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¿Es comparable el dolor del animal que se acosa y mata con el placer que obtiene el cazador al acosar y matar (y hablo de la caza deportiva, donde no hay otro fin que ese placer)? ¿Cómo es posible obtener placer del sufrimiento de otro ser capaz de gozar y sufrir? ¿Y, dado que parece posible, se debe plegar uno a ese placer? ¿Y debería permitirse que otros si se entregaran a él? Es curioso, pero se prohíbe, por ejemplo, la conducta de aquel que obtiene placer destrozando la propiedad de otros, o deteriorando bienes públicos (como el que "grafitea", o el que expolia, o destroza patrimonio...), pero no aquel que lo obtiene destrozando a un ser vivo. ¿Es más valiosa una pared, un cuadro, o cualquier otro objeto, que un ser vivo capaz de sentir placer y dolor?... De esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí.








Com es desenvolupa al Silmarillion, la teologia de Tolkien era manifestament més dura i més fosca que la de Lewis, menys ocultista que la de Williams, i molt menys esperançada que la de cap dels dos. La fe de Tolkien és precària, constantment renovada però sempre en risc. És aquesta precarietat que li dóna a la seva obra aquesta emoció afilada com un ganivet. El desenllaç queda sempre en dubte. Mentre que Lewis basava el seu Cristianisme en la lògica, defensant-lo amb arguments més racionals que no pas místics, el Cristianisme de Tolkien es mesura a través i en contra de l'experiència, i és posat a prova contínuament.
Entre mis amigos ya no se estila el “feliz Navidad”, ni el neutro “felices fiestas”; ahora lo que mola es el “feliz solsticio”. Te lo sueltan así, con un poco de sorna y provocación adolescente, y un mucho de la seriedad que aureola al ateo cuando condesciende a desengañar a los pobres creyentes – y ya que condesciende, a compartir la fiesta con ellos, porque mis amigos del “feliz solsticio”, aun refunfuñando, celebran las navidades como todo cristo – .



El “derecho individual a la fragilidad” implica dos principios asociados. El primero es el de que ningún Estado democrático puede apoyar su legitimidad y estabilidad en el heroísmo privado de sus ciudadanos; el de que no puede fundar su existencia en la convicción de que sus ciudadanos, obligados a elegir entre el bien y el mal, se inclinarán una y otra vez, como ángeles descarnados, por la opción más moral. Scarpinato describe Italia como “el país más moral del mundo” porque en él sus habitantes tienen que estar escogiendo en cada momento -en todo momento- entre la virtud y el vicio o, si se prefiere, entre el heroísmo y el colaboracionismo. El deber de unas instituciones realmente democráticas es el de eximir a sus ciudadanos de la obligación de ser héroes, el de garantizar su derecho a ser normalmente débiles, normalmente cobardes, normalmente egoístas, sin que su debilidad, su cobardía y su egoísmo les condene a quebrantar la ley para salvar la vida. El Derecho y la democracia están hechos -deben estar hechos- para proteger la normal vulnerabilidad del hombre normal. La existencia de grandes héroes sin laureles, como la existencia de pequeños bellacos sin maldad, refleja el estrepitoso fracaso del Estado y su connivencia estructural con la injusticia y la desigualdad.




... sucedió que esa crisis de representación que pretendía acabar con quienes median entre la sociedad y sus instituciones fue aprovechada por los eternos hombres fuertes, que la llevaron como siempre a su terreno. Ya no pedíamos mediación sino protección; protección de alguien con quien nos identificábamos y nos hablaba llanamente, de alguien que reafirmaba aquello que sentíamos en peligro: patria, género, trabajo. Y acabamos confiando más en lo que nos decía el líder de la tribu que en las verdades pausadas de un periódico.El paso siguiente parece ser el presentismo, cuando el puro estar se impone como la forma más radical de democracia. Es lo que sucede con los chalecos amarillos, dice Pierre Rosanvallon: interpretan cualquier forma de representación como una traición. Nadie puede hablar por ellos, no digamos negociar o mediar por ellos. Pero esto que algunos ven como el cenit de la democracia implica un paso más hacia la ruptura de nuestro mundo común: se deshacen los esquemas compartidos de las ideologías, los partidos o los medios de comunicación. Solo quedan las vivas emociones de aquellos que, sintiéndose invisibles, han salido de las sombras exigiendo que nadie los represente. ¿Será esta la nueva cacofonía de los tiempos?Máriam Martínez-Bascuñán, Los invisibles, El País 16/12/2018 [https:]]
¿Cómo usar la razón más que el instinto?Desconfíe de las historias emocionantes y los relatos dramáticos de periodistas, activistas y políticos: suelen ser interesantes, pero también interesados. Analice los datos y las estadísticas antes de opinar sobre ellos y no sólo para que confirmen lo que ya creía.Lluís Amiguet (La Contra): entrevista a Anna Rosling: "La gente se redicaliza porque prefiere sentir a razonar", La Vanguardia 19/12/2018 [https:]]
¿Cómo usar la razón más que el instinto?Desconfíe de las historias emocionantes y los relatos dramáticos de periodistas, activistas y políticos: suelen ser interesantes, pero también interesados. Analice los datos y las estadísticas antes de opinar sobre ellos y no sólo para que confirmen lo que ya creía.Lluís Amiguet (La Contra): entrevista a Anna Rosling: "La gente se redicaliza porque prefiere sentir a razonar", La Vanguardia 19/12/2018 [https:]]