

Y no os pienso contar nada más... hasta que una década de estas, publique mi libro.
24474 temas (24282 sin leer) en 44 canales


![]() |
| Fina Birulés |
![]() |
| Hannah Arendt |

Ana Frank revivía estos días en los telediarios y su fotografía paseaba por revistas y diarios. Se recordaba así el setenta aniversario de su muerte. En una conversación informal con dos compañeros, hablábamos de su padre como único superviviente y, por tanto, propietario del “legado”, valga la expresión, de Ana Frank. Suena paradójico, pero en este caso fue el padre quien heredó de la hija. No sólo un diario, sino también una carga simbólica llamada a perdurar durante siglos. Si nos fijamos en lo económico, se podría decir que Otto pudo vivir de las ganancias del diario, y que su “oficio” consistió en divulgar el diario y mantener viva la llama de su mensaje. Uno de esos casos en los que la historia te otorga un lugar que seguramente no quieras ocupar, pero del cual tampoco puedes escapar. Así que tras sobrevivir al holocausto y al descubrirse el diario escrito por su hija, no le quedaba otra que comprometerse activamente en la defensa de su causa. Una lucha ya no física, pero sí contra la desmemoria, la manipulación y el olvido. La verdad de Ana, y la de tantas y tantas víctimas del holocausto, debía seguir viva, ya que sus portadores jamás podrían disfrutar de una vida en la que realizarse como seres humanos. En esto consistió la vida de Otto Frank: en el ser el portavoz de Ana, su hija muerta.
Todo suena bastante razonable hasta que se empieza a indagar un poco. No hace falta descender a las profundidades de la red: resulta que a poco que se busca, se da uno de bruces con un libro publicado en 2002. Sin necesidad de leerlo, encontramos una pequeña reseña de la historia: el secreto nazi de Otto Frank. Parece ser que Otto Frank podría haber sacado cierto beneficio económico a raíz de negocios diversos con los nazis. Incluso que él mismo, en su empresa, habría aplicado criterios nazis como el despido de los judíos. Y parece ser que podría haber conocido el nombre de su delator. Un tal Tonny Ahlers, que murió ya de anciano sin que jamás Otto diera su nombre en público. El motivo fundamental no es difícil de deducir: si él descubría a su delator, era más que probable que este a su vez diera detalles a la opinión pública sobre las actitudes colaboracionistas del padre de Ana Frank. La historia parece sacada de un guión de película, y es tarea de los historiadores el aclarar si ese “lado oculto” en la vida de Otto Frank fue real, o simplemente una hipótesis alentada por otros intereses ocultos. Pero el caso es que ya aparece, como tantas otras veces, una cierta sospecha sobre si figura. En lo filosófico, podríamos hablar de Hannah Arendt, de la banalidad del mal, y de sus famoso reporte del juicio a Eichman, en la que de forma directa acusó al propio pueblo judío de actitudes condescendientes e incluso de respaldo del nazismo en sus primeras fases. Pero hoy quisiera plantear otra pregunta: si esta investigación sobre Otto Frank fuera verdad, ¿conviene darla a la luz?
La pregunta puede parecer escandalosa. Sin embargo, la cuestión es que Otto Frank se empeñó en que el diario de su hija alcanzara la máxima difusión. Se convirtió en un símbolo vivo del holocausto y en un firme defensor de los derechos humanos. El diario escrito durante la ocupación es leído y releído en las escuelas, y sirve como un testimonio de lo que significó el nazismo para millones de familias. sacar a la luz la “verdadera” historia de Otto, si es que lo es, implica arrojar una duda más que razonable sobre buena parte de su causa. Y lo mismo se podría decir respecto a otros muchos casos: ¿Estaba convencido Malcom X de la superioridad negra? ¿Hay referencias racistas en el mensaje del Che Guevara? ¿Es censurable cierta parte de la vida de Gandhi? ¿Es verdad que la madre Teresa de Calcula financiaba parte de sus proyectos con dinero procedente del tráfico de armas o de drogas? Todas estas, y muchos otros ejemplos que se podrían poner nos recuerdan que los iconos morales son también “humanos, demasiado humanos”. Y que si nos podemos a buscar, quizás encontremos en cualquier persona una actitud censurable, sea en su vida pública o privada. ¿Es preferible entonces que el afán de verdad prevalezca sobre estos “buenos ejemplos” que sirven en algunos casos para justificar causas moralmente justificables? A veces toca elegir, entre verdad y moral. Y no sé si es moral quedarse con la mentira. Pero en el polo opuesto, puede que terminemos destruyendo la ejemplaridad moral, un concepto que está ganando adeptos en los últimos tiempos, si nos dejamos llevar solamente por el afán de verdad. Queda entonces la duda de qué es más inmoral o desesperanzador: vivir fingiendo que existen modelos a seguir, o ser consciente que incluso estos modelos han actuado en alguna ocasión de forma reprobable.
![]() |
| La bacanal dels andris |
The study of this whole tradition may seem, at first sight, to be but one more example of that itch for 'revival', that refusal to leave any corpse ungalvanized, which is among the more distressing accidents of scholarship. But such a view would be superficial. Humanity does not pass through phases as a train passes through stations: being alive, it has the privilege of always moving yet never leaving anything behind. Whatever we have been, in some sort we are still. Neither the form nor the sentiment of this old poetry has passed away without leaving indelible traces on our minds.
![]() |
| Epíctet |
![]() |
| by William Ely Hill |

