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Se ha dicho más de una vez que el vanidoso estrellato virtual de cualquiera, en esta incesante guerra de egos que es nuestra vida social, es lo que cubre en red una intolerable humillación sumergida. No solo nuestra economía puede ser informal o sumergida; sobre todo lo es nuestra violencia. Las redes aseguran una veloz cobertura, personalizada al instante, para que nadie se vea los pies. Recordemos que ya el week end inglés vino después de una nube de hollín. Ahora la contaminación ha sido felizmente descarbonizada, dispersa en una coloreada nube numérica. Cambio climático, pues. Además, tenemos en el tiempo libre y las vacaciones, que se cuelan (sin cigarrillos ni humo) en cualquier instante tecnológico, la ilusión virtual que compensa el sometimiento real. Hasta los animalitos que amamos (los nuevos osos pardos de las montañas españolas) obedecen a este triste modelo de mansedumbre agradecida. Claro que tendrá sus accidentes, con estallidos inesperados. Lo que hemos aguantado desde septiembre estallará en Navidad en una intransigente sinceridad a toda costa (¡abajo la hipocresía de antaño!) que, a la mínima, le montará un pollo a cualquier madre, hermana o cuñado.El despotismo de los retoños, mimados en esa forma sutil de maltrato que es consentirle todos los caprichos, prolonga el narcisismo de los mayores. Y esta actitud esclavista de los pequeños egos puede comenzar ya a los doce años. ¿Nos extrañaremos de que se acose en la escuela al chico que sea raro o lento, que no interactúa a gritos para conseguir popularidad?Ignacio Castro Rey, Cuesta de enero, Nueva Revolución 23/01/2018 [https:]]









Una investigación de abril de este año del Pew Research Center indicaba que las personas que se sentían adscritas a una religión son mayoría en el planeta, con una clara ventaja para los credos monoteístas. En 2015, los cristianos representaban el mayor grupo del mundo, el 31,2% de los 7.300 millones de habitantes del planeta; los musulmanes alcanzan el 24,1%, y los que dicen no pertenecer a ninguna creencia, el 16%. Los hindúes son el cuarto grupo, con el 15,1%, y los budistas, el 6,9%. Lo que el Pew llama "religiones folclóricas" representan el 5,7%; otras religiones, el 0,8%, y los judíos, el 0,2%. Sin embargo, según las predicciones de este centro de estudios, es muy posible que en 2035 los musulmanes pasen a ser mayoría, mientras que los no afiliados a ninguna religión también aumentarán de forma importante. Entre los cristianos suben especialmente los cultos evangélicos.Los datos deben tomarse con prudencia porque la pertenencia a una religión no significa su práctica, ni siquiera su creencia. Como explica Mónica Cornejo, profesora del Departamento de Antropología Social de la Universidad Complutense y una de las impulsoras del grupo de investigación sobre Antropología de la Religión y la Espiritualidad (ARESIMA), "tanto en la estadística como en los estudios antropológicos se ha visto que el hecho de que todas las sociedades tengan formas religiosas no es incompatible con que, al mismo tiempo, haya personas no creyentes. Ambas cosas conviven, y esto es muy interesante porque significa que la religión no es un universal humano, sino una recurrencia social y cultural".Guillermo Altares, Un viaje al mundo de los dioses, El País 24/12/2017 [https:]]


Definida de manera general, la Teoría de la Mente es la capacidad de tener consciencia de las diferencias que existen entre el punto de vista de uno mismo y el de los demás. Dicho de otra forma, esta facultad hace posible que tengamos en cuenta los estados mentales de otros sujetos sin suponer que estas ideas o pensamientos son como los de uno mismo. Una persona que ha desarrollado Teoría de la Mente puede atribuir ideas, deseos y creencias al resto de agentes con los que interactúa. Y todo esto de manera automática, casi inconsciente.Adrián Triglia, Teoría de la Mente: ¡qué es y qué nos explica sobre nosotros?, Psicología y Mente [https:]]














Algunos experimentos de la neurociencia han mostrado que cuanto más codiciosa es una persona menos capacidad tiene la corteza prefrontal de su cerebro, que es la implicada en el razonamiento, para disminuir la gratificación de ganar más dinero inhibiendo la actividad de las neuronas del estriado ventral, implicado en esa gratificación. El cerebro del codicioso podría funcionar entonces de manera diferente al de las personas que no lo son. Otros estudios han sugerido que, como los codiciosos tienden además a apostar alto para maximizar sus ganancias, podrían padecer una perturbación mental que anula su capacidad para percibir el riesgo o para ver las necesidades de los demás. El investigador norteamericano Mark Goldstein y otros colegas han sugerido que la codicia, la impulsividad y la pérdida de visión de futuro que originaron la crisis financiera que, parecida a la de 1929, tuvo lugar en los Estados Unidos entre 2007 y 2010, bien reflejada en la excelente película Margin call, podrían haber sido causadas, al menos en parte, por los bajos niveles de colesterol cerebral de muchos trabajadores del mundo financiero norteamericano, consumidores habituales de estatinas, unos fármacos que disminuyen los niveles de colesterol en sangre. La razón es que el colesterol es necesario para regular la serotonina cerebral, una sustancia que estabiliza las funciones mentales.La inercia a acumular recursos contrarresta el sentimiento de incertidumbre sobre lo que le puede pasar a uno en el futuro, por lo que la codicia pudo haber evolucionado en nuestros antepasados ancestrales como una forma de adaptación cuando el entorno es pobre en recursos. Si uno tiene mucho se preocupa menos por el futuro que si tiene poco. Un sentimiento, en definitiva, de hormiga más que de cigarra. Ese planteamiento hace que algunos científicos crean que los diferentes grados de codicia de las personas podrían derivar por ello de las diferentes percepciones y expectativas de la gente sobre las inseguridades del porvenir. Eso explicaría también, por qué en entornos inciertos como el de la economía algunas personas parecen más deseosas que otras de comportarse adquisitivamente, de invertir. El peligro está sobre todo en la gente corriente, particularmente en las clases medias, que pueden ser víctimas de la codicia arriesgándose a invertir sus trabajados y limitados ahorros en juegos, loterías o activos financieros, por querer multiplicarlos con rapidez y con mucho menos esfuerzo del que les costó conseguirlos.Ignacio Morgado Bernal, Así funciona el cerebro de un codicioso, El País 17/01/2018 [https:]]






El ejercicio de la libertad, se aprende con los años, es mucho más que hacer lo que te dé la gana.




¿Y si le dijera que el mundo que le rodea, con sus ricos colores, texturas, sonidos y aromas, es una ilusión, un espectáculo que su cerebro representa para usted? Si pudiera percibir la realidad tal cual es, se quedaría estupefacto por su silencio incoloro, inodoro, insípido. Fuera de su cerebro sólo hay energía y materia. A lo largo de millones de años de evolución, el cerebro humano ha adquirido una gran destreza a la hora de convertir esa energía y esa materia en la rica experiencia sensorial de estar en el mundo. (49)Nuestra percepción de la realidad tiene menos que ver con lo que ocurre ahí fuera y más con lo que ocurre dentro de nuestro cerebro. (53)Da la impresión de que tenemos acceso directo al mundo a través de los sentidos. Podemos extender el brazo y tocar el material del mundo físico, como este libro o la butaca donde está usted sentado. Pero este sentido del tacto no es una experiencia directa. Aunque da la impresión de que el tacto le llega a través de los dedos, de hecho tiene lugar en el centro de control del cerebro. Lo mismo sucede con el resto de experiencias sensoriales. La visión no se da en los ojos; no oye con el oído; el olfato no es cosa de la nariz. Todas sus experiencias sensoriales tienen lugar en tormentas de actividad que se desatan dentro del material computacional de su cerebro. (53)Esta es la clave: el cerebro no tiene acceso al mundo exterior. Está herméticamente cerrado dentro de la cámara oscura y silenciosa de su cráneo, y nunca experimenta directamente el mundo exterior, ni nunca lo hará.En cambio, sólo hay una manera de que la información exterior llegue al cerebro. Sus órganos sensoriales -los ojos, los oídos, la nariz, la boca y la piel- actúan de intérpretes. Detectan u variopinto surtido de fuentes de información (que incluye fotones, ondas de compresión de aire, concentraciones moleculares, presión, textura, temperatura) y las convierten en la moneda única del cerebro: las señales electroquímicas. Estas señales electroquímicas cruzan a toda velocidad densas redes de neuronas, las principales células de señales del cerebro. Hay cientos de miles de millones de neuronas en el cerebro humano, y cada neurona envía decenas o centenares de pulsos eléctricos a miles de otras neuronas durante cada segundo de su vida.Lo que usted experimenta -todas las visiones, sonidos y colores- nunca es una experiencia directa, sino una interpretación electroquímica en un cine a oscuras. (53-54) Normal 0 21 false false false ES X-NONE X-NONE /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tabla normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-priority:99; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin-top:0cm; mso-para-margin-right:0cm; mso-para-margin-bottom:8.0pt; mso-para-margin-left:0cm; line-height:107%; mso-pagination:widow-orphan; font-size:11.0pt; font-family:"Calibri",sans-serif; mso-ascii-font-family:Calibri; mso-ascii-theme-font:minor-latin; mso-hansi-font-family:Calibri; mso-hansi-theme-font:minor-latin; mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; mso-bidi-theme-font:minor-bidi; mso-fareast-language:EN-US;}
