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ABUZHAN Y AYUEZHAN

No sabemos hace cuantos miles de años, el dios del cielo Abatoutoude dijo a los hombres: "sobre la tierra voy a enviar un diluvio, trasladaros lo más rápido que podáis a vivir frente a la gran calabaza" Pero nadie le creyó, excepto Abuzhan y su hermana Ayuezhan, que hicieron como el dios había indicado.


Pasados unos pocos días, sobre la tierra, de hecho, empezaron las inundaciones. Durante 99 días estuvo lloviendo sin parar. No es de extrañar que pronto toda la superficie de la tierra fuera agua, y que si se miraba al cielo sólo se viera agua. Todos los hombres sobre la tierra perecieron por causa de la inundación, sólo quedaron vivos Abuzhan y Ayuezhan en el interior de la gran calabaza, que flotaba sobre las aguas de un lado para otro.

Cuando la inundación retrocedió y empezó a verse el suelo, no se veía ni rastro de ninguna otra persona. Abuzhan y Ayuezhan se arrastraron saliendo de la calabaza, y tomando cada uno un bastón muy largo se pusieron a andar en direcciones opuestas, uno al este y otro al oeste, con la esperanza de encontrar alguna otra persona viva, quedando en encontrarse pasados tres años en el mismo lugar.

Pasados los tres años, los hermanos se encontraron de nuevo, de sus recios bastones sólo quedaban astillas, pero ninguno de los dos había visto rastro de otro ser humano. Para poder tener descendencia Abuzhan dijo a Ayuezhan: "Hermana, debemos casarnos". Pero su hermana no estaba de acuerdo y le contestó: "¿Dónde se ha visto que dos hermanos se casen?" Pasado el tiempo pensó que parecía haber otro remedio, por lo que dijo: "Hermano, vamos a ver que opina el dios del cielo."

La hermana colocó una concha en la orilla oeste del río, y el hermano desde la parte este tiró un bastón que acertó justo sobre la concha. Luego el hermano colocó una concha en la orilla este y la hermana, desde el oeste. con un bastón acertó justo en la concha.

Esto demostró que el dios del cielo estaba de acuerdo, y así los dos hermanos se casaron. Tuvieron cinco hijas y ningún hijo varón.

Este es un cuento de los Leimo, una de las minorías de China aún no reconocidas por el gobierno, que los considera una rama de los bai.

 

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