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La Heurística es el arte de buscar. El término (emparentado con ¡eureka!) es uno de los muchos derivados artificiales del griego (como fonógrafo) para dar nombre a cosas que no lo tuvieron o ni siquiera existían en los tiempos clásicos. Según Alain Rey (Le Robert historique), los alemanes lo inventaron en latín (heuristica), como si proviniera del griego (heurisko) en 1734, y luego lo germanizaron (heuristik) en 1750. Un siglo después pasó al inglés (heuristic) y el francés (heuristique).
Curiosamente, los españoles se crían en ciertas zonas mejor que en otras, igual que los buenos vinos. En Madrid, Extremadura y en las dos Castillas, la españolidad prácticamente brota a flor de tierra: pegas una patada a un pedrusco y te saltan dos españoles encima. En la periferia ya abundan menos. Para el nacido en el lado correcto de la Península la españolidad es como el valor para el soldadito español: viene de fábrica. Cuando hice la mili, me sorprendió descubrir que allí se evaluaban no sólo cualidades empíricamente verificables sino también cuestiones más vaporosas. El valor, por ejemplo. En mi cartilla militar, en la casilla del valor, ponía S.S. Le pregunté al sargento si aquello quería decir “sobresaliente”, como en el colegio, o era que pensaban trasladarme a una unidad de élite alemana. “Se le supone” fue la escueta y sabia respuesta. No iban a enviar a unos reclutas a una refriega de verdad ante la posibilidad de que no regresara ninguno. En asunto de valor, los sargentos hacían lo mismo que el Quijote después de rehacer su casco de guerra: darnos por probados. El Quijote no le metió otro mandoblazo al casco porque lo mismo lo rajaba de nuevo.


| by Max |
Tal vez, de acuerdo con lo que declaran quienes acostumbran a ser considerados como expertos en el asunto, resulte conveniente para evitar catástrofes sistémicas inyectar capital en los bancos. Pero lo que resulta ya no conveniente, sino directamente imprescindible para que no naufraguemos en una gigantesca desagregación colectiva es inyectar sociedad no sólo en los partidos políticos sino también en la mayor parte de nuestras instituciones públicas.Los poderosos esgrimen el dato del numeroso ejército de parados para empobrecer más aún a los que todavía conservan algún puesto de trabajo. Si algún hilo conductor recorre los libros abajo mencionados es el decidido rechazo a la deriva adoptada por el mundo de un tiempo a esta parte, cegando por completo la posibilidad, no ya de continuar alimentando la expectativa de un orden más justo y equitativo, sino incluso la de que el orden existente hasta ahora fuera capaz de limar sus aristas más afiladas y dolorosas, sus injusticias más flagrantes. Hasta tal punto han caducado dichas expectativas que la consigna misma de un capitalismo compasivo —presunto hallazgo comunicativo no tan lejano de algunos partidos conservadores— ha terminado por parecer ingenuamente bienintencionada, candorosamente benefactora.
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| Paul Feyerabend |


En nuestra Weltanschauung africana, nuestra cosmovisión, tenemos el concepto de ubuntu. En xhosa decimos: "Umntu ngumtu ngabantu". Esta expresión es muy difícil de traducir, pero podríamos verterla de este modo: "Una persona es persona a través de otras personas". Necesitamos a otros seres humanos para aprender cómo ser humanos, ya que ninguno de nosotros llega plenamente formado al mundo. No sabríamos cómo hablar, caminar, pensar y comer como seres humanos si no aprendiéramos de otros seres humanos cómo hacer esas cosas. Para nosotros, el ser humano solitario es una contradicción en los términos.
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En la sociedad africana tradicional, el ubuntu era más codiciado que cualquier otra cosa -más que la riqueza medida por las cabezas de ganado y la extensión de la tierra que uno tenía por propiedad-. Sin esta cualidad, un hombre próspero, aun cuando hubiera sido un jefe, era considerado alguien que merecía compasión e incluso desprecio. Esta cualidad era vista como aquello que, en último término, distinguía a las personas de los animales -la cualidad de ser humano y, por tanto, también humanitario. Quienes tenían ubuntu eran compasivos y amables, usaban su fuerza a favor de los débiles y no se aprovechaban de otros -en suma, se preocupaban, tratando a los demás como lo que eran: seres humanos-. Si uno carecía de ubuntu, en cierto sentido carecía de un elemento indispensable de la condición humana. Aunque tuviera una gran cantidad de bienes materiales, y una alta posición y autoridad, si no tenía ubuntu, carecía de importancia. Actualmente, esta cualidad sigue siendo muy admirada, buscada y cultivada. Solo una persona a la que le ha sucedido algo dramático podría decir, como dijo en una ocasión un ministro del gobierno sudafricano, que la muerte de Steve Biko -la muerte de otro ser humano- le resultaba indiferente. Ese ministro había perdido su humanidad o estaba a punto de perderla.


