Carta de la Presidenta de l'AFIB publicada al Diario de Mallorca (15/11/20)

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Hasta ahora, cuando acompañaba a mi nieto al colegio iba con él hasta la misma puerta del centro. Hoy, al doblar una esquina, ante la fila de los niños de su clase que esperaban que se abrieran las puertas, mi nieto se ha despedido de mí de una forma que no admitía dudas: quería seguir en solitario. Lo he entendido. Yo también fui preadolescente. Llega un momento en que tienes una necesidad existencial de proclamar tu autonomía ante los ojos de tus semejantes, de que te has librado de la tutela de los adultos. Pero la comprensión de las cosas no necesariamente nos hace más felices.
Ayer traje a este café una foto que me habían enviado del Ártico mostrando La escuela no es un parque de atracciones. La foto tiene su historia, porque es de un venezolano que se encuentra en la península de Guida, en la costa siberiana del mar de Kara, en el océano Ártico. Escribo esto buscando en el recuerdo una tirita afectiva para mi herida narcisista.
Para más inri, ese mismo jueves se vuelve a debatir en el Congreso si debe o no debe haber una materia de filosofía ética en la educación obligatoria. La ministra Celáa sigue obcecada en saltarse el acuerdo unánime del Parlamento (que votó recuperar las materias de filosofía suprimidas por el infausto Wert) y seguir prescindiendo de la ética. Nosotros, los estudiantes, y la mayoría de los partidos (incluyendo sectores muy destacados del PSOE), defendemos que esas dos escasas horas semanales dedicadas al análisis filosófico de los problemas éticos, e impartidas durante el último curso de la secundaria, son fundamentales para el alumnado.
Así que ya ven. Legislatura tras legislatura, ministerio tras ministerio, hay que volver a explicar a los políticos lo necesario de la formación ética y filosófica, lo bueno de mostrar a los alumnos que el rey (las ideas dominantes, la cultura, la ciencia, el régimen, el imaginario común) está desnudo, lo oportuno de adquirir el hábito del diálogo y el pensamiento riguroso sobre asuntos trascendentales, lo interesante de conocer, analizar y cuestionar las ideas que nos amueblan la cabeza. Y, sobre todo, lo conveniente de desarrollar en los jóvenes la competencia para formular sus propios juicios morales y políticos, e inmunizarlos, así, contra virus más peligrosos y descontrolados que el del COVID-19: los de la demagogia, la manipulación y el adoctrinamiento.
Nuestros actuales gobernantes, aquí, en Extremadura, lo entendieron perfectamente. Si se parte de la idea de que todo se arregla, fundamentalmente, con educación, no se puede, a la vez, mantener a machamartillo la concepción tecnocrática y neoliberal de la misma que, tras el eufemismo de la “modernización educativa”, viene erosionando nuestra sociedad desde hace más de treinta años.
No se puede ir por ahí diciendo que la clave para acabar con la corrupción, el machismo, la violencia, la insolidaridad, el fanatismo, el fascismo y mil cosas más, es la educación, y luego obsesionarse con reducirla a instrucción profesional, formación científico-técnica para salir bien parado en los informes internacionales y, a lo sumo, y como detalle decorativo, una hora de formación en valores constitucionales impartida por el primer profesor que la necesite para cuadrar su horario laboral.
Yo no sé si alguna vez lo han pensado, ¿pero de verdad confía alguien en convertir a nuestros jóvenes en ciudadanos y personas lúcidas, críticas, libres, comprometidas y justas, enseñándoles únicamente trigonometría, los ríos de España, o la estructura del sintagma nominal (con todos los respetos para estos conocimientos), más una hora a la semana, en algún curso perdido, de Derechos Humanos?
La educación es otra cosa. Y poco tiene esto que ver con organizarla en materias o en “ámbitos competenciales”, usar más o menos tecnología, o reconvertir a los profesores en innovadores coaches para el entrepreneurship. Educar personas consiste fundamentalmente en invitarlas a un proceso honesto, crítico y coparticipado de convicción mutua. Sin convicción el aprendizaje es nulo. Y sin argumentación la convicción no existe. ¿Quieren educar a animales racionales? Razonen con ellos, hasta el fondo, esto es, hasta los fundamentos filosóficos de cada idea, ciencia, valor, deseo, emoción o acción moral. Penetren de filosofía la educación. Enseñen a la gente a analizar racionalmente su conducta. Atrévanse a dejar que los alumnos piensen y valoren por sí mismos. Una sociedad libre, cohesionada y justa – si es eso lo que de verdad se pretende – solo se puede construir desde el estímulo temprano y constante del pensamiento autónomo, el análisis crítico, y el diálogo incesante con los demás. Es decir: desde la filosofía y esa versión “práctica” suya que es la ética.
Ahora, que sea yo quién diga todo esto está feo. Piénsenlo ustedes. Filosofen sobre la necesidad o no de enseñar a filosofar a los jóvenes. Y, por favor, explíquenselo después a los políticos.
Scribere qui nescit nullum putat esse laborem
tres digiti scribunt, cetera membra dolent
Es decir:
Quien no sabe escribir piensa que no hay ningún
esfuerzo; escriben tres dedos, los demás miembros duelen.
Juan de Arce de Otálora, Coloquios de Palatino y Pinciano, segunda mitad del XVI
El sistema bancario es un sector esencial y estratégico para nuestra economía. A parte de condicionar la calidad de nuestras vidas, condiciona el desarrollo de nuestra sociedad y, por consiguiente, es un factor que determina el crecimiento o el deterioro de los derechos de nuestra sociedad.
Pero, este sistema clave ¿funciona como debería? ¿Realmente se está haciendo lo mejor para acelerar el crecimiento de nuestra economía y mejorar nuestra vida?
Desde mi punto de vista, no creo que el actual modelo financiero sea el más óptimo para aportar valores, crecimiento y desarrollo a nuestras vidas. Es más, creo que tal y como está implementado a día de hoy, este implica más perjuicios que beneficios.
Pongo como ejemplo el caso de las hipotecas para la compra de viviendas habituales. Actualmente, estos préstamos por parte del sistema bancario, están generando muchos desahucios, los cuales, de manera directa e indirecta, empeoran la calidad de nuestras vidas. Cabe destacar que el derecho a una vivienda digna está regulado y contemplado por nuestra Constitución [Artículo 47 de la Constitución Española: Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las formas pertinentes para hacer efectivo este derecho…], cosa que el sistema financiero ignora completamente.
El motivo principal que hace que las hipotecas para la compra de viviendas generen este tipo de problemas para nuestra sociedad es el alto interés que aplican las entidades bancarias a la hora de prestar el dinero a los ciudadanos. ¿Pueden considerarse justos estos elevados intereses? ¿Realmente el sistema bancario necesita estos intereses para sobrevivir o es que su prioridad es generar beneficios a costa de quien sea y como sea? ¿Acaso estos beneficios tienen algún impacto positivo en la economía de las familias?
Desde mi punto de vista, no lo tienen.
Siempre he querido saber cuál es el papel y la responsabilidad de los políticos acerca del sistema financiero. ¿Quién tiene la competencia para regular este sector? ¿Son los políticos? Si este no fuera el caso, ¿qué herramientas tenemos los ciudadanos para hacer que los responsables de las entidades bancarias respondan por sus actos?
Yo concibo el sistema bancario como un ciclo en el cual las entidades bancarias están controladas por los responsables de las mismas y en el cual los actos de estos responsables deben estar controlados y regulados por los políticos mediante cambios en la legislación. Estos políticos son votados y elegidos por los ciudadanos.
Por lo tanto, la supuesta vía que tenemos los ciudadanos para hacer un cambio en el sistema financiero es mediante la política, por lo tanto, un cambio en las elecciones; escoger un responsable que nos asegure un cambio profundo en este sistema.
Pienso que el mayor inconveniente de esta vía es que los partidos políticos necesitan financiación por parte de estos grupos bancarios para poder llevar a cabo sus campañas electorales, ergo, están condicionados por lo bancarios.
Para concluir, pienso que el problema del sistema financiero debería ser solucionado a partir de un cambio radical en la política. Para llevarlo a cabo este cambio, haría falta la reestructuración de los partidos políticos así como la financiación de los mismos.
Tal y como están montados el sistema capitalista y el sistema bancario, para que este cambio se produjera, harían falta muchos cambios más, tanto en el ámbito de la economía como en el ámbito de la política. Además de un cambio en la mentalidad de los ciudadanos para exigir más responsabilidad a los políticos.
Ya que el principal objetivo de este tipo de sistemas es que exista una mayor brecha económica entre las diferentes categorías de la sociedad, para que así, los ricos sigan siendo ricos, y los pobres, sigan siendo pobres.
Parábola de los talentos. Al volverla a escuchar me he preguntado con Dostoievski y Lev Shestov: "¿Qué humano ha podido escribir esto?"
Estoy leyendo, intensamente, a Lev Shestov, en los ratos que me deja libre el Siglo de oro y gracias a él creo que por primer avez he comprendido cabalmente la diferencia entre el místico y el teólogo. Es la diferencia que existe entre Jerusalén y Atenas. Irreconciliable, como el aceite y el agua. No somos conscientes de la inmensa pérdida que supondría para nuestra humanidad la desaparición del puesto de vigía del místico. No hablo de la desaparición del teólogo porque, tal como están las cosas, es inimaginable.

Escuché decir que las palabras como empatía y tolerancia , valores que desde la Ilustración son el resultado de las necesidades que tiene la razón para construir un mundo de progreso y con garantías de humanidad mejor , son el producto de un modelo económico y social altamente tóxico. Nos referimos al modelo neoliberal . Eso de empatizar con el otro en el fondo es el efecto espejo lacaniano elevado a la máxima expresión para que la otra se sienta tan emprendedora y productora identificándose con ese vinculo establecido por la sociedada. La empatía seria un reconocerme en el otro para dejar de ser uno mismo , o sea, aproximarme a lo que el mundo del consumo y del trabajo desproporicionado me obligan a parecer.
