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| Gianni Vattimo |
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| Friedrich Nietzsche |
A su vez, la propia fuerza, como potencia de acción, posee una cantidad de poder: es más o menos capaz de dominar, más o menos capaz de hacer lo que puede hacer. De esta cantidad de poder deviene el valor del fenómeno dominado en relación a la jerarquía de fuerzas.De este modo comprobamos cómo lo moral se fundamenta en un entramado de relaciones éticas entre voluntades de poder de mismo o distinto valor, debiendo el genealogista estudiar esas relaciones y qué voluntades entran allí en relación para poder comprender dramáticamente qué significa cada tipo de moral.“Las valoraciones, referidas a su elemento, no son valores, sino maneras de ser, modos de existencia de los que juzgan y valoran.” Deleuze, Nietzsche y la filosofía, pág. 8.
De este modo, mientras que los valores nobles se asientan en una condición plena y satisfecha de existencia, los valores reactivos son síntomas de una condición que busca un modo de sobrevivir en un entorno hostil que la supera, un modo de anular por equivalencia de fuerzas una oposición que la consume. Mientras que la moral de señores es pura y directamente manifestación de una autoafirmación, independientemente de lo que sus acciones deparen en su futuro, la moral de esclavos es una manifestación de una valoración de las condiciones positivas o negativas de las acciones con respecto a la supervivencia de los débiles.“Las propiedades que sirven para aliviar la existencia de quienes sufren son puestas de relieve e inundadas de luz: es la compasión, la mano afable y socorredora, el corazón cálido, la paciencia, la diligencia, la humildad, la amabilidad lo que aquí se honra, pues estas propiedades son aquí las más útiles y casi los únicos medios para soportar la presión de la existencia.” Nietzsche, Más allá del bien y del mal, §260. pág. 239.
En toda relación ética se crea una jerarquía en la que el noble se eleva y el débil o esclavo se empequeñece porque el primero sabe poner en juego su fuerza y el segundo no.“Nietzsche llama débil o esclavo no al menos fuerte, sino a aquél que, tenga la fuerza que tenga, está separado de aquello que puede. (…) La medida de las fuerzas y su cualificación no depende para nada de la cantidad absoluta sino de la realización efectiva.” Deleuze, op. cit., pág. 89.

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| by CORBIS |
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| Afegeix la llegenda |
Viu feliç, tu que vius. La vida és un regal petit: tan bon punt has nascut, imperceptiblement s’envigoreix, després imperceptiblement s’esgota.
Aquest és un poema breu d’un dels llibres de poesia més impressionants que he llegit als darrers temps: Perennia. Poesia Epigràfica Llatina, que ha traduït Mònica Miró Vinaixa i que es va presentar dilluns a la nova Llibreria Documenta. Són poemes escrits a les tombes, records d’unes vides que es van fer alhora pols i memòria - i que retornen escruixides al cap dels segles,
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| El Roto |
Cadascú té la seva magdalena proustiana i aquest llibre de Josep Maria Fonalleras podria ser la meva. Memòria de la Girona dels anys 1960-1970 amb ulls de nen, magníficament ben escrita i plena de detalls.
Sé que funciona perquè la meva mare (82 anys) el va devorar aquesta setmana santa. A mi em duu records de quan passava temporades gironines a la Pujada de Sant Félix (llavors no es deia Sant Feliu) a casa de la meva tia pintora, Neus Lledó. Un llibre que és molt més que un regal de Sant Jordi.
Tres llibres per Sant Jordi, que potser no seran best-sellers però ajuden a una vida més decent.
Poesia: Perennia. Poesia Epigràfica Llatina. Mònica Miró Vinaixa. Godall edicions.
Narrativa: La sala d’estar és un camp de futbol. Josep Maria Fonalleras Ara llibres.
Assaig: Xavier Garcia: Heterodoxos europeus. Pagés editors.
D’aquest últim, llibre no n’he parlat abans (mea culpa!), però cal fer-ho. Són retrats literaris de pensadors ecologistes i de vels taüps de la consciència ambiental. Està molt bé.


