Atributo:
Modo:
Substancia:
Vegeu en
[revistaespiraltijuana.org]

Hace unas semanas, a un joven publicista se le ocurrió utilizar a Kant en una campaña contra las conductas incívicas en el tranvía de Barcelona. En un divertido vídeo, el filósofo prusiano del XVIII, con monopatín bajo el brazo, «rapea» aquello de «no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti».La campaña está muy bien. Pero peca de ingenua. El macarra que pone los pies en los asientos o te atrona con la música en el tranvía dispone de un poderoso argumento con el que replicar a Kant: «¿Qué pasa si soy tan chulo que me puedo permitir hacer a los demás lo que no permito que me hagan a mi (porque si lo intentan les parto la crisma)?» –réplica que no es sino una versión de la «regla de oro» del abusón: «si puedes aprovecharte de la gente sin correr demasiados riesgos (porque no puedan corresponderte con la misma moneda), ¿cómo vas a ser tan tonto de no hacerlo?»–. Esta última regla no solo justifica al pobre macarra de tranvía, sino a todos los potentados de este mundo, para los que presenta, además, una «extended version» conocida como la «ley del embudo»: «¿Qué pasa si soy tan poderoso que me puedo saltar las leyes que no se pueden saltar los otros?»...¿Entonces? ¿Gana el macarra incívico? No tan rápido. Veamos con detalle lo que tiene que decir a todo esto el bueno de Kant… Si alargásemos el rap, lo primero que diría el filósofo es que las personas somos fundamentalmente racionales. Esto no admite mucha discusión. Fíjense que nadie se priva de justificarse –hasta el que niega la racionalidad humana lo hace razonándolo–, ni nadie, tampoco, soporta fácilmente que le quiten la razón. Normal: en ello (en tener razones) nos va lo que somos.Ahora bien –seguiría el rap–, si somos racionales, hacer lo que debemos tendría que comenzar por actuar de acuerdo a la razón, es decir, según leyes morales que –como las de la ciencia, o más– puedan ser reconocidas como válidas por cualquier otro ser racional (aquí el famoso «imperativo categórico» kantiano).Sin embargo, esta formulación del imperativo sirve de poco si el macarra del tranvía se empeña en lo propio: «¿Por qué va a ser irracional que cada uno vaya a lo suyo y se imponga el interés del más fuerte o astuto?» Al fin –dirá– esto no es solo la ley fundamental del abusón, sino la ley misma que rige el mundo.Para responder al empecinado abusón, el rap (que es ya un combate de gallos) podría introducir el otro termino de la ecuación moral kantiana: el de libertad. El ser humano –cantaría Kant– es un ser innegablemente libre –un ser sobrenaturalmente desgajado del mecanicismo natural–, por lo que no se le puede imponer el interés de otros sin atentar a la vez contra su dignidad (y aquí resonaría esa otra formulación del imperativo: «no trates a ninguna persona como medio, sino como un fin»…). A todo lo cual, claro, el macarra tranviario objetaría que no hay nada más guay que ser un hombre libre rodeado de esclavos. «Utiliza a los demás para alcanzar tus metas, y que gane el mejor» –diría, reformulando, también él, su propio imperativo ultraliberal–.A Kant solo le quedaría entonces –antes de encomendarse a Dios y la metafísica– esta última estrofa rapera: «trata a los demás como a personas –no como esclavos– porque solo así contribuirás a crear un mundo –racional y libre– en que las personas –también tú– se puedan realizar». Así soñaba Kant la Ilustración, no como un logro individual –o puramente intelectual–, sino como un proceso político para el que la educación y el diálogo con otras personas eran condición necesaria.Este era el sueño de la razón kantiano. ¿Y el monstruo? El monstruo no es el macarra del tranvía, sino las razones que justifican que te ponga las piernas encima. Razones según las cuales la propia razón no sería más que un medio para fines (pasiones, gustos, deseos) que poco tienen que ver ni con la razón ni con la realización humana, ni siquiera con la de los abusones. Y me refiero ahora a los de verdad, a esos bien trajeados que, si alguna vez subieran a un tranvía, cederían amablemente su silla a algún anciano. Tal vez a uno con peluca dieciochesca y acento extranjero.Víctor Bermúdez, Kant y los macarras del tranvía, El Periódico de Extremadura 27/03/2019