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| by Eva Vazquez |
La demencia frontotemporal no es precisamente una enfermedad rara. Da cuenta por sí sola del 20% de los casos de demencia presenil, solo por detrás en importancia del alzhéimer. Se llama presenil porque, trágicamente, los primeros síntomas suelen aparecer en la mediana edad, entre los 45 y los 65 años. El 57% de los (numerosos) pacientes de demencia frontotemporal se comporta como si el contrato social hubiera expirado. Todos los humanos tienen impulsos ocultos más o menos conscientes, pero estos pacientes, a diferencia de los demás mortales, parecen haber perdido la capacidad de controlarlos. Empiezan a robar en las tiendas —sin mucho disimulo— o a saltarse los semáforos, desnudarse en público, cantar más de lo estrictamente necesario, hurgar en la basura y otras formas de sacar los colores a sus allegados.

Los cerebros se dedican a reunir información y a guiar nuestro comportamiento de manera adecuada. Tanto da que la conciencia participe o no en la toma de decisiones. Y casi nunca participa. Si hablamos de ojos dilatados, celos, atracción, afición a las comidas grasas, una gran idea que tuvimos la semana pasada, la conciencia es la que menos pinta en las operaciones del cerebro. Nuestros cerebros van casi siempre en piloto automático, y la mente consciente tiene muy poco acceso a la gigantesca y misteriosa fábrica que funciona debajo.


El lunes 1 de abril, a las 19.30h, en el Ateneo de Madrid (sala Nueva Estafeta), presentaremos el nuevo libro de nuestro amigo y cavernicolega Juan Antonio Negrete, Diálogos de Educación, publicado por la Editorial Manuscritos. Intervendrán el autor, el profesor Luis Martínez de Velasco y yo mismo. (También está invitado el ministro Wert, aunque de venir, lo hará seguramente disfrazado de tarima o de monólogo sordo). También se leerán dramatizadamente varios fragmentos de los diálogos, y se propondrá un espacio de preguntas y debate acerca de la cuestión del libro, la filosofía de la Educación. La dirección de la presentación estará a cargo de Victoria Caro Bernal.
Diálogos de Educación, no solo no es un libro de ciencia: tampoco es un libro de filosofía escolar o académica, sino una obra “literaria” o de “creación”. En él recorro cuatro posibles filosofías de la Educación, buscando sus fundamentos antropológicos, morales y ontológicos, siguiendo aquella recomendación de Sócrates, que casi he convertido en lema, según la cual debemos investigar qué somos, para saber qué nos corresponde por “naturaleza” hacer y padecer. Por supuesto, hay una filosofía, muy “de moda” en tiempos modernos, que dice que no hay nada que por naturaleza o esencia seamos ni nos corresponda. Esta es, precisamente, la primera propuesta que se discute en el libro. Después se pasa a considerar una concepción sentimentalista, según la cual nuestro centro de gravedad es la emotividad y la razón solo es “la esclava de las pasiones” (según decía Hume), y que también tiene muchas versiones modernas en pedagogías tanto alternativas como convencionales; en tercer lugar, se discute una concepción “kantiana”, en la que la Voluntad como Ley es situada en el lugar más alto; solo al final se llega a la concepción socrático-platónica, con la que más afín me siento, y para la cual la maldad es fruto de la ignorancia y nuestra mayor ignorancia es, precisamente, no conocernos y confundirnos con un ser esclavo. Aunque este pensamiento no carece, desde luego, de su "dialéctica"; es más, la busca y la ejercita, pero la envuelve en la "solución" (no disolución) del Amor o Analogía. De las cuatro teorías o concepciones antropológico-pedagógicas intento extraer lo mejor, interpretadas de la manera más optimista y halagüeña que he podido, antes de señalar sus aporías. Algunos fragmentos del libro pueden leerse aquí.
