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La expresión misma “chivo expiatorio” deriva de una antigua leyenda hebraica según la cual los judíos expiaban sus pecados transfiriendo su culpa sobre un chivo que transportaban y abandonaban en el desierto (Azazel). Por extensión, la metáfora hoy se refiere a cualquier sujeto inocente que padece la violencia punitiva de la otredad. Es una representación antropológica universal.Entre las múltiples teorías para analizar este fenómeno, destaca la aportación de René Girard, quien elaboró una teoría al respecto en su libro La violencia y lo sagrado. Girard estudia el sentido original de la noción de “chivo expiatorio” como una tendencia inherente al ser humano. En primer lugar, advierte que, en la lógica del chivo expiatorio, se pone de relieve, más allá de la depreciación y desvalorización del objeto estigmatizado, una pulsión de envidia basada en un deseo mimético. Es decir, ese anhelo por conseguir el objeto codiciado por otro; un deseo por el deseo del otro (por ejemplo, un puesto de trabajo).En línea con la idea de Girard, este rasgo inherente al ser humano genera una violencia incontrolable en sí misma porque sitúa en el corazón del vínculo social una guerra de todos contra todos, capaz de arrasar cualquier forma de comunidad civilizada. Para limitar esta lucha y controlar el deseo mimético, las sociedades han inventado el chivo expiatorio, que carga con esa violencia y la paga con su inmolación. Un ejemplo sería el de la figura de Cristo, que asume conscientemente expiar los pecados de los hombres; pero el método más corriente en la dinámica de creación de los chivos expiatorios es el de la producción por la sociedad de víctimas inocentes que encarnan —siempre a su pesar—, temporal o eternamente, las debilidades del grupo social que las señala.La necesidad del chivo y del sacrificio surge cuando una sociedad padece una crisis profunda que afecta a su equilibrio interno. Entonces se forja la búsqueda de un culpable y frente a él se reconstituye la solidaridad colectiva. Toda la historia, antigua y moderna, está atravesada por esa pulsión del sacrificio del otro, tanto para reforzar el vínculo de una sociedad debilitada como para saciar la violencia mimética. Sami Naïr, Échele la culpa al inmigrante, es bien fácil, El País 20/01/2019 [https:]]



Después de las fake news –la versión cibernética de las paparruchas y los bulos de toda la vida–, los timos de príncipes nigerianos que nos han dejado una herencia millonaria y los seguidores falsos en redes sociales, ahora las métricas de tráfico de algunos sitios web y las cifras de descargas de algunas aplicaciones también puede que sean falsas.El problema es que, según un informe de New York Magazine, más del 40% de todo el tráfico de internet no lo producen personas que visitan páginas o interactúan en redes sociales sino bots, programas que simulan la actividad humana en la red, con interacciones y movimientos del ratón iguales a los que hacen los visitantes humanos.Para Josep Lluís Micó, profesor de Periodismo en la URL-Blanquerna y autor del libro Digital-ethical transformation, este cálculo se queda corto, por lo que “hay que empezar a asumir que internet es un espacio habitado no sólo por personas, sino también por software que cumple una serie de funciones, algunas de las cuales son beneficiosas y absolutamente legítimas”. En opinión de Micó, más o menos la mitad –o sea entre el 20% y el 25%– de este tráfico artificial son lo que se denomina impersonators, imitadores que asumen personalidades falsas para engañarnos y que hacen que no sepamos con quien nos estamos relacionando”.Hay usos legítimos, conocidos y antiguos de los bots, como por ejemplo el que hace Google para indexar de forma eficiente las webs en su buscador. “Es una tecnología que existe desde los años ochenta, pero como pasa a menudo, hasta que una gran empresa la empieza a usar su implementación no se generaliza”, dice Gemma Vallet, directora de innovación en PHD Media y profesora en La Salle-URL. “En el futuro más cercano, el 60% de las grandes compañías tendrán alguna forma de bot”, añade Vallet.La cosa se tuerce cuando estos bots se emplean para incrementar la popularidad de alguien o de una página web o, dicho de otra manera, cuando la actividad de estos programas informáticos afecta a uno de los pilares en los que se basa la monetización de la publicidad en la red: las famosas métricas, la cantidad de visitas que recibe o los seguidores que tiene alguien en internet.Albert Molins Renter, Minas en la red, La Vanguardia 11/01/2019 [https:]]

















A mi juicio, el secreto del éxito de la nueva derecha es que antepone lo moral a lo material. Los políticos progresistas siguen operando con una mentalidad materialista o marxista, centrada en la explotación económica. Y, sin duda, la globalización y la automatización han precarizado muchos puestos de trabajo. Urge mejorar la capacidad de negociación y los salarios de trabajadores que encadenan míseros contratos temporales. Pero muchos ciudadanos sienten que, con la inestabilidad laboral, no están perdiendo solo bienestar, sino también identidad, el orgullo de formar parte de una idea que les trascienda: su comunidad, su profesión o su fábrica.



La historia que tradicionalmente se escucha sobre los orígenes del neoliberalismo es que al final de la era dorada del capitalismo (1945-1975), el sistema entró en crisis. Inflación y estancamiento en Estados Unidos condujeron a un replanteamiento de las relaciones entre mercados y gobierno. En esta narrativa se dice que el régimen keynesiano, que estuvo en pie durante esos años, tuvo que ser remplazado por otro en el que el mercado sin reglamentaciones pudiera guiar las decisiones económicas a niveles micro y macroeconómico. El marco de referencia keynesiano había mantenido la idea de que la intervención de la política macroeconómica podía y debía corregir la inestabilidad del capitalismo y mantener niveles adecuados de la demanda agregada para afianzar las economías capitalistas. Pero la historia es que el estancamiento y la inflación mostraron los límites del régimen keynesiano y obligaron a rectificar el camino. Esa versión de la historia del neoliberalismo es simplista y errónea.Para comenzar, el término estancamiento para denotar lo que sucedía con la economía de Estados Unidos debe ser reconsiderado. Aquella década fue atravesada por dos recesiones cortas, pero en los demás años el promedio de crecimiento fue de 5 por ciento anual, lo que contrasta con la tasa de expansión de la economía de Estados Unidos en el periodo 1982-2017, que fue en promedio de 2.8 por ciento anual. Y la inflación en los años 1970, que algunos analistas describen como hiperinflación, fue en promedio de 7.25 por ciento para toda la década, nivel superior al de los decenios anteriores y posteriores, pero nada que se pueda calificar de hiperinflación.Alejandro Nadal, Neoliberalismo: la historia, Sin permiso 02/01/2019 [www.sinpermiso.info]

Oscar Wilde dijo que solo había buen arte y mal arte. La moralidad y los motivos del artista no venían al caso. Pero la cuestión no puede ser tan simple. La estética tiene un componente moral. Sin embargo, somos conscientes de que podemos apreciar obras de arte y al mismo tiempo tener un profundo desacuerdo con las convicciones o las ideologías que debían transmitir. Un ateo puede sentirse conmovido por una pintura que represente el martirio de los santos cristianos. Una señal de la calidad artística es el grado de complejidad. Una buena obra de arte (como la escena del suicidio en El nacimiento de una nación) puede tener numerosas interpretaciones. Una Virgen con el niño de Rafael debía ser claramente una expresión de piedad religiosa, pero un laico puede entender la imagen como una representación del amor maternal.













