesta manera, molts joves —sobretot homes— no voten per convicció, sinó per evasió. No busquen un model real, sinó un relat que els salvi del buit. La nostàlgia autoritària dels nois espanyols per Franco o la dels alemanys que s’emporten de Mallorca la samarreta 44 no és res més que una forma d’anemoia política: un passat nacional idealitzat que mai no van viure, però que se’ls presenta com a refugi davant la incertesa del present.
La pregunta ja no és com en recuperem el vot, sinó com reconstruïm un vincle emocional amb el futur. Potser la resposta és ressignificar l’anemoia: utilitzar-la no per tornar enrere, sinó per imaginar el que mai va ser, però encara pot ser. La política necessita tornar a emocionar… no des del record, sinó des de la invenció col·lectiva del futur.
Antoni Gutiérrez-Rubí, La nostalgia autoritaria atrapa els joves, Barcelona Metrópolis nº 136, Octubre 2025
Hasta el muy socarrón Voltaire tiene sus momentos de ternura. Aparecen en los pasajes más insospechados de su obra. Por ejemplo en el Diccionario filosófico. Aquí nos cuenta que Dios llevó a Zoroastro al infierno para que viera cómo eran castigados los malos reyes. Zoroastro observó que a uno de ellos le faltaba un pie y preguntó a qué se debía esta falta tan notable. Dios le contestó que ese rey había hecho una buena acción en toda su vida. Solo una. En una ocasión le acercó con el pie un poco de cebada a un pobre asno que se moría de hambre. Dios, compasivo, llevó al cielo el pie dignificado por el gesto caritativo del rey malvado y dejó en el infierno el resto de su cuerpo, que era insalvable. Conté ayer por la tarde esta historia en Vigo al comienzo de una charla a un grupo de estudiantes de magisterio. Al finalizar les pregunté si la recordaban. Me contestaron que sí. Les hice observar que ahí tenían la prueba de lo fácil que es recordar historias y les aconsejé que aprovecharan este recurso tan barato y eficaz que tenían continuamente a la mano.
12:36. Me cuenta @arauna_jorge que hay «una versión americana de esa historia: Benedict Arnold, general de Washington, se pasó a los británicos, traicionando la causa por la que había sido gravemente herido en la pierna. En 1887 se erigió un monumento a dicha extremidad por ser lo único noble en Arnold».

Resulta paradójico que en un momento histórico en el que ha disminuido el número de golpes de Estado y hay más cambios de gobierno que se realizan a través de las elecciones, aumentan los diagnósticos que anuncian la recesión de la democracia. La confianza en la democracia nunca había sido tan alta en Europa y no es cierto que se reduzca su apoyo entre las jóvenes generaciones. Y aunque disminuya el grado de aceptación con la democracia, eso no cuestiona una generalizada aceptación de su legitimidad como forma de gobierno. Se critican sus prestaciones, no su legitimidad.
La cantidad de teorías sobre la crisis de la democracia no es debida a que se prefiera otra cosa sino a que no responde a las expectativas que le dirigimos. En este sentido puede afirmarse que nuestra mayor exigencia es un signo de vitalidad democrática u la percepción de la crisis de la democracia es tan profunda porque hay una gran distancia entre lo que nos proporciona y lo que demandamos de ella. Y en ningún caso, ni entre los acomodados ni por parte de los más exigentes, se apela a un modelo alternativo; las críticas se mantienen en su marco de valores y principios que, lejos de estar en cuestión, han vencido frente a sus concurrentes.
Si los diagnósticos sobre la crisis de la democracia dependen de la concepción que se tiene de ella, también es diverso el modo de concebir su deterioro. A grandes rasgos, esos diagnósticos se dividen entre quienes la ven deteriorada por el hecho de que la gente no tiene el poder que debería tener y quienes piensan que la gente tiene demasiado poder, por exceso o por defecto, podríamos decir, por la incompetencia de las élites o por la irracionalidad de los electores (Innerarity, 2020). Los diagnósticos del primer tipo suelen describir procesos de desempoderamiento popular, ya sea por el poder de las élites, del capitalismo incompatible con la democracia o de los algoritmos. La propuestas lógicas de este campo suelen apuntar hacia una mayor participación y en la línea de una democracia deliberativa directa. En el grupo de quienes lamentan que la democracia sea demasiado directa se critica e mito del votante racional (Caplan, 2008; Bartels, 2008), la falta de competencia y responsabilidad de los electores (Archen/Bartels, 2016) o simplemente el hecho de que el votante medio carezca de la formación y los conocimientos necesarios, como dice Brennan, o son hobbits (ciudadanos con baja información, poco interés y deseo de participación) o hooligans (demasiada información y opiniones fuertes con muchos prejuicios) (2026),
Daniel Innerarity, Otra interpretación de la crisis de la democracia liberal, La maleta de Portbou 72, septiembre-octubre 2025
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| Daniel Innerarity |
Nos hemos acostumbrado a concebir nuestra época como el final de algo, su agotamiento o su desaparición. Junto al final de la modernidad, la historia, la verdad, desde hace tiempo se anuncia solemnemente el final de la democracia (...)
Algo se ha agotado definitivamente pero no hasta el punto de desaparecer de lo nuevo que somos incapaces de nombrar sin su ayuda. No habría democracia en las post-democracia, pero tampoco algo completamente distinto que pudiéramos nombrar con un término diferente del que empleábamos para referirnos a lo que ha desaparecido.
Forma parte de la naturaleza de la democracia una interminable discusión acerca de cuál es su naturaleza. Pocos conceptos son tan controvertidos como el de democracia.
Esta discusión se ha vuelto hoy especialmente confusa porque incluso los más declarados enemigos de la democracia hablan en su nombre. No hay complot contra la democracia que no se promueva para conseguir una verdadera democracia.
La distinción entre la democracia y su contrario ha dejado de ser operativa desde el momento en que todo el mundo apela a ella, incluidos quienes, según nuestra concepción, estarían intentando destruirla. Los actuales populismos de derechas se distinguen del fascismo clásico porque su retórica está llena de apelaciones a la democracia, de dodo similar a como el populismo de izquierda no defiende la dictadura del proletariado sino una democracia más real que surgiría de la superación del capitalismo. Piense uno lo que quiera de cada una de estas proclamas, pero la apelación casi universal a la democracia nos habla tanto de su éxito como de su banalización. Que la distinción entre demócratas y no demócratas se verifique hoy en el interior de la democracia es un problema y, al mismo tiempo, una consecuencia de la victoria sobre sus alternativas. La democracia ya no puede imaginar un otro totalitario como ocurría en tiempos de la rivalidad sistémica; ya no estabiliza en virtud de su contraposición a una alternativa por la sencilla razón de que no la hay. Vivimos hoy un período de enigmática inestabilidad democrática como consecuencia de su éxito.
La democracia implica una igualdad en cuanto a la legitimidad de intervenir en las decisiones públicas, pero la acusación de querer acabar con la democracia es un arma de exclusión demasiado poderosa, como lo es la tentación de deslegitimar al discrepante en nombre de la democracia
En cualquier caso, no es muy democrático presentar la propia posición ideológica como equivalente a la democracia y la del adversario como antidemocrática, aunque pueda ser útil para la competición electoral. Si hacemos caso a lo que nos dicen, en cada elección no se decide quién dirige el gobierno sino la supervivencia de la democracia. (...) El problema fundamental de la democracia no es tanto el representado por sus enemigos sino el hecho de que la hayamos diseñado de tal modo que, según nos dicen, esté permanentemente en trance de desaparecer.