Dicho de otra manera el valor de ser empático que la psicologización actual de la neurociencia ha recogido como baluarte de la postmodernidad consistiria en convertir a Narciso en un Obrero leal a la causa política y social . En el fondo la empatía es el resultado de ser simpático con el otro , emotivamente hablando y capaz como diría Hume de convertir lo mio en el deseo de agradar al que no soy yo. Por eso la empatía acaba convirtiendose en un producto de mercado de la psicologia como ideologia al servicio de la causa . Seria un equivalente al ser un buen emprendedor , que no es lo mismo que decir se tu mismo y trabaja para ti mismo . Por consiguiente con la empatia nos encontramos con una desintificación de lo que realmente deseamos ser : estúpidos, ignorantes, vagos o maleantes . De algún modo la empatia nos envuelve , nos protege de nuestra falta de sinceridad . Por eso en psicologia se usa eso como antídoto a la verdad , a la autenticidad , a la incapacidad para ser una misma.
Y de la misma manera pasa con la tolerancia , es una forma de convertir mal entendida el respeto y la responsabilidad con algo que sirve para mirar al otro con una cierta soberbia . El tolerante en el fondo se atribuye el poder de la condescendencia , de mirar a la otra persona por encima del hombro . Si nos ponemos a buscar ejemplos nos encontraremos que la mayoria de personajes destacables en la historia no creo que fuesen ni empaticos ni tolerantes . ¿Acaso Jesus de Nazaret era un empático y tolerante con los judios ? ¿o Gandhi era algo similar con sus seguidores ? ¿ O Marx, ? ¿O Martin Luter King? O Salvador Allende ? O Nelson Mandela ? O ...
Lo que venimos a decir es que la apropiación de los valores convertidos en un bien para el estado han construido un mundo estéticamente diseñado para agradar , parecer, sombrear y así ganar desde el capital el máximo beneficio para que la productividad se disponga al servicio de la casusa . Las corporaciones mercantiles , la bolsa económica y los paises ricos que dirigidos desde sus empresas y holdings conducen y reducen la empatia y la tolerancia a bienes de consumo para que la ciudadania sea la súbdita de sus obedientes sistemas de control, gestión y simulacro .
Este artículo fue originalmente publicado por el autor en El Periódico ExtremaduraSoy un republicano escéptico, y más por tradición – como la propia monarquía – que por convicción. En esto no las tengo todas conmigo. Y cuando escucho a mis amigos de izquierdas, menos. En la mayoría de los casos, su entusiasmo republicano no tiene mejores argumentos que la añoranza por la II República, una notable confusión conceptual entre “república” y “republicanismo”, y el simple rechazo, más temperamental que racional, de la monarquía.
La añoranza por la II República es comprensible. Lamentamos todo lo que se perdió con ella – una oportunidad de oro para regenerar y modernizar este país –, y odiamos con saña a aquellos que la cercenaron y sepultaron (entre ellos, muchos conspiradores monárquicos). Pero esto no es una razón. Menos aún si con ello se pretende comparar la monarquía que encarnaba Alfonso XIII (con ribetes aún absolutistas) con las actuales monarquías constitucionales.
Pero el mayor error de mis amigos antimonárquicos es el de confundir “república” con “republicanismo”. Una “república” moderna es una forma de organizar el Estado (en la que el máximo cargo institucional, a veces sin poder ejecutivo, es un presidente electo – en lugar de un monarca –), y el “republicanismo” es una doctrina política identificable, en general, con la defensa de lo público, el respeto al estado de derecho y la efectiva participación de la ciudadanía en el poder. Lo uno no implica a lo otro, en ningún sentido. De hecho, parte de los estados europeos más “republicanistas” y/o de mayor tradición democrática, son monarquías (Suecia, Noruega, Dinamarca, Bélgica, Holanda, Reino Unido), y parte de las “repúblicas” de nuestro entorno (países del este, EE.UU., Italia…) abrigan regímenes totalitarios, gobiernos ultraliberales y/o democracias estructuralmente corruptas. Por ello, afirmar que la instauración de una república es condición, incluso suficiente, para dar un giro hacia políticas sociales, de izquierda, o más democráticas, en nuestro país, es, cuando menos, de una ingenuidad temeraria.
Otro argumento en contra de la monarquía es el de subrayar la irracionalidad o incongruencia que supone que el acceso a la Jefatura del Estado sea hereditario, y no por votación o consenso. Este razonamiento es muy débil. En primer lugar, porque la monarquía no es más irracional de lo que lo son la propia institución – y la mayoría de las instituciones – de un país (empezando por la delimitación de sus fronteras), casi todo ello fruto – como la propia monarquía – de tradiciones y veleidades históricas. En segundo lugar, porque la misma democracia se funda en principios sustancialmente irracionales (de entrada, en la asunción de que el voto – por encima de cualquier consideración racional – es la forma legítima de tomar y validar decisiones políticas). Y, en tercer lugar, porque la monarquía constitucional se erige, en Estados como el nuestro, en razón a consideraciones políticas que, al menos, hay que entender antes de desechar. Veamos esto último.
En un régimen democrático, justo por estar fundado en la fuerza (la de las mayorías sobre las minorías), se precisa de referencias, si no racionales, sí libres, al menos, de la lucha partidista y el vaivén de la opinión pública. Para ello no bastan la prolijidad de los procedimientos deliberativos (algo que suele acabar convirtiéndose en simple burocracia), ni la potestad de los jueces, igualmente sometidos, en parte, a la lucha política (como podemos observar, ahora mismo, en la contienda por la presidencia en EE.UU). Se requiere, además, de una institución con fuerte carga simbólica que encarne y salve al Estado más allá de la guerra constante entre grupos de poder. ¿Podría jugar este rol un presidente de la república elegido en las urnas e ideológicamente marcado? Dado el cainismo político de este país, me resulta difícil imaginar que algo así pudiera funcionar.
Ahora, ¿significa todo esto aceptar, sin más, la monarquía? No. Significa que, de momento, tenemos asuntos más importantes entre manos. Por ejemplo, el de la reforma educativa; asunto del que depende que podamos confiar efectivamente en la soberanía de una ciudadanía madura, cargada de razones y libre de mitos y de reyes.
La felicidad es hacer una inmensa cazuela de arroz y que no quede ni un grano. Es ver que se prolonga la sobremesa mientras tu discretamente subes a refugiarte a tu cuarto con tus libros y tu sofá. Es ver cómo va declinando la tarde y sube tu nieto a despedirse de ti, lamentando que se tiene que ir, pero es culpa del papa... La felicidd es poder contar esto... Bueno, sí, quizás le deba algo mi beatitud a las tres gotas que disuelvo cada mañana en medio vaso de agua. Pero no ha sobrado ni un grano de arroz.
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| Charles Sanders Peirce |



... no todas las risas no-alegres (o joviales) son iguales. Umberto Eco siguió una distinción que ya estaba en Luigi Pirandello entre lo cómico y el humor: mientras que lo primero se basa en la percepción de lo opuesto, lo segundo se fundamenta en el sentimiento de lo opuesto. Esta distinción en abstracto tal vez no nos diga nada y nos resulte un tanto confusa. No obstante, la idea es sencilla: el humor llega al tuétano, nos involucra y nos hace sentir la incomodidad de la regla que está transgrediendo. El humor no es una válvula de escape, sino que es la constatación de que estamos presos de una norma y que no importa cual sea, siempre nos arrinconará. Por tanto, el humor no se regocija, no es alegre, ni busca el mero entretenimiento, pero hace reír, que duda cabe. El humor es lo serio que se halla en la risa.
Álex Mesa, El humor es algo serio, catalunya.plural 08/11/2020


La crisis en una sociedad desencadena dos procesos contradictorios. El primero estimula la imaginación y la creatividad en la búsqueda de soluciones nuevas. El segundo puede traducirse en el intento de volver a una estabilidad anterior o en apuntarse a una salvación providencial. Las angustias provocadas por la crisis suscitan la búsqueda y la denuncia de un culpable. Este culpable puede haber cometido errores que han provocado la crisis, pero también puede ser un culpable imaginario, un chivo expiatorio que hay que eliminar.
Edgar Morin, Necesitamos funerales para despedirnos, y otras lecciones de la pandemia, El País 05/11/2020
Ya sé que se repite, pero siempre se repite como nueva. Me refiero a esa sensación de desánimo que me invade cuando estoy acabando un libro. Siento que no he estado, ni mucho menos, a la altura de lo que soñaba inicialmente con realizar, que me falta por consultar montones de bibliografía, que las ideas no son claras y distintas, que los capítulos están desorganizados, que la lectura no es suficientemente fluida, que sobra mucho de esto y aún falta más de aquello y... al fin y al cabo... ¿estoy diciendo algo interesante?
Después, el tiempo se me echa encima y como hay que cumplir con las fechas de entrega lo envío a disgusto.
Finalmente el editorme llama y me dice que le ha gustado y empieza a gustarme a mí también. Claro que un día... puede no ser así.
Hoy, además de sufrir con lo que acabo de escribir, he terminado el prólogo de un libro sobre la infancia en Roma y se lo he enviado al autor. Me estoy especializando en escribir prólogos y epílogos. No se sufre nada.