Buena parte de las malas decisiones que están en el origen de los fracasos colectivos se deben a una mala agregación de decisiones, que no eran más que la mera adición de preferencias individuales a corto plazo. Puede que singularmente consideradas cada una de las decisiones que nos condujo al desastre no fuera especialmente irracional, pero sí lo es la suma de ellas. No hay inteligencia colectiva si las sociedades no aciertan a anticipar el resultado agregado de sus decisiones en una perspectiva de medio y largo plazo, es decir, a gobernar razonablemente su futuro. El futuro es una construcción que tiene que ser anticipada con cierta coherencia. Cuando las decisiones son adoptadas con una visión de corto plazo, sin tener en cuenta las externalidades negativas y las implicaciones en el largo plazo, cuando los ciclos de decisión son demasiado cortos (electoralismo, racionalidad táctica, oportunismo), la racionalidad de los agentes es necesariamente miope. Cuando el horizonte temporal se estrecha y solo es tenido en cuenta el interés inmediato es muy difícil evitar que las cosas evolucionen catastróficamente.Se dice que en una sociedad del conocimiento la sociedad en su conjunto puede ser más inteligente que cada uno de nosotros, pero también es cierto lo contrario: que todos juntos —la sociedad interdependiente, contagiosa— estemos siendo más torpes de lo que podemos serlo cada uno de nosotros personalmente. El gran problema de las actuales sociedades democráticas es conseguir lo primero y evitar lo segundo. En sociedades complejas, donde todo está densamente interconectado, deberíamos dedicar menos energía a combatir a los enemigos externos y más a nuestra propia irracionalidad.Daniel Innerarity, La estupidez colectiva, El País 26/03/2019 [https:]]
A lo largo de nuestra historia y, sobre todo durante los 40 años del actual marco constitucional, no hemos desarrollado una cultura periodística de verificación, donde la opinión se diferencie de la información, y donde las grandes empresas y los gobiernos respeten ese propósito nuclear de los medios de comunicación, que es aportarnos información veraz. Pero nunca es tarde para que nuestros medios avancen en esa configuración institucional que les erija como los verdaderos transmisores de información veraz. Me consta que están encaminándose en esa dirección.Mientras, la empresa Newtral y la ONG Maldita.es están ganando terreno en el mercado de la verdad. Son los dos únicos actores de verificación de datos ('fact-checking') en España certificadas por la Red Internacional de Verificación de Datos (International Fact-Checking Network) que ha impulsado Poynter, una organización norteamericana sin ánimo de lucro especializada en formar, empoderar y conectar a periodistas. Para poder certificarse por la IFCN es necesario publicar en la web información relativa a los detalles de la organización, su neutralidad e independencia frente al poder político o económico, el tratamiento de las fuentes, la financiación, la metodología y la política de corrección. El profesor de la Universidad de Navarra, Ramón Salaverría, ha sido el encargado de valorar si Newtral y Maldita.es cumplen con estos principios. El proceso está bien diseñado, pero no está exento de errores como el expuesto al inicio del artículo. Aún así, ambas organizaciones han sido contratadas por Facebook para encargarse de verificar noticias que se difundan en la plataforma al calor de las próximas elecciones.Elena Herrero-Beaumont, ¿Quién se encargará de definir la verdad en la era fake?, El Confidencial 25/03/2019 [https:]]


“Un mico amb els ulls embenats tirant dards a les pàgines de borsa del Wall Street Journal crearia una cartera d’inversió millor que un expert en finances”. Aquesta contundent afirmació va causar un gran impacte en el món financer dels anys 70. L’autor de la frase és Burton Malkiel, economista nord-americà i professor de la Universitat de Princeton, i suposava un desafiament en tota regla als agents de borsa i als gestors de fons d’inversió. Malkiel la va incloure al seu llibre A random walk down Wall Street [Un passeig aleatori per Wall Street], publicat el 1973 i que encara avui és un bestseller de la literatura econòmica.En el seu llibre, Malkiel analitzava un seguit de carteres d’inversió escollides aleatòriament -com si les accions les hagués triat un mico, d’aquí la seva metàfora- i les comparava amb els resultats dels fons d’inversió reals, gestionats per empreses financeres. La conclusió era que, en una gran majoria d’ocasions, els primats guanyaven més diners que els humans.El financialès és un idioma complicat: l’argot del sector financer és tan ampli que fa que qualsevol persona sense un mínim coneixement de la matèria quedi aclaparada i amb la sensació de no haver entès res. És el cas de l’estrany concepte matemàtic passeig aleatori -o random walk -, també popularitzat dins del món econòmic gràcies al llibre de Malkiel.Un passeig aleatori és el comportament que, segons Burton Malkiel, tenen les cotitzacions de les empreses a la borsa. Segons aquest economista, l’evolució passada d’una acció no ens aporta cap mena d’informació sobre cap on es mourà en un futur. Segons aquesta teoria, els moviments amunt o avall del preu d’un actiu financer són sempre aleatoris, és a dir, no estan influïts pel passat.Leandre Ibar, Un mico de Wall Street: ¿un animal pot invertir millor que els professionals?, ara.cat 23/03/2019 [https:]]











«¿Y de qué manera buscarás, oh, Sócrates, aquello de lo que ignoras totalmente qué es? ¿Cuál de las cosas que ignoras vas a proponerte como objeto de tu búsqueda? Porque si de verdad la encontrases, ¿cómo advertirías que es esa la que buscas, puesto que no la conocías?».
















McWhorter: Hay una idea que le gusta a mucha gente que dice que la lengua que hablas es como unas gafas que determinan tu pensamiento. Cada una de las siete mil lenguas es su propio viaje de ácido. Está muy extendida, sale en los medios: tu lengua marca cómo ves el mundo. Uno de los ejemplos que se utilizan para explicar esto es la lengua guugu yimithirr, en Australia. Es una lengua fascinante por muchas razones. Una de ellas es que no puedes decir “delante de” o “detrás de”. Para sus hablantes las cosas están o bien al norte o al sur de ti. No sé ahora mismo en qué ubicación estamos, pero supongamos que delante de mí está el norte y detrás el sur. Si me doy la vuelta, seguiría diciendo que el norte está en el mismo sitio. No puedes decir “detrás”. Hay gente brillante que dice que eso significa que el lenguaje está determinando cómo procesas el mundo: para ellos, este lenguaje, como es norte/sur y este/oeste, condiciona tu visión del mundo. Es al revés, son la cultura y la topografía las que determinan tu visión y construyen el lenguaje. El lenguaje no puede hacer eso que dicen. Hay lenguas que se hablan en regiones llanas, de modo que hay una razón por la que hablas de delante y detrás: no hay árboles, tienes que hablar de norte y sur. Cuando llevas a esta gente a la ciudad, dejan de hacer eso. Lo interesante es cómo la topografía puede influir una lengua, y no cómo tu lengua determina tu pensamiento. Pero en la universidad es muy común la otra postura, recuerdo aprenderla de un sujeto que parecía narcotizado, y pensar que era apasionante.Pinker: Uno de los fallos lógicos recurrentes tanto en la academia como en el lenguaje común es creer que el lenguaje determina cómo piensas. La comparación que se hace es siempre entre nuestra cultura y otra cultura. Hablamos inglés u otra lengua europea, que están muy relacionadas entre ellas, y ellos hablan otra lengua. Se cree que si hay diferencias en la manera en la que la gente se comporta, piensa, recuerda, percibe, estas se explican por las diferencias en la lengua. Pero lo que la gente no suele razonar es que hay que tener en cuenta una cultura particular, un ecosistema, una lengua y unas diferencias cognitivas. ¿Por qué piensas que es la lengua la que causa las diferencias cognitivas, en vez de las enormes diferencias en ecología y estilo de vida? Aunque vivas en un ambiente en el que hay direcciones cardinales prominentes, norte, sur, este y oeste. También hay este tipo de lenguajes en áreas donde hay valles o cordilleras, donde cada vez que sales fuera tienes ese sistema de coordenadas enfrente de ti. Por otra parte, hay lenguas que no dan mucha importancia a la izquierda y la derecha, como las nuestras, porque no son lengua con escritura, en las que tienes que estar atento constantemente a las distinciones entre izquierda y derecha, porque así es como leemos. En general, la mayoría de animales confundimos la izquierda y la derecha. Hay una razón profundamente ecológica para esto. La gravedad distingue entre arriba y abajo. No hace falta lenguaje, cultura; es física. Para cualquier organismo que se mueve, ir hacia delante es diferente a ir hacia atrás. Pero no hay nada que diferencie realmente la izquierda de la derecha, excepto en artefactos humanos como las letras del abecedario o los coches. Si cogemos una fotografía y la colocamos boca abajo, uno la ve y detecta que está boca abajo. Pero si la colocamos frente a un espejo y la invertimos, a no ser que tenga algo escrito, probablemente no nos daríamos cuenta. El mundo parece igual si lo invertimos frente a un espejo. Esto está integrado en nuestros cerebros: confundimos la izquierda y la derecha, nunca confundimos arriba y abajo. La mayoría de lenguajes no distingue entre izquierda y derecha, así que no es muy sorprendente que las culturas no escritas no tengan distinciones entre izquierda y derecha o atrás o adelante tan claras como las nuestras.Aunque hay una isla concreta en la que la gente también emplea los puntos cardinales de uptown, downtown y crosstown. Esa isla es Manhattan.Pinker: La versión radical de la hipótesis del determinismo lingüístico, a veces denominada Sapir-Whorf por el nombre de los lingüistas que la hicieron famosa, no tiene sentido. La mente no puede operar con una lengua particular como medio interno. El sistema operativo de la mente no puede ser el inglés, por varias razones. Imagina tu conocimiento del mundo. Espero que al salir de esta charla pienses que has aprendido algunas cosas. Si te reto a que me digas una frase textual que hayamos dicho nosotros tres no podrías de ninguna manera hacerlo. Pero recuerdas lo esencial. Un fenómeno muy poderoso de la memoria humana es que la memoria de lo esencial, del contenido, del significado, es mucho mayor que la memoria de la forma. Por eso el “lenguaje del pensamiento” no puede ser el inglés, francés, saramaka o japonés.Aprendí esto porque estaba interesado en cómo los niños adquieren por primera vez el lenguaje. Llegas al mundo y no tienes ni idea de qué lengua hablará tu comunidad, si es japonés, inglés o yidis. Tienes que aprender sobre la marcha cómo funciona una lengua. Y no es como la criptografía, no consiste en escuchar largas corrientes de sonido y buscar patrones sobre cómo un sonido va detrás de otro, como los informáticos que escriben códigos. Sabemos que esto no es así porque los niños no pueden aprender una lengua simplemente a partir de la propia lengua. Si una pareja tiene un niño y lo colocan frente a la televisión, con la esperanza de que aprenderá inglés, descubren que no funciona así. Los niños no pueden aprender el idioma de la televisión, porque no están en ese mundo. Los niños descifran el código del lenguaje ajustando lo que oyen con su propia comprensión de la situación, con todo el resto de su mente. Entienden el mundo físico, lo que otra gente probablemente quiere decir. La adquisición del lenguaje es un ajuste entre la señal, el blablabla, y una valoración cognitiva del mundo, lo que mamá y papá probablemente están intentando decirme, en un contexto. Sin una cierta habilidad de representar el mundo previa al lenguaje, no sería posible siquiera adquirir el lenguaje.El lenguaje no puede ser el sentido del pensamiento. Si fuera así los bebés serían incapaces de pensar y por lo tanto incapaces de adquirir el lenguaje.
