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La determinación de la locura como estado de un individuo (que no es únicamente un diagnóstico) depende de una discriminación previa, de enormes implicaciones: la distinción entre lo normal y lo patológico, que nunca está demasiado clara para nadie; más aún, que requiere del reconocimiento de ciertos signos en la conducta psicótica, a menudo encubiertos o disimulados o simplemente desplazados por otros signos, considerados normales. A esto se añade que la condición del loco presupone la exclusión absoluta, no solo de sí mismo y de su naturaleza más íntima con relación al mundo “cuerdo” sino además la exclusión de quien lo trata o lo observa. El loco construye en torno de sí una fortaleza inexpugnable. Por eso resulta tan difícil representarse qué es la locura: quienes no están locos solo alcanzan a ver en ella una confusión insondable que no obstante tiene sentido para el loco. Y, como no estamos en condiciones de representarnos una confusión con sentido, cuando requerimos del psicótico que sea capaz de sustraerse a ella y reconocer su dolencia, es decir, saber que está loco, le pedimos algo imposible: que se desprenda de lo que es o siente y asuma el discurso del otro; le obligamos a ponerse un traje de alquiler que, por definición, por fuerza ha sido pensado para otro.
| César Rendueles |
El conatus no es una propiedad temporal o accidental de la cosa, algo que la cosa pueda prescindir, sino supone un tiempo indefinido –El esfuerzo con que cada cosa se esfuerza por perseverar en su ser, no implica ningún tiempo finito, sino indefinido. (E3p8) Desde una perspectiva ontológica, es posible comprender la duración del proceso de determinación de la cosa; así como distinguir una cosa de otra, cuanto que estas parcelas de potencia son distintas una de otra –el [conatus] es la naturaleza misma o la esencia de cada cual; luego, el [conatus] de cada individuo se diferencia […] cuanto la naturaleza o la esencia del uno difiere de la esencia del otro. (E3p57dem)Las cosas singulares, en efecto, son modos por los cuales se expresan de cierto y determinado modo los atributos de Dios (por E3p25c); esto es, (por E3p34), cosas que expresan de cierto y determinado modo la potencia de Dios, por la cual Dios es y obra; y ninguna cosa tiene en sí nada por lo cual pueda ser destruida, o sea, que quite su existencia (por E3p4), sino que, por el contrario, se opone a todo lo que pueda quitar su existencia (E3p5); por tanto, se esfuerza, cuanto puede y está en ella, por perseverar en su ser. (E3p6dem)
Spinoza insiste en que el conatus es la esencia actual de la cosa misma (E3p7). En este sentido, cada cosa contiene la causa o la razón inmanente de su esfuerzo o tendencia. El conatus, en tanto expresión determinada de la potencia divina, es un quantum finito de potencia, es decir, un modo finito y limitado que tiende a perseverar en su ser. No hay una distinción real entre la cosa y su tendencia por conservarse a sí misma. El esfuerzo por perseverar en su ser debe ser entendido como una afirmación dinámica y activa de la cosa singular. La cosa existente es la potencia actual de una causa. Esta es una potencia de cada cosa, inherente a su propio esfuerzo, mismo que es en sí continua determinación, sin objeto ni fin. Es un principio innato de actividad.El conatuses, en y por sus efectos, un esfuerzo en acto, una potencia activa de afirmación y resistencia de una cosa frente a cualquier otra cosa externa que pudiere vulnerar su perseverancia indefinida. Es el apetito de afirmación y resistencia inmanente que juega en la relación de potencias. En este sentido, el esfuerzo de perseverancia de la cosa está siempre en conformidad con los afectos que expresan su grado de potencia y, además, la determinan.Este esfuerzo, cuando se refiere al alma, se llama voluntad, pero cuando se refiere a la vez al alma y al cuerpo, se denomina apetito; por ende, no es nada más que la esencia misma del hombre, de cuya naturaleza se sigue necesariamente lo que sirve para su conservación; y, por tanto, el hombre está determinado a obrar esto. Además, entre el apetito y el deseo no hay ninguna diferencia, sino que el deseo se refiere generalmente a los hombres en cuanto conscientes de su apetito, y por ello puede definirse así, a saber: El deseo es el apetito con conciencia de él. (E3p9e)
No deja de ser curioso cómo decimos todo, y muy en especial la palabra todo. Hay tantos todos que tal parecería que todono tiene que ver con cosa alguna, ya que al hablar así cabría pensar que no aludimos a nada ni a nadie en concreto. Así, todo y el todo irían a lo suyo, que desde luego no sería lo nuestro. Entonces podría ocurrir que todo fuera bien mientras nosotros nos encontráramos mal. O, por el contrario, que todo fuera un desastre, mientras nosotros nos halláramos magníficamente. Ese todo sin nosotros no vendría a incluirnos, sino que podría mostrar su rostro edulcorado hasta significar poco más que en general o en líneas generales. O lo que es peor, sería un todo, siempre y cuando no se tuviera en consideración a cada quien.