Recordeu això per sobre de tot: que la màgia pertany al cor igual que al cap, i qualsevol cosa que es faci cal que es faci per amor, per joia, o per justa indignació. Les dames de Grace Adieu es va publicar el 2006 i és un recull de contes curts de l'autora britànica Susanna Clarke, que s'havia donat a conèixer dos anys abans amb la publicació de la seva novel·la Jonathan Strange i el senyor Norrell. Es fa difícil recomanar el recull de contes curts a qui no hagi llegit la novel·la prèviament perquè, en realitat, Les dames de Grace Adieu n'és una mena d'apèndix o divertiment subsidiari. De fet, només dos dels contes exploten directament personatges o històries que ja coneixíem de la novel·la: el primer, on apareix Jonathan Strange, i el darrer del recull, on el protagonista és John Uskglass, el Rei Corb, tot i que aquest conte en concret en realitat té com a escenari el passat medieval d'aquesta figura llegendària, i directament no té res a veure amb els fets que es relaten a la novel·la. Ara bé, és cert que Les dames de Grace Adieu s'ambienta en un escenari de fantasia molt concret que queda més explicat i desenvolupat a l'altre text: una mena de paral·lel imaginari de l'Anglaterra històrica durant les guerres napoleòniques, en què la màgia existeix i és estudiada per una sèrie d'erudits i historiadors que pretenen restaurar-ne el poder a Anglaterra. Paral·lelament als moviments geopolítics de la nació anglesa, el regne de les fades subsisteix a l'altra banda de la porta o a l'altra banda del mirall, i els desitjos i capricis dels seus habitants s'interposaran tot sovint amb les vides més aviat prosaiques de les classes acomodades. Si sou fans de les novel·les de Jane Austen, el món creat per Susanna Clarke de ben segur que us agradarà. La diferència principal entre aquest recull de contes i la seva novel·la predecessora és un canvi d'enfocament sobre el món fictici que se'ns relata. A Jonathan Strange i el senyor Norrell ja es veia de forma prou clara el conflicte entre els grans afers d'estat en què es veien involucrats els protagonistes i les vides silenciades i subordinades que en quedaven els marges, les de les dones, els servents i la gent d'extracció social més baixa, a qui ningú escoltava però que a la vegada eren els únics que podien percebre aquesta dimensió màgica de l'existència que no es trobava als llibres. La presència inquietant de les fades, éssers salvatges impossibles de domesticar o acomodar dins d'aquest món de normes i convencions socials, no feia altra cosa que posar de relleu aquest silenciament, així com una contradicció essencial entre dues formes d'entendre la màgia: una d'erudita i racional, que pretén manipular el món a conveniència amb una lògica utilitària; una altra d'emocional i feréstega, indòmita com la natura mateixa, que era sovint menyspreada o descartada directament com a folclore o mera superstició. És aquest segon món el que Clarke expandeix i revisita en aquest recull de contes, amb les fades i les dones com a protagonistes indiscutibles, sempre en un primer pla. Les dames de Grace Adieu, per exemple, protagonistes del relat que dóna títol a l'obra, són unes senyores que desenvolupen el seu propi domini de la màgia en paral·lel a l'ús erudit que en fan els homes, i l'aplicaran per fer justícia en un episodi de seducció i abandonament com els que tenen lloc a les novel·les de Jane Austen. Un episodi similar el trobem al relat en primera persona del senyor Simonelli, que ens podem agafar al peu de la lletra o com a justificació força estrambòtica del seu prometatge simultani amb cinc germanes. De fet, el to humorístic és una constant en quasi tots el relats, on tot sovint les anades i vingudes de les fades acaben posant en ridícul els cavallers pagats de si mateixos, i subvertint les expectatives dels lectors de les formes més originals i imaginatives possibles. En el seu vessant més fosc, hi ha la violència tot sovint soterrada i silenciosa, atàvica de fet, que pateixen les dones, reflectida en el filar, cosir i teixir, com veiem en tres de les històries: "On Lickerish Hill", que és una trasposició força òbvia d'un conegut conte de fades; "The Duke of Wellington misplaces his horse", on el duc de Wellington té una curiosa trobada amb el món de les fades, i se n'haurà de sortir amb recursos molt allunyats de l'estratègia militar, i "Anticks and frets", on la protagonista, la reina Mary d'Escòcia, prova de canviar el seu destí a través dels encanteris d'una misteriosa confident. Una lectura deliciosa, molt divertida, i que sorprèn a cada pàgina amb la seva frescor i la seva originalitat. Si sou fans de Jane Austen i/o de Neil Gaiman sens dubte l'hauríeu de provar.
Continguts: El primer conte, "Les dames de Grace Adieu", és l'únic que té una remota relació amb els fets relatats a la novel·la Jonathan Strange i el senyor Norrell, tot i que de forma força indirecta. En aquest conte Jonathan Strange té una trobada força inesperada amb les dames de Grace Adieu, on és testimoni del seu exercici de la màgia. "On Lickerish Hill" és la revisió d'un tradicional conte de fades, el del follet Rumpelstiltskin, que rep diferents noms depenent de la versió. A "Mrs Mabb" una jove ha d'alliberar el seu estimat del poder de la pèrfida reina de les fades. A "The Duke of Wellington misplaces his horse", el duc de Wellington es troba inesperadament al regne de les fades, i haurà de recórrer a una habilitat molt especial per poder salvar la pell en aquest cas. A "Mr Simonelli or the Fairy Widower" el senyor Simonelli explica en primera persona la seva trobada amb els habitants del món de les fades, tot i que finalment els lectors haurem de treure les nostres pròpies conclusions sobre els fets. "Tom Brightwind" és el relat de l'amistat entre un metge jueu i un rei de les fades, Tom Brightwind, que tindran una aventura molt peculiar en un dels seus viatges. A "Anticks and frets" la protagonista és la reina Mary d'Escòcia, que provarà de canviar el seu destí des del seu captiveri. El darrer dels contes, "John Uskglass and the Cumbrian Charcoal Burner", és un relat que s'assembla a un conte de fades més tradicional, en què l'antic Rei Corb d'Anglaterra veurà el seu poder desafiat pel personatge més pintoresc imaginable.
M'agrada: En realitat m'han agradat tots i cadascun dels contes, i és una lectura divertidíssima pel seu ús de l'humor i les incomptables referències literàries que es van trobant al llarg de la lectura. Es fa difícil escollir els millors dels contes, perquè tots ells són brillants i molt diferents els uns dels altres.

Reseña de
“El virus como filosofía. La filosofía como virus. Reflexiones de emergencia sobre la pandemia del COVID-19”
Andityas Sorares de Moura Costa Matos y Francis García Collado,
Barcelona: Bellaterra, 2020.
Nos encontramos frente a un ensayo que quiere hacernos pensar sobre las consecuencias sociales y políticas de este acontecimiento que es la pandemia de COVID-19 y todo lo que ha traído consigo. Un proyecto que estaría en la línea de lo que Michel Foucault llamaba la función filosófica de hacer una ontología de la actualidad. Está escrito de manera conjunta por Andityas Sorares de Moura Costa Matos y Francis García Collado, que justo antes del libro que nos ocupa habían publicado otro de contenido mucho más teórico : “Más allá de la biopolítica. Biopotencia, bioarztquia, bioemergencia” ( Documenta Universitaria). Este último trabajo nos proporciona el marco teórico en que se mueven los autores, en la perspectiva de lo que se ha llamado la biopolítica. Esto no quiere decir que se haya de leerlo previamente para entender el que nos ocupa, pero si que, aunque los autores hagan un esfuerzo de clarificación, quizás hubiera sido mejor entrar algo más a fondo en estas conceptualizaciones que se formulan en neologismos: bioemergencia, bioresistencia, bioarztiquia,..
El libro es, sin duda, interesante. Es arriesgado y radical, en el sentido que quiere llegar al fondo de la cuestión. No hay que estar de acuerdo con sus tesis (yo no lo estoy) para que resulte muy sugerente. No se trata de buscar respuestas, sino líneas para abordar análisis y propuestas fuera de los tópicos que, desde planteamientos diversos, van circulando. Personalmente no estoy de acuerdo con conceptos que utilizan, como el de fascismo tecnológico, o incluso del peso que dan a ideas como la de necropolítica ( la lógica de exterminio de los improductivos) o tanatología ( la presencia de la muerte para generar miedo). Son planteamientos que están en la línea de las aportaciones de Roberto Expósito. Más bien me sitúo en la línea más empírica y moderada de Nikolas Rose (muy citado en su anterior libro, pero que en este no aparece). La noción de bioarztiquia (por favor, que nombre más difícil, hubiera sido mejor ser más pragmático y menos etimológico) da mucho juego, ciertamente. La razón farmacéutica entendida como hegemónica y que tiene como efecto provocar sujetos que se están autodiagnosticando permanentemente buscando síntomas y signos de posibles enfermedades, me parece muy fecunda. Igualmente, la manera como el libro aborda la cuestión de la subjetividad y los cambios subjetivos que comporta lógica de la biopolítica.
Me ha gustado la parte del libro que analiza lo que es un virus y que se atreve a formular propuestas a las vigentes sin caer en el delirio del negacionismo. Menos me ha gustado el recorrido crítico de las diversas lecturas de los filósofos más mediáticos, sobre todo la inconsistente y confusa de Byung-Chul Han, que seguro que no se merece un capítulo. En todo caso a lo largo del análisis aparecen puntos muy sugerentes, que como ya he dicho abren caminos nuevos para abordar la pandemia y las medidas que ha puesto en marcha. Respecto a su conclusión totalmente de acuerdo con su crítica a la ilusoria vuelta a la normalidad y a enmarcarlo en la nefasta lógica del capitalismo. Más escéptico respecto a sus propuestas de democracia radical combinadas por lo que llaman bioemergencia y bioresistencia. En todo caso de acuerdo en la defensa del sujeto singular y de lo común, que es lo que les ha animado a escribir un libro que, ciertamente, vale la pena leer.
Luis Roca Jusmet
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| Foto de Lolo Olivares |
No sé, por cierto, a quién se le ocurrió esa espantosa y orwelliana consigna de “nueva normalidad”. Si su intención era tranquilizarnos, erró del todo: ni lo normal es sinónimo de bueno, ni embozar la boca es normal en ningún sitio (en que no sea habitual marginar, secuestrar o ejecutar a la gente). “Normal” proviene de “norma”, una de cuyas acepciones es la de “ley”; la “nueva normalidad” es, simplemente, “lo que estamos obligados a hacer por ley”.
Decía el filósofo de origen coreano Byung-Chul Han que, habiéndose acostumbrado desde el principio de la pandemia a ver embozados a sus compatriotas, la boca destapada de los europeos le parecía algo casi obsceno. Tal vez, y como al etólogo Desmond Morris, le pareciera que la boca humana, con sus carnosos, rojos y sobresalientes labios, fuera una suerte de imitación del sexo (el femenino, según Morris). Para mí, sin embargo, la boca está más ligada a lo espiritual que a lo carnal o, al menos, a una suerte de puente entre ambos mundos (el “labio de arriba el cielo, y la tierra el otro labio”, decía el poeta Miguel Hernández).
