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En la entrada anterior en este blog ("Malas noticias para los seguidores del Atlético de Madrid: Azerbaiyán es una dictadura"), señalaba el lamentable estado de los derechos humanos y de las libertades en Azerbaiyán, equipo patrocinador del Atlético de Madrid. Algunos lectores interpretaron aviesas intenciones al señalar al Atlético pero obviar a otros equipos, también patrocinados por países o empresas de dudosas credenciales democráticas.
Es curioso que en el mundo del fútbol se utilicen los mismos argumentos que en la política: ¡Y tú más! Dirán que hablar de Kant y de fútbol es incompatible pero no hay que tener prejuicios: hay muchos artículos del reglamento de fútbol más difíciles de entender que el imperativo categórico kantiano ("obra sólo según aquella máxima que puedas querer que se convierta, al mismo tiempo, en ley universal").
Claro que, como agudamente señalaba un lector, si tuviéramos que esperara a que se celebraran elecciones (aunque fueran fraudulentas) para hablar de los patrocinadores del Real Madrid y del Barça, entonces no podríamos hablar nunca. Y razón no le falta al lector, los dos pantallazos que abren esta entrada, tomados de la web de la organización especializada en democracia y derechos humanos Freedom House, lo dejan bien claro: Emiratos Árabes: "Not free" (sin libertad de prensa, acceso a Internet ni elecciones libres"; Qatar: ídem "Not free".
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| Hans Asperger |
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| Mariano José de Larra |
El hombre piensa naturalmente, se ha sostenido desde Aristóteles a Noam Chomsky pasando por Descartes. En consecuencia, dejar de pensar supone objetiva debilitación de la condición humana... aunque el pensar suponga violentar la genérica raíz animal de la misma. Cabe ciertamente que el pensamiento fluya en ausencia de tensión, de violencia contra la propia inercia, pero ello nunca desde el arranque en el reposo, de la misma manera que nunca el águila (que tiende naturalmente al vuelo como el hombre tiende al pensamiento) se alza sin tensión, ni el cuerpo del ser humano danza como si fuera su más inmediato modo de comportarse. El pensamiento es siempre una conquista, aunque una vez activado,se despliegue ya sin violencia...al menos por un momento, pues no cabe complacencia durable en lo logrado.
Un mes más invitamos en Libro de notas a acercarse a otro de los grandes pensadores actuales: en esta ocasión se trata de Edgar Morin.
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| Detall de la portada del llibre Among the Creationists recensionat aqui |

Ayer nos sorprendía el buscador de buscadores con Doodle dedicado a Friedrich Nietzsche, recordando así el aniversario del pensador alemán. Se me ocurría una tontada: hacer una recopilación de doodles filosóficos, que aparecen en esta misma anotación. Son todos los que están, pero seguro que no están todos los que son. Así que si alguien puede sugerir alguno más, se podrán ir añadiendo para hacer la recopilación lo más completa posible.
Nietzsche (15-10-2013)




(Este no es un filósofo como tal, pero no puede faltar en esta recopilación, digamos que está “fuera de categoría”)

Les declaracions del bisbe -i els altres què?- confirmen l'absurditat de certa retòrica del perdó. Demanar perdó no és una qüestió d'urbanitat o de cortesia, és una actitud moral molt exigent. El perdó només té sentit si va acompanyat d'un sincer reconeixement de l'altre i d'una acceptació real dels crims i dels errors comesos. No pot ser mai una simple clàusula de bona conducta. La petició de perdó només pot ser voluntària i sincera. Convertir-la en una convenció política és, senzillament, banalitzar-la. Entre altres coses, perquè el sentit del perdó també és mirar al futur, i, si no és plenament assumit com a vivència tràgica, res garanteix que l'experiència viscuda serveixi de lliçó perquè determinades coses no tornin a passar. Per tant, exigir a l'altre que demani perdó és un contrasentit. Només pot ser una decisió personal i lliure. Demanar perdó sota pressió és una frivolitat. És més, sovint el discurs del perdó afavoreix l'ocultació de la realitat del que va passar. Ja sigui perquè es vol fer servir per homologar un relat únic sobre el conflicte viscut, que sempre serà fals -i condicionat pels guanyadors-, ja sigui perquè el perdó s'utilitza com a signe de reconciliació. I se'n dedueix, com ha passat amb la democràcia espanyola, que reconciliació vol dir desaparició de la memòria, amb la coartada de no fer renéixer odis i ressentiments del passat.

| by Lucian Freud |


“Pensar ya no es otra cosa que estar a cada instante pendiente de si se puede pensar. De ahí el aspecto estrangulado que tiene aùn toda producción espiritual aparentemente independiente, la teórica no menos que la artística. La socialización del espíritu tendrá a este confinado, retenido, a recaudo mientras la sociedad misma continúe prisionera.”
Ja hem vist que una argumentació conté, entre d'altres elements, arguments i contraarguments.
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| Sant Mateu |