La retórica política usa y abusa de la confrontación entre nosotros los demócratas y quienes no lo son, una apelación que moviliza y cosecha éxitos parciales pero que conduce a una concepción de la democracia que consistiría en imposibilitar el acceso de otros, lo que a su vez hace plausibles las razones democráticas de los excluidos; se les confiere así el atractivo de lo prohibido, de lo incorrecto, de lo nunca ensayado. ¿Cuánto tiempo vamos a estar reduciendo la política a impedir que gobiernen otros?
Por supuesto que hay quienes constituyen una auténtica amenaza para la democracia, pero deberíamos recibir con un cierto escepticismo a quienes se proclaman defensores de la democracia y señalan a sus enemigos. ¿De qué democracia se trata? ¿Acaso confundimos con demasiada frecuencia la democracia con la versión que de ella tenemos? El pluralismo de una sociedad democrática se traduce en un pluralismo en la manera de concebirla, de diagnósticos acerca de su crisis y propuestas para mejorarla.
Daniel Innerarity, Otra interpretación de la crisis de la democracia liberal, La maleta de Portbou 72, septiembre-octubre 2025
El término "nihilismo" suena un tanto gastado. Se ha escrito demasiado sobre el tema y cualquier carácter apremiante que pudo haber transmitido en tiempos se ha desvanecido por el uso abusivo que se ha hecho de él. El resultado es un vocablo contaminado por un exceso de tediosa familiaridad y nebulosa indeterminación. No obstante, pocos otros temas del debate filosófico tienen la capacidad de captar de forma tan inmediata la atención del público con escaso o nulo interés por los problemas de la filosofía como ese aserto del nihilismo que, en su formación más simplista, viene a decir que la vida carece de valor. La decisión de llevar a cabo la presente obra se vio espoleada por el convencimiento de que esta afirmación, en apariencia banal, contenía en realidad unas profundidades ocultas que los filósofos aún no habían sondeado, pese a la plétora de libros y artículos eruditos que se han escrito sobre el tema. Aunque el nihilismo ha dado lugar a una literatura cuya amplitud impresiona y en la que se incluyen varias obras de gran calado, de las que he extraído numerosas enseñanzas, la razón fundamental por la que he escrito este libro es la convicción de que había un aspecto de gran relevancia filosófica del que aún no se había hablado y que permanecía sepultado bajo las disquisiciones eruditas acerca de los orígenes históricos, las ramificaciones contemporáneas y las implicaciones a largo plazo del nihilismo. (...)
En primer lugar, y ante todo, no se trata al nihilismo como una enfermedad que requiera un diagnóstico y la recomendación de un antídoto. Pero tampoco se ensalza el pathos de la finitud como una suerte de baluarte frente a la arrogancia metafísica (Crithley, 1997), ni se celebra la indeterminación como una bienvenida liberación del opresivo universalismo del racionalismo ilustrado (Vattimo 1991 & 2004). Tampoco se pretende reafirmar la autoridad de la razón frente al escepticismo y el irracionalismo, ya sea defendiendo a Platón de los estragos provocados por el existencialismo heideggeriano (Rosen 2000) o al hegelianismo de los golpes y las flechas del posestructuralismo francés (Rose 1984). Por último, no intenta ofrecer una genealogía conceptual del nihilismo (Cunningham 2002), una prehistoria crítica de su problemática (Gillespie 1996), ni una perspectiva sinóptica de sus diversas ramificaciones en la filosofía y la literatura de los siglos diecinueve y veinte (Souche-Dagues 1996).
Dos son las premisas básicas en las que se sustenta este libro. En primer lugar, la idea de que el desencantamiento del mundo, entendido como una consecuencia del proceso por medio del cual la Ilustración hizo añicos "la gran cadena del ser" y desfiguró el "libro del mundo", es una consecuencia ineludible de la deslumbrante potencia de la razón y, por ello mismo, representa un estimulante vector para el descubrimiento intelectual en lugar de un empobrecimiento catastrófico. (...) El desencantamiento del mundo merece ser celebrado como un triunfo de la madurez intelectual, no lamentado como un empobrecimiento debilitante. La segunda premisa básica de este libro es que, contrariamente a lo que Jacobi y tantos filósofos desde entonces han señalado, el nihilismo no es una exacerbación patológica del subjetivismo que lleva a la anulación del mundo y a reducir la realidad a un correlato del ego absoluto, sino, más bien, el corolario inevitable de la convicción realista de que existe una realidad independiente de la mente que, pese a las presunciones del narcisismo humano, se muestra indiferente a nuestra existencia y ajena a los "valores" y "significados" con los que la revestimos para que nos resulte más acogedora. La naturaleza no es nuestro "hogar" ni el de ninguna otra criatura, y ni siquiera puede decirse que sea una progenitora especialmente bondadosa. Los filósofos harían bien en desistir de seguir pronunciando mandatos sobre la necesidad de restablecer la significatividad de la existencia, el sentido de la vida o la concordia rota entre el ser humano y la naturaleza. La filosofía debería ser algo más que un simple bálsamo para aliviar el patético dolor de una autoestima humana herida. El nihilismo no es un dilema existencial sino una oportunidad especulativa. El pensamiento tiene intereses que no coinciden con los de la vida; de hecho, pueden, y así ha ocurrido a menudo, contraponerse a los de esta. (15-17)
Ray Brassier, Nihil Desencadenado. Ilustración y extinción, Segovia, Materia Oscura Editorial 2017
Llego con la lengua afuera a una conferencia. Sudoroso y desaliñado, jadeante. Me encuentro a mi querido publico, un grupo de encantadoras monjas de algo más que mediana edad, rezando por mí. Una de las monjas especifica: «Rezábamos para que no se lo pasase mal, porque sabemos lo que se sufre cuando se llega tarde». Me han enternecido. Para que yo no me lo pasase mal han revuelto el cielo con sus oraciones. Me apunto el hecho, que pasa a ser uno de los momentos culminantes de mi vida. Recuerdo esto en una «casa mariñeira» de Aldán, en Pontevedra. Galicia es el trampolín de España.
Què és més transcendent, el que feia Sòcrates o el que feia la seva mare?
Este artículo fue originalmente publicado por el autor en El Periódico Extremadura.
Toda sociedad necesita referentes
personales: valores encarnados en personas más o menos reales que simbolicen
los valores que la comunidad comparte. En las sociedades guerreras es el héroe aristocrático,
en las teocracias son los santos y profetas, y en las tiranías la figura
paternal del rey o el «amado líder» … ¿Pero y en las democracias? ¿Cuál o cuáles son los referentes
humanos en una sociedad democrática?
A diferencia de las viejas aristocracias, las teocracias o los regímenes totalitarios, las sociedades libres y plurales generan (como debe ser) una ingente cantidad de referentes morales: deportistas, millonarios, famosos, artistas, comunicadores, filántropos, hombres de ciencia, intelectuales, filósofos… Pero, pese a esa gran variedad, ninguno de estos tipos encarna por sí mismo los ideales democráticos. Repárese en que ni la competición deportiva, ni el mercado, ni el arte, ni la fama o la ciencia dependen para su desenvolvimiento de reglas o valores democráticos. Tampoco el intelectual o el filósofo representa un modelo del todo adecuado. Es cierto que la filosofía es una actividad enraizada con la democracia (no solo por su origen histórico, sino por su naturaleza apegada al diálogo, la crítica o la reflexión sobre valores), pero el compromiso con la verdad del filósofo es incompatible con una concepción democrática de la justicia fundada, en último término, en la opinión y la fuerza («tal cosa es justa – se establece democráticamente – porque, tengamos o no razón, somos más los que opinamos así»).
¿Quién ha de ser, entonces, el principal referente moral de una sociedad democrática? La respuesta es esta: el político. O mejor, cierto tipo de político. Aquel que, justamente, no se comporta más que como político (no como competidor “sportivo” por el poder, no como aspirante a millonario, no como esclavo del foco mediático, no como simple tecnócrata…). Si hubiera que ser más preciso, diríamos que el ideal de político democrático es el de aquel que se asemeja al filósofo sin serlo del todo (esto es: sin anteponer el compromiso con la verdad universal al interés y la opinión de la mayoría). Su carácter habría de ejemplificar, pues, las virtudes del filósofo (la modestia socrática, el diálogo crítico, la prudencia en el uso de los medios, cierta firmeza en la consideración de los fines, la visión holística de las cosas, el interés por lo humano, la reflexión, la autocrítica, etc.), pero puestas al servicio de las opiniones y la conciliación de intereses de una comunidad concreta. Tal vez Fernández Vara fuera, con sus aciertos y errores, una buena aproximación a este modelo político.
Lo que está claro es que sin una personificación adecuada de las virtudes filosófico-políticas que distinguen a la democracia de la tiranía, nuestras comunidades quedan a merced del mar de fondo que son las luchas entre clanes, la polarización cainita y, consecuentemente, la entrega final a un autócrata que imponga la paz y el orden; aunque sea a costa de aplastar a otros o de sacrificar una libertad que empiece a ser entendida más como fuente de problemas que como un principio político irrenunciable.
Alguien, no sé con qué fundamento, ni me importa, aseguró que para perder peso, caminar 10.000 pasos diarios es mano de santo. Ya sé que la teoría tiene sus críticos, pero los que hemos depositado nuestra fe en ella, seguimos confiados en que la fe reduzca cinturas. El reto tiene su intríngulis, porque es raro el día en el que, al caer la tarde, has llegado a la meta, así que, para no avergonzarte de ti mismo delante de tu familia, sales a la calle a cumplir con tu fe. Al principio vas a lo que vas, poniendo voluntad en cada paso, pero poco a poco te das cuenta de que no estás solo en este empeño. Hay otras personas que, como tú, deambulan un poco erráticamente por las calles del pueblo sin otro norte que el reloj que nos va marcando el destino. Turistas involuntarios en un pueblo que nos conocemos de memoria, nos envuelve una cierta atmósfera de espías jubilados, que se refuerza cuando nos cruzamos y nos saludamos con gestos sutiles, pero reconocibles para los iniciados. Los que van más acelerados son los que ya están de vuelta y saben que en el trecho que les falta hasta llegar a casa culminarán la meta. Los más melancólicos (y aun pesarosos) son los que llevan a rastras unos números rojos de más de 4.000 pasos y no hacen (hacemos) más que mirar al reloj a ver si se acelera el tiempo y nos liquida la deuda.
Me han llamado mucho la atención los datos del reciente informe TALIS sobre la educación española. Por una parte, parece que vivamos en una situación idílica:
- La satisfacción profesional es enorme. En secundaria están satisfechos con su trabajo el 95% de los docentes. Somos uno de los países con más satisfacción profesional. Lo mismo podemos decir de la confianza que nuestros profesores tienen en sus propias capacidades.
- La inmensísima mayoría de los profesores tiene en cuenta los conocimientos previos de los alumnos y adapta los métodos a sus necesidades educativas. Además se percibe altamente competente en el ámbito socioemocional.
Pero, por otra parte:
- 6 de cada 7 docentes de educación secundaria tiene que recordar en todas o en la mayoría de las clases las normas de convivencia y pedir al alumnado que atienda.
- El 29 % del profesorado de secundaria y el 24 % del de primaria percibe un ambiente ruidoso o desordenado en las aulas, siendo mayor que la media internacional.
- El 29 % del profesorado de secundaria y el 26 % de primaria declara perder mucho tiempo en clase. La interrupción del ritmo de la enseñanza es mayor que en la media internacional. Muchos estudiantes no empiezan a trabajar hasta mucho después de que comience la clase.
- El 50% del profesorado se encuentra estresado por la indisciplina. Los que más padecen el estrés son los docentes noveles.
El informe afirma también que en la OCDE hay dos estilos docentes diferenciados: uno más estructurado y directivo, centrado en la claridad de objetivos y contenidos, y otro más activo y abierto, orientado al pensamiento crítico y la autonomía del alumnado. El primero predomina en la OCDE (9 de cada 10 docentes). En España es mayor la implantación de metodologías activas. Es uno de los países con mayor implantación de las metodologías activas. 4 de cada 10 profesores emplea la metodología por proyectos.
Me limito a recoger los datos. Las conclusiones, se las cedo a quien quiera deducirlas.

‘En busca de lo real perdido’ es un pequeño libro de Alain Badiou en el que trata de identificar lo ‘real’ y su semblanza en el devenir del presente desde finales del siglo XX (semblanza entendida como máscara, también como entendía Platón a la caverna). En ese orden de la percepción, explica, lo real es el capitalismo y su semblanza -su máscara- el sistema democrático.
Desarrolla que el sistema económico reiteradamente falla para la vida humana: colapsos, crisis, guerras, invasiones, desabastecimiento, pobreza, y un largo etc. Pero algo, contra toda lógica, nos incapacita para descartarlo. Produce una ficción -la máscara- que se hace pasar por lo real. Esta ficción se convierte en un encantamiento paralizante: el sistema democrático que se despliega en nuestras vidas. De tal manera qué, cuando pensamos en meter mano para mejorar la vida de las personas y el ecosistema, lo solemos hacer interviniendo sobre la ficción, no sobre lo ‘real’. El sistema económico no cubre las expectativas de emancipación y a través de una pantalla distractora nos impide pensar otras alternativas. El resultado es que ponemos la energía en mejorar el sistema democrático.
Badiou expresa que lo real siempre se impone sobre su máscara. Siempre se manifiesta. Con la definición da pistas de dónde encontrar lo real.
Hoy el mundo se ha vuelto impredecible y peligroso. Aupados por sistemas democráticos bien engrasados Trump, Netanyahu, Milei, y otras ultraderechas están definiendo la vida y la muerte de muchísimas personas. En este país Vox ha ganado mucho terreno y la posibilidad de que participe en una futura coalición de gobierno es muy real. Eran los albores de Berlusconi cuando Pasolini pensaba que ese era el único fascismo al que nos enfrentaríamos, el del espectáculo, el consumo y el bunga-bunga. Pero atrás venía este otro y sí es real, el que definió como ‘fascismo arqueológico’. Aupados por sistemas democráticos bien engrasados, insisto.