Con la boca empezamos a llorar y exhalamos ese último aliento que los antiguos llamaban ánima. Y, por el camino, hablamos. La boca es el órgano de la palabra y la razón, de la más viva, que es la que surge, como metal sin cristalizar aún, del diálogo que lo es. Por ella descubrimos nuestro interior y con ella desvelamos – o eso decimos – el mundo. Decía Joseph Campbell que la boca no suele estar entre los rasgos con que, en eras primitiva, se dibuja la cara. Tal vez sea porque es el ángulo ciego originario de toda otra representación. Con los ojos vemos (lo superficial), pero solo por la boca sabemos lo que vemos. Por eso, para conocer algo (no digamos a alguien), hay que hablar, o dejar que hablen. Si Dios, o el logos – como creen filósofos y científicos –, creo el mundo hablando – dando forma o fórmula a las cosas –, antes, o a la vez, tuvo que existir una boca, siquiera mística.
La boca es, también, el lugar del encuentro, la comunión, la identificación con lo/el otro, para hacer un yo más grande, más pleno y menos solo, que es todo el objetivo de nuestra existencia. Desde el acto de respirar, beber o comernos el mundo, hasta el más sublime de comprenderlo (esto es: hablarlo con la boca del alma), pasando por todas las fases intermedias (de la esgrima tibia del beso a la etérea del diálogo), la boca es el órgano con el que buscamos unirnos a lo que aún no somos. Se puede amar sin ojos, sin manos, sin sexo, sin voz audible, pero no sin boca, sin habla. Sin habla es imposible la identidad, ni con lo(s) demás, ni con uno mismo – esa narración, ese diálogo íntimo y silente en que me digo “yo” –. Pongan a un niño pequeño junto a un ser todo lo humanamente bello que quieran, pero sin boca o habla y, al lado, a otro, todo lo horrendo que puedan, pero con boca y habla; y verán, rápidamente, con cuál de ellos se identifica.
No es de extrañar, pues, que mostrar la boca (más que los ojos) sea un signo de civilidad. La gente de bien va a cara descubierta, mientras que quien se emboza es, a menudo, el bandido desalmado, el tipo asocial que no habla ni entiende, sino que actúa y destruye.
¿Qué pensar entonces de este colectivo uniformemente enmascarado que ahora somos? A mí, además de melancolía, confieso que me da miedo. Solo conforta saber que, aun embozados, confinados y vigilados, todavía podemos hablar. Aunque menos que antes. Y, justo por eso, tenemos que hacerlo más fuerte; sin llegar al grito desbocado, pero con vehemencia. Nada de “nueva normalidad”. A un estado de excepción le corresponde un habla, una consciencia, una fiscalización del poder igualmente excepcionales. Qué nadie, bajo ningún concepto o urgencia, nos tape la boca, esto es: nos impida hablar. Para un ser humano, no hay mayor muerte que esa.
Dolors Alcàntara va escriure fa unes setmanes una reflexió sobre l'ensenyament en època de pandèmia (Alcántara Madrid, Dolores (2020) Dar clases en tiempos de pandemia.)
La versió catalana és al seu blog de centre.Com sempre, obre camins.
Releyendo los textos de los antiguos griegos, prestando especial atención a lo que sucede entre los poemas homéricos hasta los diálogos platónicos en el siglo IV a. C., uno comprueba in situ que, mucho más allá de que es verdad eso tan repetido por ciertos seres cada vez más marginales de que es necesario acudir a los estudios humanísticos para conocernos, se topa con que ello es pasmosa, vibrantemente cierto. No es que sea necesario, es que no hay posibilidad de trazar unas mínimas coordenadas que nos orienten acerca de lo que somos sin el constante estudio y la pertinaz revisión de Grecia, mientras sigamos siendo lo que somos. Allí se hallaban las claves de lo que hoy aún se despliega y no resulta exagerado afirmar que en gran medida ellos, los protagonistas del milagro griego, nos produjeron y que somos su invención. Esto no se aplica solamente a la literatura o la poesía, como algunos pueden estar pensando, sino que, todavía con mayor apremio, resulta aplicable para el actual entendimiento de mucho de lo que acaece en el entorno de la ciencia y el pensamiento político, la ética y la filosofía. Casi todo lo que se cuece en la actualidad se preparó, aun en la forma de antítesis, en la metafísica helénica y es una derivación de aquel amanecer de los siglos VI al IV a. C. Es, si tomamos como centro de este devenir a Platón, que desde luego lo es, lo que expresa la conocida opinión de Whitehead de que toda la historia de la filosofía ha sido una colección de notas a pie de página al pensamiento de Platón.
Nuestro campo de interés y estudio, ya lo sabemos, es la educación. No lo olvidamos. Pero es preciso emprender a veces una ruta en apariencia ajena, ya que nuestra tesis, que tratamos de demostrar, es la inextricable unidad de filosofía y paideia, o por lo menos, la profunda conexión que las vincula desde el común origen de ambas en los mencionados siglos. Pues bien, en el “caos originario”, anterior a la clara y apolínea luz del logos, estaban los poetas. Ellos eran los educadores del Grecia. Es una verdad que los primeros filósofos reconocen, como por ejemplo Jenófanes o el propio Platón o el historiador Tucídides. En la República Platón opone, según vimos en una entrada anterior, la educación por la poesía, fundamentalmente mediante la memorización y canto acompañado de instrumentos, de los poemas homéricos, a su proyecto pedagógico que sin renunciar al poder persuasivo de la poesía, la música e incluso el mito, estos son firmemente disciplinados y encauzados por un logos cuya luz es la del sol del Bien que los gobernantes filósofos saben disponer como régimen y estructura política racional en la ciudad. Por encima de los medios de la persuasión y la seducción poética estará la dialéctica y la lógica. Así que, en apariencia, en Platón hay, como en todo el mundo griego, un triunfo del logos del orden apolíneo, como interpretaba Nietzsche, que funda nuestra civilización.
Esto mismo se puede ver, también en apariencia, o sea, a primera vista (y recordemos que nunca se piensa bien si se hace a primera vista, lo cual es una enseñanza del propio Platón) en la historiografía helénica. Tucídides funda, con mayor ahínco que Heródoto, un método histórico que huye del mito y trata de atenerse a los “hechos”, en oposición de la denostada hybris de los poetas:
“(…) no se equivocará quien, de acuerdo con los indicios expuestos, crea que los hechos a los que me he referido fueron poco más o menos como he dicho y no dé más fe a lo que sobre estos hechos, embelleciéndolos para engrandecerlos, han cantado los poetas, ni a lo que los logógrafos han compuesto, más atentos a cautivar a su auditorio que a la verdad, pues son hechos sin pruebas y, en su mayor parte, debido al paso del tiempo, increíbles e inmersos en el mito. Que piense que los resultados de mi investigación obedecen a los indicios más evidentes y resultan bastante satisfactorios para tratarse de hechos antiguos. (…)
En cuanto a los discursos que pronunciaron los de cada bando, bien cuando iban a entrar en guerra bien cuando ya estaban en ella, era difícil recordar la literalidad misma de las palabras pronunciadas, tanto para mí mismo en los casos en los que los había escuchado como para mis comunicantes a partir de otras fuentes. Tal como me parecía que cada orador habría hablado, con las palabras más adecuada a las circunstancias de cada momento, ciñiéndome (sic) lo más posible a la idea global de las palabras verdaderamente pronunciadas, en este sentido están redactados los discursos de mi obra. Y en cuanto a los hechos acaecidos en el curso de la guerra, he considerado que no era conveniente relatarlos a partir de la primera información que caía en mis manos, ni como a mí me parecía, sino escribiendo sobre aquellos que yo mismo he presenciado o que, cuando otros me han informado, he investigado caso por caso, con toda la exactitud posible. La investigación ha sido laboriosa porque los testigos no han dado las mismas versiones de los mismos hechos, sino según las simpatías por unos o por otros o según la memoria de cada uno. Tal vez la falta del elemento mítico en la narración de estos hechos restará encanto a mi obra ante un auditorio, pero si cuantos quieren tener un conocimiento exacto de los hechos del pasado y de los que en el futuro serán iguales o semejantes, de acuerdo con las leyes de la naturaleza humana, si estos la consideran útil, será suficiente” (Hist. Pel. I, 21 – 22).
Este texto no tiene desperdicio. Es un buen ejemplo de cómo podemos entendernos mirando a Grecia, aunque no precisamente al modo en que Tucídides cree que el lector de la historiografía puede entender su tiempo leyendo el pasado. Porque lo que revela el texto es una metafísica de la que brota un presupuesto. Es la presencia de este prejuicio, o de esta metafísica, lo que sí es una constante, no tanto que los “hechos” se repitan (que parece ser un segundo presupuesto griego que sí acabó siendo superado, y no repetido, con el cristianismo).
El primer principio o presupuesto es el que encierra la palabra “hecho” aplicada a los aconteceres humanos históricos, en el transcurso del tiempo, de los pueblos y las gentes. Es esta reducción que sacrifica el inasible y temible caudal que fluía en lo poético la que la metafísica de estos siglos elige para aprehender su mundo desde una cierta distancia salvadora. Y digo salvadora porque solo así le es posible al historiador, al hombre, sacar su cabeza del fondo de ese oscuro océano, de esa negra ciénaga donde buceaba sumido en ensoñaciones ininteligibles y entre poderosas inercias, como las de su subconsciente, en la oscuridad abisal de ser y no saber, para darse un respiro y tomar una bocanada de aire fresco. Se trata de abandonar el pozo, la sima donde se concentraban miasmas a menudo inhumanas e irrespirables para escapar a un mundo, en la superficie, calmo, claro, transparente, etéreo; en el mediodía templado e iluminado por la luz del sol. Todo se torna, en esa lisa superficie, plano y fácil. También bello. De una belleza noble, cósmica, armoniosa y matemática. El descubierto, es un mundo de cristal.