El blindaje frente a la realidad que tiene la ficción independentista me recuerda aquella idea de Fidel Castro: la revolución es como una bicicleta, si se deja de pedalear, se cae. Ahora sustituya usted "la revolución" con "el proceso independentista".
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| Stefan Zweig by Loredano |
La crisis actual del Estado en Cataluña se llama independentismo: es su metáfora más altisonante porque es tanto su expresión sentimental como la presunta solución definitiva para que tanto la crisis como el Estado se disuelvan. El independentismo es, me parece, la forma que ha adoptado en Cataluña la denuncia y la desesperación ante males compartidos por el resto de España. Pero precisamente por ser gravísima la quiebra financiera de la Generalitat y astronómica la cifra de parados (más de 600.000), esa crisis de Estado se ha reconvertido, desde el poder y desde la calle, en solución liberadora de los males actuales y al mismo tiempo liquidadora de los males históricos. En ambos casos, el mal es España.
Hablábamos de este asunto hace ya algunos años en esta misma bitácora, pero es algo que sale en clase de manera recurrente al menos en estos tiempos en los que todavía se sigue explicando a todos la historia de la filosofía. Me estoy refiriendo a la muerte de Sócrates, que fue en cierta manera una muerte asumida y elegida. No en el sentido de que el filósofo ateniense deseara morir, pero sí porque rechazó escapar incumpliendo la ley, al menos si nos fiamos del testimonio de Platón. Al final, cuando planteamos el tema en clase suelen salir dos valores cruciales para todo ser humano: la vida y las propias ideas. ¿Cuál de los dos vale más? Sócrates estuvo dispuesto a cambiar la primera en favor de las segundas. Entregó su vida por sus ideas, convencido de que la coherencia personal era un valor sin el cual no merecía la pena vivir. En nuestro tiempo, la elección socrática suele interpretarse en las aulas como una estupidez: su contribución a la filosofía hubiera sido aún mayor de haber podido gozar de algunos años más de vida. Él, que decía servir a las leyes, debió escapar de la muerte en favor de otro de los valores que siempre dijo defender: los jóvenes, que hubieran podido aprender muchas más cosas de Sócrates en caso de que este hubiera decidido vivir.
Valemos más vivos e incoherentes o por el contrario aportamos más a la sociedad coherentemente muertos, tranformados en iconos de no sé sabe muy bien qué ideas. Sócrates parecía tenerlo claro: mejor que mueran los seres humanos antes de que lo hagan las ideas. Popper, un filósofo nada sospechoso de ser amigo de las medias tintas, parecía pensar al revés y siempre manifestó que era preferible que murieran las ideas para que no lo hicieran las personas. En estos tiempos nuestros, la actitud socrática no resulta comprensible del todo: fanatismo filosófico, es como la califican algunos de los alumnos. Como si fuera exactamente igual aceptar una injusta sentencia de muerte que llenarse el cuerpo de bombas y hacerlas explotar en un autobús. O si se quiere poner un ejemplo en el que no haya terceros implicados: suicidarse porque se está convencido de que las propias creencias personales nos empujan a ello. Nunca la filosofía tuvo unas consecuencias inmediatas, prácticas y vitales, como en el caso socrático: siempre fue perseguido el pensamiento libre y crítico, pero no es fácil encontrar casos como este en el que voluntariamente se entrega la propia vida a cambio de salvaguardar una serie de ideas.
Más inteligente fue, suele comentarse en clase, la actitud de Galileo. Un ejemplo científico que nos sirve igualmente para ilustrar el tema: juzgado por plantear un nuevo cosmos revolucionario, Galileo fue capaz de retractarse y desdecirse, de reconocer públicamente que estaba equivocado, aunque en privado hubiera dicho totalmente lo contrario. No aporta demasiado al caso si en verdad se atrevió a mascullar aquello de “Y sin embargo se mueve” o no. Lo cierto es que su actuación pública consistió en retractarse. Salvó la vida, se puede pensar. Perdió toda su vida anterior, podría responder Sócrates. Y es aquí donde la actitud socrática puede entenderse incluso como una afirmación de la vida. De su vida en este caso: de haber escapado, habría dejado de ser Sócrates. Recluido en una isla, sin opciones de pasear por su amada Atenas y hablar amistosamente con sus gentes: ¿acaso tiene sentido vivir así para quien ha hecho de la plaza pública su modo de vida? Miremos de nuevo a Galileo: podemos dudar de si logró una buena ganancia al quedar condenado al ostracismo y a una especie de encierro intelectual, sin opciones de volver a crear y compartir nuevas teorías sobre el universo. Entre el integrismo y la autenticidad: preguntarse si merece la pena seguir viviendo renunciando a ser uno mismo o alargar la vida biológica, habiendo perdido para siempre el sentido personal que cada cual le viene dando a la misma. Esta, y no otra es la cuestión socrática.