Para entender lo que está pasando propongo la posibilidad de que lo real se esté manifestando, se esté abriendo paso y esté resquebrajando todo lo que encuentra. La precariedad. La falta de vivienda. La falta de trabajo. la desigualdad. El sistema de subcontratación laboral implantado en todos los rincones de nuestras sociedades. La judicialización de las protestas de trabajadores. La incertidumbre como forma de vida.
Es posible que quien esté mirando lo real de frente sea la ultraderecha, que sí vea la incapacidad que ha tenido el sistema democrático para responder ante las necesidades de las personas, pero no lo mire para transformarlo en un mundo más equitativo y justo. No para construir un sistema que procure una vida digna y emancipada para todas las personas. Más bien para crear una nueva ficción aún más restrictiva, más injusta, dejando de lado la vida de muchas personas, incluso procurando la muerte de muchas otras.
Podemos obviarlo, negarlo, esconder bajo la alfombra a lo real. Discurrir sobre su semblanza, su ficción, su máscara. Abordar lo real como si se tratase de un simple dilema moral que espera nuestro veredicto - bueno o malo - estamos de acuerdo o en desacuerdo con lo que sucede, no hará que deje de existir. Tampoco impedirá que las cosas que perjudican a las personas repercutan e impacten en la sociedad completa.
Los problemas que nos aquejan se escapan de las manos de un sistema de convivencia que es insuficiente y que está determinado por dinámicas externas - ajenas al propio sistema de convivencia – como por ejemplo los fondos buitre. Dejar tiradas a generaciones de jóvenes sin darles espacio para desarrollarse, para vivir, decirles que el problema de la vivienda no tiene solución, pensar incluso que el problema no tiene solución, es como mirar las sombras dentro de la cueva y creer que ese es el mundo. Mientras tanto, tal vez afuera, una manada de mamuts se acerca enfurecida y van a aplastarnos.
Mercedes Moncada, ¿Quién quiere bailar con lo real?, elsaltodiario.com 27/09/2025

Con las redes sociales surgen espacios públicos de libre acceso que invitan a todos los usuarios a una intervención espontánea y no sometida a escrutinio, espacios que, por cierto, desde hace tiempo seducen a los políticos para ejercer una abrupta influencia personalizada sobre una esfera pública plebiscitaria. La infraestructura de esta “esfera pública” plebiscitaria, desprovista de clics de aprobación y desaprobación, es de naturaleza técnica y económica. Pero, en principio, todos los usuarios exentos en cierta medida de las condiciones de admisión de la esfera pública editorial y, desde su punto de vista, liberados de la “censura”, pueden dirigirse a un público anónimo en estos espacios mediáticos de libre acceso e intentar ganar su aprobación. Estos espacios parecen adquirir una intimidad extrañamente anónima: según los criterios anteriores, no pueden considerarse ni públicos ni privados, sino más bien como una esfera de comunicación reservada hasta entonces a la correspondencia privada, que se ve elevada ahora a la categoría de esfera pública.
Hemos dejado de ser metafísicos para caer, de lleno, en la metapsíquica. Del «¿Qué es esto?» hemos pasado tan ricamente al «¿Cómo me siento ante esto?» Ya no comemos, sino que tenemos experiencias gastronómicas y ya no salimos a la calle a mostrar nuestras virtudes, sino nuestras heridas. Ya no juzgamos a nadie por su comportamiento sino por los traumas que han provocado su comportamiento, por todo el amor que le debemos. Ser es sentir o ser sentido. El dolor ajeno selectivo es la medida de nuestra conciencia. Más que pensar nos gusta sentir o, en todo caso, pensar sintiendo. En las escuelas consideran que la educación socioemocional es más importante que la instrucción matemática, a pesar de que con esta última sabemos de que hablamos. Hay dos clases de personas: la de quienes quieren ser felices y la de quienes saben lo que quieren. la primera va escapada.
«Hay almas tan buenas, tan buenas, hay personas tan piadosas y caritativas, que el día en que no quedara en el mundo desgracias que socorrer e injusticias que reparar, la existencia les parecería baldía y desprovista de sentido». Esta contundente afirmación, que comparto plenamente, es de un artículo de Julio Camba escrito en 1934. Suena áspero decir que el dolor tiene muchos partidarios, pero a los hechos me remito. Lo curioso es que habiendo tantos dolores en el mundo, parece que solo somos capaces de encararlos de uno en uno. Dos a la vez sería demasiado, porque estaríamos restando visibilidad al que nos parece más importante y ahora lo importante es dar visibilidad al dolor, cediendo a la sombras los dolores que laceren menos nuestra buena conciencia. La moral es una cuestión de gestión de los protagonismos en el espectáculo del dolor y, sin protagonismos, nos sentimos moralmente huérfanos. No hay causa válida si no le podemos entregar a ella, y solo a ella, todo nuestro entusiasmo. El comunismo había resuelto el problema fundiendo todas las causas en una única Gran Causa, la de la revolución. El poscomunismo ha de vérselas con causas fragmentarias. ¡Díganselo, si no, a nuestros intelectuales. Richard Rorty lo vio muy bien cuando escribió: «Pero ahora no podemos seguir siendo leninistas y debemos enfrentar algunas cuestiones que el leninismo nos ayudaba a eludir: ¿estamos más interesados en aliviar la miseria o en crear un mundo en el que los intelectuales fueran los guardianes del bienestar público?» (en Los intelectuales y el fin del socialismo).

... no todos los tipos de amor afectan al cerebro de la misma manera. Lo que se produce es como un degradado en la actividad cerebral, es decir, vamos de más a menos actividad cerebral según se trate de relaciones que implican mayor intimidad o cercanía. A medida que disminuye la cercanía, la respuesta del cerebro también se reduce.
Es importante señalar que no existe una única área del cerebro relacionada con el amor, lo que quiere decir que no podemos situar el amor en una zona concreta de nuestras cabezas. Esto es algo general en la neurociencia actual que huye de aquellos intentos por asociar un área cerebral concreta a cada función. De lo que hablamos ahora es de redes dinámicas interconectadas.
Y en ese sentido, el artículo del que te hablo refleja que, de manera general, todos los tipos de amor activan el sistema de recompensa en el cerebro. Es decir, aquel que se pone en marcha cuando algo te proporciona un beneficio. Este sistema incluye áreas subcorticales, circuitos de motivación y la red de saliencia, que está relacionada con la prioridad que le damos a distintos estímulos y a qué prestamos atención. Y el otro gran grupo de redes que se activan en el amor son las de la cognición social, porque al final el amor no deja de ser un vínculo, algo social.
Dentro de la cognición social, se habla de tres redes. Una de ellas es la de atención corporalizada, relacionada con nuestra capacidad de entender las intenciones y comportamientos de otras personas a través del cuerpo, generalmente asociada con el sistema de neuronas espejo, que es el que nos da los modelos corporales preexistentes por los cuales podemos anticipar o sentir lo que otra persona está sintiendo. Otra red implicada en la cognición social es la que participa en la empatía y la última, es la red de mentalización o de la teoría de la mente, involucrada en la interpretación de la conducta, tanto la propia como la ajena y que nos permite ponernos en el lugar de la otra persona.
Así que en el amor general, en todos los tipos de amor, se activa el sistema de recompensa (áreas subcorticales, red de saliencia y motivación) y el sistema de cognición social (atención corporalizada, empatía y mentalización). Lo que también observaron en esta investigación es que cuanto más lejano es el vínculo, la actividad cerebral de esas áreas va perdiendo peso. Es decir, a mayor cercanía e intimidad con la persona, mayor activación cerebral y a menor vínculo, menos activación.
