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Comentábamos la semana pasada en clase un conocido fragmento de la Crítica de la razón pura:
“Tuve, pues, que suprimir el saber para dejar sitio a la fe, y el dogmatismo de la metafísica, es decir, el prejuicio de que se puede avanzar en ella sin una crítica de la razón pura, constituye la verdadera fuente de toda incredulidad, siempre muy dogmática, que se opone a la moralidad.”
Estas cosas pasan a veces: comentando el mismo texto, terminamos con cada una de las clases en un puerto bien distinto. En el primer grupo, retornamos al pasado: si al final Kant establece una frontera tan firme entre el “saber” y la “fe”, y concluye que hay que quitar sitio al saber para dejárselo a la fé, no estamos muy lejos, se comentaba de la edad media. Existiría entonces un parentesco, nada lejano, entre esta frase de Kant y la tesis de Guillermo de Ockham, según la cual razón y fe han de estar totalmente separadas y no deben mezclarse, perteneciendo las preguntas de la religión al terreno de la fe. Casi cuatro siglos separan a ambos autores, y sin embargo siguen latiendo unas mismas inquietudes. Con una diferencia fundamental: Kant, frente al empirismo, fundamenta la posibilidad de un conocimiento firme y universal. Matiz que no es ni mucho menos irrelevante. Kant sería, según decían algunos alumnos de ciencias, un medieval un poco evolucionado.
Distintos fueron los derroteros que tomó la discusión de la cita en grupo de ciencias sociales y humanas. Dando un paso más allá de la cita del propio Kant, o complementándola con otros pasajes de la misma obra, se comentaba que las cuestiones que resultan más personales no caen entonces del lado del saber, que se centra principalmente en la naturaleza, sino del lado de la fe. De manera que es imposible tener certeza alguna sobre cómo hemos de vivir, qué sentido hemos de dar a nuestras vidas, y demás preguntas circundantes. Sonaba el enfoque, sin duda, a una especie de anticipo del existencialismo: si nos quedáramos con la Crítica de la razón pura de Kant y nos cargamos su propuesta de Dios como un postulado de la razón práctica, desembocamos en una vida que está en proceso de construcción y sin un sentido definido. Nos quedamos, se decía, con un sufrimiento absurdo y un vacío insuperable en todo lo referente a la pregunta por el sentido. El deseo de saber sobre aquellas cuestiones en las que jamás alcanzaremos una respuesta definitiva nos convierte casi en seres trágicos, obligados a hacernos preguntas que nunca podremos resolver. En esta linea iba quizás Schopenhauer cuando, de la mano de Kant, calificó al hombre de “animal metafísico”. El interrogante como símbolo de la vida. Una imagen querida por los existencialistas que estaría ya anticipada en Kant, a través de esta separación entre el saber y la fe y de su postura ante la pretensión de la metafísica de convertirse en ciencia.
Es este uno de los ejercicios más característicos y propios, a mi entender, de una asignatura como la Historia de la filosofía: comprobar cómo los ilustrados, con todo su afán de progreso, y su estereotipada confianza en la razón, continúan afrontando problemas muy similares a los medievales, y están dando respuestas, desde situaciones históricas bien distintas, que después encontrarán cierto eco en corrientes muy posteriores. Es un hecho que la experiencia histórica del ser humano cambia cada cierto tiempo. En nada tiene que ver la vida y el mundo de Kant con el de Ockham o el de Sartre y Camus. Pero ciertos universales humanos perviven y estos son el combustible imprescindible para eso que malamente se llama ciencias humanas. Y digo malamente porque no son ciencias ni se las puede comparar con las ciencias. Pero sí son humanas, porque recogen precisamente ese caudal de experiencias e inquietudes que vienen acompañando al ser humano desde los inicios de su andadura sobre este planeta. La literatura, el arte o la filosofía, no pueden sustraerse de este doble proceso aparentemente contradictorio: zambuyéndose en el tiempo concreto, en la circunstancia que le toca vivir a cada cual, es capaz de extraer sin embargo constantes de la vida y el pensar, preocupaciones e interrogantes que siguen hoy tan vigentes como hace veintisiete siglos. Habrá puristas y expertos que calificarán de atrocidad el saltar de Kant al medievo o al existencialismo. Esto no impide que haya constantes de fondo que laten con vida propia independientemente de que las expresiones y los conceptos no sean ni mucho menos los mismos.



