- Maestro, dice mi amiga B. que ningún director sabe sonreír como usted.
En el camerino del maestro.

Se me ha ocurrido llevarle un regalo de bodas.

- ¿Lo puedo abrir?- ¡Claro, maestro, es suyo!
Y parece que le ha gustado.
El manuscrito de unas Goyescas de un compositor catalán hoy olvidado.Tras Beethoven, mi hijo Guillem y yo nos hemos ido a cenar a la Brasserie Flo, que era a donde me llevaba Maria Aurèlia Capmany a comer ostras, pero esta es otra historia.