... algunas áreas cerebrales se activan únicamente en los amores interpersonales. Con estos tipos de amor, se activan también zonas del tronco encefálico (la parte del cerebro que conecta directamente con la médula espinal). Y, particularmente, el amor parental y el amor romántico son los únicos tipos que aumentan la actividad en el cerebelo, situado a la altura de la nuca.
En cambio, en los amores que no son interpersonales (mascotas y naturaleza), las redes implicadas en la cognición social no se activan, excepto en las personas que tienen mascotas. En estas personas, sí se registra actividad cerebral en una de las zonas que es llave maestra de la cognición social, la unión temporoparietal, lo que sugiere que el vínculo con su mascota puede generar una respuesta cerebral similar a la de los vínculos humanos.
Ana Belén López-Rodríguez, ¿Qué cambios provoca el amor?, El País 04/10/2025

La red digital se ha convertido, en apenas una generación, en la plaza pública más influyente, privatizada y omnipresente de la era contemporánea. No fue hasta la aparición del iPhone, en 2008 —y la explosión imparable de los smartphones en 2009— cuando las redes sociales consolidaron su lugar indiscutible en el bolsillo de cada ciudadano y en la mente de cada adolescente. Hoy, no solo constituyen la vía de socialización dominante entre adolescentes y jóvenes; también han rediseñado la forma en la que millones de personas se informan, se expresan y se relacionan desde la segunda década del siglo XXI.
La adicción que provoca esta nueva ágora digital no es casual, ni un efecto secundario inadvertido. Por el contrario, es resultado de dos dinámicas bien estudiadas y profundamente entrelazadas. Primera, la mercantilización y monetización total de los datos personales compartidos, el oro blanco, la materia prima más valiosa del siglo XXI, por su utilidad para la publicidad comercial, la propaganda política y el entrenamiento incesante de las inteligencias artificiales. La inquietud principal reside en que este espacio virtual, en el que una buena parte de la juventud pasa entre 6 y 8 horas al día, está monopolizado por un puñado de megacorporaciones estadounidenses (Google, Amazon, Apple y Microsoft), que, lejos de ser simplemente servicios neutros, imponen sus reglas y códigos en el tablero global, creando una esfera de información y comunicación comparativamente más atractiva que la ya declinante prensa, radio o televisión tradicionales.
El segundo motor del fenómeno es la sorprendente eficacia de la comunicación digital como ingenieros del deseo. Las redes sociales emplean inteligencia artificial y vastos archivos de datos para crear perfiles psicológicos detallados y completos de cada usuario, lo que les permite identificar y explotar los aspectos más vulnerables de su personalidad: deseos, miedos, debilidades, sueños y propósitos, tanto conscientes como subconscientes. El algoritmo no descansa: aprende de cada clic y cada gesto, su objetivo real no es el bienestar del usuario sino maximizar el tiempo que este pasa ante la pantalla. El resultado: cuanto mejor te conocen, más te controlan, utilizando tus propios datos, incluso, en tu contra.
Siendo tan determinantes en la vida actual de los ciudadanos de todo el mundo, me parece imprescindible analizar su naturaleza, sentido y funcionamiento. Dos son a mi entender los componentes más sustanciales y mutuamente interdependientes de esta gramática digital: una sintaxis adictiva y una semántica ultraliberal e invisible, cuidadosamente diseñadas y alimentadas para atrapar a los usuarios en aras del mayor beneficio económico de sus propietarios.
Una sintaxis adictiva de la recompensa inmediata. La fórmula de su éxito no es casual, se apoya en el conocimiento de que la conducta humana más básica se moldea por sus consecuencias, por las recompensas. Las redes sociales operan como una inmensa “caja de Skinner digital”, donde likes, selfies, emoticonosy scroll infinito actúan como reforzadores conductuales, aprovechando la naturaleza adictiva de la validación social instantánea. Con este propósito, las redes deben explotar una interacción dominada por la espectacularidad, la brevedad, la velocidad y la primacía audiovisual para atrapar, sorprender y conmover. Así, la comunicación en redes se nutre cada vez más de eslóganes simples y atractivos, junto con creaciones audiovisuales breves, espectaculares y contundentes.
Otra de las características más relevantes de esta sintaxis pegajosa es la distracción constante, causada por notificaciones, sonidos, luces y alarmas, que inunda el entorno y los dispositivos, debilitando nuestra capacidad de concentración, pensamiento reposado y diálogo atento. Mención especial merece el scroll -desplazamiento- infinito, que representa un bucle interminable de consumo cautivador. Su creador, Ada Raskin, llegó a lamentar los efectos de su invención, calificándolo como auténtica “cocaína conductual”, por su poderoso potencial para activar la dopamina y generar hábito y dependencia. El scroll infinito supone, con facilidad, el enganche sin fin a una cámara estanca que solo devuelve el propio eco.
Ángel I. Pérez, La gramática digital: secuestro de la atención y manipulación del deseo, El País 30/09/2025

En la cronología de la posverdad suele repetirse como episodio inaugural la célebre rueda de prensa del 22 de enero de 2017. Kellyanne Conway, portavoz del presidente Trump —acorralada frente a una mentira flagrante— contestó que ella no mentía, sino que ofrecía “hechos alternativos” (alternative facts). No se trataba de un lapsus linguae. Unas horas antes, cuando en la ceremonia de toma de posesión se había puesto a llover, el propio Trump había replicado con sencillez: “No llueve”. El hombre más poderoso del mundo decía que no llovía bajo la lluvia y miles de personas que se habían cobijado bajo los paraguas empezaron a cerrarlos, lo que reveló una lealtad que ya no provenía de la convicción, sino de algo más siniestro: la rendición. Nacía la era de la posverdad.
La posverdad, no es (solo) un problema de desinformación subsanable a través del fact checking o de la restauración de la figura del “experto”, sino un desmantelamiento del espacio público que impide el debate y, con él, el consenso. Lo que es necesario restaurar no es tanto “la verdad” como un espacio en el que sea posible emitir juicios, es decir, pensar, hacer política.
Andrés Barba, 'El fin del mundo común': contra la tiranía de la verdad, El País 03/10/2025

El tecnocesarismo es un fenómeno estructural, un gran impulso para un cambio de régimen. Lo interesante es que une a dos categorías distintas. Por un lado, están los líderes populistas nacionales como Donald Trump o Nayib Bukele, figuras que parecen premodernas. Para entenderlos no sirve la ciencia política de las últimas décadas, sino los clásicos romanos como Tácito o Suetonio. Representan una cara antigua del poder: fuerza bruta, agresión y valores tradicionales. Lo novedoso es que su ascenso es posible gracias a una nueva arena, el espacio digital, y a sus actores: los señores de la tecnología. Ellos, en cambio, son posmodernos, incluso poshumanos.
Ambos grupos tienen una convergencia natural: quieren acabar con las viejas élites y no someterse a ninguna regla que los limite. Son insurgentes que buscan «ir rápido y romper cosas», como rezaba el primer lema de Facebook. Ahora es más obvio que antes, como vemos con Elon Musk participando en reuniones de extrema derecha. Lo que tienen en común es su odio al sistema, a la democracia liberal y sus límites, a las élites políticas, a los medios tradicionales y a las viejas formas de autoridad. Por eso existe una gran convergencia entre esta élite premoderna y la posmoderna.
