Professors (50 sin leer)



El Discurso del método y sus apéndices científicos reflejan el doloroso dilema de Descartes. Por un lado, no podía permitirse publicar libremente sus ideas sobre física, ya que todos los conceptos que sustentaban sus teorías estaban en total consonancia con las ideas de Galileo y Copérnico, y Descartes había jurado no contradecir los puntos de vista de la Iglesia. Por otro lado, en 1637 Descartes sentía un fuerte impulso de hacer públicos sus escritos, y estaba sometido a la presión en este sentido de muchos amigos y corresponsales que le solicitaban poder leer sus escritos filosóficos y sus opiniones sobre la naturaleza.El libro y sus apéndices eran, pues, una especie de compendio de las ideas de Descartes, pero en el que partes esenciales de su física habían sido suprimidas para evitar que en el texto se expresasen las ideas propias del punto de vista heliocéntrico. El universo de Descartes, como puede deducirse de sus obras publicadas, es un universo que no tiene centro y cuyas dimensiones son infinitas. Estos supuestos permitieron a Descartes mantener ocultos sus verdaderos puntos de vista y sus deducciones respecto al universo, y evitar totalmente verse envuelto en la controversia copernicana. Estos puntos de vista, sin embargo, también eran contrarios a la tradición escolástica, según la cual el universo es finito y la infinidad es algo que solamente puede atribuirse a Dios.De acuerdo con la más reciente investigación sobre la cronología de los escritos de Descartes y sobre el desarrollo de sus ideas, los tres apéndices, la Dioptrique, los Météores y la Géométrie habían sido formulados en el contexto del libro titulado Le Monde, que había decidido no publicar. Así, pues, habían sido escritos unos años antes. Lo que Descartes había hecho durante los años transcurridos desde entonces había sido reformatear cuidadosamente su obra, desechando Le Monde y reescribiendo sus partes científicas de modo que no quedasen en ellas restos de la física prohibida. Luego escribió un prefacio a los tres apéndices que contenían sus escritos científicos expurgados, y los publicó. De hecho, como se pone en evidencia con la lectura de la sexta parte del Discurso, así como de las diversas cartas que Descartes escribió en 1633 y 1634, el propio texto titulado Le Monde era simplemente una extensión de una obra anterior titulada Les Météores, que trataba una gran variedad de temas del campo de las ciencias naturales, y que estaba lista para ser publicada en 1633. Además, otro tratado titulado La Dioptrique estaba listo para ser mandado a la imprenta en fecha tan temprana como 1629, cuando decidió retirarlo y no hacerlo público. Estos escritos tempranos fueron minuciosamente revisados y fueron publicados precedidos del actualmente famoso prefacio que lleva el título de Discurso del método. La complicada historia de la publicación de los escritos de Descartes demuestra a qué extremos estaba dispuesto a llegar con tal de protegerse. El suyo fue seguramente el intento más complejo de expurgar material polémico de una obra que se conoce en toda la historia de la edición de textos filosóficos.* * *El Discurso del método, que al principio había sido concebido como un simple prefacio, se convirtió en la pieza principal del libro, porque contenía los principios de la filosofía de Descartes. Y por ello este libro se publica a menudo como un tratado con sustancia propia. El Discurso también es un libro único por su formato y estilo, ya que constituye un relato biográfico del desarrollo de una filosofía –la historia del viaje hacia el descubrimiento de un filósofo.El Discurso del método de Descartes consta de seis partes. En la primera parte del libro, Descartes introduce sus pensamientos y explica cómo se han formado. Escribe sobre su educación en el Colegio de La Flèche, y describe las ideas a las que ha estado expuesto. “Lo que más me agrada es la matemática, debido a su certeza y a sus razonamientos”, escribe. Descartes explica cómo llegó a pensar que podía utilizar la idea fundamental de la demostración matemática en el ámbito de la filosofía. Esto le llevó al concepto de duda y a la decisión de dudar de todo aquello que no pudiese afirmar con absoluta certeza que era cierto. Aquí, el incipiente pensamiento cartesiano diverge de la filosofía escolástica medieval aceptada, que sostenía que había tres posibles niveles de verdad en todas las proposiciones: falso, probable y verdadero.Al adoptar los métodos puramente matemáticos de obtener el conocimiento, Descartes elimina lo meramente probable y da por supuesta la falsedad de todo aquello que no puede ser probado con un poder lógico similar al utilizado en la demostración de un teorema de la geometría. Escribe Descartes: “Siempre he tenido un extremo deseo de aprender a distinguir lo verdadero de lo falso, para poder ver con claridad en todo lo que hago, y para marchar con confianza por la vida”. Descartes menciona los años de viajes que siguieron a su educación, durante los cuales tuvo la oportunidad de “estudiar en el libro del mundo”, y concluye declarando su decisión de continuar su búsqueda de la verdad por medio del estudio introspectivo, sin apartarse jamás demasiado de lo que se dice en sus libros.Descartes empieza la segunda parte del Discurso contándonos que, después de asistir a la coronación del nuevo emperador del Sacro Imperio Romano, y de alistarse al ejército en Alemania, pasó el invierno en una “habitación con una estufa” dedicando su tiempo a pensar. Entre sus primeras ideas estaba la noción de que las obras creadas por una sola persona son más atractivas, y en cierto sentido más auténticas y reales, que las que han sido construidas por varias personas. Desde este punto de vista, concluye que su primer deber es renunciar a todo el conocimiento que haya podido obtener como resultado del trabajo de muy diferentes personas, es decir, se propone rechazar toda la filosofía imperante –que obviamente es la obra de muchas mentes a lo largo de muchas generaciones– y empezar la construcción de un sistema de conocimiento que sea obra de una sola persona: a saber, del propio Descartes. Lo único que quiere conservar del conocimiento previo es la lógica, la geometría y el álgebra. Luego enuncia cuatro principios que espera puedan guiarle en esta empresa:









Llibres llegits i rellegits que em/ens van formar. Els bàsics de la Filosofia analítica, Russell, Moore, Habermas, Bloch. Obro La razón sin esperanza del 1977 i em sorprén que conservi l'olor del tabac de les incontables cigarretes que fumàvem... Avui que la llei Wert, encara vigent, obliga a estudiar Ortega, cal recordar que Muguerza, com molts professors de filosofia espanyols, no s'estalviava de citar Ortega i Aranguren, com vaig comprovar en el parell de conferències que vaig poder sentir-li. Però em sembla que ho feia més per amabilitat que per consideració intel·lectual, perquè en els seus llibres i antologies no trobem rastres del fallit sistema de l'un ni de la fràgil superficialitat de l'altre. En canvi, dedicava La razón sin esperanza a Manuel Sacristán: "a quien -desde otras perspectivas y en un diverso frente- han interesado los temas de que trata este libro, habiendo sabido arrostrar ejemplarmente las consecuencias"Ortega i, sobretot, Aranguren havien estat víctimes de la catàstrofe cultural que significà el cop d'estat feixista, la guerra, l'exili, la repressió i la dictadura franquista. No val la pena tornar-hi. Muguerza, com Sacristán, ja eren més enllà, i per aixó poden ser interessants avui.Per cert, una de les conferencies a les que vaig assistir, al Col·legi de Llicenciats, va versar sobre la impossibilitat, segons l'ètica kantiana, de justificar moralment el tiranicidi. Només se'n podien donar justificacions prudencials. El dictador encara era viu...Vegeu-ne notes necrològiques de Cruz aquí i de Valcàrcel aquí.
La escuela como tal es un concepto abstracto. Lo que tiene existencia real es cada escuela, ubicada en un terreno determinado, habitada por personas concretas, y perteneciente a un entorno social específico.
Esa es la que debería verse en el espejo para comprobar en qué medida sus alumnos están siendo debidamente atendidos. Pero ¿qué ve al mirarse? ¿Se ve tal cual es o como se imagina que es, o como querría ser? ¿Con qué criterio interpreta lo que ve?
Proliferan métodos, conceptos e instrumentos que, pretendiendo convertirse en panaceas educativas, tienen una vida muy efímera. Es preciso distinguir en el espejo aquellas innovaciones valiosas capaces de trazar un rumbo distinto para cada alumno que haga posible su desarrollo intelectual, afectivo y ético.
Sobre el autor
Javier Bahón es padre, maestro y pedagogo, curtido en las aulas desde los 3 hasta los 18 años, además de ejercer de director durante 10 años. Su experiencia se enriquece con la formación recibida en varios países y con reconocidos exponentes educativos del mundo. Dentro de su trayectoria de organización de eventos internacionales, destaca ICOT – International Conference On Thinking – BILBAO 2015. Ha dedicado los últimos años a colaborar en los proyectos de SM Savia y Más Savia (Mediadores del pensamiento), en la codirección del Centro de aprendizaje cooperativo en alianza con David y Roger Johnson y en la dirección ejecutiva del Lab educativo TÚinnovas, desde el que ejerce como ponente, formador, coach y mediador en innovación educativa.
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No sé si se le ha prestado la suficiente atención. Volodymyr Zelenskiy, el actor principal de una serie televisiva de éxito en Ucrania, llamada “Servidor del pueblo”, y en la que encarna al presidente de la nación, está a punto de ser presidente de esa misma nación bajo las siglas de un partido político con el mismo nombre de la serie. Parece un capítulo de otra serie, la prestigiosa “Black Mirror”, pero no, resulta que es un “episodio” de la vida real.















Ludwig Wittgenstein.Si tomamos como ejemplo la sensación subjetiva que se expresa con la palabra “dolor”, la citada palabra nos resulta imprecisa, ya que, sólo tiene sentido como acuerdo social de un hecho como es el dolor. No hay que olvidar que el lenguaje con el que nos comunicamos ha ido condicionando su forma debido a un consenso social, y que el entorno es otra de las partes de los seres vivos. Pero, a pesar de ello, no podemos saber exactamente lo que otras personas están experimentando cuando dicen que les duele algo, pues, cada escarabajo es único e intransferible, es decir, no compartido.Si llevamos esto a un ejemplo más sencillo, como puede ser la lectura de una novela que todo el mundo haya leído, o una película que todo el mundo haya visto, nos daremos cuenta de que no todo el mundo ha sentido la misma emoción, o sentido la misma sorpresa, ante el giro de la trama. Porque, aunque se generalicen tales sensaciones, aunque nuestros escarabajos, por tener el mismo nombre, señalen lo mismo, no siempre ocurre que al utilizar las mismas palabras se hable de las mismas cosas. Tan sólo es un supuesto que se da por hecho, pues pensamos que los demás jugadores tienen un escarabajo igual al nuestro en cada una de sus cajas.Es más, con el paso del tiempo, esa misma sensación privada, al ver de nuevo la película, o al leer de nuevo la misma novela, se va transformando. El escarabajo crece o se achica. La sensación original ya no existe, pues, nuestro escarabajo ya no es el mismo. Con el paso del tiempo, lo único que el escarabajo sigue conservando es el nombre.Montero Glez, La vida secreta de las palabras, El País 01/04/2019 [https:]]

Existe una antiquísima disputa filosófica entre las llamadas éticas deontológicas y las éticas utilitaristas. Las primeras afirman que se debe actuar conforme a lo que es justo, sean cuales sean las consecuencias; las segundas que se debe actuar conforme a las consecuencias, sea o no “justo” lo que hagamos para generarlas.



