
Escrito por Luis Roca Jusmet
Esta madrugada a los 95 años falleció Stéphane Hessel. Su primer y más impactante libro Indignaosfue una pequeña joya por la simplicidad con que nos recordó las verdades del barquero, que a veces solemos olvidar. Y que los poderosos están muy interesados en que lo hagamos. Fue inspiración para el movimiento de los indignados.
Lo primero que planteaba es que hay palabras que, por muy deterioradas que estén, como libertad y justicia,deben estar siempre presentes en nuestra mente. No hace falta entrar en grandes debates sobre lo que significan porque desde la razón común todos podemos entenderlas y esto es lo que debe unirnos. Que no podemos aceptar que cada vez hayan más pobres y menos ricos y que estos controlen lo que pasa en nuestro planeta. Que los que mandan sean los mercados y que los que deciden en ellos son los grandes ricos especuladores que imponen una dictadura según sus mezquinos pero poderosos intereses. Que haya muchos más recursos que los que habían cuando se construyó el Estado del Bienestar en Europa y que nos digan que no hay dinero para sostenerlo. Que el mundo vaya por tan mal camino y que cada vez tendremos menos margen para reaccionar. Que tenemos todos derecho a una vida digna pero el sistema es totalmente irracional y el dinero tiene hoy más poder del que ha tenido nunca. No hace falta discutir si esto es ser antineoliberal o anticapitalista : lo que hay aquí es una lucha urgente que debe unirnos y movilizarnos. La segunda que nos recordó es que la política debe basarse en sentimientos morales y que el sentimiento moral básico es la indignación ( "lo insoportable" que diría Michel Foucault ). Ernst Tugendhat, que es uno de los grandes filósofos vivos, hablaba de tres sentimientos morales : la culpa ( y aquí también la vergüenza), la indignación y el resentimiento, según estuvieran referidos a una mala acción que hacemos, que contemplamos o que padecemos. La palabra resentimiento, quizás por influencia nietzscheana, no me gusta, y pienso que la de indignaciónestá bien para referirnos a esta reacción que tenemos delante de lo que nos parece inaceptable, sea porque nos lo hacen a nosotros, a los demás o a ambos. Pero hay que recuperar esta palabra contra otra que es la indiferencia Hay que estar harto y ceder ante los indiferentes, que para justificar su cinismo o pasividad empiezan a relativizar estos sentimientos como algo subjetivo y discutible. En el mundo las gentes se ha indignado sin necesidad de teorías, sabiendo lo que cualquier humano puede saber: que es que quieren ser más libre y vivir en una sociedad más justa. Luego ya discutiremos los matices, pero esto que estamos viendo es un auténtico movimiento democrático que, como nos dice Jacques Rancière, es el movimiento de los sin-parte, de los excluidos que quieren participar y decidir sobre aquello que los atañe. La tercera verdad que nos dijo es que "La Declaración Universal de los Derechos Humanos" no fue un documento ideológico hecho para cubrir el expediente sino la expresión de la lucha contra el totalitarismo, contra la injusticia. El autor del libro, Stéphane Hessel, fue uno de los que lo elaboraron. Lo hizo al calor de la lucha contra el nazismo, después de ser detenido y brutalmente torturado en más de una ocasión por arriesgar su vida en la resistencia. También nos explicaba la elaboración del documento y que, en contra de lo que dice el tópico, cómo participaron en ella el libanés Malik y el chino Chang para darle un carácter cosmopolita y que no fuera exclusivamente occidental. Igualmente nos dijo que hubo que superar la resistencia del representante inglés para utilizar la contundente expresión "derecho humano" contra la neutra de "derecho internacional." Era una lucha contra la exclusión, ya que humano es una expresión sin reservas que pone de manifiesto que no hay que estar reconocido por un Estado como ciudadano para ser incluido en estos derechos, en esta dignidad básica. En su pequeño escrito Hessel pone de manifiesto su rechazo radical contra cualquier forma de segregación. La Declaración Universal de Derechos Humanos debe ser hoy aún un arma contra la injusticia. Era éste un pequeño texto de combate que debe contribuir a despertarnos a nosotros, pasivos ciudadanos europeos. Estaba escrito con el corazón por este gran hombre,Stéphane Hessel, que a su edad no estaba quemado, no había perdido la capacidad de indignarse. Esta indignación le ha llevado siempre a estar al lado de los oprimidos y a participar en su lucha. Los argelinos de ayer y los palestinos de hoy han tenido en él a un inestable aliado. Pero la indignación ha de transformarse en una insurrección pacífica, en un levantamiento masivo contra las élites gobernantes. Hessel era aquí muy claro, tanto en el término insurrección como en el el de pacífica. Sartre se equivocaba, decía, cuando justificaba la violencia justa contra la injusta. Hay que buscar métodos pacíficos, no reproducir los medios que criticamos. Las fórmulas no las tenemos pero habrá que inventarlas. Esta es la tarea. Con su vida nos dió un buen ejemplo



En su famoso artículo de 1936, del que ya se ha hablado en otras entradas de este blog, Turing hacía varias cosas notables. Primero, definía un modelo de máquina (la máquina de Turing) que permitía dar una definición matemática, y cercana a la intuición, de qué es lo computable. Segundo, demostraba que había una "maquina universal" que podía tomar otras máquinas como datos y comportarse como ellas. Finalmente, demostraba que hay problemas (matématicos) que ninguna máquina podría resolver, que son no computables o indecidibles. Estas aportaciones se consideran muy importantes desde un punto de vista matemático y filosófico. Pero, dejando aparte la relación entre la máquina universal y los computadores actuales, ¿tienen estos resultados algún interés práctico en informática? Si consideramos que, en la última reforma de planes de estudio en Ingeniería Informática, las asignaturas que estudian estas cuestiones han pasado a ser optativas en un buen número de centros españoles, quizá la respuesta sería no. Claro que, si consideramos que estos temas son obligatorios en los estudios de informática de prácticamente todos los centros de prestigio del mundo, tendríamos que dudar de la anterior respuesta y, quizá, preguntarnos por qué algunos de nuestros centros son diferentes.
A menudo confundimos lo humano con lo divino. Confusión que, por cierto, suele ser bastante interesada y tendenciosa, pero eso hoy no toca. El caso es que nos olvidamos de que aquellos que ocupan cargos de máxima responsabilidad a nivel mundial son personas. Seres humanos de carne y hueso. Como tú o yo. Como cualquiera. En el caso de la iglesia católica con una particularidad añadida: el lider, por defecto, suele contar con una edad avanzada. Estar mayor, con toda la presunta sabiduría y los incontestables achaques que esto conlleva, no es una buena cualidad para dirigir nada. Normal entonces, y comprensible, que muchos de los que entran a votar no quieran salir elegidos. Y por qué no, aunque suene disparatado, imaginar que el nuevo papa electo, antes de saludar a sus fieles, decida darse a la fuga presa de un ataque de pánico. Miedo escénico. Curioso mal para quien ha pasado prácticamente toda su vida delante de los demás, protagonizando y dirigiendo rituales. Algo que pudo elegir en su día, cuando ni siquiera imaginaba que, fruto de esta elección, le robarían una vejez sosegada para convertirle en papa.