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"Sentim el dolor, però no l'absència de dolor; sentim la cura però no la falta de cura; el temor, però no la seguretat. Sentim el desig i l'anhel, com sentim la gana i la set; però quan es troben satisfetes, tot s’acaba, com quan s'empassa el mos cessa d'existir per a la nostra sensació.
Mercé Garcia Farreras, El dolor ens humanitza?, El Pou digital, 27/11/2013A. Schopenhauer. Parerga y Paralipómena


Convideu alumnes, famílies, professorat i totes les persones interessades en un acte de pràctica filosòfica que vol reivindicar la flosofia i celebrar la Diada Mundial de la Filosofia. L’acte es vincula als celebrats a la resta del món.Estructura de l’acte:
George Santayana está a punto de cumplir siglo y medio, pero sigue parcialmente velado, aún desconocido para la mayoría de sus compatriotas y despertando todavía más preguntas que respuestas. La principal de ellas: ¿Por qué Santayana? Que en el fondo es una variante de ¿por qué la filosofía? Para los filisteos, que siempre fueron mayoría tanto ayer como hoy y tanto en la Atenas de Pericles como en la España de Rajoy (la rima es involuntaria), la filosofía es un capricho intelectual injustificable: los menos intransigentes sólo la admiten a modo de daño colateral, como pórtico de la teología o como epílogo de la ciencia. Pasan por filósofos más o menos aceptables varios críticos del statu quo político, los abogados de los derechos humanos de los animalitos y algunos predicadores del optimismo como vía para la salud mental. En los planes educativos, ni eso y la asignatura de filosofía parece tan escasamente urgente como el arte del macramé. Este descrédito podría encontrar en Santayana su justificación ad hominem: un filósofo que habla del ser y de las esencias, que considera al mundo moderno como si lo viera desde fuera y desde lejos, que se dice materialista pero rechaza que la ciencia actual o futura pueda tener la última palabra sobre lo que materialmente más significa para nosotros, que sitúa sus diálogos metafísicos en el limbo y se niega a los requisitos políticos que le confirmarían nuestro contemporáneo. Ya que como filósofo no tiene rescate posible, algunos le salvan como literato y como crítico aunque sea difícil desvincular sus logros en tales campos del empeño filosófico. Mejor dejarle por imposible o, aún más, por indebido.



