Sostenía Joachim Ritter, allá por los años 40 del siglo pasado, que el mundo moderno está fatalmente cayendo en un proceso de objetivación que es necesario aceptar porque no hay otro remedio. La ciencia y la técnica nos entregan a un mundo de objetos y fuerzas mensurables que trae aparejado un desencantamiento del mundo, que es una pérdida. Ahora bien, esta pérdida, añadía Ritter, podría compensarse mediante la sensibilidad estética, que sería una experiencia propia del mundo moderno y que nos permitiría en cierta forma equilibrar la balanza. Sí, me parece que hay algo de esto, que, efectivamente,el arte moderno corre como loco detrás de la técnica intentando ser su contrafigura. Pero, honestamente, creo que si es así, no está a la altura del reto que persigue.