Solo necesitan coincidir en que su momento ha llegado y en que quieren acabar con el sistema actual. Y en eso están de acuerdo. La síntesis posterior es difícil, pero alguien como el vicepresidente J.D. Vance podría ser la encarnación de esa fusión: proviene de un entorno obrero y humilde del Medio Oeste y, al mismo tiempo, es un hombre de la industria tecnológica.
Lo que está sucediendo ahora es un proceso a largo plazo: la cotidianidad de nuestras vidas se está trasladando progresivamente a la esfera digital. Se ha convertido en la interfaz global con la que nos relacionamos con el mundo, con los demás e incluso con nosotros mismos. El problema es que nuestra vida pública abandona así un entorno regulado y democrático para entrar en un espacio sin reglas. Por eso lo llamo una «Somalia digital»: es como un estado fallido donde solo los señores de la guerra imponen la ley en función de su poder. La IA es simplemente una aceleración de este proceso, lo hace todo más potente. Por tanto, un «invierno» o una desaceleración en su desarrollo sería algo natural dentro del ciclo tecnológico, pero no alteraría esta tendencia de fondo.
La herramienta de líderes como Trump, en cambio, es lo que yo llamo el milagro político. Su argumento se dirige a la gente que cree que el sistema está bloqueado y que nada cambia, votes a quien votes. En teología, un milagro es Dios eludiendo las leyes de la naturaleza para producir un resultado. El milagro político es el líder rompiendo las reglas para, supuestamente, obtener resultados: imponer aranceles para recuperar la industria, deportar inmigrantes, etc. Es un argumento muy poderoso, amplificado por el entorno digital, y la reacción en su contra, por ahora, es políticamente muy débil.
La idea, consciente o inconsciente, pasa por cambiar la forma en que se gobiernan nuestras sociedades, obviar los controles y equilibrios de la democracia liberal y avanzar hacia, digamos, una democracia iliberal. Y posiblemente incluso algo que ya no sea una democracia en el futuro.
...hay que recordar lo que decía Keynes: lo que sucede no es lo inevitable, sino lo imprevisto. La política es volátil y, por tanto, es absolutamente posible ganar, especialmente frente a alguien como Trump. A pesar de ser un animal de poder al que no hay que subestimar, tiene fragilidades evidentes: es corrupto, genera contratiempos constantes y obtuvo malos resultados con una economía fuerte. No es invencible. Pero para ganarle hay que «hacer política». El problema, que también afecta a los políticos europeos, es esa cultura del «partido de los abogados» que cree que se gana con diapositivas de PowerPoint o invocando a los jueces. No se gana así: hay que abordar los problemas reales de la gente y ser político, algo que no veo mucho por ahora. Finalmente, y esto es clave sobre todo para los europeos, necesitamos regular la esfera digital. Debemos imponer las reglas de nuestra democracia a ese espacio para que deje de ser una «Somalia digital» y se convierta en una arena que también nos pueda unir, no solo polarizar. Es técnicamente factible; solo se necesita la fuerza política para llevarlo a cabo.
Daniel Arjona, entrevista a Giuliano Da Empoli: "Los populistas como Trump y los magnates como Musk comparten su odio al sistema ...", elmundo.es 01/10/2025
Ayer mantuve un debate interesante con el claustro de profesores de un centro concertado de Barcelona. El director me mostró con orgullo las listas que habían confeccionado con el vocabulario habitual de los alumnos y me explicó cómo lo trabajaban en los diferentes ciclos, dando por supuesto mi aplauso. Estas situaciones en las que unos profesores me enseñan, ufanos, el fruto de un largo trabajo que, sin embargo a mí me parece poco consistente, son difíciles de encarar sin provocar algún gesto de decepción, pero... ¡qué le vamos a hacer! Al director de este centro le repliqué que está bien reforzar el vocabulario habitual del alumno, pero que estaría mucho mejor que le enseñase el inhabitual. El primero, el habitual, lo encierra en sus círculos sociales cotidianos, mientras que el inhabitual le muestra lo que hay más allá de su familia y de su barrio y, por lo tanto le proporciona el mapa de un país desconocido. A mi modo de ver, precisamente para esto está la escuela.

La gent és intel·ligent. Ens anomenem Homo sapiens per una raó. La gent és prou intel·ligent per esbrinar com anar a la lluna. Aleshores, per què una petita minoria de persones decideix creure que no hem anat a la lluna, o coses estúpides com que la Terra és plana, que les vacunes no funcionen, que tot allò amb què no estan d'acord (com els resultats de les eleccions) és fals, etc.
Sens dubte, hi ha motivacions polítiques darrere d'aquestes creences falses , però, majoritàriament, la gent creu coses equivocades i estúpides no perquè sigui estúpida sinó perquè és mandrosa. Normalment pensem que la gent és mandrosa en el sentit físic: massa mandrosa per aixecar-se i fer alguna cosa. La gent té capacitats físiques que tria ser massa mandrosa per utilitzar, però també té capacitats mentals que tria ser massa mandrosa per utilitzar. El pensament mandrós és un problema massa comú.
Una de les raons per les quals la gent accepta històries de la conspiració és que cauen en el pensament mandrós. També he escrit recentment sobre el pensament mandrós polític i el desig de tergiversar les coses per adaptar-les a les pròpies preferències . Una de les raons per les quals la gent es nega a acceptar veritats contràries als seus desitjos és el pensament mandrós: és més fàcil negar els fets que haver de pensar en com ajustar el propi pensament per fer front a aquests fets.
Les persones que cauen en la mandra de pensar estan evadint la seva responsabilitat personal. Deixen que altres persones pensin per elles i són massa mandroses per mirar els fets que les envolten. Dedicar l'esforç de pensar a fons en les afirmacions d'una història de conspiració (política o no política) dissiparia la creença en les afirmacions falses d'aquesta història.
És responsabilitat de tothom pensar deliberadament. Un s'ho deu a un mateix i a tothom. El pensament gandul és una temptació, i és fàcil justificar-se'n. De la mateixa manera que és més fàcil destruir que crear, és més fàcil evitar la pròpia responsabilitat i, per dir-ho d'alguna manera, cremar les proves que ens envolten i acceptar creences estúpides i errònies. Quant dels problemes de la societat provenen del pensament gandul?
No tot el pensament mandrós és intolerant, però totes les creences intolerants són pensament mandrós.
Douglas Giles, La gent no és estúpida, son pensados ganduls, Insert Philosophy Here 02/10/2025

Com vaig escriure en un article recent , l'actual moviment populista difereix de les manifestacions anteriors de la política de dretes perquè no es defineix per una ideologia econòmica o política clara, sinó més aviat per un pensament conspiratori. L'essència del populisme contemporani és la creença que l'evidència de la realitat que ens envolta és falsa i que està sent manipulada per elits en l'ombra que mouen els fils entre bastidors.
Les teories de la conspiració sempre han format part de la política de dretes als Estats Units. Però les teories de la conspiració actuals són increïblement extravagants, com la creença de QAnon que els demòcrates operen túnels secrets sota Washington DC i beuen la sang de nens petits. La gent culta prefereix criticar les polítiques comercials de Trump que les seves connexions amb Jeffrey Epstein, i tot i així aquest últim l'ha perseguit sense descans durant diversos mesos (tot i que aquí tenim el cas d'una conspiració real per encobrir aquesta connexió).