La próxima a la extinción asignatura de Educación ético cívica suele comenzar con una aclaración terminológica, en la que se van desgranando los posibles significados de las palabras fundamentales del curso: moral, ética y política. Se explica, a grandes rasgos, que la moral es el cómo vivimos mientras que la ética va de la mano de una reflexión de tipo filosófico sobre esta manera de vivir. Con todo, asentar conceptos básicos trae consigo, a veces, consecuencias insospechadas. Si la moral describe la forma de vida de un pueblo, resultará inmoral toda acción que vaya en contra de estas pautas no escritas, de esa ley mucho más fuerte que cualquiera de las escritas que es la costumbre. Habitualmente suelo buscar algún ejemplo tomado de la actualidad, y ya van dos cursos seguidos que los medios de comunicación me ponen el ejemplo en bandeja: las “incursiones” de los representantes de un sindicato andaluz en grandes superficies comerciales para llenar varios carros con material escolar o simplemente con víveres para después repartirlos entre quienes más lo necesitan. ¿Se trata de una acción moral o inmoral? ¿Qué valoración realizar desde un punto de vista ético? Las respuestas de los alumnos son de lo más variopinto, pero al menos me sirven para confirmar que han entendido la explicación de los términos fundamentales.
De partida son muchos los que muestran su total acuerdo con la medida. Otra cosa es lo que ocurre cuando se les hace fundamentar un poco más su posición y se pregunta por la calificación moral del acto. Reconocen abiertamente que se trata de un acto inmoral, pues va contra un más que asentado respeto a la propiedad privada, al menos en nuestra sociedad. Sin embargo que sea inmoral, dicen, no implica que no sea éticamente rechazable. Y es ahí donde entra todo el argumentario que nos resulta familiar: el capitalismo genera unas igualdades e injusticias que pueden llegar a legitimar acciones concretas como esta que aunque van contra el orden social establecido son en sí mismas una reivindicación de una sociedad distinta. Idea que no tarda en recibir su réplica por parte de los que rechazan estas acciones, que tampoco son precisamente una minoría: si todos decidimos saltarnos las normas cuando nos venga en gana, terminaremos en la desintegración de la sociedad. Aluden también, sin saberlo, al principio de universalidad kantiano: a nadie le gustaría que le roben en su casa por motivos ajenos a uno mismo. La propia actualidad, de hecho, termina devolviendo el golpe: tan legítimo es arramplar seis carros de una gran superficie como apropiarse de todo lo que uno encuentre en ciertas centrales sindicales andaluzas, azuzado por las noticias sobre su gestión económica con las que nos desayunamos en los últimos días.
En cualquier caso, hay un detalle de frescura que aún detecto en los alumnos del último curso de la secundaria y que sin embargo termina desapareciendo con los años: la honestidad. Llaman al pan, pan y al vino, vino. Quizás porque viven todavía alejados de los focos de la neolengua que por diversos canales tratan de inocularnos. Muchos de los alumos hablan con franqueza de robo legítimo. Así, sin rodeos. No se les pasa por la cabeza hablar de “performance”, de “actuación estética”, o de “símbolo reivindicativo”. No retuercen el lenguaje para que las cosas parezcan lo que no son: asginan a las cosas su nombre correspondiente y después tratan de ofrecer razones que puedan justificar una acción que ellos mimos consideran excepcional. No es frecuente encontrar en clase alumnos que estén a favor de la abolición de la propiedad privada pero sí hay muchos que no están satisfechos con el sistema actual, que son críticos con el reparto de la riqueza, con las situaciones laborales injustas, con un sistema político alejado de la ciudadanía e ineficaz y con un sistema judicial que parece haber perdido esa ceguera iconográfica que le representó en tiempos. Alumnos que, por si todo esto fuera poco, hablan a las claras y llaman robo al robo. Ya se encargará después el sistema ideológico de entorpecer su progreso intelectual, cultural y lingüístico.
La violencia de género crece donde crece el machismo, crece precisamente desde la sumisión, de creer que los hombres tienen la razón por hecho de ser hombres, y que las mujeres necesitan de la sabiduría masculina para llegar a buen puerto y conseguir una estabilidad emocional que no podrían conseguir solas. Los jefes siempre llevan razón y sino la llevan se les da, y parece que algunos creen que las relaciones de pareja son de jefe y empleada."El secreto de un matrimonio feliz es que las mujeres demos un paso atrás. (...) Y hay que hacerlo aun cuando no entiendas el motivo, aun cuando estés íntimamente convencida de tener razón. (...) En ese momento, haz un acto de confianza en tu marido. Sal de la lógica del mundo, 'yo quiero tener razón', y entra en la de Dios, que te ha puesto al lado de tu marido, ese santo que te soporta a pesar de todo y que, dicho sea de paso, también es un buen tipo (...). Cuando te dice algo, por lo tanto debes escuchar como si fuera Dios quien te habla. Con discernimiento, está claro, con sabiduría e inteligencia, es obvio, porque es una criatura, pero con respeto porque con frecuencia ve con más claridad que tú".

Pues eso, que si quieres que Platón y Aristóteles, reinterpretados por Pilar Tirados, vayan a tu casa aún puedes participar en el concurso del décimo aniversario de boulesis.
Cristiano Ronaldo no recibe el apelativo de “inmigrante”, sino el de “extranjero”, pese a que técnicamente cumple los requisitos del inmigrante. Lo mismo sucede con el brasileño Mazinho, instalado en España tras su paso por el Celta. A su compatriota Diego Costa incluso le ha propuesto el seleccionador de fútbol, Vicente del Bosque, que se vista de rojo. No adjudicamos tampoco la palabra “inmigrante” a los altos ejecutivos alemanes, franceses o italianos de BMW o de Crédit Lyonnais o de Telecinco que dirigen esas empresas en España.





Jordi Borja (ex-dirigente de BR, ex-dirigente del PSUC, actual presidente del Observatori dels Drets econòmics, socials i culturals) dice que es mejor decir “casta”. Pues, vale, sea por la precisión terminológica. Pero haberla, hayla.
Reanudamos la publicación de biografías de mujeres que dejaron huella en la reclamación de derechos, no solo para la mujer, sino para todos los seres humanos.

| Carles Martí |




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