
Algunas de las modalidades de fraude, así como los casos de ciencia patológica vistos en anotaciones anteriores no se producirían de no ser por la existencia de malas prácticas y sesgos que los facilitan o, incluso, los propician.En lo relativo a los sesgos, estos pueden ser de dos tipos. Están, por un lado, los que afectan a las personas concretas que practican la investigación científica. Y por el otro, los que afectan al funcionamiento del sistema en su conjunto y a los que podríamos denominar sistémicos. Eso que se suele denominar “método científico” no deja de ser, en el fondo, un conjunto de estrategias que se han ido poniendo en práctica para evitar los sesgos que afectan a los científicos; se trata, por lo tanto, de que el conocimiento no dependa de la persona que lo produce y que, por esa razón, tenga la máxima validez posible. Los sesgos sistémicos precisan de otro tipo de medidas para su corrección pues no afectan a los individuos, sino al conjunto del sistema.Juan Ignacio Perez Iglesias y Joaquín Sevilla Moroder, Sesgos cognitivos que aquejan a la ciencia, Cuaderno de Cultura Científica 10/02/2020 [https:]]
Fina BirulésFina Birulés és professora de Filosofia de la Universitat de Barcelona i integrant del Seminari Filosofia i Gènere-ADHUC. És autora i coeditora de nombrosos assaigs sobre el pensament de Hannah Arendt i altres pensadores contemporànies: El género de la memoria, Lectoras de Simone Weil, Arendt. Entre els seus llibres destaquen Una herencia sin testamento: Hannah Arendt (2007) i Entreactes. Entorn del pensament, la política i el feminisme (2014). També és autora de Feminisme, una revolució sense model(2018) i Hannah Arendt: Llibertat política i totalitarisme (2019). Recentment ha participat a la conferència L’embolic del gènere. Per què els cossos importen? (2019) amb Judit Butler i Marta Segarra al CCCB.




El matonismo de los fasci di combattimento que llevó la guerra a las ciudades ha sido resignificado en una clave posmoderna en las redes sociales. Pone en evidencia las disfuncionalidades operativas de la democracia mediante campañas de desinformación que no pueden ser contrastadas ni contraargumentadas en tiempo real. Utiliza además una incorrección política que propaga un lenguaje de bayoneta y uniformidad adoctrinada que se vierte en tromba y sin mediaciones sobre los enemigos anonimizados que tiene enfrente. Los linchamientos y las llamadas “tormentas de mierda” consiguen adueñarse de debates que denuncian problemas que no existen. Y todo ello con el propósito de fijar un marco dentro del que extender la alarma y el malestar en destinatarios que, con el big data y otras estrategias de microtargeting, son identificados como consumidores y difusores de esos contenidos.El fascismo se viraliza de forma poderosísima y, con él, un decisionismo dictatorial que ponga orden y seguridad frente a una democracia en estado de descomposición. Una viralización que muta subversivamente al orientar su dinámica de apropiación del espacio de comunicación de Twitter a Instagram. Una migración que incorpora patrones propagandísticos de la estética fascista del periodo de entreguerras. Por un lado asume la imagen emocional con la que la Konservative Revolution combatió los conceptos modernos y racionales que esgrimía la República de Weimar. Y por otro interioriza la obsesión por la velocidad, la máquina, la épica y la bofetada irreverente que el futurismo inoculó al fascismo italiano al atribuirle una pulsión vanguardista y de cambio que fue tan seductora en los años veinte y treinta.La democracia liberal se debilita cotidianamente frente a un ciberfascismo que manipula con eficacia la emocionalidad herida de unas clases medias atemorizadas por su pérdida de status económico y de rol político. Unas clases medias que consumen sin filtros la simplicidad argumentativa de las redes y que retroalimentan el malestar de verse apuñaladas por una democracia que pospone sus intereses en la agenda de la política actual. De este modo, el camino hacia la dictadura se allana digitalmente.José María Lassalle, Ciberfascismo, El País 08/02/2020 [https:]]

