En julio, una conjunción de elementos cordiales, entre los que se encontraban mis admirados Luis Solano, de Libros del Asteroide, y Sergio Vila-Sanjuán, me llevó a dar una conferencia a los editores catalanes en el Forum Edita, titulada "Sin educación, no hay lectura", que ahora -en unos días- publican mis amigos de Plataforma. En noviembre hablaré sobre esta misma cuestión en Santiago, en una convención de editores gallegos.
Aún hay alguna cosa más, también inesperada, y muy especial -relacionada con los pájaros de Ravel-, para comienzos del año que viene... pero esperemos a hablar de ella a tener, al menos, la portada.
Cuando comencé a publicar -siempre estaré agradecido a la Editorial Trotta por abrirme tan generosamente las puertas-, escribía libros muy pedantes, llenos de notas a pie de página y bibliografía, que no hacían más que acallar mi voz, sepultada entre mucha erudición mal digerida. Pero un día descubrí que ya no escribía para mi curriculum, que ya no estaba en ninguna carrera de méritos, que ya no quería demostrar nada sobre mí mismo, sino demostrarme cosas a mí mismo, y me puse a escuchar mi propia voz y a modularla. La edad trae con ella no pocos achaques, pero entre ellos se esconde un regalo inesperado, la libertad. Es un regalo grande y exigente que me está ayudando a redescubrir el mundo y a redescubrirme a mí mismo.