Això és el que em porta a pensar que les xarxes socials, és l'únic factor que destaca per sobre dels altres com a principal explicació dels nostres problemes actuals. En termes generals, Internet va eliminar els intermediaris, els mitjans de comunicació tradicionals, les editorials, les cadenes de televisió i ràdio, els diaris, les revistes i altres canals pels quals la gent rebia informació en períodes anteriors. Allà pels anys noranta, quan Internet es va privatitzar per primera vegada, això es va celebrar: qualsevol podia convertir-se en el seu propi editor i dir el que volgués en línia. I això és exactament el que van fer, ja que tots els filtres que existien anteriorment per controlar la qualitat de la informació van desaparèixer. Això va precipitar i va ser un efecte de la pèrdua general de confiança en tot tipus d'institucions que es va produir en aquest període.
El fet de connectar-se a Internet va crear un univers paral·lel que tenia alguna relació amb el món experimentat físicament, però que en altres casos podia existir completament ortogonalment a aquest. Mentre que abans la "veritat" estava certificada de manera imperfecta per institucions com ara revistes científiques, mitjans de comunicació tradicionals amb estàndards de responsabilitat periodística, tribunals i descobriment legal, institucions educatives i organitzacions de recerca, l'estàndard de veritat va començar a gravitar en canvi cap al nombre de "m'agrada" i comparticions que rebia una publicació en particular. Les grans plataformes tecnològiques que perseguien el seu propi interès comercial van crear un ecosistema que recompensava el sensacionalisme i el contingut disruptiu, i els seus algoritmes de recomanació, actuant de nou en interès de la maximització dels beneficis, guiaven les persones a fonts que mai s'haurien pres seriosament en temps anteriors. A més, la velocitat amb què els mems i el contingut de baixa qualitat podien viatjar va augmentar dràsticament, així com l'abast de qualsevol informació en particular. Anteriorment, un diari o una revista important podia arribar potser a un milió de lectors, generalment en una sola àrea geogràfica; avui dia, un influencer individual pot arribar a centenars de milions de seguidors sense tenir en compte la geografia.
Finalment, tal com ha explicat Renee DiResta al seu llibre Invisible Rulers , hi ha una dinàmica interna a les publicacions en línia que explica l'auge de les opinions i els materials extremistes. Els influencers són impulsats pel seu públic a buscar contingut sensacionalista. La moneda d'Internet és l'atenció, i no s'aconsegueix atenció sent sobri, reflexiu, informatiu o judiciós.
Res il·lustra millor el paper central d'Internet que la difusió del moviment antivacunes i la investidura de Robert F. Kennedy, Jr. com a secretari de Salut i Serveis Humans de Trump. Les diverses afirmacions de Kennedy sobre els perills de les vacunes no només són falses; també són activament perilloses, perquè convencen els pares que no donin vacunes que salven vides als seus fills. És difícil connectar l'oposició a les vacunes amb cap mena d'ideologia conservadora coherent; de fet, en períodes anteriors, els conservadors haurien acollit amb satisfacció la innovació i els beneficis que conferien les vacunes. Va ser Internet el que va facilitar el que es va convertir en una vasta xarxa d'escèptics de les vacunes. Cap nombre d'estudis científics empírics va poder superar el desig de moltes persones que volien creure que hi havia forces del mal a la societat americana que impulsaven coses que els eren perjudicials, i van veure abundant confirmació de les seves opinions a Internet.
Francis Fukuyama, És internet, estúpid, Persuasion 02/10/2025

Donem forma a les nostres eines, i després les eines ens donen forma a nosaltres.
Marshall McLuhan
En 1964 Marshall McLuhan va introduir la famosa frase "el mitjà és el missatge", postulant que la forma d'un mitjà s'integra en el missatge, influint així en com el missatge és percebut i entès per la societat. L'exploració dels mitjans de comunicació de McLuhan es va centrar especialment en la transició dels mitjans impresos als electrònics, que segons ell van marcar un canvi significatiu en els valors culturals i les estructures socials, comparable a la transició històrica de l'Edat Mitjana al Renaixement.
En la seva tesi doctoral, McLuhan va resseguir l'evolució de les arts verbals, emfatitzant els papers de la gramàtica, la lògica i la retòrica —conegudes col·lectivament com a trivium— al llarg de diversos períodes històrics. Va suggerir que la Baixa Edat Mitjana va emfatitzar la lògica, mentre que el Renaixement es va caracteritzar per un canvi cap a la retòrica i la gramàtica, que va culminar en una vida moderna dominada per la gramàtica. Aquesta perspectiva històrica va influir en les opinions de McLuhan sobre els mitjans de comunicació contemporanis, inclosa la seva anàlisi dels mitjans de comunicació "calents" i "freds" , que classificaven els mitjans de comunicació en funció del nivell de participació de l'espectador que requerien.
A més, McLuhan va preveure l'auge del "poble global", un concepte que encapsulava la seva creença en el poder transformador dels mitjans electrònics per connectar individus a través de grans distàncies, remodelant així les interaccions socials. Va argumentar que aquests canvis van fomentar una nova forma de consciència, que no era lineal sinó simultània i holística, reflectint les complexitats de les comunicacions electròniques com la televisió i Internet.
Una de les idees fonamentals de Marshall McLuhan es resumeix en la frase "el mitjà és el missatge", que suggereix que les característiques d'un mitjà influeixen significativament en com es percep i s'entén el contingut. Aquest concepte emfatitza que la tecnologia en si mateixa configura les nostres experiències i percepcions, més que no pas només el contingut que proporciona. Segons McLuhan, cada mitjà estén els nostres sistemes sensorials i nerviosos, posicionant els individus com a nodes dins d'una xarxa biotecnològica més àmplia que cobreix la Terra.
McLuhan argumenta que l'arribada dels nous mitjans de comunicació transforma els processos cognitius. Destaca que les diferents formes de comunicació creen entorns diferents per al pensament. Per exemple, les cultures orals prioritzen la memòria i l'intercanvi comunitari, mentre que l'escriptura i la impressió fomenten la preservació d'expressions úniques i idees complexes. Com a resultat, Internet altera encara més la nostra concepció del temps i la comunicació, creant una existència immediata però asíncrona on les interaccions en línia són constants i opcionals. Aquest canvi genera un esperit inquiet impulsat per una gana insaciable de novetat, exacerbada per la manca de fronteres d'Internet.
Philosopheasy, Internet no canvia el que penses, sinó com penses, philosopheasy.com 02/10/2025
Dice Jonatahn Haidt: “Todos los grupos valoran la verdad. Todos los grupos valoran lo sagrado. Cuando la verdad y lo sagrado entran en conflicto, cosa que ocurre inevitablemente, todos los grupos tiran la verdad por la borda y se aferran a sus valores sagrados”. Ojalá caigan los mitos, los de derechas y los de izquierdas, y consigamos ver la realidad como es, porque es la mejor manera para, a partir de ese conocimiento, cambiarla, si es eso lo que queremos. Pero, como decía T.S. Eliot, el ser humano no puede tolerar demasiada realidad… ni el ser humano de derechas, ni el de izquierdas.