La ventaja de esta transfiguración del mundo es que nos vemos en él. Nos vemos en el espejo del mundo. Aunque, más bien, no nos vemos, sino que vemos nuestro reflejo en la mansa superficie de la ciénaga ahora tornada tranquilo lago. En esa pantalla el historiador ordena y contempla los hechos humanos, los hechos y datos con los que el hombre construye su historia. El historiador toma esos retazos de vida, esa suerte de tramoya, ese esqueleto que es como el fósil para el paleontólogo y dibuja o cuenta, muy lejos del poeta o el novelista, su relato. Obra, pues, un sacrificio, pero nótese bien que sin este sacrificio no hubo posibilidad de empezar siquiera a hablar de ello. Es decir, que la existencia de este insólito movimiento de limpieza de la mirada y especulación en un momento de lo que Jaspers denominó “tiempo eje” somos ya nosotros y es ya, por supuesto, la ciencia.
Algunas filosofías, sin embargo, y con gran razón, han anotado que el mito y la poesía siempre han estado ahí como entreverados en la desnudez del logos, que incluso se han tomado su venganza y hasta han podido escapar al control del lenguaje. Pero esto ya lo sabían los griegos porque en el propio mito estaba ya anticipada la historia como en una premonitoria advertencia. No solo los autores que podemos considerar marginales o los grandes poetas trágicos o la poesía heroica de Píndaro o la lírica, sino, y aquí hay que poner atención, el gran padre de la filosofía racional, el creador del pensamiento occidental, aquel al que siempre volvemos: Platón. Él supo que a pesar de haber dictado su sentencia de exilio, los poetas nunca podían ser desalojados del todo de su República.
A pesar de haber desterrado en su pedagogía de la República la poesía homérica de la educación, que sobre todo ha de desembocar en la dialéctica y la visión racional, si uno atiende a otros diálogos, incluso de la misma época, en el gran pensador está la tensión nunca resuelta acerca del decir lógico y el decir mítico. De hecho, la dialéctica desarrollada por los diálogos platónicos en sí, y pienso en los que tengo ahora frescos: Fedón, el Banquete y Fedro, aun siendo estos de madurez, revela la imposibilidad por un nombrar preciso y referencial, es decir, Platón asume en los recovecos de la contradicción y la ironía la falibilidad del lenguaje y de la ciencia. Para cazar es preciso dar vueltas, rodear a la presa y jamás atraparla, nunca hacerse con ella porque lo esencial al ser es ser inasible. Así, Platón, que se ha tenido a menudo por dogmático o fundador de una metafísica de fuerte alcance, defensor de una verdad capaz de realizarse como ideal y de transmitirse hasta el punto de que se puede educar en función de ella, labrando el camino que posibilite el orientar la propia conducta y el gobierno desde ella, deja caer en sus textos la constante e irónica sospecha de que las cosas pueden ser menos fáciles de lo que él mismo está diciendo. Hay algo que sí parece dejar claro: que quitar el velo de lo aparente no es tarea simple ni abarcable y que tal vez siempre nos estemos equivocando. Creo que le acompañó siempre la sombra y la broma de su adorado maestro, más próximo a la Sofística de lo que él mismo quiso transmitir. Resulta muy evidente cuando se topa el lector con el portentoso uso del lenguaje mítico y poético que completa las razones y argumentos en los mencionados diálogos, con los finales y estructuras poco claros ni lineales incluso en estos diálogos de madurez, como si siempre le quedara algo por decir que le obligara a echar mano de recursos que el propio lenguaje no tiene, de los que el logos carece. En el Fedro hay una crítica (muy socrática) a la escritura, a la pobreza del texto escrito, como si hubiera que volver a la vitalidad y espontaneidad del diálogo en una plaza ateniense, en un gimnasio, bajo un hermoso árbol y refrescando los pies descalzos en la limpia corriente de un arroyo, o en un inolvidable banquete como un despliegue de erotismo y vida o en la aciaga prisión y la cicuta que tampoco se libra de terminar con la incertidumbre y esa última paz que el dios nos reserva, esa última serenidad: proferir la broma del gallo debido a Asclepio.
Esos diálogos son joyas. Hay que pasar la vida leyéndolos. Y también las grandes tragedias áticas del siglo V a. C. En ellas está este conflicto que en algún lugar escribí que nace con la razón en Grecia y que por tanto perdura en nosotros mientras seamos Grecia. Nacimos sabiendo que rompíamos con algo que nunca nos abandonaría. Ahora bien, en la cuestión de la paideia actual, ¿qué lugar ocupan estas viejas verdades acerca de nosotros? Lo primero, preguntarnos quiénes son nuestros educadores. ¿Son los filósofos? ¿Son los científicos? ¿Son los poetas? ¿Falta alguno de ellos? Porque la comprensión cabal del extraño lugar donde estamos, ciénaga, abismo o tranquila y cristalina superficie donde se refleja el sol del mediodía o acaso la luna llena en la noche, necesita de todos ellos. No hay que malinterpretar lo trágico, por cierto, como el grito del hombre que clama al sordo universo que no responde a sus deseos, sino algo más escalofriante que algún cuadro de Ernesto Sabato o la famosa serie de El grito de Munch proclama (según revelaba algún documento reciente sobre la interpretación que hay que dar al título de esta última, mucho más interesante): el mundo, el universo, grita. El grito está en el mundo y es privilegio del hombre oírlo y escucharlo. Es como si supiéramos que más allá del deseo que nos creó como civilización, el cosmos, ¡ay!, fuera antes ruina que templo, despojo que gloria, Hades que Cielo, Caos que Cosmos. Lo que Grecia intentó fue un proceso que inició una herida, otra más de las que atraviesan lo real, un sufrimiento que se añadió al sufrimiento que, como Schopenhauer o Nietzsche, con valoraciones diferentes, distinguieron en el mundo. El mundo como voluntad, como fuerza, como tensión, disgregación, éxodo y diferencia.
Y de nuevo, paideia. ¿Han de educar los poetas? ¿Ha de entenderse esto como una peligrosa vuelta al irracionalismo? No, si la razón es, como la consideraba María Zambrano, una razón poética, si en la razón incluimos, muy a la española, un sentimiento trágico de la vida, si comprendemos que hay vida, mucha vida y muerte, mucha muerte, por todas partes, en una mezcla indiscernible y con una intensidad insufrible, como en su soterrada melancolía supo Séneca y su discípulo el gran Quevedo. Pensar en torno a estos tópicos no es salirse por la tangente ni abandonar el campo de la pedagogía, sino centrarla, ensimismarla, tornarla a su esencia, que es la existencia o vínculo del hombre con el ser. El educador debería pensar constantemente en esto, es decir, en Grecia.
En aquest món la mort és home o dona? O potser no és sinó una porta per la qual es passa a una història ben diferent, que per desgràcia t'has oblidat d'escriure? Aquesta és la darrera entrega de la trilogia del Món de Tinta, de Cornelia Funke, que es va publicar el 2007. Feia força anys que vaig llegir la trilogia per primer cop i amb prou feines me'n recordava de res d'aquesta última entrega, així que, ara que ja n'he acabat la relectura, puc dir que he gaudit molt d'aquest redescobriment. Aquesta tercera entrega és una magnífica cloenda per a les dues primeres parts que, tot comptat i debatut, presentaven els seus defectes. Mort de tinta té la virtut de superar les mancances més flagrants de les altres dues entregues, i acaba mostrant un pols narratiu molt més ferm, que manté l'interès en tot un seguit de trames argumentals simultànies, que avancen més o menys al mateix ritme, i acaben confluint totes elles en un mateix desenllaç. A la vegada, se'ns amplia significativament la riquesa d'imatges i de mitologia del món de tinta, especialment pel que fa al reialme de la mort, i al preu que hauran de pagar els personatges principals per les seves decisions passades i futures. Aquestes es faran una mica més adultes i serioses en aquest últim volum si el comparem amb l'anterior, i els personatges en aquest sentit arribaran a reflexions molt més profundes i decisives respecte del seu propi paper dins la història. Pel que fa a la violència representada en la narració, i a les implicacions més fosques i pertorbadores de les aventures dels personatges, aquest tercer volum recupera quelcom del to fosc i macabre de la primera entrega de la trilogia, que per a mi quedava una mica més desdibuixat en la segona entrega. La trilogia del Món de tinta és un relat que no em sembla adequat per a infants, però sí per a adolescents capaços de fer-ne una lectura reflexiva i reposada. Especialment aquest tercer volum és d'aquells llibres que tracta els seus lectors com a adults, i que no pretén donar respostes mastegades ni lligar tots els fils de la seva narració. El desenllaç és especialment satisfactori pel que fa a la forma com tanca els arcs d'alguns personatges i en deixa d'altres d'oberts. Si ens l'agafem com a desenllaç de l'argument plantejat a Sang de tinta, aquest darrer volum n'és una conclusió totalment satisfactòria. El regnat del Cap d'Escurçó, que ha esdevingut immortal gràcies al llibre que li va fabricar Mortimer a l'anterior entrega, s'imposa sobre els seus súbdits amb terror i violència. Orfeu s'ha instal·lat al món de tinta i es dedica a explotar-lo per als seus propòsits egoistes, una tasca estèril que el porta a alinear-se amb els poderosos encara que sigui a costa de destruir a qui se li posi per davant. La seva missió original de tornar Dit de Pols a la vida ha passat a un segon pla dins la seva llista de prioritats, tot i que s'acabarà realitzant igualment per mitjans aliens a la seva voluntat. Per la seva banda, Mortimer té els seus propis conflictes: finalment ha acceptat per complet el seu rol dins del món de tinta, i ara es troba que, a diferència del que li passava a l'anterior entrega, no vol tornar al seu propi món fins que no hagi acomplert la missió que ha hagut d'assumir en aquest relat. Això suposarà una font de conflictes entre Resa, Meggie i ell, ja que ara Resa veu la necessitat de tornar a casa com més aviat millor, i Meggie es troba indecisa sobre quin dels dos móns s'estima més. Si bé l'anterior volum bastia la seva tensió a través de dues trames paral·leles, les evolucions dels personatges de Dit de Pols i Mortimer cadascun per la seva banda, en aquest tercer volum les seves dues històries acabaran confluint, i finalment tots dos acabaran revelant-se com a dues cares de la mateixa moneda. El tema de la mort es transforma en el fil conductor d'aquesta novel·la, l'argument de la qual beurà directament dels trops i les imatges dels contes de fades, tot i que els deconstrueixi i subverteixi en moments inesperats: el mite del pacte amb la mort, i fins i tot el de la mort enganyada, es transformarà en el veritable fil conductor de la història quan Mortimer aconsegueixi accedir al món dels morts i negociï amb la Mort mateixa la destrucció del Llibre Buit que procura la immortalitat de l'Escurçó, una violació intolerable de les lleis mateixes de l'existència. Tot i que Mortimer havia pensat que podia violar els termes d'aquest contracte al final del segon volum, ara veu com el seu pla original se li ha tornat en contra. De fet, el fil de la història que s'explica a si mateixa en contra dels desitjos del seu autor segueix essent un dels motors de l'argument, desenvolupat aquest cop de forma més reeixida que en l'anterior volum: tant Orfeu com Fenoglio entren en una competició contrarellotge per tal de manipular la història i canviar-ne el desenllaç en funció dels interessos dels seus protagonistes i antagonistes, i tots dos veuran com les seves decisions acaben engendrant conseqüències inesperades o es veuran desafiades per l'exercici de la llibertat per part dels seus propis personatges. Cap al desenllaç, quan la direcció última de la narració es va fent cada cop més clara, els girs de guió s'aniran fent més previsibles, però això no els traurà cap mena de mèrit ni brillantor: si bé és cert que al capdavall els papers de Fenoglio i Meggie com a manipuladors de la història s'acabaran desdibuixant, això permetrà brillar els autèntics protagonistes de la saga, el triangle format per Mortimer, Resa i Dit de Pols. Dit de Pols va acomplir el seu arc narratiu en l'anterior entrega, de fet, però aquí tornarà com una versió augmentada i millorada d'ell mateix, que farà brillar precisament els seus atractius de les dues anteriors entregues. Resa, per la seva part, recuperarà la seva capacitat d'actuar de la primera entrega, que va perdre en la segona inexplicablement, i aconseguirà un protagonisme del tot merescut en la seva trama paral·lela. El personatge secundari de Mortola, que apareixia puntualment en les dues anteriors entregues, aquí s'acabarà transformant en una mena de personificació de la mort, i Resa n'acabarà negociant també els termes a través de la seva metamorfosi, que beu directament de les imatges dels contes de fades. D'altra banda, Mortimer, que en l'anterior entrega es transformava en un personatge del relat creat pel món de Fenoglio, una mena de titella controlat metatextualment per la pròpia història, aquí descobrirà, en un gir magistral de l'argument, que el desllorigador últim de totes les històries i de tots els encanteris serà desempallegar-se definitivament del personatge per tornar a ser ell mateix. En definitiva, Mort de tinta és una digníssima conclusió per a aquesta trilogia de fantasia juvenil, en tant que supera completament els defectes de forma i de ritme de les anteriors entregues, es fa molt més seriosa en el to i les implicacions que les seves predecessores, i ens ofereix un desenllaç del tot rodó i satisfactori.