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| Judith Rich Harris |
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| by Eduardo Estrada |
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| by Eduardo Chillida |
Eduard Farelo, en una escena de 'La ola' en el Lliure. / ROS RIVASEl de Jones no ha sido el único experimento concebido para intentar explicar cómo ocurrió aquella catástrofe en la que se vio mezclada toda esa llamada gente corriente, incapaz de matar una mosca y llena de buenas intenciones. En Aquellos hombres grises, su libro sobre el Batallón de Reserva Policial 101, encargado de diferentes aciones de exterminio de judíos en el distrito de Lublin (Polonia) durante la Segunda Guerra Mundial, el historiador Christopher R. Browning, de la Pacific Lutheran University de Tacoma (Washington), se refiere a dos de ellos. Uno lo realizó Philip Zimbardo en la prisión de Stanford. Quiso saber cómo se comportaba un grupo de personas “normales” en una prisión simulada. Una situación límite, como la que padecen tantos ciudadanos que se ven de pronto embarcados en una guerra. Los dividió en guardianes y prisioneros y observó cómo se comportaban. Pronto comprobó que surgían patrones de conducta que desencadenaron una escalada de “brutalidad, humillación y deshumanización”: los corderos se comportaban en esa situación anómala como lobos.El otro experimento fue el que puso en marcha Stanley Milgram en la Universidad de Yale. Quiso averiguar qué capacidad tenían unos cuantos individuos seleccionados para resistir a una autoridad que no se servía de ninguna amenaza de coacción para imponerse. El experimento empezó en julio de 1961, poco después del juicio celebrado en Israel contra Adolf Eichmann, uno de los responsables de que el Holocausto se llevara a cabo con tanta eficacia, y trataba, pues, de la complicidad: si hubo sintonía con los verdugos o más bien rechazo y resistencia. Un científico, revestido de su tradicional autoridad, les fue pidiendo a los voluntarios seleccionados que infligieran descargas eléctricas cada vez mayores a varios actores previamente adiestrados que empezaron quejándose, luego chillaban, pedían después desesperadamente auxilio y terminaban precipitándose en un “fatídico silencio”. Dos tercios de los sujetos testados “obedecieron” sin mucho problema hasta llegar a producir dolores extremos (siempre simulados, claro) en sus “víctimas”.¿Cómo se desenvuelven personas aparentemente corrientes cuando, tras transformarse su entorno más inmediato, se ven impelidas a ejecutar unas acciones que jamás habían concebido realizar? En el caso del experimento que Ron Jones les propuso a sus alumnos de Palo Alto, la serie deliberada de cambios que fue introduciendo en la manera de comportarse en sus clases fue despertando, a pesar de algunas resistencias iniciales, una complicidad fervorosa en la mayoría de sus alumnos. Antes de que Drukker y García May llevaran la iniciativa de Jones a un teatro, Tod Strasser recreó el experimento en un libro y Dennis Gansel hizo una película. Pero la obra de García May no es una adaptación de ninguna de esas piezas anteriores, sino una obra de nueva fractura. Los actores se la pasan corriendo en el montaje de Drukker para trasladar esa vitalidad que se asocia con la juventud. “El poder es disciplina”, “el poder es comunidad”, “el poder es acción”: sobre esas tres patas, Ron Jones consigue hacer aflorar en sus alumnos los perversos mecanismos que facilitan la consolidación de un régimen despótico: el culto al grupo, el miedo a moverse por libre, la ritualización de algunas costumbres, el afán de defender unos cuantos privilegios de quienes ya se reconocen como elegidos, la impresión de formar parte de una fuerza que te arrastra, el desafío de tener una misión que cumplir, el desprecio por los otros, la condena de la heterodoxia. No había pasado mucho tiempo y Jones pudo comprobar que cada uno de aquellos muchachos había interiorizado la fascinación gregaria por formar parte de la corriente y la capacidad de condenar, de manera violenta si cabe, al que disiente.