Qué mejor tiempo para estudiar al ínclito filósofo de Königsberg que éste en el que llueve y hace tanto frío. Entre gota y gota hemos ido desgranando los aspectos principales de la Crítica de la razón pura, una de las más gloriosas obras de la historia de la filosofía occidental. Tras ésto hemos comprendido las líneas directrices de la ética kantiana, basada principalmente en el imperativo categórico, pero a la cual también se añadieron en su momento los postulados de la razón práctica.
Para completar el estudio del autor de cara al examen, os recomiendo los siguientes recursos:
Por otro lado, como actividad voluntaria os propongo que busquéis información acerca de los autores de la enciclopedia y escribáis unas líneas sobre el tema:
a) ¿Quiénes fueron los promotores de la Enciclopedia? ¿Por qué decidieron hacer dicha obra?
b) ¿Dónde se reunían y cómo consiguieron convencer a los autores de los artículos?
c) ¿Quiénes apoyaron el proyecto? ¿Quiénes fueron sus detractores?
d) Opinión personal sobre el proyecto ilustrado.
¡Venga chicos! Una vez superado Kant tenemos ya el curso chupado. Nos vemos en clase.
Fecha límite de realización de la actividad: 6 de Abril. 21:00 p.m.
- Potser el que passa és ens fa vergonya confessar que som feliços. O ens fa por que, per dir-ho, perdem la felicitat.- Si que n'és de fràgil aleshores! - Jo crec que moltes vegades confonem felicitat amb acontentament, que no és el mateix. Estar content no és ser feliç. Ni alegre, eufòric o satisfet.

Tiene que haber gente que rompa las reglas y se atreva a llegar a las fronteras a las que no ha llegado antes nadie”, dice, entusiasta y serio, con perfecta convicción, el profesor David Kaplan, que habla de los enigmas y las alegrías de la Física con un aire sostenido de asombro, a veces con una expresión de desconcierto. El profesor Kaplan traza números y símbolos matemáticos en una pizarra como si la tiza fuera un pincel y la pizarra un lienzo, y cuando ve las imágenes de los animales pintados hace treinta mil años en la cueva de Chauvet intuye que quienes les dieron forma en la claridad de las antorchas compartían una vocación de conocimiento y maravilla muy semejante a la suya. A lo largo de Particle Fever, el mejor documental científico que he visto en mi vida, la presencia y la voz de David Kaplan lo guían a uno en un viaje de descubrimiento en el que también hay otras voces, otras caras entre ensimismadas y cordiales, las de unos cuantos hombres y mujeres que viven la ciencia como esa vocación apasionada que muchos literatos y artistas consideran privativa de sus oficios.


Esta criatura, que debe ser de mi quinta, es expuesta en un zoo humano en la Bélgica de mediados de los cincuenta a la curiosidad higiénicamente filantrópica de las miradas cautivas (de sus prejuicios). De aquí venimos… y nadie sabe a dónde vamos.
| Henri Poincaré |
La relación de nuestra mente con las cosas consiste en pensarlas, en formarse ideas de ellas. En rigor, no poseemos de lo real sino las ideas que de él hayamos logrado. (…) Con las ideas, pues, vemos las cosas, y en la actitud natural de la mente no nos damos cuenta de aquéllas, lo mismo que el ojo al mirar no se ve a sí mismo. Dicho de otro modo, pensar es el afán de captar mediante ideas la realidad; el movimiento espontáneo de la mente va de los conceptos al mundo.
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| Byung-Chul Han |
La metodología, denominada “enfoque de arriba hacia abajo”, se llama así porque se comienza con la comprensión corriente de lo que hacen las criaturas inteligentes y luego se pregunta qué clase de operaciones subyacentes podrían producir o explicar esas actividades cognitivas. Por otro lado, la metodología que comienza por el extremo opuesto del espectro se denomina “enfoque de abajo hacia arriba”. La idea básica es que las actividades cognitivas son esencialmente sólo actividades del sistema nervioso; y si queremos entenderlas, entonces la mejor manera de hacerlo es analizar el sistema nervioso mismo, descubriendo la estructura y conducta de sus elementos más pequeños, sus interconexiones e interactividad, su desarrollo en el tiempo y su control colectivo de la conducta.



| Paul M. Churchland |
Ahab, según Rockwell Kent (y según mi propia imaginación, modelada por él)
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| Forges |

| Miguel García-Baró |
Quiero presentaros la web Hacer cine en el aula de Enrique Martinez-Salanova Sánchez. En la web nos dicen: