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| Jean Baudrillard |
Parece existir una tradición que consiste en utilizar nociones matemáticas fuera de su contexto. Para Lacan, son los toros y los números imaginarios, para Kristeva, los conjuntos infinitos, y aquí los espacios no euclidianos.[1] Pero, ¿qué significado podría tener esta metáfora? Por otro lado, ¿cómo sería un espacio euclidiano de la guerra? Notemos de pasada que el concepto de «hiperespacio de refracción múltiple» no existe ni en matemáticas ni en física: es una invención baudrillardiana.Los escritos de este autor están atestados de metáforas semejantes tomadas de las matemáticas y la física. Por ejemplo:Lo más extraordinario es que las dos hipótesis, la apocalipsis del tiempo real y de la guerra pura y el triunfo de lo virtual sobre lo real, se producen al mismo tiempo, en un mismo espacio-tiempo, persiguiéndose la una a la otra de modo implacable. Es la señal de que el espacio del acontecimiento se ha convertido en hiperespacio de refracción múltiple, que el espacio de la guerra ya es definitivamente no euclidiano (Baudrillard, 1991, pág. 49; cursivas del original).
Sin embargo, no toda la física de Baudrillard es metafórica. En sus escritos más filosóficos parece tomar la física —o por lo menos su versión de la misma— al pie de la letra, como en su ensayo Le fatal, ou l'imminence réversible, dedicado al tema del azar:En el espacio euclidiano de la historia, el camino más recto entre dos puntos es la línea recta, la del Progreso y la Democracia. Pero eso sólo es válido para el espacio lineal de la Ilustración.[2] En nuestro espacio no euclidiano de finales de siglo, una curvatura maléfica desvía invenciblemente todas las trayectorias. Ligada, sin duda alguna, a la esfericidad del tiempo (visible en el horizonte de finales de siglo como la de la tierra en el horizonte al caer el día) o a la sutil distorsión del campo gravitacional. (...)Debido a esta retroversión de la historia hacia el infinito, a esta curvatura hiperbólica, el mismo siglo escapa a su propio fin (Baudrillard, 1992, págs. 23-24).A esto, sin duda, le debemos ese efecto de «física recreativa»: la impresión de que los acontecimientos colectivos o individuales se precipitan por un orificio de la memoria. Este desvanecimiento está causado, sin lugar a dudas, por ese movimiento de reversión, por esa curvatura parabólica del espacio histórico (Baudrillard, 1992, pág. 36).
Es difícil saber qué entiende Baudrillard por «reversibilizar» una ley de la física. Es cierto que en física se habla de la reversibilidad de las leyes, una fórmula condensada que se usa para designar su «invariancia respecto a la inversión del tiempo».[3] Pero esta propiedad era ya bien conocida en la mecánica newtoniana, teoría determinista y causal por excelencia, y no tiene nada que ver con la incertidumbre ni se sitúa, en absoluto, en los «confines físicos y biológicos» de la ciencia. (Por el contrario, precisamente la no reversibilidad de las leyes de las «interacciones débiles», descubierta en 1964, constituye una novedad aún no bien comprendida.) En todo caso, la reversibilidad de las leyes no guarda relación alguna con una supuesta «reversibilidad del orden causal». Finalmente, las confusiones —o fantasías— científicas de Baudrillard le conducen a hacer aserciones filosóficas injustificadas: no aporta ningún argumento para apoyar su idea de que la ciencia llega a hipótesis «contrarias (...) a su propia lógica».Esta pauta de pensamiento la retoma una vez más en el ensayo titulado Instabilité et stabilité exponentielles:Esta reversibilidad del orden causal, esta reversibilidad del efecto sobre la causa, esta precesión y este triunfo del efecto sobre la causa son fundamentales. (...) Esto es lo que entrevé la ciencia cuando, no satisfecha con cuestionar el principio determinista de causalidad (eso es una primera revolución), presiente, más allá del principio de indeterminación, que todavía desempeña una función como hiperracionalidad —el azar es una flotación de las leyes, lo que ya es, de por sí, extraordinario—, pero eso que, en lo sucesivo, presiente la ciencia en los confines físicos y biológicos de su ejercicio, consiste, en realidad, en que no sólo existe una flotación, una incertidumbre, sino una reversibilidad posible de las leyes físicas. Ése sería el enigma absoluto: no una ultrafórmula o metaecuación del universo (lo que todavía era la teoría de la relatividad), sino la idea de que toda ley puede reversibilizarse (no sólo la partícula en la antipartícula, la materia en la antimateria, sino las leyes en sí mismas). Dicha reversibilidad —las grandes metafísicas siempre han desarrollado esta hipótesis— es la regla fundamental del juego de las apariencias, de la metamorfosis de las apariencias, contra el orden irreversible del tiempo, de la ley y del sentido. Pero resulta fascinante observar cómo la ciencia llega a las mismas hipótesis, contrarias como son a su propia lógica y a su propio funcionamiento (Baudrillard, 1983, págs. 232-234; cursivas del original).
En primer lugar, la teoría del caos no invierte de ningún modo la relación entre el efecto y la causa. Incluso en los asuntos humanos, ¡mucho dudamos de que una acción del presente pueda afectar a un acontecimiento del pasado! En segundo lugar, la teoría del caos no tiene nada que ver con la hipótesis de Benveniste sobre la memoria del agua.[4] Y, finalmente, la última frase, aunque construida a base de terminología científica, carece de sentido desde el punto de vista científico.El texto continúa en un crescendo de sinsentido:Todo el problema del discurso sobre el final (el final de la historia, en particular) consiste en tener que hablar, a la vez, del más allá del término y de la imposibilidad de terminar. Esta paradoja deriva del hecho de que en un espacio no lineal, en un espacio no euclidiano de la historia, el final es inidentificable. Efectivamente, el final sólo se concibe en un orden lógico de la causalidad y la continuidad. Ahora bien, los acontecimientos mismos, por su producción artificial, por su vencimiento programado o la anticipación de sus efectos, sin contar su transfiguración mediática, anulan la relación de causa a efecto y, por ende, toda continuidad histórica.Esta distorsión de los efectos y las causas, esta misteriosa autonomía de los efectos, esta reversibilidad del efecto sobre la causa, que engendra un desorden o un orden caótico (es exactamente nuestra situación actual: la de una reversibilidad de la información sobre lo real, que engendra un desorden de los acontecimientos y una extravagancia de los efectos mediáticos) no deja de evocar la teoría del caos y la desproporción entre el batir de alas de la mariposa y el huracán que desencadena en las antípodas del planeta. No deja de evocar tampoco la paradójica hipótesis de Jacques Benveniste sobre la memoria del agua. (...)Quizá haya que considerar la historia misma como una formación caótica en la que la aceleración pone fin a la linealidad, y donde las turbulencias generadas por la aceleración alejan definitivamente la historia de su final, al igual que alejan los efectos de sus causas (Baudrillard, 1992, págs. 155-156).
El último párrafo es baudrillardiano por excelencia. El lector no podrá dejar de advertir la alta densidad de términos científicos y pseudocientíficos[6] que saturan unas frases, por lo demás, vacías de significado.No obstante, es justo decir que estos textos son atípicos en la obra de Baudrillard, pues aluden, aunque sea de modo confuso, a ideas científicas más o menos bien definidas. Lo habitual es toparse con frases como la siguiente:Nunca llegaremos al destino, aunque se trate del Juicio Final, ya que estamos separados de él para siempre por un hiperespacio de refracción variable. La retroversión de la historia se podría perfectamente interpretar como una turbulencia de esta clase, debida a la precipitación de los acontecimientos que invierte su propio curso y traga su propia trayectoria. Ésta es una de las versiones de la teoría del caos, la de la inestabilidad exponencial y de sus efectos incontrolables, que da perfecta cuenta del «final» de la historia, interrumpida en su movimiento lineal o dialéctico por esta singularidad catastrófica (...)Pero la versión de la inestabilidad exponencial no es la única; la otra es la de la estabilidad exponencial, que define un estado en el que, cualquiera que sea el punto de partida, siempre se acaba llegando a ese mismo punto. Poco importan las condiciones iniciales o las singularidades originales, ya que todo tiende al punto Cero —un atractor extraño por sí mismo.[5] (...)De hecho, las dos hipótesis —inestabilidad y estabilidad exponenciales—, aunque incompatibles, son simultáneamente válidas. Más aún, nuestro sistema, en su curso normal —normalmente catastrófico—, las conjuga a la perfección. En efecto, conjuga una inflación, una aceleración galopante, un vértigo de movilidad, una excentricidad de los efectos, un exceso de sentido y de información, con una tendencia exponencial hacia la entropía total. Así, pues, nuestros sistemas son doblemente caóticos, ya que funcionan en la inestabilidad y en la estabilidad exponenciales al mismo tiempo. De este modo, nunca existiría un final, porque nos hallamos en un exceso de final: transfinito —en una superación de las finalidades: transfinalidad. (...)Nuestros sistemas complejos, metastáticos, virales, consagrados exclusivamente a la dimensión exponencial (tanto si se trata de la inestabilidad como de la estabilidad exponenciales), a la excentricidad y a la escisiparidad fractal indefinida, no pueden tener ya un final. Entregados a un intenso metabolismo, a una intensa metástasis interna, se agotan en sí mismos y dejan de tener destino, final, alteridad, fatalidad. Están condenados precisamente a la epidemia, a las excrecencias sin fin de lo fractal, y no a la reversibilidad y a la resolución perfecta de lo fatal. Sólo conocemos los signos de la catástrofe, no conocemos ya los signos del destino. (Por lo demás, la teoría del caos, ¿se ha ocupado del fenómeno inverso, asimismo extraordinario, de la hiposensibilidad a las condiciones iniciales, de la exponencialidad inversa de los efectos con relación a las causas, de los huracanes potenciales que acaban en un batir de alas de mariposa?) (Baudrillard, 1992, págs. 156-160; cursivas del original).
Como señalan Gross y Levitt, «esto es tan pomposo como carente de sentido».[7]Resumiendo: en los trabajos de Baudrillard se encuentra una profusión de términos científicos empleados sin ningún miramiento por su significado y, sobre todo, situados en un contexto en el que son totalmente irrelevantes.[8] Tanto si se interpretan como metáforas como si no, resulta difícil ver qué función desempeñan, salvo la de dar una apariencia de profundidad a observaciones banales sobre sociología o historia. Más aún la terminología científica está mezclada con una terminología acientifica utilizada con la misma ligereza. Cabría preguntarse, a fin de cuentas, qué quedaría del pensamiento de Baudrillard si quitáramos todo el barniz verbal que lo recubre.[9]No existe una topología más hermosa que la de Moebius para designar esa contigüidad de lo próximo y de lo lejano, de lo interior y de lo exterior, del objeto y del sujeto en la misma espiral, donde se entrelazan también la pantalla de nuestros ordenadores y la pantalla mental de nuestro propio cerebro. Según el mismo modelo, la información y la comunicación vuelven siempre sobre sí mismas en una circunvolución incestuosa, en una indistinción superficial del sujeto y del objeto, de lo interior y de lo exterior, de la pregunta y de la respuesta, del suceso y de la imagen, etc. —algo que sólo se puede resolver en un bucle, simulando la figura matemática del infinito (Baudrillard, 1990, págs. 62-63).

Vicenzo Foppa, El joven Cicerón leyendo
La primera voluntad del Hacedor era la exterminación exhaustiva de la vida: "borraré de la faz de la tierra desde el hombre hasta la bestia y hasta el reptil y las aves del cielo, pues me arrepiento de haberlos creado... yo traigo un diluvio de aguas sobre la tierra para destruir toda carne en que haya espíritu" (versículos 7 y 17). Mas cuando Noé halla gracia ante sus ojos, modifica su designio y le ordena apropiarse y dar cobijo a representantes sexualmente diferenciados de las especies animadas y así, tras la catástrofe garantizar la existencia de las mismas. ¿De todas las especies de la tierra? Dadas las razonables medidas del arca que el Libro describe con precisión y detalle (trescientos codos de longitud, cincuenta codos de anchura y treinta codos de altura Génesis capítulo 6, versículo 15) hay que pensar mas bien que se trata de la fauna local. En cualquier caso sólo las especies con presencia en el arca se salvan y así el momento en el que, apaciguadas las aguas, los animales salen de la nave es simbólicamente una repetición del acto de creación de las especies, destinadas desde entonces a perdurar: "Y sucederá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se dejará entonces ver mi arco en las mismas. Y el arco será memoria del pacto por mi deseado que hay entre mí y vosotros y todo ser viviente de toda carne; y no habrá más diluvio destructor de toda carne"
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| Ludwig von Mises |

Decadència: Según uno de los diálogos de Platón (El Político), nuestra edad ha sucedido a otra de oro, la edad de Cronos, en la cual el propio Cronos gobernaba al mundo y los hombres nacían de la tierra; en la nuestra, la edad de Zeus, e! mundo ha sido abandonado de la mano de los dioses y librado a sus propios recursos, por lo cual la corrupción es cada vez mayor en su seno. Y también según el mismo diálogo, una vez alcanzado el punto más alto de corrupción, el dios volverá a retomar el timón de la nave cósmica y las cosas comenzarán a me jorar nuevamente. No se sabe a ciencia cierta hasta qué punto creía Platón en esta historia de El Político. Por un lado, hay indicios indudables de que no creía que todo ello fuera literalmente cierto, pero por el otro, tampoco puede haber grandes dudas de que concebía la historia humana dentro de un marco cósmico y de que consideraba a su propia época una de las de mayor depravación -posiblemente la más profunda que era dable alcanzar- y que todo el período histórico precedente se hallaba determinado por una tendencia intrínseca hacia la decadencia; tendencia ésta compartida tanto por e! desarrollo histórico como por el cósmico. Lo que ya no es tan claro, a mi parecer, es que también creyese que esta tendencia debía llegar necesariamente a su fin, una vez alcanzado el grado extremo de depravación. Lo que sí creía, ciertamente, es que mediante el esfuerzo humano, o quizá más bien, sobre humano, era posible contener el fatal impulso histórico y poner fin a este proceso de decadencia. (Rep. 414b, 546e/Político 268e-274e) (págs. 34-35)


Teatro
Cordura, razón, lógica, sentido; locura, delirio, demencia, absurdidad. ¿Dónde están los límites? ¿Dónde están las fronteras? Il·lògic es una pieza teatral que nos presenta una serie de personas en un centro psiquiátrico, tratando de hallar su lugar en un mundo que los cataloga como locos. ¿Lo son?
"Si estic malalta, però jo crec que no, canvia alguna cosa? Em faran un tractament diferent de si estic malalta i crec que ho estic? Per a cada pacient tenen dos tractaments, un per si reconeix que està sonat i altre per si no?" Berta.
Podeu adquirir
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FILMOSOFIA
Filmosofia: cinema i pensament aportarà l’anàlisi a cadascuna de les sessions d’una de les grans pel·lícules de la història del cinema, però des del punt de vista de la seva relació amb la filosofia i el pensament crític. La tertúlia serà moderada per Joan Méndez Camarasa.

Cinema i pensament 2
Centre cultural Casa Elizalde
Adreça: C/ València, 302. Barcelona.
Calendari: Inici 24 de gener (8 sessions)
Dia i hora: dijous, 20 - 21’30 h.
Professor: Joan Méndez Camarasa
Descripció del taller
El curs de “Filmosofia: cinema i pensament" aportarà l’anàlisi a cadascuna de les sessions d’una de les gran pel·lícules de la història del cinema, però des del punt de vista de la seva relació amb la filosofia i el pensament crític.
Objectius/ Metodologia del taller
La dinàmica consistirà en la presentació
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Aristòtil i la filosofia hel·lenística
Centre cultural Casa Elizalde
Adreça: C/ València, 302. Barcelona.
Calendari: Inici 21 de gener (8 sessions)
Dia i hora: dilluns, 17 - 18’30 h.
Professor: Joan Méndez Camarasa
Descripció del taller
El curs consistirà en un desplegament de les teories filosòfiques del més gran deixeble de Plató i fundador del Liceu, el gran mestre Aristòtil, així com dels corrents de pensament que sorgiren arran de la caiguda del model de la polis i l’aparició de l’Imperi alexandrí: epicureisme, estoïcisme i escep
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LA MONOTONIA DEL VIURE: L’ETERN RETORN
Taller dinamitzat per l’equip de filòsofs de Granollers format per Mariano Fernández, Joan Carles Gómez i Joan Méndez Camarasa.
Entrada lliure.
Lectures recomenades:
“Pues quería (Zaratustra) enterarse de lo que entretanto había ocurrido con el hombre: si se había vuelto más grande o más pequeño. Y en una ocasión vio una fila de casas nuevas; entonces se maravilló y dijo:
Giovanni Francesco Maria Mazzola (Parmigianino), Retrato de un hombre leyendo un libro.
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| by Luis Pombo |
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| by Luis Pombo |

En un zaping nocturno, me crucé casualmente con un fragmento de una serie de documentales sobre la concepción del universo del afamado Stephen Hawkings. Se hablaba en ese momento de la cuestión nada científica del determinismo y se comentaba a que todo lo que ocurre en nuestro cerebro está dominado por las leyes de la física. El propio Hawkings se ponía a sí mismo de ejemplo, aludiendo a su época de juventud en la que se vio obligado a elegir entre estudiar física y biología. Aunque entonces lo ignoró por completo, hoy lo tenía mucho más claro: su decisión de entregarse a la física estaba determinada por su cerebro. Se explicaba en el documental que este era sin duda uno de los mayores hallazgos de la ciencia, y que situaba al ser humano en una posición muy complicada: expuesto a las modificaciones físicas pertinentes, podríamos lograr que cualquier cerebro quedara sometido a una voluntad ajena y terminara cometiendo algo que me llamó poderosamente la atención pues debía evitarse a toda costa. Actos malvados. Nada más y nada menos. Hasta aquí llegó mi experiencia hawkingsiasna. Continué con el zapping para irme después a la cama, atemorizado por la cantidad de actos malvados que nos acechaban.
Es lamentable que a estas alturas de la película haya mentes tan brillantes como la de Hawkings que cometan errores tan garrafales e inaceptables. Llevados por una filantropía que quizás tenga orígenes cerebrales y se puedan explicar por las leyes de la física, estos enfoques positivistas se atreven a introducir conceptos morales en lo que son puramente leyes de la naturaleza. Debería el señor Hawkings, y todos sus seguidores, ser coherente con su planteamiento materialista. Y esto implica asumir todas las consecuencias del mismo: si todo lo que hacemos y decidimos tiene origen cerebral (y es difícil en los tiempos que corren suponer un origen distinto) y todo lo que nace en el cerebro se explica en función de leyes físicas, los actos malvados no pueden existir. Solo a alguien que ignore totalmente el significado de los términos morales se le ocurriría decir que la ley de la gravedad es buena o mala. Ya nos avisó Hume de esto hace más de dos siglos: no se puede confundir el ser con el deber ser. Y si estamos dispuestos a asumir una explicación materialista del mundo, nos veremos ante grandes dificultades para justificar qué es o qué no es un acto malvado.
Podemos decir más. Cualquier enfermedad, como suceso natural que es, no puede ser calificada como un mal. Pongamos el caso del cáncer: la célula que se reproduce de una forma desmesurada no comete acto malvado alguno, al menos desde un punto de vista biológico o físico. Sólo en un entorno cultural y moral, en el que la vida y la salud son valores a preservar, se convierte el cáncer en un problema. Tenemos a mayores otro problema: si todo viene dado por las leyes de la física, daremos por sentado que las teorías que propone Hawkings no tienen más valor que los mecanismos físicos y biológicos que los han generado, tan legítimos desde un punto de vista puramente materialista como los mecanismos físicos y biológicos de aquellos que creen firmemente que la vida humana tiene origen extraterrestre, que existen los fantasmas o que hay un ser superior que es el responsable último de todo lo existente. Dicho en otras palabras: la búsqueda de la verdad se convierte en un juego de poder en el que participan diferentes sistemas físicos, químicos y biológicos. Y nos falta por dar el último paso: esos “supervillanos” que podrían manipular nuestro cerebro, no pueden evitar el hacerlo, pues su tendencia a maquinar “actos malvados” es consecuencia de los procesos físicos y biológicos de su cerebro. Termino en corto: si todo es materia, no hay bien ni mal, y mucho menos libertad ni responsabilidad. ¿Tendremos acaso miedo de estas consecuencias?
Si sacamos las conclusiones de esta idea –que insisto, se impone de una manera inmediata y abrumadora-, veremos enseguida que contiene implícitamente una condena tanto de las tentativas anteriores de Platónen la República como del intento ulterior de las Leyes. Es cierto que en este último diálogo hay algunas disposiciones concernientes a la revisión, de vez en cuando de las leyes. Pero son muy débiles, marginales, y el objetivo esencial de las Leyes es, una vez más, inmovilizar la historia, inmovilizar la institución de la sociedad. L2 (52-53)
Caso de contradictorios verdaderos. Dios existe, Dios no existe. ¿Dónde está el problema? Estoy completamente segura de que hay un Dios en el sentido de que estoy completamente segura de que no hay nada real que se parezca a lo que yo puedo concebir cuando pronuncio ese nombre. No obstante, lo que no puedo concebir tampoco es una ilusión.

