2009. Año Darwin
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DARWIN nuestro de cada día
Las ideas del naturalista británico han impregnado casi todas las esferas
de la vida cotidiana
JOSEP CORBELLA - Barcelona
DOBLE CONMEMORACIÓN Charles Darwin nació en 1809 y publicó
su teoría de la selección natural en 1859
Si tuviera que dar un premio a la mejor idea que nadie ha tenido nunca, se la
daría a Darwin, por delante de Newton y todos los demás",
escribió Daniel Dennett en su libro La peligrosa idea de Darwin.Y no
es para menos. La teoría de la selección natural de Darwin ha
impregnado múltiples áreas de la vida cotidiana, desde la manera
de recetar antibióticos hasta la protección del medio ambiente,
y desde objetivos tan elevados como la búsqueda de vida extraterrestre
hasta actividades tan terrenales como la manera de jugar al fútbol -
si algún lector se siente escéptico, encontrará la explicación
en el penúltimo párrafo; la relación entre Darwin y fútbol
se llama coadaptación-.
"La idea básica de Charles Darwin es que la diversidad de formas
vivas no es resultado de un diseño premeditado, sino de una adaptación",
explica Jaume Bertranpetit, profesor de biología en la Universitat Pompeu
Fabra (UPF), que participa en la organización de varias actividades que
se celebrarán en Barcelona en el 2009 con motivo del año Darwin.
Convocado por la Unión Internacional de Ciencias Biológicas, el
año Darwin conmemora los 200 años del nacimiento del naturalista
británico y los 150 años de la publicación de El origen
de las especies,su obra más importante, en la que presentaba la teoría
de la selección natural.
"Antes de Darwin, la pregunta era: ¿qué diseño hay?
Después de Darwin es: ¿qué adaptación hay?",
señala Bertranpetit. "Todo lo que se deriva de Darwin puede comprenderse
a partir de esta idea".
Para empezar, algo tan básico como el lugar de los seres humanos en
la naturaleza. "Ya no hace falta recurrir a ningún diseño
premeditado para explicar la complejidad del ser humano", continúa
Bertranpetit. Consecuencia: los humanos somos una especie entre muchas, una
más dentro del orden de los primates, con una estrecha relación
de parentesco - y por lo tanto con ancestros comunes recientes-con gorilas y
chimpancés. No somos una especie separada de todas las demás,
sino que, como cualquier otra, somos el resultado de la adaptación al
contacto con otras especies.
Lo cual nos lleva a la medicina. Hay miles de especies, casi todas ellas microscópicas,
que están en contacto permanente con la especie humana y se adaptan a
nosotros. Muchas de ellas son inofensivas o incluso beneficiosas - piensen en
las de su flora intestinal-.Pero en aquellos casos en que causan enfermedades,
los médicos recurren a la teoría de la selección natural
de Darwin para luchar contra ellas.
Tomen el ejemplo del sida. Un virus - que no es una especie, pero también
evoluciona por selección natural-infecta a una persona y empieza a multiplicarse.
La persona toma fármacos para contener el virus. En un principio, la
infección se frena. Con el tiempo el virus se adapta al fármaco
y vuelve a proliferar. Sin embargo, hoy los médicos, gracias a Darwin,
pueden predecir cómo evolucionará el virus y, con la adecuada
combinación de fármacos, evitar que progrese: es la teoría
de la selección natural lo que ha permitido que en muchos casos el sida
haya dejado de ser mortal.
Otros ejemplos son el modo de utilizar los antibióticos para combatir
las infecciones causadas por bacterias. O la contención de los brotes
de gripe aviar para evitar que evolucione una nueva cepa del virus y cause millones
de muertes en una pandemia. O el desarrollo de tratamientos de quimioterapia
adaptados a las células cancerosas para atacarlas por sus puntos vulnerables.
Pero "las ideas de Darwin han cambiado nuestra manera de pensar de una
manera tan profunda que se extiende mucho más allá de la biología",
destaca el arqueólogo Eudald Carbonell, codirector de las investigaciones
de Atapuerca. Cita el ejemplo de "empresas que han incorporado una visión
evolutiva y que se adaptan a un entorno cambiante en lugar de esperar que el
entorno se adapte a ellas".
Carbonell, como la mayoría de los expertos en evolución, rechaza
el darwinismo social –la ideología que propugna que la competición
entre individuos o colectivos es un motor de evolución social. Pero sí
recalca que pueden observarse ejemplos de adaptación al entorno en múltiples
detalles de la vida cotidiana. Puede observarse en la lucha contra el cambio
climático y contra la extinción de especies, que se basa en comprender
cómo los seres humanos interactúan con el resto de la biosfera.
Puede observarse en la búsqueda de vida extraterrestre, que se basa en
las teorías del origen de la vida basadas en la selección natural.
Puede observarse, por supuesto, en la evolución de ese superorganismo
en que se ha convertido internet, con iniciativas que se adaptan a un entorno
cambiante (como en el caso de Google, que va camino de convertirse en el top
predator del nuevo ecosistema) y otras que se extinguen (¿alguien recuerda
qué fue de Compuserve?).
Y puede observarse hasta en un campo de fútbol. ¿Por qué
ocurre, si no, que la manera de jugar en la era de Messi es tan distinta de
la época en que jugaba Cruyff? "Este es un ejemplo de lo que llamamos
coadaptación", explica Bertranpetit: la manera de jugar de los equipos
se adapta a la manera de jugar de los rivales - y a otros factores como las
técnicas de entrenamiento o la calidad de los materiales-,con lo cual
el juego de todos los equipos evoluciona de manera paralela.
Pero "la teoría de la evolución es más que todo esto",
sostiene Eudald Carbonell. "Para mí, es la gran esperanza de la
humanidad. Nuestro futuro depende de ella porque comprender que nosotros y nuestro
entorno estamos evolucionando es lo único que nos puede ayudar a pensar
más allá del futuro inmediato, a comprender hacia dónde
va la humanidad y a evitar que acabemos llevando a nuestra especie a una catástrofe".
sar de una manera tan profunda que se extiende mucho más allá
de la biología", destaca el arqueólogo Eudald Carbonell,
codirector de las investigaciones de Atapuerca. Cita el ejemplo de "empresas
que han incorporado una visión evolutiva y que se adaptan a un entorno
cambiante en lugar de esperar que el entorno se adapte a ellas".
Carbonell, como la mayoría de los expertos en evolución, rechaza
el darwinismo social - la ideología que propugna que la competición
entre individuos o colectivos es un motor de evolución social-.Pero sí
recalca que pueden observarse ejemplos de adaptación al entorno en múltiples
detalles
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