Sinopsi: Mort de tinta arrenca just en el moment on va acabar la darrera entrega: després del pacte de Dit de Pols amb les Dames Blanques, aquest es troba presoner al món dels morts. Tanmateix, tant Orfeu com Fenoglio es disposen a fer-lo tornar utilitzant la seva habilitat per encantar les paraules de la història i manipular-ne el curs. Mortimer ha acabat assumint plenament el seu paper de bandoler llegendari, i es disposa a combatre el regne de terror i violència imposat pel Cap d'Escurçó, tot i que contra la voluntat de la seva dona Resa i la seva filla Meggie. Un seguit de circumstàncies aparentment fortuïtes el faran viatjar al món dels morts, on arribarà a un pacte amb la Mort per tal de desfer l'encanteri que havia produït la immortalitat de l'Escurçó a través del Llibre Buit. Tanmateix, el paper que jugarà cadascú dins d'aquest argument més gran anirà escrivint-se i reescrivint-se sobre la marxa, a mesura que cadascun dels personatges vagi jugant les seves cartes en funció dels seus interessos i lleialtats.
M'agrada: Sens dubte la forma com Funke manté el pols narratiu d'aquesta entrega amb totes les trames obertes a la vegada i la forma com acaben confluint totes juntes en el seu desenllaç. La trobada amb la mort és un dels moments narrativament més suggestius, i la forma paral·lela com les trames de Dit de Pols i de Resa acaben secundant el creixement de Mortimer com a autèntic protagonista de la història.


La gran filosofía siempre ha desconfiado de lo positivo. Hay razones para ello. El pensamiento neoliberal, en su nuevas máscaras de lo humano ha difundido el “tú puedes”, los pensamientos positivos y los deseos de felicidad como ideologías que esconden la destrucción de las subjetividades, la nueva sumisión a un capitalismo salvaje y la destrucción del mundo. Pero no basta denunciar lo falso de este mensaje. Lo que hay que preguntarse es por qué cala tanto. En un magnífico libro que publicará muy pronto Antonio J. Antón Fernández, El sueño de Gargantúa. Distancia y utopía neoliberal, recorre el pensamiento político de la modernidad para sustentar la tesis de que la utopía que realmente ha funcionado en el mundo moderno ha sido la utopía liberal, la promesa de una familia, una casa, un trabajo estable y seguro, una protección contra la invasión del estado a través de la propiedad privada. El pensamiento de la izquierda, organizado por la lucha contra los agravios, prohibiendo siempre toda imaginación utópica por peligrosa, no ha entendido nunca la fuerza de la utopía liberal y cómo se ha construido en ideología persistente entre los grupos y estratos de la sociedad que aspiran a una existencia humana.
Es por eso que las débiles llamas de las filósofas neo-spinozianas, que recuperan la otra tradición utópica de trascendencia de un presente desolado puede que sean la última esperanza contra la ceguera y la sumisión voluntaria. La utopía, nos enseña Fredric Jameson, se entiende mal si la leemos como un relato de fantasía social. La utopía es un método, una estrategia de trascendencia de lo real y de sus aparentes determinaciones a través de la fuerza del deseo y del amor. Spinoza nos enseña que el amor y el miedo son las dos pasiones que ordenan la vida en plazos largos, y que solo el amor que protege el deseo de otro mundo puede acompañar a la fuerza de la razón para defender la potencia de la vida.
Fernando Broncano, Hilando con Spinoza, El laberinto de la identidad 07/11/2020
La prensa conservadora lleva celebrando con alegría exhuberante que el voto latino en Texas y Florida haya ido mayoritariamente para Trump, dando por sentado que es el fin de las "políticas de identidad" que tanto molestan a conservadores y neoconservadores de derecha e izquierda. Muchos latinos de Texas llevan allí más tiempo que los blancos y otros son emigrantes atraídos por el sueño de una vida sin violencia, que dependa de su propio esfuerzo y del trabajo. La familia y la religión (católica o evangelista) cubre todas las necesidades de lazos comunitarios, y la política es un accesorio más poco interesante. Y es cierto que la utopía liberal, que más o menos coincide con este imaginario, ha calado profundamente en las conciencias de enormes capas de la sociedad, y especialmente en quienes aspiran sobre todo a ser ciudadanos más que parte de una minoría. Entender y repensar este imaginario es el primer problema de un pensamiento político contemporáneo que aspire a un mundo con menos desigualdades, más libertad y justicia. Entender un imaginario no es ni justificarlo ni apoyarlo, es, simplemente, ser realista respecto a la realidad humana. Los imaginarios son difíciles de desmontar: exigen a la vez un análisis cuidadoso y sociológico de los hechos y un impulso utópico que ilumine posibilidades reales y presentes que hay que permitir desarrollarse y que son superiores a los ideales de clase media que presenta la televisión. En Estados Unidos, en estas elecciones, una gran parte de la clase obrera, una gran parte de la población negra y una gran parte de la femenina han entendido que había mucho en juego y no han votado a Trump. Los latinos del sur han pensado de otro modo. No pasa nada. La historia es larga. La alegría neoconservadora no debería ser tanta. Y la izquierda demócrata debería pensar estas cosas.
Darrerament, a partir de totes les crisis generades per la pandèmia, un cop comprovades totes les incompetències possibles per part de tots els nostres dirigents, s’ha activat una maquinària, que engloba des dels comunicats de les diferents conselleries fins als mitjans de comunicació públics, per tal de descarregar de les fràgils esquenes dels polítics (fràgils per la feblesa d’una musculatura poc avesada a l’esforç) la responsabilitat de les successives cagades que s’estan perpetrant en la gestió de la pandèmia.
Una estratègia bàsica en aquestes situacions consisteix a desplaçar la responsabilitat fora de les seves esquenes. Així, podem dir que les mesures que hem pres no són suficientment efectives per la manca de responsabilitat social: òbviament, no serveix de res que es prenguin mesures de protecció si els ciutadans no les compleixen. Aquesta estratègia posa de manifest una forta contradicció de l’estat liberal:
Si volem preservar la llibertat individual no podem imposar una norma per la força. Aquesta presumpció ens porta a qüestionar-nos la necessitat mateixa de l’estat: si els individus són capaços de regular correctament la seva conducta, no és necessari un estat que ens obligui a complir les normes. No em sembla malament del tot però, per sobre de tot, si la policia no és necessària… em poden retornar la part proporcional dels impostos dedicats a mantenir aquests cossos policials que no calen?
Caldria no ser hipòcrites: si hi ha estat i paguem per a que hi sigui, aquest ha d’actuar sense pressuposar la bona actuació dels ciutadans. Òbviament, no cal brutalitat ni vulneració dels drets humans, però no té sentit promulgar normes i apelar a la responsabilitat ciutadana perquè no es preveuen els mitjans per a imposar-les.
Una altra situació habitual consisteix és el desplaçament de la responsabilitat política cap a les baules més petites de la llarga cadena del poder públic: el ministre o conseller de torn es veu incapaç de resoldre un problema i, en comptes de posar els mitjans per a la solució, desplaça la responsabilitat cap als càrrecs més baixos de l’administració.
