El titular de hoy es sensacionalista. Tira de cotilleo y chismorreo para llamar la atención. Y, como no podía ser de otra manera, defrauda. Principalmente porque el feo Sócrates no va a separarse de su querida Jantipa, ya que ambos llevan muertos unos cuantos siglos. Pero no menos cierto es que de haber tenido la posibilidad, el filósofo griego se hubiera animado a meterse en abogados. Sea por iniciativa propia, o sea como respuesta a las acciones legales emprendidas por su mujer. En fin, que la revista correspondiente de hace veinticinco siglos sí hubiera podido hacerse eco de las malas relaciones del matrimonio, de las juergas y ausencias socráticas y del poco tiempo que pasaba en casa el maestro de Platón. ¿Y cómo sabemos esto hoy? Pues porque el curiosear en vidas ajenas no es una característica única de nuestro tiempo, sino que es en cierta manera consustancial al ser humano. Hablar de los demás ocupa nuestro tiempo, y los filósofos no podían ser una excepción.
Ya en su día propusimos la lectura de las Vidas de los filósofos más ilustres de Diógenes Laercio. Hoy proponemos otro título mucho menos conocido, pero que también merece la pena, no tanto por su hondura filosófica, cuando por la simple razón de que nos permitirá pasar un buen rato. En libro en cuestión es Los filósofos entre bambalinas de Willhelm Weischedel. Es una obra curiosa, que no resulta fácil de encontrar, por lo que quizás lo más recomendable sea consultar en el catálogo de alguna biblioteca. Se trata de un libro escrito en los años 60 y que lleva ya bastante tiempo sin publicarse, lo suficiente como para que se haya convertido en uno de los habituales de las librerías de segunda mano. De una manera puramente divulgativa, su autor nos acerca a las vidas de diversos filósofos, poniendo de relieve aspectos domésticos o personales que no suelen aparecer en las grandes historias de las filosofía.
Historia de los filósofos, de su lado más humano. Eso es lo que pretende ofrecernos Weischedel en su obra. Un buen anecdotario filosófico que no renuncia, muy de vez en cuando, a incluir algún que otro guiño que nos remite al pensamiento del autor. Un aspecto, este de la vida personal, al que no se le suele prestar demasiada atención en los textos más académicos: o bien se considera irrelevante para el pensamiento o bien se cuenta sólo “lo contable”. Frente a esto, los filósofos han sido siempre, contra lo que pudiera parecer, seres humanos, personas de carne y hueso con sus miserias y grandezas personales. No muy diferentes al resto en muchos ámbitos de su vida. Y una de las maneras de “perderles el miedo” puede ser comenzar precisamente por este aspecto más cotidiano que salvando las distancias nos puede llevar a pensar que en el piso de arriba tenemos a Nietzsche y dos portales más allá vive Kant. Porque de puertas afuera, una porción significativa de los filósofos nos hubiera parecido, sencillamente, “gente corriente”. Sin duda, un libro para que pasen un buen rato los que se inician en filosofía.