Por lo tanto:
1. Las leyes que no sirven para sostener nuestros prejuicios, son malas leyes y los que las defienden es porque tienen muy aviesas intenciones.
2. Las suspicacias del noble acusador tienen siempre más valor que las excusas del infame acusado, siendo el noble acusador todo aquel que acusa de acuerdo con mis prejuicios.
3. El noble acusador que no es capaz de demostrar la culpabilidad del acusado más allá de cualquier duda razonable tiene, por ello mismo, razón.
Nota: Aquí los colores políticos son irrelevantes.