harald welzer. / ELISA GONZÁLEZSeguramente el trabajo que le tocó hacer en el distrito de Lublin al Batallón 101 concentra de la manera más desnuda y desalmada la abyección a la que llegó el proyecto de Solución Final. El exterminio de judíos (y de otros) en los campos de concentración obedecía, al fin y al cabo, a un plan aséptico en el que las ejecuciones en serie se realizaban en las cámaras de gas, y existía una cierta distancia. En esa dinámica de producción de muerte industrial, cada persona funcionaba como el engranaje de una siniestra maquinaria que liquidaba a los judíos por toneladas. Pero los verdugos no se enfrentaban directamente a sus víctimas para ocuparse personalmente de ellas. A los miembros del Batallón 101, en cambio, se les enseñó a matar con la mayor pulcritud posible, no fueran a ensuciarse al tener tan próximas a sus víctimas. Lo resume uno de los testimonios que recoge Browning del juicio al que, ya mucho después del horror, fueron sometidos los que sobrevivieron a la guerra, y que se refiere al adiestramiento previo a la primera de sus misiones: “En ese momento tenía que explicarnos con precisión cómo debíamos disparar para causar la muerte instantánea de la víctima. Recuerdo exactamente que para esa demostración dibujó o perfiló el contorno de un cuerpo humano, al menos de los hombros hacia arriba, y entonces señaló el punto exacto en el que se tenía que colocar la bayoneta como una guía para apuntar”. Si se tenía buena puntería, la muerte del judío se producía inmediatamente y sin mancha alguna.Pero si no eran precisos, si no disparaban en el lugar exacto, el espectáculo era dantesco. Otro testimonio resumía lo que sucedía cuando las cosas se hacían mal: “A causa del disparo a quemarropa que de esta manera se requería, la bala golpeaba la cabeza de la víctima en una trayectoria tal que a menudo todo el cráneo o como mínimo la parte trasera quedaba destrozada y la sangre, las astillas de los huesos y los sesos se esparcían por todas partes y ensuciaban a los tiradores”.Los detalles son de una crueldad insoportable, pero a veces es necesario tenerlos delante para saber qué pasaba exactamente. Las cifras son reveladoras, pero terminan muchas veces por no decir nada. Hay un momento en que Browning hace los cálculos, después de que aquellos hombres grises, esos tipos corrientes, esas personas normales, cumplieran con uno de sus últimos cometidos, la masacre de la Fiesta de la Cosecha. “La mortífera participación del Batallón de Reserva Policial 101 en la Solución Final llegó a su fin”, escribe. “Calculando por lo bajo unos 6.500 judíos muertos en las acciones anteriores, como las de Józefow y Lomazy, unos 1.000 asesinatos durante la ‘cacería de judíos‘ y un mínimo de 30.500 ejecutados en Majdanek y Poniatowa, el batallón había participado de forma directa en la muerte a tiros de, como mínimo, 38.000 judíos. Con la deportación hacia el campo de exterminio de al menos 3.000 judíos de Miedzyrzec a principios de mayo de 1943, el número de judíos que colocaron en los trenes que iban hacia Treblinka ascendía a 45.000. Para un batallón de menos de 500 soldados, el recuento definitivo de víctimas fue de al menos 83.000 judíos”.Es una cifra enorme, pero incluso alguno podría discutir que las hay mayores. Y resulta difícil de imaginar, son demasiados los muertos. Del otro lado estuvieron esos 500 soldados. Para resumirlo en dos brochazos: el Batallón 101 estaba formado por 11 oficiales, 5 funcionarios administrativos y 486 suboficiales y soldados. Estaba dividido en tres compañías, cada una de unos 140 hombres con los efectivos al completo. Cada compañía se dividía en tres secciones; cada sección, en cuatro pelotones. Los soldados tenían carabinas, y los oficiales, metralletas. A cada compañía se le había asignado un destacamento de ametralladoras pesadas. El jefe de todo eso era el mayor Trapp (53 años), policía profesional y miembro del Partido Nazi. Los dos oficiales más radicales no llegaban a los 30 años: Wolfgang Hoffmann (SS y Partido Nazi) y Julius Wohlauf (Partido Nazi, SA, SS). Luego estaba un tal Hagen, ayudante de Trapp, y otros siete oficiales, de los que cinco eran del Partido Nazi pero ninguno de las SS.El 63% del batallón procedía de la clase trabajadora, entre los que había unos pocos trabajadores cualificados, y alrededor del 35% eran de clase media baja, casi todos empleados en alguna oficina. Había pocos artesanos y pequeños empresarios. Y gente de clase media, como profesores y farmaceúticos, sólo un 2%. Sólo el 25% del batallón estaba afiliado al Partido Nazi. Por lo demás, eran gente sin ninguna