En la continuación del texto, Hobsbawm muestra cómo un trabajo histórico riguroso permite refutar los mitos proclamados por los nacionalistas reaccionarios en la India, Israel, los Balcanes y otros países, y cómo la actitud posmodernas nos desarma ante esas amenazas.el crecimiento de las modas intelectuales «posmodernas» en las universidades occidentales, sobre todo en los departamentos de literatura y antropología, que hacen que todos los «hechos» que aspiran a una existencia objetiva sean, simplemente, construcciones intelectuales. Resumiendo, que no existe ninguna diferencia clara entre los hechos y la ficción. Pero en realidad la hay y, para los historiadores, incluidos los antipositivistas más acérrimos entre todos nosotros, es absolutamente esencial poder distinguirlos.

"Todas las generalizaciones son falsas, incluyendo ésta."Mark Twain
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| by Juan Colombato |
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| by Juan Colombato |



La descripción es desoladora: sobre la cabeza del prisionero que llega a esta casa de melancolía ponen una caperuza negra y con este sudario, emblema de la cortina que le separa del mundo vivo será conducido a la celda de la que no saldrá hasta que cumpla su condena. Nunca oye nada acerca de su mujer e hijos o de la vida y muerte de la gente. Cuando describe la salida de los prisioneros, cuenta Dickens que pierden todo sentido de la orientación. No saben caminar, la luz del sol los ciega y apenas oyen. Sus lazos sociales se han roto y con ellos el tejido que ata su mente al mundo. Si Dickens hubiera escrito un relato de náufragos, seguramente esta sería la descripción que haría de la fenomenología de su experiencia. Pero decidió escribir sobre la nueva forma de prisión que comenzaba a ser el Londres industrial.Over the head and face of every prisoner who comes into this melancholy house, a black hood is drawn; and in this dark shroud, an emblem of the curtain dropped between him and the living world, he is led to the cell from which he never again comes forth, until his whole term of imprisonment has expired. He never hears of wife and children; home or friends; the life and death of any single creature. He sees the prison-officers, but with that exception he never looks upon a human countenance, or hears a human voice. He is a man buried alive; to be dug out in the slow round of years; and in the meantime dead to everything but torturing anxieties and horribledespair. (100–101)

La descripción es desoladora: sobre la cabeza del prisionero que llega a esta casa de melancolía ponen una caperuza negra y con este sudario, emblema de la cortina que le separa del mundo vivo será conducido a la celda de la que no saldrá hasta que cumpla su condena. Nunca oye nada acerca de su mujer e hijos o de la vida y muerte de la gente. Cuando describe la salida de los prisioneros, cuenta Dickens que pierden todo sentido de la orientación. No saben caminar, la luz del sol los ciega y apenas oyen. Sus lazos sociales se han roto y con ellos el tejido que ata su mente al mundo. Si Dickens hubiera escrito un relato de náufragos, seguramente esta sería la descripción que haría de la fenomenología de su experiencia. Pero decidió escribir sobre la nueva forma de prisión que comenzaba a ser el Londres industrial.Over the head and face of every prisoner who comes into this melancholy house, a black hood is drawn; and in this dark shroud, an emblem of the curtain dropped between him and the living world, he is led to the cell from which he never again comes forth, until his whole term of imprisonment has expired. He never hears of wife and children; home or friends; the life and death of any single creature. He sees the prison-officers, but with that exception he never looks upon a human countenance, or hears a human voice. He is a man buried alive; to be dug out in the slow round of years; and in the meantime dead to everything but torturing anxieties and horribledespair. (100–101)












En abril del año 2013, Philippe Van Parijs un reputado y muy influyente filósofo belga, englobado en la corriente del “marxismo analítico” y conocido por su defensa de la renta básica universal, fue invitado a impartir una conferencia en un foro anual de promoción del avance laboral de las mujeres. La petición se hacía con el expreso deseo de que, como filósofo, sus palabras sirvieran para suscitar debate y no así para reiterar conocidos lugares comunes. Bien que lo suscitó el bueno de Van Parijs: ante una audiencia de mujeres profesionales cuya perplejidad aumentaba por momentos, Van Parijs llamó la atención sobre algunas dimensiones en las que la desigualdad se da pero… a favor de las mujeres.