Todo el mundo está a favor de mi ley de educación, dijo el ministro de educación cuando hacía la wertical.
La LOMCE promueve la evaluación externa: todos los contenidos cuentan con el beneplácito de la Conferencia Episcopal.
Mi objetivo, dice Wert, es llegar a ser el último ministro de educación en España.


InGenius es el primer concurso para docentes de Primaria y Secundaria con motivación de toda Europa. Su reto es conseguir que diferentes metodologías pedagógicas se conozcan, se evalúen y se difundan. El concurso se basa en actividades, debates, juegos de rol, visitas y mucho más. Se espera que los docentes establezcan unidades didácticas interactivas ejemplares y transformadoras.

Está dirigido a docentes creativos y con una gran vocación en Ciencias, Tecnología, Ingeniería o Matemáticas.
Además de los 28 países de la Unión Europea, otros países como Israel, Turquía, Macedonia, Noruega, Islandia, Suiza y principados como Andorra o Liechtenstein podrán participar en este evento.
El concurso inGenius está abierto hasta febrero de 2014. El plazo de envío de candidaturas estará abierto durante el mes de febrero de 2014 y solamente entrarán a concurso las actividades realizadas en los centros desde enero de 2013 hasta finales de enero de 2014.
Las bases del concurso las podéis encontrar aquí: bases del concurso inGenius
Toda la información del concurso la podéis encontrar aquí, así como el formulario de inscripción.
¿Quieres ser uno de los finalistas y asistir a la ceremonia de entrega de premios en Bruselas y al taller de divulgación científica? ¡Concursa en inGenius! Aprende junto a docentes de toda Europa.

Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira.
¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.
Aunque el Diccionario de la Real Academia ayuda realmente muy poco -pues define la idiota como "hecho o dicho propio del idiota", y al idiota como "quien padece de idiocia"-, tras esa vieja palabra griega hay bastante miga. En tiempos arcaicos, cuando tiranos y reyes eran la norma, idiotés parece haber designado al simple particular, o cuando mucho al hombre común, por contraste con los de cuna o ingenio no común. Pero al optar algunas ciudades griegas por el autogobierno, idiotés pasó a nombrar una amalgama de desidia, pusilanimidad e inconsciencia, en épocas donde semejante cosa supone ceder las riendas del Estado a embaucadores y ladrones. De ahí que el idiota no fuese un simple imbécil o persona corta de luces, sino alguien que delegaba tranquilamente en otros el cuidado de lo común y, por tanto, suyo. Así lo expone Pericles en su discurso más célebre, donde termina diciendo que "quien se desentiende de lo público no es para nosotros tan sólo un tranquilo, sino un inútil".A mi juicio, esas palabras del 410 antes de Cristo siguen marcando en 1993 las lindes que separan a tranquilos (y parásitos suyos) de quienes, por citar otra vez a Pericles, "aman la belleza con economía y el saber sin molicie". Para estos últimos, desde luego, no hay modo de rehuir la idiocia -y con ella sucesivas clases políticas, dedicadas a pastorear con seres humanos a modo de ovejas- si la ciudadanía no se asegura el derecho a ser consultada, cuando ella lo decida, sobre cualquier norma obligatoria vigente. Otra cosa no merece llamarse democracia.