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| Jacques Derrida |
| David Eagleman |
Chusma”, palabra predilecta de Salvador Sostres, uno de los más vociferantes predicadores del credo neoliberal, procede del sustantivo griego κέλευσμα, que significa la llamada del κελευστής, el que marca el ritmo de los que reman en los barcos: el cómitre. La curiosidad por conocer el origen de las palabras y el gusto por destriparlas para saber qué esconden tras su fachada no es una excentricidad propia de filólogos enloquecidos entre montañas de libros polvorientos sino una actitud habitual entre quienes constatan que el lenguaje articulado nos singulariza como especie. El lenguaje es el instrumento necesario del razonamiento (que es lo que significa λóγος, además de palabra), y las carencias e imprecisiones del uno conllevan las del otro. Cuanto más conozcamos sus entrañas menos vulnerables seremos a las trampas dialécticas y falacias a las que nos vemos expuestos día tras día. Este espeluznante pasaje de torpe altisonancia no es el tríptico de una academia no homologada de marketing por correspondencia, sino el primer párrafo del anteproyecto de la LOMCE, ley orgánica para la mejora de la calidad educativa. Estas seis líneas son como la obertura de una ópera en la que se entonan, resumidas, las principales melodías que irán sonando a lo largo de la representación. Se nos escupe ex abrupto una definición de educación cuando menos desconcertante, que solo menciona vagos procesos económicos, a los que se supedita, y obvia a los ciudadanos como sujetos autónomos más allá de su función como peones de esos procesos; peor es todavía el subtexto, pues tal declaración de principios implica tácitamente que el legislador asume el sistema económico actual no ya como inevitable, sino como una especie de estado natural de las cosas. Sobreentendido este engendro como axioma, ya no nos puede sorprender nada del desfile de horrores que se desencadena en las páginas subsiguientes, que más parecen un manual de motivación empresarial que una ley orgánica de la que va a depender el futuro de una generación. La gestión de la educación pública basada exclusivamente en criterios de rentabilidad y el fomento de la arbitrariedad como herramienta de sumisión en la gestión de los recursos humanos son solo dos ejemplos de lo que nos espera, la preparación para la traca final que será la concreción de los planes de estudio curso por curso. Ahí es donde se consuma la reducción a la mínima expresión de las enseñanzas artísticas y musicales en la etapa obligatoria, dando prioridad a lo que el ministro llama “materias instrumentales”, se elimina de un plumazo la cultura clásica y, ya en el bachillerato, se sacrifica cruentamente el griego clásico que pasa de ser una materia troncal en la modalidad de humanidades a ser una optativa de oferta no obligatoria, lo que traducido de la neolengua al castellano significa que, por la mera aplicación de los criterios de rentabilidad que impregnan la ley, no se va a cursar en prácticamente ninguna parte.“La educación es el motor que promueve la competitividad de la economía y el nivel de prosperidad de un país. El nivel educativo de un país determina su capacidad de competir con éxito en la arena internacional y de afrontar los desafíos que se planteen en el futuro. Mejorar el nivel educativo de los ciudadanos supone abrirles las puertas a puestos de trabajo de alta cualificación, lo que representa una apuesta por el crecimiento económico y por conseguir ventajas competitivas en el mercado global”.
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| Robert Castel |
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| Baron Holbach |
Terminamos hoy el trimestre con otro de los ecos de la Olimpiada Filosófica del fin de semana pasado. Hoy voy a centrarme en una pregunta que salió en el debate entre centros. En cierta manera, vino a decir la sagaz preguntadora, la religión es una respuesta a la falta de sentido, y se desarrolla allí donde el ser humano encuentra un límite, una frontera irrebasable. A poco que nos pongamos a pensar, el mayor límite y el mayor abismo al que nos enfrentamos es, sin duda, la muerte. Entonces, venía a plantear la pregunta, la religión es quizás una respuesta ante el miedo, una forma de encontrar una tabla de salvación y de evitar problemas. Dicho en otras palabras: una salida cómoda ante el incordio de vivir sin saber cómo ni por qué. Una forma de responder, de una vez por todas, las preguntas que se nos van presentando a lo largo de este largo camino que es la vida. Dios sería la escapatoria de la muerte y la solución acomodaticia para la vida. Al hilo de la pregunta, me surgió a mi otra que en cierta forma no deja de ser una consecuencia de la anterior: ¿Cuál de las dos es más cómoda, la vida del ateo o la vida del creyente? ¿Realmente es más cómodo creer, o es precisamente al revés? Abordemos brevemente ambas perspectivas para situarnos en posición de encontrar una respuesta.
Entender la creencia religiosa como una forma de comodidad es solo una manera de concebirla. Y la mejor prueba es la sentencia de Unamuno: “fe que no duda es fe muerta”. La vida del creyente, si nos fiamos de Unamuno, no es el camino de rosas que lleva a la salvación eterna. Más bien es la vida de quien quiere ver luz en medio de la oscuridad, y esto puede experimentarse de una forma trágica. Se hace difícil encontrar entre los que se declaran totalmente creyentes, ejemplos de personas que no alberguen la menor duda de la existencia de Dios y de un orden superior, distinto a este nuestro. Profundicemos más todavía: toda religión implica una idealización de la humanidad, un modelo de persona que los creyentes han de realizar. Pongamos el ejemplo del budista: no sé hasta qué punto se puede decir que quien cumple estrictamente los preceptos budistas, o los de cualquier otro credo, lleva una vida “cómoda”. Antes bien al contrario: los grandes ejemplos de la historia de personas que han destacado por sus creencias relgiosas no han tenido una vida precisamente fácil. No sólo por lo material, sino incluso en el plano personal: algunos de ellos han tenido que pagar incluso con su propia vida. De manera que aquello que en la pregunta inicial parecía una tabla de salvación puede ser a la vez una vía de sacrificio y renuncia personal, difícil de comprender en nuestros días. Lo que sí es fácil, y cómodo, es llevar una vida difuminadamente creyente: afirmar que Dios existe, pero no cumplir con lo que esta creencia debería significar en la vida de quien lo cree.
Vayamos ahora al otro lado, a la vida del ateo: ¿Diríamos que es la suya una vida más incómoda que la del creyente? De partida se podría pensar que sí, pero sólo si nos fijamos en el ateo inquieto, muy cercano al Unamuno de carne y hueso: el ateo que se resiste a terminar siendo solo un saco de huesos dentro de una caja. El ateo que quiere ver luz en medio de la oscuridad, pero no puede ver absolultamente nada. Es una vida bien difícil la de aquel que tiene ansias de eternidad y sabe que se está acabando poco a poco, de forma inexorable y sin vuelta atrás. Sin ningún truco final. No obstante, no es esta la única forma de “ser-en-el-mundo” del ateo. Hay otra, cuya vida es tan acomodaticia o más que la del creyente conformista. Sería entonces el ateo ramplón y “sin sustancia”, que se limita a “vivir la vida”, sin creer en nada, pero sin preguntarse tampoco por este no creer. Sin dejar que la vida le empape con sus interrogantes. Dejarse llevar por un motivo bien inmediato: no meterse en complicaciones. Es entonces la del ateo que ni pregunta ni se pregunta una vida bien cómoda y llevadera, que no plantea objeción alguna. Con los esbozos que he presentado, podríamos preguntarnos ahora qué tipos de creyentes y ateos predominan, y si nos pudiéramos formar una “imagen promedio”, tanto del creyente como del ateo, analizar cuál de los dos lleva una vida más sencilla. Sé que es caer en tópicos, pero es una de las formas de introducirse en el asunto. En cualquier caso, la reflexión sobre el tema queda, como siempre, como tarea para quien haya llegado hasta el final de la anotación.
"El nostre objectiu en el desenvolupament d'aquests fullets va ser trencar les barreres entre la recerca acadèmica i l'ensenyament a l'aula" (...)"Els assajos s'han dissenyat per presentar versions dels arguments d'una manera accessible que ajudi els estudiants a obtenir una millor comprensió i per obrir un espai perquè els estudiants desenvolupin els seus propis arguments filosòfics i així millorar les seves possibilitats d'aconseguir alta puntuació en l'A-Level".I a més, els que l'han elaborat es preocupen d'obtenir una avaluació del material.Ah, com m'agradaria allunyar-me nord enllà on diuen que la gent és culta. lliure, desvetllada i feliç ...!


LA VIDA Y EL ESPÍRITU DEL SEÑOR BENEDICTO DE SPINOSA O TRATADO DE LOS TRES IMPOSTORES (MOISÉS, JESUCRISTO Y MAHOMA)
Trad. de Pedro Lomba Tecnos, Madrid 440 pp. 20 €
Anónimo clandestino (siglos XVII-XVIII)

No es mala la idea de prolongar un poco la discusión que se ha planteado estos días en la Olimpiada Filosófica de Castilla y León y compartirla con los lectores del blog que no hayan podido asistir. Así que vamos a terminar el trimestre con el tema olímpico de este año: Dios en la filosofía. Empezamos hoy con el ejercicio propuesto: la relación entre ética y Dios. A partir de un famoso fragmento de El existencialismo es un humanismo, los finalistas debían abordar en su ensayo la relación que existe entre la ética y Dios. O dicho de otra forma: si necesitamos apelar a un ser superior para fundamentar nuestra ética. Resumiré las respuestas que a través de la voz de los tres ganadores de la Olimpiada, nos llegaron a todos los presentes. Respuestas que, como no podría ser de otra manera, fueron uns buena representación, argumentada y razonada, de lo que encontraríamos en la sociedad si planteáramos esta misma pregunta.
Por un lado, Alicia Carro Aguado (I.E.S. Jorge Manrique) y Juan Francisco Daniel Carrasco (I.E.S. Francisco Salinas) se mostraron partidarios de un cambio en la forma de comprender la ética, situando al ser humano en el centro de la misma. Fundamentar la convivencia social en la creencia en un Dios resulta tremendamente problemático en las sociedades en las que vivimos, marcadas de un modo indeleble por la pluaralidad: a la diversidad de credos se le unen los que no creen en ningún tipo de dios. Por eso, hemos de asentar las normas y los valores compartidos en nosotros mismos: es por el bien del ser humano y de la sociedad, por nuestro progreso a todos los niveles, por lo que hemos de comportarnos de un modo moral. Ya no es cuestión sólo de los ejemplos históricos que se pueden citar para poner en duda que la religión sea fundamento de la moral y no una herramienta de poder: de lo que se trata es subrayar esos valores y normas que cumple la gran mayoría, sin necesidad de estar pensando en sus creencias particulares cada vez que lo hace. Para ambos alumnos las bases culturales y sociales para este cambio están ya creadas, y es cuestión de tiempo que esta ética ajena a la creencia religiosa y respetuosa con la misma se implante como la raíz del comportamiento humano.
Con todo, no fue esta la única teoría presentada. Ana Fernández Villar (Colegio Nuestra Señora de la Consolación) cuestionó que realmente fuera posible elaborar una ética sólida al margen de la creencia religiosa. En su opinión, convertir la ética en un asunto humano es tanto como exponerla a la desaprobación de todos: por qué hemos de cumplir tal o cual norma, si en realidad son expresión de la voluntad de una parte de la sociedad. El intento de poner al ser humano como la piedra angular de la ética ha fracasado una y otra vez: el superhombre no deja de ser una construcción teórica más vacía e inalcanzable que el Dios al que pretendía sustituir. Por ello, hemos de recuperar la convicción de que es posible un orden moral animado por la creencia, sin que esto implique ningún tipo de imposición en el terreno de la política. Dios, como expresión de un comportamiento moralmente bueno, cuenta con un mayor poder motivador que cualquier sociedad humana, en la que, como se ve, se extienden los comportamientos inmorales, tanto en la vida cotidiana como en grandes ámbitos como la política o la economía. Si se dice que vivimos tiempos de desorden moral es precisamente, se nos vino a decir, porque hemos dejado de creer en lo que en realidad era la base sobre la que se asentaba todo nuestro comportamiento: la existencia de un ser superior que es además garantía última del consuelo y la justicia, de que antes o después el bien se impondrá sobre el mal. Expuestas las dos teorías, es ahora nuestro turno: con cuál de las dos nos quedamos.
P.D: un detalle importante y a destacar. Tanto desde la postura teísta como desde la humanista se defendió en todo momento la tolerancia y la valoración positiva hacia quienes piensan o creen distinto.