Aquesta perversió ha estat practicada a l’àmbit de l’educació a Catalunya des de fa anys, sota l’eufemisme de l’autonomia de centres: el que era aleshores conseller d’educació, Ernest Maragall (d’infame memòria), va trobar un mecanisme perfecte tot donant una gran autonomia a les direccions dels centres d’educació, però sense complementar aquesta autonomia d’una dotació econòmica que permetés dur-la a terme. Així, la decisió d’engegar o no la calefacció és de la direcció, tot i que els diners de la dotació del centre siguin insuficients per a tenir la calefacció encesa les hores necessàries per no passar fred. La genialitat d’aquest sistema està en el fet que si els alumnes passen fred, és culpa de la direcció del centre, i no del conseller que ha donat autonomia al centre per encendre la calefacció quan vulgui.
Arribat a aquest punt, hom es demana: i per què algú voldrà participar d’aquest circ tot decidint assumir la direcció d’un centre educatiu? Certament, he de confesar que no tinc resposta a aquesta qüestió. Només puc dir que considero que aquesta participació implica complicitat amb el sistema, donat que no existeix cap necessitat que impliqui l’exercici d’aquest càrrec.
Ara bé, he comprovat els darrers anys que les direccions dels centres educatius solen falcar el seu paper fent ús dels mateixos eufemismes que proliferen tant als mitjans de comunicació com als comunicats de les diferents autoritats educatives.
Així, quan hom protesta per la situació actual:
1- Perquè l’administració no ha resolt els problemes derivats de la bretxa digital ni ha fet els canvis necessaris a la connectivitat dels centres per afrontar una situació d’ensenyament semipresencial.
2- Perquè l’administració no ha fet un esforç real per a incrementar la plantilla de docents per tal d’afrontar la situació actual.
3- Perquè l’administració no ha fet proves per tal de comprovar si els docents poden transmetre la malaltia als alumnes.
4- Perquè l’administració canvia cada dia que cal els protocols per tal que encara que a un grup hi hagi més d’un positiu, no calgui fer proves a tot el grup ni als docents que comparteixen espais amb el grup.
5- Perquè encara que hi hagi quatre docents que han donat positiu a les proves de detecció del coronavirus (amb alguns casos asimptomàtics), l’administració decideix no fer un cribratge a tots els treballadors del centre.
6- Perquè quan se’n recorden de l’existència del batxillerat, ens obliguen a fer un pla de semipresencialitat sense incrementar els mitjans per dur-lo a terme.
7- Perquè quan s’informa als mitjans de comunicació de que els alumnes s’hauran de fer les (poques) proves de detecció del virus a si mateixos, sota la supervisió dels docents. Aquesta mesura es va modificar, tot incorporant la supervisió de professionals sanitaris, tot i que la mostra se la continuen recollint els alumnes a si mateixos.
La direcció ens contesta amb un eufemisme: el problema és que tot plegat ens irrita perquè ens estan traient de la nostra zona de confort.
No ho havia entès: no és que l’educació sigui la darrera preocupació de les institucions de govern, no és que no es consideri que l’educació necessita de mitjans, no és que els polítics estiguin improvisant cada dia perquè no tenen ni idea del que han de fer, no és que vulguin que fem feines que no ens toquen ni sabem fer perquè ja han cremat al personal sanitari fins a l’extenuació i no tinguin intenció de contractar-ne més…
No, res de tot això, el problema és que ens han tret de la nostra zona de confort… Quan algú es planteja amagar amb un eufemisme la crua realitat, només és per a intentar que aquesta sembli més amable. Però és absurd intentar enganyar amb eufemismes a aquells que cada dia estan vivint amb aquesta realitat tan poc confortable. Suposo que és difícil quedar bé amb el poder i, alhora, gestionar la misèria i, aquesta dificultat, pot portar a aquest indecent ús de l’eufemisme…
Òbviament, entenc que la tasca de les direccions és difícil, però quan implica l’ús d’eufemismes per amagar altres misèries, és a dir, amagar la realitat, caldria pensar que una negativa de les direccions a seguir les incoherències de l’administració seria més efectiva que l’actual situació de submissió incondicional.
Per sobre de tot, negar-se a complir amb normatives per a les que no s’han dotat dels mitjans necessaris, és molt més digne que caure en l’ús dels eufemismes oficials i confondre la reivindicació dels drets laborals amb la queixa per la pèrdua de confort.
Potser cal recordar que la principal estratègia del poder consisteix en la pèrdua de consciència de classe per part dels treballadors i que, els eufemismes, només són estratègies per a provocar aquesta pèrdua de consciència.
En conclusió: el poder només busca la seva perpetuació, amb independència de la salut dels ciutadans, i els tòpics, eufemismes i altres estratègies, que tendeixen a fer creure que la vulneració de drets és només un problema de confort, constitueixen una estratègia que compta amb la pèrdua de la consciència de classe per part d’aquells que ho accepten.
I ni tan sols Maquiavel hauria somniat amb una maquinària tan perversa i sofisticada per al manteniment del poder.


… el virus son unas lentes a través de las que mirar la realidad. Nos está diciendo mucho de cómo es nuestro mundo. La idea de que estamos en una guerra contra el virus y hay que aniquilarlo es un relato que no me convence. Me parece que el virus muestra cosas de la realidad, de como están hechas las residencias de mayores o la privatización de la sanidad. ¿Y si usamos el virus para mirar de qué están hechas las cosas? La palabra Apocalipsis significa revelación. Se revela lo escondido. Estamos en un momento en el que, a través de lo que nos muestra el virus, podemos repensar la realidad y transformarla.
La catástrofe tiene consecuencias horribles, pero es también un agujero que te permite mirar lo que la superficie te oculta: cómo funcionamos como sociedad.
No podemos gobernar lo que pasa o encajarlo en una idea previa. Habitar es estar abierto a lo que venga.



Un producto especialmente llamativo era los autómatas, muñecos mecánicos capaces de moverse, saludar, adoptar distintas poses e incluso “cantar” o “hablar”. De alguna manera. el propio hombre construía seres a su imagen y semejanza. Al igual que hoy puede pasar con los ordenadores, que utilizamos como modelos para intentar explicar cómo funciona el cerebro o incluso todo un organismo, los hombres de la época de Descartes utilizaron estas máquinas, la tecnología disponible más sofisticada, para explicar el universo y los propios seres vivos. Así los astrónomos utilizan los relojes para explicar el movimiento de los planetas y construyen pequeños modelos del movimiento de los componentes del sistema solar basados en mecanismos de relojería. Del mismo modo, los estudiosos de la Biología, intentan entender los seres vivos como máquinas creadas por Dios. Galileo había comparado los huesos y articulaciones del cuerpo a un sistema de poleas y William Harvey había aclarado la circulación sanguínea explicando el corazón como un sistema de bombeo y las arterias, capilares y venas como las tuberías por las que discurre la sangre. Descartes se propuso hacer algo similar para el cerebro humano.Descartes tenía interés por la Biología y la Medicina, en particular por la anatomía y la fisiología y al poco de llegar a Holanda comienza a ir a los mataderos para obtener cabezas de animales y órganos para su disección. Es posible que también realizara algunos experimentos en animales vivos. Sus estudios empezaban por la tarde -¡tenía que salir de la cama para hacer una disección!- y se alargaban hasta bien entrada la noche. En cierta ocasión, una visita pidió ver su biblioteca y él, supuestamente, señalo a los restos de una oveja que había diseccionado y respondió “Ésos son mis libros”.
Descartes propuso una explicación del sistema nervioso que rompía con las concepciones anteriores.
Usó la teoría sobre el movimiento de los fluidos hidráulicos para explicar la función del cerebro y el comportamiento de los animales pero esa explicación mecanicista de los procesos biológicos generó un enorme debate. Sin embargo, él consideraba que los mecanismos cerebrales controlaban el comportamiento humano tan solo en la medida que era similar al de las bestias pero esta explicación no podría recoger algunas de las características del hombre como la inteligencia y el alma, que eran dadas directamente por Dios. Las capacidades exclusivas del hombre residían fuera del cerebro, en la “mente” un concepto muy solapado con el de “alma”. Descartes era un dualista que creía que la mente y el cuerpo eran entidades separadas.La importancia de Descartes en nuestro conocimiento del cerebro es que él argumenta que la única diferencia entre las máquinas y los animales es la complejidad de los mecanismos. Entre el hombre y los animales, la diferencia está en la posesión de un alma, una entidad a la que Descartes liga no solo la inteligencia sino también las emociones y la memoria. De esta manera, la gran mayoría de los comportamientos humanos, exceptuando aquellos en los que participa el alma, tienen analogías en las actividades de los animales y pueden por lo tanto ser estudiados a través de la investigación de la anatomía, la fisiología y el comportamiento de los demás seres vivos.
En segundo lugar, como el comportamiento de un animal es fundamentalmente mecánico, puede ser entendido igual que entendemos cómo funciona un autómata y las causas y procesos de estos comportamientos deben ser racionales y sujetas a leyes naturales. En tercer lugar, como poseedores de mente, los humanos son únicos, son los únicos seres que pueden pensar, que tienen un lenguaje y los únicos que saben que existen. En la que puede ser la frase más famosa de la Filosofía occidental en su Discurso del Método, Descartes lo expresa como “Cogito, ergo sum”, “Pienso, luego existo”. Los animales al contrario que nosotros no tienen pensamiento abstracto, no experimentan estados emocionales reales como amor o remordimiento y son incapaces de pensar o responder voluntariamente. Para Descartes, los animales son máquinas, de una complejidad que supera nuestra imaginación pero máquinas estímulo-respuesta donde todos los procesos son involuntarios.En 1644 publica en Amsterdam, sus Principia Philosophiae una síntesis del Discurso y las Meditaciones. En 1649 publica su “Les Passions de l’Ame” (Las pasiones del alma) donde clasifica la vida emocional en seis estados básicos: admiración, amor, odio, deseo, alegría y tristeza. Todas las demás son variantes o “especies” de estas seis emociones básicas que se explicaban por los movimientos de los espíritus en el cerebro, la sangre y los órganos vitales.
Descartes entonces se plantea cómo el cuerpo y la mente-alma se relacionan entre sí, cómo algo material —el cuerpo— interactúa con algo inmaterial —la mente-alma. Descartes vivió bajo los reinados de Luis XIII y Luis XIV, dos monarcas absolutos que controlaban completamente sus territorios. Descartes creía en el derecho divino de la monarquía y en la necesidad de una autoridad central.