movilidad social ni geográfica. Muy pocos eran independientes económicamente. Estaban poco formados: eran pocos los que habían seguido estudiando después de dejar el colegio a los 14 o 15 años. No se sabe cuántos habían tenido simpatías socialistas, comunistas o sindicalistas antes de 1933. La mayoría procedía de Hamburgo, una de las ciudades menos nazificadas de Alemania. Browning observa: “No parecían formar estos hombres un grupo muy prometedor del cual reclutar asesinos de masas en nombre de la visión nazi de una utopía radical libre de judíos”. Ése es, pues, el asunto: ¿por qué?Cuando el sociólogo alemán Harald Welzer trata en Guerras climáticas. Por qué mataremos (y nos matarán) en el siglo XXI de la forma en que los verdugos de un genocidio se ven a sí mismos cuando participan en alguna masacre, observa: “Pero fue precisamente el sentirse seres humanos que sufrían por la tarea que creían tener que cumplir lo que les permitió conciliar la imagen moral de sí mismos de ‘buen tipo’ con la crueldad de su trabajo”. El jerarca nazi Heinrich Himmler lo había subrayado en su discurso de Posen (“teníamos el derecho moral, teníamos el deber frente a nuestro pueblo de matar a ese pueblo que quería matarnos a nosotros…”), así que Welzer comenta que “lo determinante para la conducta de las personas en situaciones concretas no son las condiciones objetivas de esas situaciones, sino sus percepciones y la manera en que las interpretan”. Y remata, refiriéndose a la cadena de producción de muerte que fabricaron los nazis: “Todo ese proceso se realiza basándose en la división de trabajo, nadie tiene por qué sentirse un asesino aunque los asesinatos se ejecuten en forma directa y no con técnicas que permiten distanciarse —como las cámaras de gas—”.Browning lo cuenta en Aquellos hombres grises, cuando relata con todo detalle la primera de los terribles encargos que tuvo que realizar el Batallón 101. Salieron a las dos de la mañana del pueblo de Bilgoraj y se dirigieron a Józefów, donde llegaron cuando comenzaba a clarear. Al frente de la comitiva estaba el mayor Trapp. “Tras explicarles la misión asesina del batallón, hizo su extraordinaria oferta: cualquiera de los agentes de más edad que no se sintiera con ánimo de llevar a cabo la tarea que tenían por delante podía dar un paso al frente”. Lo hicieron muy pocos. A uno de ellos, el oficial Hoffmann empezó a echarle una bronca, pero Trapp lo detuvo: dar un paso al frente no tenía por qué estar mal visto. Los demás (la inmensa mayoría), los que aceptaron el trabajo, debían recorrer el pueblo y reunir a los 1.800 judíos del lugar. Para no complicar las cosas, se les dijo que a las mujeres, a los niños y a los ancianos los mataran de un tiro allí donde los encontraran. Alguno tuvo problemas para cumplir con estas órdenes, pero siempre había otro dispuesto a llevarlas a término. Más tarde, el médico y un sargento del batallón dieron detalladas instrucciones de cómo debían colocar a sus víctimas y en qué parte de la cabeza dispararles para resultar más efectivos. Se trasladó a los judíos en camiones a las afueras del pueblo. Los fueron llevando en camiones a una zona del bosque. A cada soldado se le asignó un judío y fueron desfilando, como quien dice codo con codo (o cara a cara, si se prefiere) hasta el lugar elegido. Allí los tumbaban de cara al suelo, colocaban la bayoneta del fusil en el lugar del cuello que se les había indicado y apretaban el gatillo. Y regresaban al lugar del reparto para encargarse de otra víctima.Cuenta Browning que la angustia de Trapp no fue un secreto para nadie (“se sentó en un taburete y lloró amargamente”), y se refiere también a la “calma silenciosa” que invadió a los judíos cuando fueron conscientes de su destino: tuvieron “en palabras de los testigos alemanes, una ‘increíble’ y ‘asombrosa’ serenidad”. A los que no quisieron participar en la barbarie los tacharon de “acojonados” o “peleles”. Para llevar a cabo la tarea, y fuera más fácil y efectiva, se hicieron turnos. Hubo alguno que, durante el proceso, pidió ser relevado y otro, que apuntaba deliberadamente mal. Los fueron emborrachando con alcohol para que la cosa fuera menos dura. Cuando cayó la noche, terminaron la tarea. Dejaron los cadáveres de los judíos abandonados en el bosque. Cuenta Browning que una niña de diez años apareció por el centro de mando con la cabeza sangrando: Trapp la tomó en sus brazos y le prometió que permanecería con vida. De regreso al campamento, una sensación de vergüenza y horror dominaba los barracones. Hubo un pacto de silencio y nadie discutió la tarea que acababan de hacer.
