
“¿Quiere Dios prevenir el mal, pero no puede? Entonces es impotente. ¿Puede, pero no quiere? Entonces es malévolo. ¿Puede y quiere? Entonces, ¿de dónde sale el mal?”.
David Hume, Diálogo sobre la religión natural (1779)






La reproducción documental de manifestaciones es un género cinematográfico antiguo. Cuando Walter Benjamin se refirió a la estetización de la política pensaba en la representación propagandística de las multitudes movilizadas por el fascismo por medio de técnicas, como la perspectiva aérea, que las convertían en un espectáculo conmovedor. Y Kundera describió con agudeza el kitsch de la marcha del primero de mayo en la Praga comunista, que retransmitían los medios. Con la caída del Muro de Berlín, las estrategias no-violentas, con su apuesta por las performances teatrales, han hecho coloridas contribuciones a este género.Un aspecto nada estudiado de las nuevas tendencias en elporn riot es precisamente el de la influencia del jiu-jitsu político teorizado por Gene Sharp sobre las escenas que se representan. Esta técnica enseña a elaborar acciones no-violentas pensadas para generar acciones represivas que, bien explotadas por la propaganda, resultan políticamente rentables. Y, en algunas nuevas modalidades de manifestación, se combina con la del black bloc , de forma que el recurso a la agresión y a los actos vandálicos por parte de algunos manifestantes actúa como un elemento desencadenante de la reacción policial que se busca. Esta combinación, que permite ofrecer versiones radicalmente diversas de los mismos hechos en función del plan, el montaje y el material seleccionado, además de dar lugar a curiosas coreografías, es una gran máquina de fabricar imágenes que excitan emociones.Josep María Ruiz Simon, 'Porn riot', La Vanguardia 12/11/2019 [https:]]
















Sean cuales fuesen las debilidades filosóficas de Unamuno, muchas y fáciles de detectar, tuvo un diagnóstico acertado, pesimista de oficio, sobre España y los españoles. De sus males seculares, como se decía en su tiempo. Quizá por un efecto óptico pero asombroso, el dictamen inapelable de Unamuno calza como un guante tanto en la brutalidad del exterminio de la Guerra Civil como en la sociedad tensionada de 2019. Para don Miguel, España viene definida por una insociabilidad profunda causada por lo que él llamaba ideocracia. Nadie podrá negar la justeza de la sentencia: “Aquí hemos padecido de antiguo un dogmatismo agudo. Aquí lo arreglamos todo con afirmar o negar redondamente, sin pudor alguno, fundando banderías”. Las ideas de los españoles, explicó el ensayista bilbaíno, son “escuetas y perfiladas a buril, esquinosas, ideas hechas para la discusión escolástica, sombras de mediodía meridional”. Más aún: “Aquí las ideas se presentan en rosarios de sentencias graves”, sin contexto, circunstancias ni franjas de entendimiento (lo que Unamuno llamaba nimbos). “Los españoles no tenemos más que la apariencia de sociabilidad, una franqueza campechana de pura forma”. La simpatía capciosa, la mercancía sin valor que más se compra en España, ha resultado ser un estupefaciente histórico que oculta la intemperancia básica de la vida española.El profetismo carismático de Unamuno, opuesto al inerte sadismo de Franco, culmina en un amargo presentimiento: “Nunca habrá paz para nosotros”. Los españoles no están hechos para que sus ideas engranen entre sí y puedan establecer términos de acuerdo. Cada idea crea a su alrededor una membrana de repudio; “estas gentes”, proclamó el rector en una carta a Maragall, “tienen un cerebro cojonudo. Quiero decir que en la mollera en vez de sesos tienen testículos”.Jesús Mota, Unamuno tenía razón, El País 03/11/2019 [https:]]
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| by Max |