Por lo tanto —pensó— el alma debe tener un auténtico centro de control en el cerebro, uno que controle los movimientos de los espíritus animales a través del sistema nervioso y para ello propone que mente y cuerpo se comunican en un punto, la glándula pineal. Esta pequeña glándula sería la encargada de la producción de los espíritus animales que son los que llevarían información de una parte del cuerpo a otra. Descartes escribe así:Parece que he determinado con claridad que la parte del cuerpo en la que el alma ejerce inmediatamente sus funciones es … una glándula extremadamente pequeña, situada en el medio de la sustancia [del cerebro] y así suspendida sobre el conducto por el cual los espíritus de sus cavidades anteriores se comunican con aquellos en la posterior, de manera que el más ligero movimiento puede alterar en gran manera el curso de estos espíritus y del mismo modo, el curso de estos espíritus puede alterar en gran manera el movimiento de la glándula.
Actualmente sabemos que la pineal está inervada por el sistema nervioso simpático y que puede funcionar como fotorreceptor en los animales con reproducción estacional como anfibios, reptiles y aves. Con poca luz, en los meses de invierno, produce más melatonina, lo que inhibe la reproducción. Se piensa que el principal motivo por el que Descartes eligió la glándula pineal es por ser una estructura única mientras que la mayoría de las estructuras cerebrales son dobles, con una disposición simétrica.
También influyó que se encontrase rodeada por fluido cerebroespinal y cerca de los ventrículos que se consideraban el depósito de los espíritus animales. Descartes pensaba que los finos capilares de la pineal filtrarían las partículas más diminutas desde la sangre y las convertirían en espíritus animales al liberarse en los ventrículos. También pensaba que los nervios procedentes de los órganos sensoriales contenían unos filamentos finos dentro de sus largos canales y que cuando se tirase de ellos abrirían válvulas en las paredes de los ventrículos permitiendo a los espíritus animales entrar en los nervios y desde allí fluir hasta los distintos músculos y órganos. Además, la pineal podía oscilar —creía—dirigiendo los espíritus animales hacia aperturas específicas en las paredes de los ventrículos, como los cambios mediante válvulas en los fluidos que discurrían las tuberías con las que se movían los autómatas. En realidad, todo su sistema de funcionamiento del cerebro se basaba en las observaciones de las fuentes animadas de los jardines de Su Majestad…Del mismo modo puedes haber observado en las grutas y fuentes de los jardines de nuestros reyes que la fuerza que hacer surgir al agua de su fuente es capaz de mover diversas máquinas e incluso hacerles tocar ciertos instrumentos o pronunciar algunas palabras de acuerdo a las varias disposiciones de las tuberías por las que el agua es conducida.
Y ciertamente uno puede bien comparar los nervios de la máquina que yo estoy describiendo con los tubos de los mecanismos de estas fuentes, sus músculos y tendones a los engranajes y muelles que sirven para mover estos mecanismos, sus espíritus animales al agua que los impulsa, de los cuales el corazón es la fuente y las cavidades cerebrales el depósito de agua.
Con esa explicación, era fácil deducir cómo funcionan procesos cerebrales como dormir o despertar. Descartes postula que el sueño ocurre cuando el cerebro se vacía de espíritus, como un autómata que de repente se derrumbara al perder la presión en sus conductos. Por el contrario, cuando un montón de espíritus entran en el cerebro, se expande, los nervios se hinchan y despertamos, creándose una mayor sensibilidad a los estímulos externos. De ese modelo se deduce que las características básicas de la vida animal —comer, respirar, andar, reproducirse, responder a estímulos— pueden verse como acciones mecánicas que responden a las leyes de la física, uno de los objetivos iniciales del filósofo francés.
Cuando el alma desea recordar algo, este deseo causa que la glándula [pineal], inclinándose sucesivamente hacia lados diferentes, empuje los espíritus hacia diferentes partes del cerebro, hasta que encuentran esa zona donde se encuentran los rastros dejado por el objeto que deseamos recordar, pero estos rastros no son otros que el hecho de que los poros del cerebro, a través de los cuales han anteriormente seguido su curso los espíritus debido a la presencia de este objeto, han por este motivo adquirido una mayor facilidad que los otros en ser una vez más abiertos por los espíritus animales que vienen hacia ellos de la misma manera.
A pesar de que la función de la glándula pineal nada tenga que ver con la imaginada por Descartes, él fue quien hizo la transición del conocimiento de los seres vivos como una parte de la filosofía medieval, a cuyo conocimiento se llegaba desde el pensamiento racional a una nueva dirección, el conocimiento basado en los hechos. la observación y la experimentación. Descartes abrió puertas a la ciencia moderna y su influencia fue clave en la expansión científica que tuvo lugar durante la Ilustración. Mediante el uso de las matemáticas y su interpretación mecanicista del comportamiento, introdujo alguna de las herramientas más poderosas de toda la investigación moderna: la cuantificación y el modelo hipotético, plantear hipótesis y someterlas a prueba para ver si resisten los datos que la propia naturaleza devuelve.
José R. Alonso, Descartes y el dualismo cuerpo-mente, Neurociencia. Blog de José Ramón Alonso, 18/03/2014

Que llueva está bien cuando dentro de casa hay calor y más allá de los cristales de las ventanas no hay nada que reclame nuestra mirada. La lluvia nos cobija. Todo lo que nos interesa está congregado alrededor de la mesa familiar. La comida está rica y es abundante, el vino es el adecuado y hasta el pan parece más sabroso que de costumbre. Después, a los postres, los nietos sacan la tarta con una vela para la abuela, que cumple años. Todo lo que necesitamos está aquí, al alcance de la mano, y es hermoso y frágil. Mejor: es hermoso porque es frágil. Afuera la lluvia y el viento que sacude a los árboles con fuerza es el caos, que no nos afecta, porque nuestra fragilidad es ahora mismo más fuerte que el caos. Aquí está el orden. Está en esa vela que la abuela decide apagar acompañada de los nietos.
¡Si llueve, que llueva!
Molt interessant article de Gemma Marfany que podem llegir avui al Nacional:
Les notícies esmentades a l'article:
"Des que es va excavar el jaciment el 1870, s'ha interpretat constantment que era la tomba d'un guerrer, perquè en té tot l'aspecte i se situa al costat d'un turó fortificat. Ningú no ho va discutir fins que es va demostrar que l'esquelet era una dona, i a partir de llavors la interpretació ja no era vàlida." Charlotte Hedenstierna-Jonson, sobre l'enterrament de la guerrera de Birka.
"Si els mateixos estris s'haguessin associat a un esquelet d'home, no posaríem en dubte que l'individu era un caçador." Marin Pilloud, sobre l'enterrament d'una dona caçadora al Perú.
"Quan es troben estris de caça en enterraments masculins, s'assumeix de forma normal que eren caçadors. Així que hauríem d'assumir el mateix sobre els estris de caça enterrats amb dones, si no tenim cap bona raó per dir el contrari." Kathleen Sterling, sobre l'enterrament d'una dona caçadora al Perú.
Per configurar la funció detectora d´enganys, cal suposar que, en el decurs de l´evolució, s´hagués d´ampliar la capacitat processadora del nostre cervell. I tal vegada la seva complexitat és el producte d´una cursa d´armaments mental. La capacitat de simular intencions socials dificulta la tasca de desemmascarament dels mentiders; com a reacció, el cervell humà havia de potenciar mecanismes millors per posar en evidència als dissidents socials. Si va haver algun temps en què es podia reconèixer fàcilment un caçador de mamuts gandul, avui en dia és molt més difícil provar la culpabilitat dels falsificadors de targetes de crèdit o dels vividors.Els biòlegs evolucionistes prenen com a punt de partida la hipòtesi que la escorça cerebral i el llenguatge es desenvoluparen paral.lelament a la potència col.lectiva de l´ésser humà. El cervell havia de formar-se una visió conjunta sobre la cada vegada més complexes interaccions socials, tot i que només fos per protestar quan ens fessin retrocedir indegudament en la cua de la caixa del supermercat.Klaus Manhart, Las raíces del juego limpio, Mente y cerebro, nº 9, 2004
Aborrezco las palabras líder, excelencia, proactivo, desafío, reto, misión, visión, retroalimentación y oportunidad. El vocabulario empresarial globalizado penetra poco a poco en el habla coloquial y estandariza los comportamientos sociales. El colonialismo lingüístico no es nuevo bajo el sol. Las culturas tecnológica o económicamente poderosas siempre han pretendido imponer sus estilos. El lenguaje es un medio idóneo para ello. Pero detrás de las palabras se esconden agazapadas las ideas y en cualquier momento de descuido van y saltan a la yugular. Mediante el uso del lenguaje la certeza puede transmutarse en duda y es capaz la mentira de revestirse de verdad. Es también en el lenguaje donde el totalitarismo intolerante encuentra el rostro de su amabilidad. (...) Este lenguaje repleto de eufemismos malévolos que en el mundo empresarial globalizado impera pervierte los valores y tira por tierra la dignidad del trabajador. Es el eufemismo al servicio del management, el lenguaje a disposición del despotismo directivo. Pero ya se sabe; contra el eufemismo: tabú. Ser proactivo equivale a acatar, a obedecer, a resignarse. Desafío implica amenaza de despido, y reto supone trabajar el doble por la mitad. Un afamado directivo retaba a sus subordinados a que cada vez que acudieran al trabajo reflexionasen sobre lo que irían a hacer en ese día para mejorar su desempeño con respecto al de sus competidores. (...) Las palabras son a veces trampas insalvables, bombas de racimo que arrasan la decencia de los demás. Este lenguaje que se va imponiendo sin remedio legisla a la postre una nueva relación laboral no sustentada en la ley como expresión de la voluntad popular sino en la mera imposición empresarial. En tiempos de sometimiento, de miedo, de necesidad, el lenguaje se vuelve peligroso. (...) Los significados se diluyen y un mundo espurio aparece ante nuestros ojos de repente. Hay que tener mucho cuidado con las palabras y no porque las cargue el diablo, sino porque a la postre son las que inventan la realidad.