![]() |
| Carl Sagan |
![]() |
| Yuval Noah Harari |
Del 1.0 al 2.0. Se habla ya del 3.0. La realidad aumentada y el internet de las cosas. ahora los teléfonos son inteligentes y no parece lejano el tiempo en el que un reloj de pulsera pueda tener más memoria que su dueño. Hacemos tecnología que nos hace: los nativos digitales se quedan hoy estupefactos cuando se les pregunta qué harían si no hubiera Internet, ni teléfonos móviles con aplicaciones de mensajería en las que cotorrear sobre lo humano y lo divino. Esta misma tecnología que nos hace nos obliga a mostrarnos en público: poco importa si a través de mensajes de 140 caracteres, a través de fotografía o compartiendo los lugares y las personas que van construyendo eso que llamamos vida. Vivencias digitalizadas. Vértigo: esta es quizás la palabra que mejor describe la sensación que provoca esta invasión tecnológica. Uso e integración: empezamos a usar las aplicaciones llevados por el rebaño. Si todo el mundo lo usa no puede ser malo. Algo así debe pasarnos por la cabeza, sin detenernos a pensar por un momento en ciertos hábitos de las moscas.
Ahora que tenemos ordenadores conectados, queremos conectar las cosas. Está muy bien, se nos dice que el coche, la persiana y el horno de casa estén conectados a Internet. También el frigorífico. Y a buen seguro habrá que “internetizar” la naturaleza: seguramente no esté muy lejos el día en el que las montañas o los árboles tengan su propio microchip, y envíen información permanentemente a una central desde la que tomar ciertas decisiones. Puede que sea el próximo paso: el Internet de la naturaleza. Y cuando esté ya conectado, sumado al Uno absoluto de la red, seguiremos convencidos de que controlamos, de que no dependemos de la tecnología y de que el mundo es mejor gracias a todos estos aparatos y sobre todo a la posibilidad de estar permanentemente relacionándonos con otros.
Ya puestos, una opción a investigar podría ser enchufarnos nosotros mismos a la red. No es ciencia ficción: ya se ha hablado de la posibilidad de insertar un chip dentro de nuestro cuerpo, y eliminar así la engorrosa necesidad, tan vital como el respirar o el comer, de llevar un aparatito en el bolsillo que nos ponga a la última de todo lo que ocurre. Si este microchip es suficientemente sofisticado, podría darnos información detallada sobre quiénes han de ser nuestros amigos, qué estudios se adaptan mejor a nuestras capacidades, dónde escoger un puesto de trabajo o quién puede ser nuestra pareja. Bastaría con ir tomando información de nuestras propias experincia para que el chip nos orientara respecto a qué actiividades de tiempo libre realizar, qué partido político elegir o qué diarios escoger para que nos nutran de información. Habrá quien considere esto casi apocalíptico, pero puede que no sea más que la evolución lógica del tiempo. Y cuando esto ocurra, nos habremos olvidado de que Internet forma parte de nuestro genoma, y que durante milenios, mucho antes de la aparición de cualquier ordenador, nos hemos relacionado con una estructura de red primigenia, que se llama sociedad, y que ha sido siempre, a su modo, el Internet de las personas. A tiempo estamos ahora de ir valorando si merece la pena ir desdibujando esa forma de vivir en favor de una ordenación tecnológica del mundo.

![]() |
| A |
se adormecen, se despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden, y se entregan.
Les novel·les de campus són una especialitat americana. Expliquen la vida universitària de joves que volen menjar-se la vida (els anys d’aprenentatge si ens posem cursis i estrafem Goethe!). En general, però, passa que la vida se’ls menja, tot i que pel camí els han arribat coses interessants.
No hi ha gaire novel·la de campus a Catalunya, si s’exceptuen la de Carme Riera sobre la UAB (Natura quasi morta) i les tres d’en Cercas, que recullen la seva experiència a Urbana, Illinois ( El inquilino, Una oración por Nora, La velocidad de la luz ). El dèficit és tan lamentable com comprensible, per dues raons principalment. En general, la vida universitària catalana és tan depriment que no dóna per gaire novel·les - i Kafka fa molts anys que és mort.
Ara apareix la primera novel·la de campus ambientada a la Facultat de Lletres de la Universitat de Girona. Es diu: “Obre’m la nevera i et diré qui ets” i l’ha escrit Joan Boher. Es presenta un dia d’aquests a la llibreria 22. Uffffffffffffffff.

![]() |
| Oliver Sacks |
![]() |
| El Roto |
![]() |
| Roger-Pol Droit |

| Copèrnic |
"La diferencia fundamental entre el poderío intelectual de cada sexo se manifiesta en el hecho de que el hombre consigue más eminencia en cualquier actividad que emprenda de la que puede alcanzar la mujer (tanto si dicha actividad requiere pensamiento profundo, poder de raciocinio, imaginación aguda o, simplemente, el empleo de los sentidos o las manos)".
| Ilustración del que podría ser un 'Homo ergaster' según un cráneo hallado en Dmanisi |