Christopher Browning.No tiene sentido seguir detallando lo que vino después. Para el que quiera conocer, paso a paso, ese fulminante proceso de descomposición moral que tuvo lugar en cuantos tuvieron que ejecutar de manera tan artesanal el exterminio de sus enemigos en el Este de Europa, mirándolos directamente a los ojos, tocándolos, empujándolos, pisando después las torres de cadáveres que iban acumulándose en los márgenes de los pueblos, Browning lo detalla en Aquellos hombres grises.En la pieza teatral La ola, Ron Jones reconstruye esa atmósfera de entusiasmo que se produce cuando se tiene la sensación de formar parte de un movimiento. Los valores que sirven para aglutinar los esfuerzos iniciales de los muchachos, como la eficacia y la disciplina y la complicidad de estar involucrados en un proyecto común, que de por sí no tendrían que tener derivadas negativas, sirven sin embargo de argamasa para ir diluyendo la responsabilidad individual, para cercenar progresivamente la propia mirada e idiosincracia, el proyecto de cada cual. Poco a poco va importando cada vez más el ímpetu de formar parte de la corriente y, también, cada vez se percibe con mayor angustia la posibilidad de quedarse fuera, de ser tachado de traidor, o si se prefiere, de “acojonado” o de “pelele”. Algunos utilizan también la palabra “blando”.Lealtad, deber, disciplina. La existencia de un poder al que se otorga legitimidad y frente al que surge un fuerte sentido de obligación. La importancia del adoctrinamiento. La existencia de un enemigo exterior, real o imaginario. El vibrante frenesí de los rituales colectivos. La responsabilidad individual, cada vez más debilitada por una fuerte burocratización y especialización. O, en fin, la presión del grupo de los iguales. ¿Qué les ocurrió en ese momento concreto a aquellos soldados de un batallón de policías cuando les dijo que podían dar un paso al frente para no participar en la matanza de sus congéneres? ¿Por qué no se negaron? Nunca está de más volver sobre aquella época oscura, más ahora que van a cumplirse 70 años del suicidio de Hitler.Si aquellos soldados del Batallón 101 eran hombres grises, sin colmillos afilados ni una antigua furia escondida en sus corazones, y pudieron cometer aquellas salvajadas, eso significa simplemente que nadie está libre de hacerlas. Una respuesta habitual, ya después, cuando juzgaron a los supervivientes, fue la de justificarse con el argumento de que “no tomar parte en las ejecuciones en ningún caso iba a alterar el destino de los judíos”. Lo mismo, quizá, dice ahora cada uno de los miembros del Estado Islámico que exhibe sin vergüenza alguna las mayores atrocidades que ha cometido. Browning cuenta que, cuando a aquellos soldados les volvió a tocar matar, en vez de “volverse locos”, “fueron cada vez más eficientes y crueles”. Es muy posible que eso que se llama “la presión de los iguales” y la angustia de quedarse aislado de la corriente tengan un papel esencial para que la mayores barbaries se lleven finalmente a cabo.José Andrés Rojo, En la rutina del horror, Babelia. El País, 16/04/2015La ola. Texto de Ignacio García May. Idea y dirección: Marc Montserrat Drukker. A partir de un experimento real de Ron Jones. Producción: Centro Dramático Nacional. Teatro Valle-Inclán. Del 30 de enero al 22 de marzo de 2015.Christopher R. Browning. Aquellos hombres grises. El Batallón 101 y la Solución Final en Polonia. Traducción de Montse Batista. Edhasa. Barcelona, 2002. 426 páginas. 23, 5 euros.Harald Welzer. Guerras climáticas. Por qué mataremos (y nos matarán) en el siglo XXI. Traducción de Alejandra Obermeier. Katz. Barcelona, 2010. 342 páginas. 19,95 euros.
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| by Eduardo Chillida |

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| forges |
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| by Ferreres |
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| Epicur |
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| by Jonathon Rosen |
Son preguntas con respuestas nada fáciles de aventurar. Al margen de su cuadro depresivo, se trata de uno de esos casos extraños en los que una persona aparentemente normal sorprende al mundo con un acto de extrema maldad. Nadie de su entorno lo habría imaginado. Pertenece a ese grupo de individuos para los cuales la psiquiatría actual no puede englobar dentro de ningún desorden específico, a menos que incluyamos uno nuevo en nuestro manual de diagnóstico: la maldad entendida como falta extrema de empatía de tipo negativo, que explica el neurocientífico Simon Baron-Cohen en su último libro. Convendrán conmigo que matar calculadamente a más de un centenar de personas (incluido bebés y adolescentes) requiere de apagar, al menos momentáneamente, los circuitos neuronales que nos permiten obrar con empatía, es decir, sin hacer daño a nadie.Barlett afirma que la normalidad, tal y como ha quedado definida arriba, sería inherentemente patológica, pues siguiendo a Hanna Arendt contiene en sí misma una predisposición a dañar a otros en determinados contextos. Es decir, cualquier persona “normal” es capaz de acciones tan bárbaras como las ocurridas en la Alemania nazi si las circunstancias así lo predisponen. La idea subyacente a la banalidad del mal de Arendt, al igual que el llamado “efecto Lucifer” de Zimbardo (2008) tiene sus partidarios y detractores.Normalidad psicológica es el conjunto de características afectivas, cognitivas y conductuales, típicas y socialmente aceptadas, que se derivan del grupo de referencia o mayoría social de una determinada población, y que en psicología clínica se usan para entender la desviación con respecto a lo normal y los desórdenes mentales (p. 10).
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| Torturas de en la prisión de Abu Grhaib |
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| Los caprichos de Goya |
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| forges |
Una generación va, otra generación viene; pero la tierra siempre permanece. Sale el sol y el sol se pone; corre hacia su lugar y allí vuelve a salir. Sopla hacia el sur el viento y gira hacia el norte; vira que te gira sigue el viento y vuelve el viento a girar. Todos los ríos van al mar y el mar nunca se llena: al lugar donde los ríos van allá vuelven a fluir. "Todas las cosas dan fastidio. Nadie puede decir que no se cansa el ojo de ver, ni el oído de oir. Lo que fue, eso será; lo que se hizo, eso se hará: nada hay nuevo bajo el sol. Si algo hay de que se diga: "mira, eso sí que es nuevo", aún eso ya era en los siglos que nos precedieron. No hay recuerdo de los antiguos como tampoco de los venideros quedará memoria en los que después vendrán.
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| Günter Grass, fotografiado mientras dibujaba una cebolla el pasado mes de enero en Madrid. / HANS GRUNERT |
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| by Eduardo Chillida |
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| El Roto |
¿Qué es la vida? Mi opinión es que es algo más complejo de lo que nadie nunca podría a llegar a definir. Por lo que sí es difícil de definir ¿Cómo juzgar quien es merecedor o no de vivirla? Remontémonos al hecho más simple. Matar está mal. Y creo que todo el mundo estaría de acuerdo con mi afirmación. Pero es al dar detalles cuando no todo el mundo está de acuerdo. Se ha cometido un asesinato. Una persona mata a otras doce. Es condenada a pena de muerte. La ciudad se revoluciona y se solidariza con las familias de las víctimas. Hasta ahí bien. Más tarde se da la noticia de que era una banda ilegal que traficaba con órganos de niños robados. El que fue ejecutado era el padre de uno de los niños. ¿Realmente se merecía morir? ¿O fue un héroe? Si, se saltó los derechos humanos, ¿pero no lo hicieron ellos antes? ¿Y la ley? No presume de ser justa ¿pues porque impone sus normas saltándose sus leyes?

Hoy en día Internet es muy utilizado para hacer variedades de cosas, ya sea para el estudio, para el entretenimiento, para el contacto, para comprar, o para enterarse de que esta pasando en la otra punta del mundo…
Son muchas cosas para las que utilizamos internet, nos hace todo mas fácil.
Internet tiene muchas ventajas, pero del mismo modo que tiene ventajas también tiene inconvenientes, es verdad que ha mejorado muchas cosas en nuestro mundo, pero también ha creado problemas, como por ejemplo la adicción, muchas personas son adictas a internet, especialmente los jóvenes, y esto hace que internet sirva para empeorar en sus estudios, en vez de ser una red informática que le serviría de gran ayuda, o la inducción a menores a conductas no deseadas, ahora hasta niños saben como utilizar internet perfectamente, internet tiene variedad de cosas, ¿ realmente todos los padres controlan el uso de internet de los niños?
A parte de esto hay otros más inconvenientes.
Ahora sentimos que seríamos incapaces de vivir sin internet, ya que la falta de este produciría grandes cambios en nosotros, y esta claro, para el mundo en el que vivimos, gracias a internet ha habido un gran avance en nuestras vidas, pero no hay que olvidar que también ha sido la causa de varios problemas, incluso de algunas muertes. No me refiero a que sea el principal causante de la muerte, pero que una red informática haya provocado muertes, des de mi punto de vista es algo realmente grave. Aunque para ser exacta, los causantes de las muerte son las personas, pero me refiero a que utilizando esta red social se ha producido el suceso.
¿ Sería mejor la vida sin internet ? algo para nosotros imposible de pensar.
Para algunos trabajos del colegio, los alumnos se verían obligados a leer libros, y además el tiempo que dedican ahora a estar con el móvil o cualquier otro aparato relacionado a internet, lo dedicarían a otra cosa, tal vez a salir, o a ver la televisión, otro aparato que ha provocado cambios, pero en mi opinión son cambios que en su momento fueron grandes, pero comparado con los que ha provocado internet son menores, pero su inexistencia también dificultaría mucho algunas cosas…
Esta claro que la falta de internet también tendría sus ventajas y sus inconvenientes, así que su eliminación no seria ninguna solución, de modo que el problema no esta en el, si no en las personas, en vez de aprovecharlo lo usan de manera inadecuada y eso provoca que este tenga inconvenientes.
Así que el problema no esta en los objetos, el problema esta en las personas.
¿Qué es la felicidad? En este momento si uno se para a pensar, ¿soy feliz?, ¿cuál sería la respuesta? ¿Sí o no? Para muchos ser feliz es tener posesión sobre algo que siempre han deseado, para otros es llegar a sus metas. Pero ¿es igual la felicidad que siente una persona que nunca le ha faltado nada y otra que a lo largo de su vida prácticamente no ha tenido nada? En mi opinión creo que se confunde ser feliz con adquirir cosas materiales que siempre hemos deseado, ya que una persona es feliz según lo que ha tenido que pasar a lo largo de su vida. Una persona a lo mejor es feliz cuando después de tanto tiempo se ha podido comprar lo que más quería, otra es feliz cuando después de tanto tiempo sentado en una silla de ruedas puede levantarse y caminar por si solo, otra es feliz cuando por fin tiene algo que llevarse a la boca y poder saciar el hambre que tiene desde hace tiempo. Así que ¿cuál sería la mejor definición de la felicidad? Cada uno es feliz a su manera y hay muchos motivos por los cuales una persona es feliz, así que una definición de felicidad sería todo el conjunto de cosas que nos hacen felices. Pero cuando llegas a ser feliz ¿será así el resto de tu vida? Como humanos que somos sufrimos altibajos en nuestras vidas, pero no tenemos que hundirnos en los momentos difíciles, ya que después volvemos a retomar nuestras vidas y siempre hay algo que nos vuelve a hacer felices.
Los más antiguos “visitadores” de esta web, ya conocen que en alguna ocasión he comentado el coste económico que implica, lanzando en tiempos una camapaña de donaciones para poder mantener la web. Están ya lejos los tiempos en los que los ingresos por publicidad permitían pagar el coste del dominio y el alojamiento. En un intento de lograr ayudas por otras fuentes, nos hemos decidido a renovar la tienda de la página. Se han eliminado los textos que antes se vendían directamente, y se han publicado en el sistema de Kindle. A mayores, se ha creado un pequeño espacio para compartir diferentes artículos que no siempre son libros filosóficos y que pueden resultar de interés, para quienes andan metidos en estas cuestiones del pensar y también para quienes tienen que enseñar o estudiar esto que ha dado en llamarse filosofía. En definitiva: una selección de productos que yo mismo tengo por casa y que pueden interesar a más gente. Y si alguien lo va a comprar, y decide hacerlo a través de nuestra tienda, pues Amazon tendrá a bien (esperemos) hacernos llegar un pequeño porcentaje de cada tiempo. Se me dirá que estoy vendiendo el alma a Amazon, pero no menos cierto es que ya estaba vendida a la publicidad de Google. Pero si la tienda sirve para acercar productos menos conocidos y de paso sacar una pequeña cantidad, ya está más que justificado el cambio. Ya veremos cómo funciona todo. Pero si te apetece conocer los artículos de partida, se te agradece que te des un paseo por la nueva tienda de boulesis. ¡Gracias!
Hablemos de futbol:
Un jugador masculino de primera división, cobra por jugar a fútbol cien veces más de lo que pueda llegar a cobrar una jugadora.
Ejemplos claros:
Messi, jugador del futbol club Barcelona, tiene una ficha de novecientos mil millones de euros anuales, y a parte las marcas y todos los anuncios que patrocina. Desde pequeños los llevan a gastos pagados y a estudiar a la Masía, y además consta como profesión, jugador de fútbol.
En cambio, una jugadora de primera división, que en femenino se le llama, super liga, jugando en equipos grandes como el Barcelona y el Espanyol, cobran de medio unos cuatrocientos euros al mes, es decir cuarenta y ocho mil anuales. No tienen la posibilidad de ir a estudiar a la Masia y no consta como profesión futbolista y eso si tienes suerte de jugar en equipos grandes, porque clubs pequeños no tienen la posibilidad de pagarles casi nada o nada.
Yo, que juego a fútbol en un club de barrio, mi coordinadora, jugaba en el Barcelona, y de ahí se que Cristina Molina tuvo que dejar el fútbol porque no le aportaba beneficios.
Y es muy triste que equipos de Amateur o Juveniles también cobren y en cambio las mujeres nada.
Algunas chicas deben irse a los Estados Unidos porque allí valoran el fútbol femenino y si que lo consideran como una profesión.
Es bastante triste que a estas alturas aun haya tanta diferencia entre unos y otros, y no solo en este deporte al que me centro, sino, en puestos de trabajos y en muchísimas cosas más.
Deberíamos hacer algo al respecto.
Cada vegada és menys segur utilitzar Internet, però no vinc a parlar d’aquest tema, ja que hem de reconèixer que és molt útil buscar informació per mitjà d’un ordinador, el tema que vull parlar comença quan ens fiquem en les xarxes socials. Últimament veig com canvien les persones a través d’Internet. Estic veient com no són les mateixes, sembla que puguin dir qualsevol cosa perquè no veuen la cara de l’altre persona, com si, diguin el que diguin no fessin mal. Però si que fan de mal. Per que no vegis l’altre persona al teu davant no significa que no estigui allí, mirant el que li has escrit. S’està perdent el respecte a través d’Internet per aquest egoisme de no pensar en els altres.
Els comentaris en aquestes xarxes han canviat. Està bé comentar notícies exposant el teu punt de vista, és llibertat d’expressió, però la llibertat d’expressió es perd al ofendre a l’altre persona. Crec que sempre es pot explicar la opinió pròpia sense haver de fer mal a l’altra persona, sense insultar i sense ofendre l’opinió de l’altre, ja que l’altre també té dret a opinar i expressar-se. Això passa bastant, però no tots veuen que està malament, i és una pena. L’ internet hauria de ser un lloc on poder expressar la teva opinió sigui satisfactori, sense que t’ofenguin o et contestin malament. Creieu que això es pot dir ‘’llibertat d’expressió’’? Com podem aturar aquest comportament tan desagradable? Crec que hauríem de començar per nosaltres mateixos, per corregir els nostres errors i arribar a pensar abans de dir qualsevol cosa. Mai tenim que posar-nos al nivell de l’altre, si l’altre t’insulta, no insultis, perquè serviria? Per absolutament res. Si seguim el camí que agafa l’altre no aconseguirem que hi hagi llibertat d’expressió a Internet, ningú respecta a ningú i si no canviem, mai canviarà aquesta conducta. Que us sembla?