“Pues lo sagrado es extrañeza en estado puro, es lo absolutamente otro; algo del azoro y la extrañeza de lo sagrado sentimos al avergonzarnos de nuestras turbadoras fantasías o de nuestros sueños. Todo aquello en que se revela lo auténticamente otro, lo que escapa a nuestras categorías o a nuestra voluntad, lo inhumano, lo imprevisto, lo incontrolable, tiene algo de sagrado, sea la naturaleza, o la violencia sin cálculo, la enfermedad y lo inexplicable, el azar, la muerte. También el erotismo y en general todo amor. Los dioses son las simbolizaciones preferentes de las diversas manifestaciones de lo sagrado, por las que nos aproximamos a la extrañeza con mayor familiaridad, pero sin dejar de sentir el temblor del asombro. A este tipo de relación con lo sagrado es a lo que ya hemos llamado antes piedad, que exactamente consiste en “saber tratar adecuadamente con lo otro” (Zambrano)”.