Pablo Malo, Prólogo del libro Mitos Progres, Pablo's Substack 30/09/2025
Hay días curiosos, antojadizos y difíciles de resumir, como el de hoy. Ha comenzado con mi intervención semanal en la COPE en el programa de Jorge Bustos. Cada semana me preparo a fondo lo que voy a decir y cada semana hablo de lo que no he preparado. A media mañana, nada más enviar mi artículo quincenal al ARA, me han propuesto hacer de tertuliano en un programa de la televisión. He dicho que no. No porque no sea curioso, que lo soy, y todas las propuestas que me parecen imposibles me resultan irresistibles. Pero en este caso, simple y llanamente, no tengo tiempo para comprometerme todos los miércoles por la mañana. Además yo soy más bien de los partidarios de que el movimiento se demuestra huyendo y en cuanto los tertulianos comenzasen a alzar la voz (cada tertulia en España es una dodecafonía de disparates sobre quien tiene más larga la perspicacia y más corta la inteligencia) me devoraría la vergüenza. Para comer, una paella homérica y para la sobremesa. una larga charla con la dirección de un centro educativo colombiano. Mañana volveré a estar con ellos. Ahora mismo me acaban de invitar a participar en Galicia en un congreso. Galicia es siempre tentadora. Pero también he dicho que no. Había en la invitación un sobreexceso de mermelada sentimental.
Robert D . Putnam ha sido uno de los sociólogos más influyentes de las últimas décadas. Tras publicar, en 1995, Bowling Alone se convirtió en consejero de Clinton, Blair y Obama. Ha estudiado la relación entre diversidad y unidad en el seno de las sociedades pluralistas modernas, descubriendo que hay un límite en el crecimiento de la pluralidad más allá del cual se hace difícil mantener vigente el ideal del E pluribus unum. Si bien a largo plazo la inmigración puede ser muy beneficiosa para el país acogedor, porque incrementa su creatividad (Putnam está pensando en los investigadores extranjeros de las universidades americanas), a corto plazo la diversidad étnica tiende a reducir la solidaridad y el capital social de la comunidad de acogida. A partir de ese límite, el incremento de la diversidad reduce la confianza entre las personas en las instituciones comunitarias, incrementando la anomia y el aislamiento social. Según James Moody, de la Duke University, cuanto mayor sea la diversidad en el seno de una escuela, más se autosegregan los alumnos por razas y etnias, de modo que (siempre puntualizan que "a partir de un determinado límite") se reducen las probabilidades de que dos alumnos de diferentes razas se hagan amigos. No sé hasta qué punto tienen razón Putnam y Moody, pero no parece inteligente no estudiar lo que pasa en España.
Este artículo fue originalmente publicado por el autor en El Periódico Extremadura.
El deseo de inmortalidad es un universal de la cultura. No solo embriaga a la élite actual de tiranos y multimillonarios. Antes de ellos fue la obsesión de reyes y faraones. Y, antes aún, tema imperecedero de mitos y leyendas – la primera obra literaria conocida, la epopeya de Gilgamesh, trata justamente de la búsqueda de la eterna juventud –. Un poco más tarde, religiones como el cristianismo democratizaron la esperanza de inmortalidad entre sus fieles. Y mucho después – hoy mismo –, secularizada en forma de culto a la salud y a la lozanía juvenil, se extiende entre pobres y ricos con enorme contento de clínicas, gimnasios, terapeutas, nutricionistas, esteticistas, influencers, gurús del transhumanismo y mercachifles varios. La inmortalidad prometida por la criogénesis, la parabiosis, los tratamientos palingenésicos, las inyecciones de telómeros, los trasplantes sucesivos, los clones y otros delirios neoalquímicos representa hoy el viejo sueño del rey Gilgamesh revestido de tecnología e historias marcianas.
Y no es que la inmortalidad (o, mejor, la longevidad) esté mal en sí. ¡Quién la pillara! El problema está en qué hacer con ella. Decía Borges que los inmortales, en su desolada e infinita existencia, estaban fatalmente condenados a tomar todas las decisiones posibles (incluyendo las peores). ¿Pero por cuál de ellas empezar? ¿Cómo darle sentido a una vida mucho más larga que la presente? ¿Estaríamos trescientos años tomando cañas o viendo series – o, si prefieren la versión VIP, navegando en yate y celebrando orgías –?
Los optimistas pensamos que vivir puede ser algo bueno y que, en ese caso, merecería la pena hacerlo casi para siempre, pero no tenemos claro qué es una vida buena. ¿Es una vida dedicada a procurarse placer constantemente? ¡Agota solo imaginarlo! ¿Es una vida consciente de la finitud de la muerte, como rezan los ateos más sombríos? Pero que la vida acabe en nada no parece para nada bueno. ¿Entonces?... Podríamos recurrir al tópico de que la vida buena es la vida con sentido, es decir, la vida proyectada hacia un fin más valioso que ella misma. Esto también vale para la vida de talla pequeña que vestimos ahora (aunque en esta, por la brevedad del pase, es más fácil disimular la falta de orientación).
¿Y cuál podría ser el fin que diera sentido a la vida? – nos preguntamos todos –. Decía Platón que el secreto de la inmortalidad estaba en una cierta forma de «procreación», no en la belleza de los cuerpos o en la nobleza de las almas (ni los hijos ni la fama nos aseguran una auténtica inmortalidad), sino en el amor a la verdad. Solo quien conoce ama, decía también el sabio Paracelso; y solo quien ama se hace uno con lo amado. Quien ama la verdad se descubre, pues, tan eterno y pleno como ella. Los adultos disfrazados de jóvenes que dominan el mundo no comprenden todavía esto; su deseo de inmortalidad revestida de eterna juventud está lejos de la plenitud del sabio y, por ello, más cerca de un eterno y tedioso retorno de lo mismo que de una verdadera longevidad. ¿Tendrán tiempo de darse cuenta?
Ayer por la tarde acudí a la antigua fábrica Damm a escuchar a Ignacio Martínez de Pisón, Laura Ferrero y Alba Muñoz hablar de sus respectivas Barcelonas en la presentación de La Lectura, la revista cultural de El Mundo. Todos asumieron como evidente que Barcelona es una ciudad más literaria que Madrid y se citaron títulos de renombre para confirmarlo. Por supuesto, nadie recordó Madrid, de corte a cheka, de Agustín de Foxá. Hay cosas que repugnan a nuestra memoria democrática. Se ensalzó la Barcelona de los 70 y se minusvaloró el Madrid funcionarial. Tengo yo la tesis de que a Barcelona como le gusta verse a sí misma es como promesa de algo grande e inminente y que cuando se ve así adquiere un aire tartarinesco. Sin embargo, se muestra insatisfecha con la realidad hecha posible por sus sueños. Es como un fetichista que sueña ardientemente con el zapato de tacón de aguja de una mujer y se tiene que conformar con la mujer entera. Se dijo, también, que la primera ciudad catalana fuera de Cataluña es Madrid, que alberga a 100.000 catalanes o que en Cataluña hay 50.000 suscriptores de El Mundo. Me sorprendió el pesimismo de los periodistas ante el futuro de su profesión. Parece que en los Estados Unidos cada vez lee menos gente la prensa. Lo que hacen en pedirle a la IA información sobre un acontecimiento de actualidad y la IA se la ofrece con el justo sabor y textura que cada uno espera encontrar.